jueves, 30 de julio de 2009

Biografía (9): Viena, el último año de estudios (1890-1891)

Antes que nada, tenemos que agradecer a los lectores del blog su interés y su fidelidad. Ya son cinco mil las personas que han visitado este blog. Mi agradecimiento a todos ellos.
 Capítulo anterior (8): el año de estudios en Berlín (1889-1890)

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Los meses que Jean Sibelius pasó en Viena fueron un auténtico punto de inflexión en su carrera musical. Aunque, como veremos más adelante, no fue éste un año de estudio sistemático, sino más bien una serie de contacto con músicos y conciertos, la estancia en una de las capitales musicales del momento sí le aportó una gran experiencia. Esto sucedió especialmente en la música orquestal, las composiciones más visionarias del momento junto los monumentos sonoros de los viejos maestros.

Gran parte de lo sucedido en este tiempo lo conocemos de mano del propio Sibelius en las cartas que escribió a su prometida, Aino, cartas en las que desborda amor hacia la joven, pero en las que nuestro autor describe ardientemente sus experiencias en la capital austriaca, sus emociones, sus ilusiones y desilusiones...

Jean Sibelius, fotografía realizada durante su estancia en Viena
 
Como en el año anterior, el joven Sibelius tomó el ferry a Lübeck, de donde marcharía a Berlín. Allí realizó una breve parada para reunirse con sus amigos del círculo nórdico, a los que se habían añadido para ese curso Carl Nielsen, que con los años se convertiría en el más célebre compositor de Dinamarca, y Armas Järnefelt, su amigo de Helsinki y hermano de Aino.

"Viena es risas y valses". Para Jean Sibelius aquella ciudad sería la Viena romántica, luminosa, embriagadora, melancólica... la "vieja Viena" que se seguía moviendo a ritmo de vals. La estancia sería feliz en este ambiente, a pesar de numerosas decepciones musicales, acentuadas por su natural pesimismo: "los alemanes dicen que el pesimismo viene de Rusia y de los países escandinavos, y sólo ahora me inclino a darles la razón". Aún así no tuvo problemas para procurarse una estancia agradable, bohemia. Incluso llegó a introducirse en ambientes aristocráticos donde el vino, el champán y la diversión nunca faltaban.

Su entrada en el mundo de académico quizá no estuvo del todo bien preparada. Busoni escribió a Brahms, que lo rechazó por su avanzada edad y la extrañeza del origen de Sibelius. En cualquier caso la música del alemán siempre disgustó a nuestro autor, antes y después de la estancia en Viena, sería extraño pensar en un Sibelius influenciado por el músico de Hamburgo.... Después lo intentó con Bruckner, pero el genio sinfónico estaba retirado, sólo dedicado a la composición. Pudo visitar personalmente a Hans Richter, que le atendió amablemente, pero le remitió a un prestigioso maestro del Conservatorio, Robert Fuchs
.

Con una carta de recomendación de Wegelius, consiguió que Karl Goldmark
le impartiera clases privadas, para lo cual tuvo que insistir mucho. Uno de sus sabios consejos consistió en estudiar partituras de Mozart, en especial "la escritura del clarinete y la relación que lleva con el resto de la orquesta", de lo cual sacó sin duda muchas lecciones.

Ciertamente que Mozart supuso un verdadero estimulante para su creatividad, la noche que presenció por primera vez Don Giovanni la pasó desvelado por la impresión que la genial ópera le había causado, y lleno de inspiración escribió dos canciones (que acabarían en el futuro opus 13). También esbozó un concierto para violín que nunca pasaría de esos esbozos.
Sin embargo Goldmark era demasiado ecléctico para llevarle en una dirección adecuada. Su misma enseñanza fue demasiado irregular inclusa para denominarla como tal. Más bien se trató de una serie de sabios consejos y de la consulta comentada de partituras de grandes maestros. Pero sin duda impulsó su creatividad, la búsqueda de su propia originalidad, de un estilo propio y único.

Nuestro autor intentó ingresar el Conservatorio de la ciudad. Pero no lo logró, era demasiado tarde para formalizar una matrícula. Fue entonces cuando, siguiendo el consejo que le había dado Richter, solicitó ser discípulo del gran compositor (y al igual que sucede con Goldmark, injustamente olvidado) Robert Fuchs.

Fuchs fue un gran profesor de música, con especial talento para la enseñanza de lo formal y de la orquestación. Sin duda su alumno más destacado aparte de Sibelius fue Mahler, pero sus valiosas elecciones también llegaron a grandes nombres como Hugo Wolf, Alexander von Zemlinsky, Franz Schmidt, Franz Schreker (y años más tarde que a Sibelius a su compatriota Melartin). Para nuestro autor su enseñanza fue útil técnicamente, si bien el maestro consideraba a sus composiciones propias de un "finlandés bárbaro", lejos de la tradición vienesa que él encarnaba.


Robert Fuchs (1847-1927)
 
Nuestro músico siguió tocando el violín en Viena, pero no parece que tomase lecciones. En cambio esta habilidad suya con el instrumento le proporcionó la posibilidad de unirse por recomendación de Fuchs a la orquesta del conservatorio que el maestro dirigía. La experiencia fue sumamente positiva, ya que pudo desarrollar su conocimiento de cada uno de los instrumentos de la orquesta sinfónica de la época y palpar directamente sus sonoridades combinadas. Además en ella encontró buenos amigos, cuya internacionalidad era muy de su agrado. Uno de ellos, un cellista rumano apellidado Dinicu, interpretaba para él melodías folclóricas que le hacían llorar, y que provocaban en Sibelius el ánimo de encontrar musicalmente su propia y lejana patria.

El encuentro con la capital musical y con muchas de las mejores partituras de la historia de la música, como el "Tristan und Isolde" de Wagner le turbaron el ánimo, llegando a manifestar los primeros "síntomas" de su espíritu hipercrítico hacia sus propias composiciones ("todo lo que he escrito hasta ahora y todos mis otros esfuerzos me parecen pueriles"), elevado si cabe por las opiniones severas de Goldmark y de Fuchs, que hacían mella en el ánimo de nuestro compositor.

Él mismo escribe a Aino los siguiente: "lo único que debo de tener es crítica, autocrítica. El más grande compositor de todos, Beethoven, no sólo tuvo el más grande talento natural, sino que sometió todo lo que hizo a la mayor y más penetrante autocrítica, y lo hizo con un grandioso resultado".

Otras grandes obras que un emocionado Jean escuchaba en la capital Austro-Húngara tendrán un gran peso a lo largo de toda su carrera, como por ejemplo la Tercera Sinfonía de Bruckner (en una revisión que entonces se estrenaba) o el Concierto para piano de Grieg. Tras una representación de "Siegfried" se enroló incluso en la Sociedad Wagner (organizada por su profesor, Goldmark, un ardiente wagneriano).

Nuestro músico se preocupó de aprovechar lo más posible su estancia en Viena, intentando contactar con figuras importantes, tanto a nivel social como en el puramente musical. Un buen ejemplo fue la audición que hizo en enero de 1891 para nada menos que la Filarmónica de Viena. Aunque tocó "para nada mal", según el profesor Grün, sus nervios le hicieron temblar demasiado, y el docente le aconsejó no dedicarse profesionalmente al instrumento. Tras volver a su habitación, nuestro autor no pudo contener las lágrimas por tan tremenda desilusión.

Aparte de óperas y conciertos sinfónicos Sibelius, junto con otros jóvenes estudiantes, pudo participar de otros espectáculos musicales, como fue la representación de "Egmont" de Goethe con los números que escribiera Beethoven (un antecedente muy directo para el futuro genial compositor de música incidental), operetas, valses con el propio Johann Strauss II dirigiendo...

En las cartas a Aino de aquel otoño de 1890 podemos detectar un elevado interés por lo finlandés. Sin duda la ausencia de su país natal, donde le esperaba su prometida, y el contacto con la Viena del Imperio Austrohúngaro, verdadero hervidero de ideas nacionalistas, provocó un nuevo anhelo por profundizar en su propia identidad nacional. Leyó con pasión el "Kalevala", e incrementó su pasión por el propio idioma finés. Su prometida le escribe siempre en finés, y es que Aino fue educada en una familia de ardiente defensa fennoman, y nuestro autor, con cierto sentimiento de inferioridad ante ese hecho, intenta escribir cuanto puede en aquel idioma.

Pero no sólo se preocupa de aprender la antigua lengua, sino también de su literatura y de su musicalidad
: "el Kalevala me aparece como extraordinariamente moderno y a mis oídos como pura música, temas y variaciones; su historia es de lejos menos importante que los estados de ánimo y la atmósfera que expresa". Esta musicalidad del finés en general y del Kalevala en particular empezará a aplicarse a su música desde aquel punto, y será una de las características de su melodía y de sus ritmos durante toda su trayectoria posterior.

El 7 de enero de 1891 nuestro autor escribe "Drömmen", una canción sobre texto de Runeberg que se publicará como opus 13 nº5. A pesar del texto, en sueco y de tema sentimental, la música reproduce las melodías kalevalianas (aunque adaptadas al 3/4), "pero es nuevo y también finlandés. Creo en el futuro de una música nacional finlandesa. [...] La profunda melancolía y la insistencia en un ánimo o frase que es el corazón de tantas canciones populares finlandesas, aunque pudiera ser un defecto, no es sino una característica".

Además de varias canciones, en esos días Sibelius compone otras obras, como "La pompeuse Marche d'Asis" JS.116, perdida en su forma original (aunque conservada en transcripción para trío con piano; "Asis" es la abreviatura del Instituto Anatómico de la Universidad de Helsinki), un Perpetuum mobile para violín y piano (que revisado en 1911 recibiría el número de catálogo opus 2b) y el Tema y variaciones en do menor para piano JS.198, también perdido, pero conservado en la transcripción para cuarteto con piano JS.156, una obra realmente genial.


Karl Goldmark (1830-1915)

En ese momento, al parecer por impulso de Goldmark, se entrega con ardor a la composición de su primera obra orquestal, la Obertura en Mi Mayor JS.145. Esta obertura fue en origen el primer tiempo de una proyectada suite en la que la idea de una música nacional está muy presente. Fuchs no parece que reaccionara bien ante la partitura ("cruda y bárbara"). Goldmark también encontró muchos defectos en ella, aunque fue bastante más constructivo, alabando el segundo tema y reconociendo que "porque eres finlandés tu música tiene un carácter nacional que tiene un significado mayor para tus paisanos que para mí". A pesar de estas opiniones, en parte ciertas (la escritura orquestal tiene muchos errores, aun así es asombroso la intuición que contienen estas piezas), nuestro músico confió en su trabajo.

Durante el invierno lee ávidamente a Zola, y se siente realmente fascinado por su desencarnado realismo (algo sorprendente en una personalidad tan soñadora). Hasta encuentra curiosos paralelos entre el método de Zola y sus propias composiciones.

Mientras le llegaban noticias de Berlín y Helsinki sobre su Cuarteto en Si bemol Mayor opus 4, acogido favorablemente, los planes de composición se tornan de una suite a una sinfonía en la que piensa emplear una melodía tradicional: "está en Mi Mayor; la primera parte es, como sabes, una obertura [la Obertura JS.145 por tanto]; el segundo una idealizada escena de baile aunque con algunos toques realistas. El tercero comienza con un recitativo que de hecho allana el camino para la última de una serie de variaciones muy libres sobre un tema finlandés. La atmósfera global del trabajo está impregnada de la vitalidad e intensidad de la primavera, una época que como sabes tienen un tremendo efecto sobre mí".

Otras dos composiciones orquestales se simultaneaban con éstas, una Fäktmusik (Música de esgrima) JS.223 y la Zirkusmarsch (Marcha circense) JS.80, de marzo de ese año. Ambas están perdidas, por desgracia. La primera de ellas fue presentada a concurso bajo seudónimo, pero no obtuvo ningún premio.

A mediados de abril, Sibelius interrumpió la redacción de su sinfonía, habiendo compuesto dos movimientos al completo, que decide conservar como piezas aisladas, la Obertura JS.145 y la Escena de ballet JS.163. Sin duda nuestro músico apreció estas piezas en su momento, y decidió enviarlas inmediatamente a Helsinki, donde se estrenaría bajo la batuta de Robert Kajanus
. La Obertura no fue mal recibida, pero la singular y original Escena de ballet, un tanto grotesca, causó el enfado del público...

Nuestro compositor no abandonó completamente los planes para una sinfonía, y en seguida los reasumiría para su obra más ambiciosa, "Kullervo" opus 7
, cuyos primeros planes y esbozos datan de ese mismo abril, y cuyo impulso inicial tiene que ver mucho con la audición de la Novena Sinfonía de Beethoven bajo la batuta de Hans Richter el día 12 de ese mes, una experiencia verdaderamente trascendental para el joven finlandés.

Nuestro músico llegó a mostrar los bosquejos a Robert Fuchs que, a pesar de su extrañeza y originalidad, mostró su admiración. Mientras, daba largos paseos por los bosques de los alrededores de la ciudad, tratando de encontrar el recuerdo de los bosques ancestrales de Finlandia, de la Finlandia mitológica del Kalevala
.
A finales de la primavera el joven autor enferma, y debe de ingresar en un hospital, cuyos gastos deben de ser cubiertos por su familia (no sería la primera vez en este año que sus gastos superaban la beca concedida y tuvo que pedir dinero). No conocemos en qué consistió exactamente su mal, pero sí que tuvo que ser operado, con éxito. En el interín aprovechó para leer textos teóricos de Wagner y "Der grüne Heinrich" de Gottfried Keller
, cuyo idealismo le aleja del realismo de Zola, y nos devuelve al joven ensoñador que ya conocemos...

En cuanto estuvo lo suficientemente recuperado, el 8 de junio llegó la hora de volver a casa, pasando de nuevo brevemente por Berlín, donde brindaría con champán con su amigo Adolf Paul
a la salud de Aino.

Los años de estudiante habían acabado. Era la hora de demostrar en su país natal si las confianzas en él depositadas fructificarían.

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Capítulo siguiente (10): Kullervo y la boda (1891-1892)

1 comentario:

Vicent dijo...

Curiosa la correspondencia bilingüe fino-sueca entre Sibelius y Aino, así como, en general las relaciones y espacios comunicativos entre cónyuges y similares de diferentes lenguas. Yo me esfuerzo para hablar a mi mujer en sueco pero ella siempre me contesta en inglés.

Desde Gotia.