lunes, 24 de enero de 2011

Biografía (21): el Vals de la Muerte y el Concierto para violín (1903)

Capítulo anterior (20): estreno de la Segunda Sinfonía, "Tulen Synty" y éxito en Berlín (1902)
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Entre 1902 y 1903 Jean Sibelius establece relaciones con un nuevo círculo intelectual: los "euterpistas". En torno a la publicación de "Euterpe", lanzada por el crítico Karl Flodin. La revista tenía preocupaciones no sólo musicales, sino que también abarca un amplio conjunto de intereses culturales. El grupo reunió a parte de la élite svecoman (esto es, sueco-parlantes y defensores de la cultura sueco-finesa y su lengua) de Helsinki. Pero lejos del conservadurismo y nacionalismo que solía acompañar al movimiento svecoman, los euterpistas eran liberales, y anhelantes de una mirada más cosmopolita, sin denostar, no obstante, la herencia romántica finlandesa. Su búsqueda estética tendió hacia posturas más modernistas, primordialmente simbolistas. Todo ello se situaba en la línea de la personalidad de nuestro músico, que además se sentirá más influenciado por el simbolismo en estos años finales de su periodo romántico, sobre todo en la elección de los poetas de sus canciones.

El crítico musical Karl Flodin (1858-1925)
 
Por supuesto, la pertenencia a este grupo no significaba un posicionamiento excluyente del maestro, que siempre a lo largo de su vida frecuentó amistades tanto a liberales como conservadoras, fennoman (defensores de la lengua y la esencia finlandesa) como svecoman.

El año comienza para Jean Sibelius con la alegría de un nuevo nacimiento, el de Katarina, su cuarta hija la primera tras el fallecimiento de Kirsti. El compositor no parece sin embargo interesado especialmente en la vida marital y familiar. Con sus amigos euterpistas - como años atrás con el "symposium" - pasa muchas de sus noches de acaloradas discusiones en los restaurantes de los hoteles. Entre copa y copa, cigarro y cigarro, y gastando un dinero que nuestro genio no tiene, fluían profundas discusiones de arte, filosofía política y sociedad. Aino tiene que acudir frecuentemente a buscarle en un coche de caballos, sin que una palabra de reproche logre salir de sus labios.

Nuestro genio no descuida sin embargo sus deberes musicales, que incluirán esa primavera varios conciertos en Helsinki, Tampere, y dando el salto a través del Báltico, en Estonia. Pero lo cierto es que tampoco el alcohol es ajeno a su interpretación a la batuta: "cuando estoy frente a una gran orquesta y he bebido media botella de champán dirijo como un joven dios. De otra forma estaría nervioso y tembloroso, me sentiría inseguro de mí mismo, y todo estaría perdido. [...] Puedes ver con esto que mi beber tiene raíces profundas y es tan peligroso y va demasiado lejos. Te prometo intentarlo y hacerlo frente con todas mis fuerzas ", confiesa a su hermano Christian. Su timidez enfermiza y el sentido de la evasión que le persigue desde su niñez siempre han encontrado un refugio catalizador en el alcohol.

En esta estación primaveral comienza la composición de su Concierto para violín opus 47, cuyas primeros esbozos ya habían llegado al papel el año anterior. Nuestro músico había recogido la sugerencia de su amigo Carpelan, pero es obvio que una obra así anidaba en lo más profundo de sus anhelos, en sus sueños de juventud: convertirse en un gran virtuoso del instrumento de cuatro cuerdas.

Otros trabajos de estos días están dedicados al piano, como soñadora Barcarola opus 24 nº10 y las Seis canciones populares finlandesas JS.81. Este último cuaderno constituye un título singular dentro de la producción de Sibelius. Será una de las poquísimas ocasiones (prácticamente la única en su madurez) en que el genio nórdico emplee material folclórico auténtico para escribir su música.

Como ya hemos observado habitualmente Sibelius no quiso convertirse en un glosador de melodías populares al estilo de lo que hicieron otros compositores comúnmente llamados "nacionalistas". Nuestro autor es muy celoso de la singularidad y originalidad de su estilo: no quiere préstamos. Y tampoco está interesado en la música folclórica real, sino más bien en su espíritu, en su esencia más primitiva y antigua (o supuestamente más primitiva y antigua: los ideales estéticos del "karelianismo").

Con la citada obra de nuevo ha aceptado una indicación de Carpelan, pero no hará simples arreglos para orquesta de cuerda como propuso su buen amigo, sino más un extraordinario ensayo impresionista, casi minimalista incluso, que partiendo de la sencillez de los cantos ancestrales busca recrear atmósferas desconcertantes y oscuras. Su esencialismo vanguardista, su libertad modal y sus audacias armónicas, a pesar de la simplicidad del material de partida han hecho comparar estas Seis canciones populares finlandesas con partituras de Bela Bartók.

Carpelan y Aino se alían para convencer a Jean para alejarlo lo más posible de los vicios de la gran ciudad, por lo que la familia pasará un extenso verano en la localidad de Lohja. Durante es estancia se concentrará al máximo en el Concierto, que espera estrenar en otoño, tal como promete en sus continuas discusiones con Willy Burmester, el destinatario original de la obra.
 
Lohja en la actualidad
 
Durante el mes de julio Axel Borg, tío materno del compositor fallece. En su herencia deja a nuestro músico cierta cantidad de dinero. Antes que aquellos marcos se pierdan en los placeres nocturnos de su marido, Aino decide reservarlos para construir una nueva y definitiva vivienda para los Sibelius. Su hermano Eero Järnefelt, junto a otros destacados artistas y escritores, ya había elegido el lago Tuusula, contiguo a la población de Järvenpää, como hogar perfecto para un creador, donde poder dedicarse en tranquilidad, sin distracciones a su arte. Jean y Aino habían soñado con algo así desde hacía años, y tras explorar bien las posibilidades ambos están de acuerdo en sumarse a la pequeña colonia intelectual, y construir Ainola, la casa donde pasarían el resto de sus largas vidas.

Pero aun faltaría un tiempo para el comienzo de la edificación. De momento en Lohja puede dedicarse al Concierto, pero no lo hará en exclusiva. En agosto viene a la luz una de sus mejores canciones "Höstkväll" ("Tarde de otoño") opus 38 nº1, sobre texto de Rydberg, el "poderoso lamento otoñal" en palabras del autor. Y de vuelta a Helsinki, donde alquilan un nuevo piso, escribirá dos nuevas sången sobre versos del mismo poeta, "På verandan vid havet" ("En un balcón hacia el mar") opus 38 nº2, oscura y poderosa; y la serenata "I natten" ("En la noche") opus 38 nº3. Ida Ekman estrenará en octubre estos dos últimos títulos, y en noviembre su versión orquestal.

Mientras firma el contrato para adquirir las tierras donde se asentará Ainola, nuestro genio prosigue con la composición del Concierto, que obviamente no ha podido ser terminado en la fecha prometida, aunque ya se siente capaz de adelantar su dedicatoria a Burmester. Los dos primeros movimientos están casi finalizados en septiembre y a finales de año puede enviar al virtuoso una reducción para violín y piano (a la partitura orquestal aún le quedarían unos ajustes). Burmester está entusiasmado con la partitura.

Pero ha de reservar energías para otro encargo: escribir la música incidental para acompañar el estreno de "Kuolema" ("Muerte"), drama redactado por un hermano de su mujer, Arvid Järnefelt, que quería dotarlo de una partitura de gran peso. La obra es de estética simbolista, lo que sin duda cautivó la sensibilidad estética de Sibelius.

 
El escritor Arvid Järnefelt (1862-1932). Fotografía de antes de 1900
 
El compositor escribió un total de 6 números musicales no muy extensos en cuanto a duración, pero ciertamente de gran importancia dentro de la representación. La plantilla consistía básica una pequeña orquesta de cuerda, a la que se sumaba en el escenario el canto de los protagonistas, además del toque de campanas.

El trabajó le ocupó entre octubre y noviembre de ese año, listo para el estreno el 2 de diciembre. De todos los números de "Kuolema" JS.113 hay que destacar el primero, Tempo di valse triste, que tras un revisión dio origen al arreglo de concierto del año siguiente, Valse triste, que se convertiría en una de las piezas más populares del autor. La escena retrata el sueño de la convaleciente madre del protagonista, Paavali, bailando hasta el frenesí en una fiesta. Alguien llama a la puerta. Primero cree reconocer a su difunto marido, pero realmente es la propia Muerte. Cuando amanece la anciana ha fallecido.

Existen multitud de anécdotas sobre la composición de esta pieza, pero todas ellas parecen estar teñidas de la fantasía atribuible a su popularidad. El hijo de Arvid Järnefelt dijo haber presenciado la súbita inspiración de la melodía del vals en una soleada mañana de verano. Un amigo de sus noches en el hotel Kämp contó sin embargo que el vals surgió al piano de una de esas noches, tras la ingesta de quinina medicinal por parte del músico, y al recordar sus días en Viena.

Curiosamente la música de Sibelius no atrajo en principio mucho más la atención que la propia obra teatral, que tuvo buena acogida por parte de crítica y público. Entonces ni Arvid Järnefelt ni Jean Sibelius se podían imaginar el futuro de aquel vals anunciador de la muerte.

Mientras, al Concierto para violín aún le quedaría una larga historia. Pero eso ya es materia para otro capítulo de esta biografía.
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Capítulo siguiente (22): el estreno de la versión original del Concierto para violín y el traslado a Ainola (1904)

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