jueves, 25 de febrero de 2010

Biografía (14): el estreno de Lemminkäinen opus 22, "La doncella en la torre" y la Universidad (1896)

Capítulo anterior (13): La Ninfa del Bosque, conciertos y proyectos (1895)
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Durante los primeros meses de 1896, Jean Sibelius trabajó intensamente en su Lemminkäinen opus 22 (del que ya hemos hablado extensamente), un conjunto de cuatro poemas sinfónicos inspirados en uno de los grandes ciclos del Kalevala. Gran parte del trabajo musical se basó en el trasvase de pentagramas concebidos originalmente para "Veneen luominen" ("La construcción del barco"), el inconcluso proyecto operístico que ocupó el pensamiento de nuestro autor durante años. De esta forma se cerraba toda una manera de pensar del genio finlandés.

La obra se estrenó el 13 de abril, con el propio compositor dirigiendo la Orquesta de la Sociedad Filarmónica (futura Filarmónica de Helsinki). Como en muchas otras ocasiones el nerviosismo de Sibelius dominó su interpretación, pero el concierto salió adelante con un gran éxito de público. La crítica en cambio estuvo dividida. Oskar Merikanto, en el bando finoparlante (y amigo de nuestro músico) se mostró entusiasmado por los elementos finlandeses de la obra inspirada en el Kalevala. Karl Flodin, del bando suecoparlante, tuvo ciertas reticencias.

Sibelius era sensible a las críticas, al menos si estas coincidían con sus propias dudas, y máxime si eran expresadas por una voz tan autorizada como la de Flodin. Al año siguiente nuestro músico revisó la partitura, llegando a una nueva versión de la Lemminkäinen opus 22, revisión que tampoco sería la última.

Dos días después del exitoso estreno, una noticia entristece el círculo familiar: el general Alexander Järnefelt, padre de Aino y de los mejores amigos de Sibelius, además de una figura muy importante del nacionalismo finlandés, muere a los 63 años. El músico será uno de los que porte el féretro en su entierro.


Fotografía del general Alexander Järnefelt, efectuada en 1889
 
No será la única desgracia que afecte a la familia política de Sibelius: una prima de Aino, llamada Aili Järnefelt, de 26 años y a punto de casarse, es atropellada por un tren, y aunque logra sobrevivir, pierde sus dos piernas. Para consolar su dolor, nuestro músico compone en esta época dos piezas para
kántele, la cítara popular finlandesa de la Aili era una aficionada. Las piezas son el Moderato JS.130 y el Dolcissimo JS.63, rescatas del olvido no hace mucho tiempo.

A finales de abril se cierra una etapa de la vida del compositor cuando toca por última vez el violín en público, en una serie de conciertos de la Sociedad Filarmónica dedicados a Beethoven. Aunque hacía años que había abandonado sus sueños de virtuoso, Sibelius aún realizaba apariciones esporádicas en el cuarteto de la Academia de Wegelius o con la Orquesta de Kajanus. No obstante seguirá dirigiendo los estrenos de muchas de sus obras, hasta el fin de su vida compositiva.

Esa primavera, nuestro autor decide aceptar el encargo de componer una ópera, una brevísima obra dramática que es la única que se convertirá en la única ópera nacida de la pluma de Sibelius: "Jungfrun i tornet" ("La doncella en la torre") JS.101. La obra, en un acto con palabras en sueco del poeta y novelista Rafael Hertzenberg, servirá como soporte a un festival benéfico para recaudos fondos que nutran a la Sociedad Filarmónica. La composición le llevará gran parte de este año de 1896.

Otro encargo de este año repleto de encargos dará como resultado un coro masculino a capella con texto latino, "Natus in curas" opus 21. La ocasión fue un homenaje fúnebre por el médico universitario Josef Pippingsköld.

Tras el memorial del 25 de mayo, Jean y Aino viajan por un par de semanas a Berlín, viaje del que se conoce poco aparte de un encuentro con Busoni, gran amigo del compositor. Tras el viaje, la familia acude a Vaania de nuevo para pasar el verano. El trabajo fue afanoso estas vacaciones en su ópera, aunque hubo espacio para otras composiciones: tal vez dos piezas para piano (el Allegretto en fa mayor JS.23 y el Lento en La mayor JS.119, de fecha indeterminada, y un arreglo de un fragmento de la "Cantata para las ceremonias de graduación de 1894" JS.105 (un extracto para coro mixto efectuado durante ese año) puedan haberse escrito en Vaasa, aunque su datación no es segura.

Un dato curioso de estas semanas: nuestro músico empieza a incorporará apuntes personales al cuaderno de esbozos musicales, a la manera de un diario. Las anotaciones son ciertamente sorprendentes: "es extraordinario cómo siento en ocasiones mi vida vacía" (22 de agosto) o "siento de nuevo la vida tan rica" (23 de agosto). Años más tarde comenzará un diario más al uso (aunque conteniendo también algún esbozo musical), fuente inagotable de información para los biógrafos.

A la vuelta de vacaciones, hay una nueva petición encima de su mesa por parte de la Universidad: una nueva cantata, esta vez en honor al recientemente coronado zar Nicolás II. Doble molestia para Sibelius, poco dado a entusiasmarse con encargos, y menos aún en homenaje de la potencia ocupante... En cualquier caso se pone manos la obra y tras semanas de trabajo el 2 de noviembre él mismo estrena, con el coro y la orquesta de la Sociedad Filarmónica, la "Cantata para la Coronación de Nicolás II" JS.104. La obra está escrita para coro mixto y orquesta, con texto de Cajander en idioma finlandés. El evento se celebró en la Gran Sala de la Universidad, de la que el zar era canciller honorario. Por supuesto, Nicolás II no acudió a la ceremonia, pero estuvo representado por una estatua.

Durante la interpretación de la cantata, según recuerda el propio Sibelius, un intérprete de tuba "llegó muy bebido y no se le pudo pasar la borrachera de ninguna forma. Empezó a improvisar en medio de un movimiento fugado y echó a perder completamente la impresión global [de la obra]". Tal vez el recuerdo del autor no sea exacto, ya que en la partitura no hay parte de tuba (¿confundiría ésta con otra partitura? ¿o bien la tuba dobló a algún otro instrumento grave?). En cualquier caso la cantata fue rápidamente olvidada, y no volvió interpretarse hasta un siglo después, excepto en dos extractos que realizó el propio compositor: la Marcha de la coronación, que es comienzo orquestal de la cantata, con la parte coral suprimida, y un fragmento para coro infantil a capella, "Terve ruhtinatar" ("Salve, princesa"), arreglo de 1913. La cantata en sí no es una obra maestra, pero sin duda es un trabajo de valor que merece escucharse.

El trabajo de la cantata se simultaneó con el de "La doncella en la torre", estrenada in extremis el 7 de noviembre. Emmy Achté, que cantó el papel protagonista, recuerda que apenas tres días antes recibían el final de la partitura. El argumento consiste en una habitual historia de rapto y liberación ambientada en la época caballeresca, trama muy común durante el siglo XIX: Bailiff acosa a la Doncella, que finalmente encarcela en el castillo. Ella suplica, pero es ignorada excepto por su Amante. Bailiff se enfrenta al Amante, y están apunto de batirse en duelo, pero el Señor del Castillo llega, ordena la libertad de la doncella y el arresto de Bailiff.
Fotografía de Emmy Achté (o Ackté) (1850-1924), prima donna de la Ópera de Helsinki e intérprete de muchos estrenos de Jean Sibelius.

La ópera es modesta en duración (poco más de media hora) y en escala: cuatro cantantes y una orquesta no muy abultada, además del coro. De desarrollo fundamentalmente orquestal, nos deja unos cuantos momentos formidables como el breve preludio, la plegaria de la doncella, el dúo de los amantes y el final coral. Hay mucho en la música propio del
periodo kalevaliano , pero también anticipaciones del periodo romántico que empezará en 1898. Muchos han visto en la obra una especie de "Cavalleria rusticana" nórdica, no sin cierta razón.

En el clima político del momento hacía fácil interpretar en clave nacionalista la opresión del pueblo finlandés: una representación prototípica de Finlandia era precisamente la llamada "Doncella de Finlandia". Y fuese la intención del autor del texto hacer una alusión a la dominación rusa o no, muchos la pudieron interpretar así, lo que sin duda contribuyó al éxito de la ópera. Años más tarde Sibelius musicará un poema de Cajander con argumento parecido y referencia política más directa, "La reina cautiva" opus 48 (1906).

Tras tres representaciones con gran éxito de público, Sibelius decidió guardar la ópera hasta poder revisarla, hecho que, como era demasiado frecuente en nuestro autor, no sucedería nunca. No fue hasta 1981 cuando Jussi Jalas, nuero del compositor, reestrenó la obra. Más recientemente ha conocido más interpretaciones y hasta dos grabaciones distintas. Aunque quizá no para el teatro, sí al menos para la sala de conciertos es una buena obra, no a la altura de los grandes trabajos del autor pero sí una partitura de valía. De todas formas esta ópera apenas nos deja adivinar cómo hubiera sido realmente un Sibelius operista, dado que tampoco fue un trabajo de su propia elección y preocupación, ni el libreto le ofreció demasiada oportunidad para una obra maestra.

Richard Faltin, además de crítico, fue un importante profesor en las materias musicales que se impartían en la Universidad de Helsinki. Aquel otoñó se jubiló, dejando su importante puesto vacante. Para cubrirlo, la institución convocó una lectura a la que se presentaron Sibelius, Kajanus y el folclorista Ilmati Krohn. Nuestro compositor pensaba en un puesto fijo que le permitiera una seguridad en su balanceante economía, aunque como sabemos la docencia nunca le atrajo mucho.

Para evaluar sus facultades, los candidatos tenían que efectuar una exposición sobre un tema a su elección. El 25 de noviembre el genio finlandés se enfrentó al tribunal con un trabajo sobre la influencia de la música popular en la música artística. En dicho exposición - de la que nos han llegado unas cuantas anotaciones de Sibelius, algunas de ellas ilegibles -, expone su propio pensamiento musical antes que una discusión científica sobre el asunto, divagando sobre el uso y el futuro de la tonalidad, y exponiendo la necesidad de una nueva tonalidad basada en los modos antiguos y populares. Es justo su propio compromiso estilístico - desde 1889, con obras como la Sonata para violín y piano JS.178 -, la utilización de la modalidad no sólo como un detalle colorista, sino a un nivel más profundo, alejándola del folclore real hacia un mundo más abstracto. Y todo ello con consecuencias armónicas, con una manera distinta de entender el discurso musical mismo.

Estas ideas no son válidas sólo para este momento de pretensiones universitarias, sino que resumen muy bien buena parte del pensamiento musical sibeliano, por lo que llamamos la atención sobre ello, ya que son de suma importancia. Bajo este marco conceptual la nueva tonalidad-modalidad basada en las escalas folclóricas no sólo influye en la música, sino en la propia personalidad del músico.. En sus propias palabras: "hablamos de la personalidad individual de un artista y también de la personalidad nacional. El estilo individual es - para expresarme brevemente - ese sello que un artista impone a su propia obra; el estilo nacional es por consiguiente el sello que un pueblo imprime sobre el compositor. La historia de la música ilustra el importante papel jugado por la música popular en este aspecto de una manera llamativa.
Vemos qué fructífera es una influencia de la música popular en la formación del compositor... Un artista que esté completamente empapado de la música popular de su país debe naturalmente tener una visión diferente de las cosas, poner el acento en ciertos puntos, y encontrar su plenitud artística de una manera completamente diferente a otros. Y en esto descansa mucho de su originalidad. En su trabajo, sin embargo, debe especialmente liberarse a sí mismo, en la medida en que sus términos expresivos tengan que ver con cualquier sugestión localista. Lo logrará en proporción a la altura de su personalidad". 



Fotografía de 1896 de Jean Sibelius
 
Hay otros puntos interesantes en su disertación que de nuevo describen más su estilo que reflejan una situación teórica. Por ejemplo, la postulación de la indivisibilidad entre melodía y la armonía: ambas emergen del mismo punto, ambas son inseparables y no deben ser separadas.

Sibelius había trabajo en más de una ocasión en contacto directo con el folclore (durante la
composición de "Kullervo" opus 7, en su luna de miel en Karelia, y apenas hacía un año en una edición de melodías). Está hablando pues con fundamento, aunque más desde su propio credo artístico que desde un punto de vista académico. Su espontaneidad es remarcada por el propio Flodin, parte del tribunal, que observa el lenguaje cotidiano que utiliza nuestro compositor en su exposición.
Kajanus escogió la biografía del clarinetista y compositor de origen finlandés Crusell para su lectura. Krohn partía con escasa posibilidades desde el principio, ya que la idea es que el puesto de la Universidad fuese un referente más artístico que puramente académico.

La decisión final de la Universidad tuvo que esperar muchos meses, hasta mediados del año siguiente.

El año de 1896 acabó para Sibelius con un nuevo estreno: el 10 de diciembre el coro YL y la Orquesta de la Sociedad Filarmónica interpretaron, bajo la dirección de Jalmari Hahl "Laulu Lemminkäiselle" ("Un canto para Lemminkäinen") opus 31 nº1, con texto del poeta y traductor Yrjö Weijola, basado por supuesto en el personaje del Kalevala. Este coro masculino con acompañamiento orquestal, heroico y bravucón casi a la manera de un coro de cazadores operístico, tiene una gran particularidad respecto a su material musical: sus música ya había aparecido al final de la versión original del final de Lemminkäinen opus 22. Ya expusimos en su momento las distintas teorías sobre este hecho: que primero fuese la obra orquestal y luego el coro, reaprovechando un material que Sibelius finalmente retiraría de la pieza (aunque está presente en la segunda versión, del año siguiente apenas); que el coro ya estuviera compuesto antes que la partitura orquestal; que fuese una especie de final para Lemminkäinen opus 22; o bien que procediese, como gran parte de Lemminkäinen opus 22 de los materiales de "La construcción del barco". Como ya apuntamos, personalmente seguimos esta última teoría, debida al gran experto sibeliano Andrew Barnett.

De cualquier forma, alejando la discusión sobre su origen lo más posible, el coro es una pequeña joya dentro de la obra de Sibelius, publicada junto a otros dos coros orquestales de fechas muy posteriores.

El año siguiente retomaría una vez más la partitura de Lemminkäinen opus 22 para revisarla, pero eso ya lo veremos en nuestra siguiente entrega de esta biografía.

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1 comentario:

  1. hola. acudo con frecuencia a este blog, como melomano y amante de la musica del maestro sibelius.
    mi deseo es que este espacio tan fantastico y tan tan trabajado que habeis creado, permanezca.
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    enhorabuena por tan estupendo trabajo

    manuel angel

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