martes, 5 de mayo de 2015

La hija de Pohjola opus 49, fantasía sinfónica (1905-06): (I). Historia de la obra

El poema sinfónico La hija de Pohjola opus 49 es con justicia una de las partituras más célebres y apreciadas de entre su producción orquestal, un hermoso y evocador cuadro musical, repleto de algunos de los mejores y más exuberantes momentos de inspiración del compositor nórdico. 

La música procura ilustrar una historia del "Kalevala", por lo que, debido a su fama, ha conseguido difundir aún más la épica finlandesa, uniendo de manera intensa el nombre del músico al del poema. Sibelius compuso muchas obras basadas en el "Kalevala", pero es esta partitura sin duda, incluso por encima de Lemminkäinen opus 22, la que más se presta a fortalecer tal vínculo.

La historia de su composición no es demasiado larga ni complicada en comparación con  muchas de las otras obras maestras de Sibelius, si bien con varias de ellas comparte una singularidad bastante frecuente en nuestro músico: el nacer no directamente con esa historia kalevaliana como fuente de inspiración, sino de otros proyectos, siendo su plasmación tan orgánica como el propio devenir de su música.

Tras la escritura de su Primera sinfonía nuestro autor había puesto los intereses de su composición bajo formas puras - aunque siempre "a su manera" -. Formas por encima del género programático, que había llenado gran parte de sus ambiciones durante sus primeros años como compositor profesional, el periodo que justo hemos llamado "periodo kalevaliano", por ser muchas las obras de peso basadas en la mitología finlandesa.

No obstante eso no significó que se apartara del género ni del poema de Lönnrot para encontrar motivación. Todo lo contrario. Hacia 1904 parece ser que el compositor había comenzado a escribir un oratorio sobre Marjatta, el personaje del runo final del "Kalevala", que es una especie de trasunto de la María bíblica y el nacimiento virginal de Jesús, mezclado con la mitología finlandesa. Tal proyecto no pasó de algunos esbozos, y se abandonó a finales del año siguiente. Dichos esbozos no se conservan, pero los estudiosos han supuesto que se utilizaron en otras obras, siendo la más clara candidata Luonnotar, su siguiente proyecto kalevaliano, comenzado justo cuando Marjatta fue abandonada.

"Tengo grandes esperanzas en esta pieza", escribiría en octubre de ese año a su amigo Carpelan sobre Luonnotar, su nuevo poema sinfónico. La fuente del programa estaría ahora en el otro extremo del "Kalevala", justo en la fuerza creadora de la virginal diosa del aire, también llamada Ilmatar, que dará forma al mundo, tal como se describe en el primer runo. Su parto milagroso, lleno de una mezcla de dolor cósmico y fuerza generadora, dará origen al héroe Väinämöinen.

La obra marcha con fuerza, y espera incluso estrenarla en Heidelberg en ese mismo noviembre, pero finalmente la composición se dilata. En aquellos meses atenderá a varios encargos y finalizará diversas obras - aunque el poema sinfónica será su prioridad-, además de realizar diversos viajes a Dinamarca, Alemania, Francia... No obstante prosigue con entusiasmo su escritura en el papel pautado, hasta el punto que piensa transformarla en una sinfonía completa (en aquellos años también estaba trabajando en la Tercera sinfonía).

"Luonnotar, el nuevo poema sinfónico está listo. Sólo resta realizar una buena copia, de lo cual aún no soy capaz de hacer a causa de la enfermedad", escribe el marzo siguiente, con una leve afección. Se compromete con Lienau para editarlo, quien le urge para programarlo cuanto antes. En mayo parece estar dando los últimos toques, y a mediados de junio le habla a su hermano Christian de lo duro que está trabajando para concluirla.

"La virgen Ilmatar" (1913-16), de Joseph Alanen (1885-1920)

Desconocemos en cuándo Luonnotar se abandona para pasar a ser... La hija de Pohjola. Porque en efecto, en algún momento de junio de 1906 la música de Luonnotar se retoma con un tema literario distinto, aunque no en vano nacido uno del otro - Väinämöinen es hijo de Luonnotar, y la doncella del Norte aparecerá en los aires, el elemento gobernado por Ilmatar -. Esta mutación demuestra una vez más que la inspiración de Sibelius raramente es literal o descriptiva (o subjetiva), por lo que puede permitirse el lujo de cambiar de argumento sin que la música en sí se vea afectada más que por los procesos puramente creativos.

Poseemos un manuscrito (con la signatura HUL 0163) que contiene el estado de la composición en esa primavera, posiblemente el manuscrito "definitivo" de Luonnotar. La partitura nos muestra que el cambio no se limitó al nombre sino que, en palabras del gran experto sibeliano Timo Virtainen, "recompone la composición casi por completo, cambia el orden de sus elementos, reorganiza el diseño formal y tonal, y omite material que parece haber contemplado como intrínsecamente valioso". En efecto, al estudiarlo con una simple audición - existe grabación de la pieza, como veremos en el siguiente post - encontramos que los temas principales de la obra final ya están en esos esbozos, pero todo suena muy distinto, aunque para Virtainen "estas dos piezas son esencialmente una y la misma pieza". El trabajo es de auténtica recomposición a partir de los mismos materiales, casi de la manera en la que trabajará otras obras con orígenes paralelos, como Las oceánidas o la Quinta sinfonía.

Aparte de los temas principales que se encuentran en poema sinfónico definitivo, hay como decimos más  materiales del manuscrito en otras obras, justamente "valiosos" como señalaba Virtainen: un pequeño pasaje en el movimiento central de la Tercera sinfonía, y en la sección inicial de Canción de amor, la segunda de las Scènes historiques II opus 66, obra original de 1912. Desde luego todo un caudal inspirativo. Además el motivo literario de la doncella del aire del "Kalevala" no se abandonó, y en 1913 compuso un poema sinfónico con soprano solista sobre el mismo tema. No existe relación musical entre ambas obras, que son estéticamente muy diferentes: frente al colorista fresco sinfónico de 1905-06, la segunda obra será contenida, esencialista, muy propia del "periodo oscuro" del compositor, y además contará con el recurso del texto y una línea vocal extraordinariamente singular. No obstante, hay ciertos paralelos entre las figuras "aéreas" que describe la música, y sobre todo una misma referencia a la entonación del canto folclórico, mucho más directo como cabría esperarse en la obra con voz.
 
"La doncella del Norte" de Robert Ekman (1808-1873) (boceto en papel de 1889, el original fue destruida por un incendio en 1918)

El 26 de junio relata a su editor Lienau que estaba escribiendo una "fantasía sinfónica", y le describe el programa, basado en el runo 8 del "Kalevala", en el que Väinämöinen vuelve en trineo a su hogar desde Pohjola, el País del Norte, cuando se topa con el arco iris y una doncella sobre él, de la que se enamora. Entonces la muchacha le propone el reto de construir un barco de su rueca, y al intentarlo el héroe se hiere, tras lo cual debe alejarse solitario y lleno de pena (el programa está muy condesado respecto a la historia original, además el final es una interpretación muy libre del mismo). 

Lienau reacciona muy positivamente a la idea, que encuentra muy poética. "Soy partidario también de dar a la obra un título específico. ¿No tiene nombre la hija de Pojala [sic, en el original]? Quizás podríamos usarlo."

Sibelius le propone varias alternativas como título. Su principal sugerencia es "Wäinämöinen" (en la grafía de la época del finés), pero el editor lo encuentra demasiado difícil para un público internacional. La segunda propuesta del compositor es "L'aventure d'un héros" ["La aventura de un héroe", en francés en el original], título de claras influencias straussianas: no en vano en enero de 1905 había asistido en Berlín con gran placer a conciertos de la Filarmónica, en la que había escuchado extasiado el monumental Una vida de héroe de Richard Strauss -  audición cuyo peso muchos musicólogos han sentido justamente en el poema sinfónico de Sibelius, en especial por su lujuriosa orquestación -.

Pero finalmente será la idea esbozada por el propio Lienau la que triunfará: el poema sinfónico se llamará simplemente "La hija de Pohjola". El autor se resistió inicialmente, porque Oskar Merikanto había escrito una ópera hacía pocos años - aunque olvidada - con un título casi idéntico, "La doncella de Pohjola", pero finalmente accedió.

"Väinämöinen y la doncella del Norte", de Ekman (1861)

El trabajo en la obra se hará en esa verano de manera bastante rápida, lo cual puede no sorprender si pensamos en que en gran medida se trata de una revisión; pero al tiempo al contrastar en detalle el primer Luonnotar con la nueva obra, y lo comparamos con otros procesos de revisión, normalmente tortuosos (los cuatro años entre la segunda y la versión final de la Quinta sinfonía, por ejemplo), nos puede llamar la atención. Queda claro pues que el trabajo en esta obra estuvo lleno de entusiasmo, lo que desde luego se traslada en la frescura y el impacto de la música.

En otoño manda una copia al editor - será su primera partitura orquestal publicada primero por un impresor alemán-, muy satisfecho con ella. Lienau reescribe el programa en verso que le había enviado el autor en prosa, en alemán, para encabezar la partitura:


Väinämöinen, viejo y fiel,
viaja en su trineo hacia el hogar,
desde el tenebroso Reino de Pohjola,
desde la tierra de oscuras canciones.

¡Escucha! ¿Qué se oye? Él contempla las alturas:
por encima del arco del cielo
está sentada e hilando la Hija de Pohjola,
resplandeciendo, en lo alto del azul del cielo.

Su belleza lo cautiva, lo embriaga.
«Desciende a mí, oh, hermosa»,
implora. Pero ella lo rechaza, coqueta.
De nuevo él implora... y ella le exige:

«un barco de mi huso debes
conjurar, que hace mucho yo deseo.
Muéstrame tus maravillosos poderes,
— y de buen grado te seguiré.»
Väinämöinen, viejo y fiel,
se esfuerza, trabaja y busca... en vano.
¡Ah, la fórmula mágica correcta
nunca se dejará encontrar!

Completamente disgustado, severamente herido,
entonces la hermosa lo pierde,
salta a su trineo... ¡adelante!...
Y pronto levanta su cabeza de nuevo.

Nunca puede el héroe desalentarse,
todo dolor vencerá,
el recuerdo de los suaves tonos
alivia dolor y trae esperanza.

Sibelius encontrará la última estrofa algo sentimental...

Su estreno será fuera de Finlandia, confirmando su vocación internacional: será el 29 de diciembre de ese mismo 1906, en el que el propio autor dirigirá la orquesta del Teatro Mariinsky de San Petersburgo, un concierto auspiciado por Siloti - compartiendo programa con El retorno al hogar de Lemminkäinen opus 22 nº4 y con el violinista Ysaÿe -. Los propios profesores de la orquesta se sintieron muy complacidos con La hija de Pohjola, por lo que no es de extrañar que la obra fuera muy bien acogida, a pesar de que la música nacionalista finlandés podría ser contemplada con cierto desdén por el público y sobre todo la crítica rusa. 

El crítico de "La Gaceta Musical Rusa" se muestra especialmente agudo, comparándola tanto con la música autóctona como con la europea: "el mismo sentimiento nacional [de los rusos], espontaneidad y libertad, la misma atracción por el timbre orquestal, interés en el mito y, sobre todo, algo que es una característica particular, un imaginativo y marcado uso de la sonoridad orquestal. En lo que respecta a la forma, el joven Sibelius tiene mayor alcance y es de enfoque más moderno. [...] Esta música tiene algo de la franqueza, la audacia primitiva y el sentido de la alegría del nómada".

Un éxito completo éxito, que a partir de ese momento se convierte en una de las obras más interpretadas por el propio autor y los primeros directores sibelianos. En unas semanas, en febrero del año siguiente, Armas Järnefelt la estrena en Estocolmo, logrando el aplauso incluso de su "archienemigo", el crítico y compositor Peterson-Berger.

Resulta curioso comprobar como el propio compositor la dirigió fundamentalmente en conciertos en el extranjero. Quizá sabía que es una obra tan brillante como atractiva para todo tipo de públicos, con un grado de "exotismo" finés justo, nunca excesivo, pero muy personal, "sibeliana" pura: y todo con la fuerza de los grandes poemas sinfónicos germánicos. En conclusión: una música fácilmente exportable aunque se desconociera por completo el "Kalevala": al año siguiente la dirigió de nuevo en Rusia, en 1911 en Suecia, en 1914 en EE.UU., en 1921 en Reino Unido, etc.

En todo caso desde sus primeras interpretaciones, propias y ajenas, queda establecida como una de las obras más populares del autor, hasta el punto de estar entre las pioneras grabaciones de Robert Kajanus, en su segunda serie de 1932. Desde entonces ha sido una obra de repertorio, tocada y grabada no sólo por grandes directores sibelianos, sino por otros muchos de los grandes jefes de orquesta hasta la actualidad.

Sin duda, como decíamos, una fama más que merecida. Dedicaremos una serie de posts dedicados en exclusiva a esta sensacional obra.
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Capítulo II: La versión original (Luonnotar)
Capítulo III: Análisis

Capítulo IV:Discografía

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