jueves, 4 de junio de 2009

Finlandia opus 26 (2): historia posterior de la obra

Tras el estreno de la versión original Música para las Celebraciones de la Prensa, su número final, "Suomi herää" ("Finlandia despierta") llegó a formar parte una selección de dicha música para los cuadros históricos de Bergholm. Dicha "suite", estrenada el 14 de diciembre de 1899, estaba compuesta por el preludio, los cuadros que formarían las futuras Scènes historiques I opus 25 y un finale que era precisamente ese "Finlandia despierta".

Muy posiblemente en aquellos conciertos no se escuchó la versión original, sino una versión intermedia cuyo manuscrito por suerte nos ha llegado. Sibelius pareció descontento con la coda, y la cambió en esta versión, hecho que se repetiría en la versión final. En esta redacción el himno aparece por tercera vez en dicha coda, tocado íntegramente y de manera triunfal bajo el potentísimo sonido de los metales. Sin embargo, como la versión original (y la final), termina en la misma cadencia plagal sobre el grado de tónica.

Esta partitura intermedia fue rescata por Bis y la dirección de Osmo Vänskä (ver discografía en el próximo post), y es sorprendentemente desconocida para las habituales referencias de la obra. No se dispone realmente de ninguna pista concluyente sobre en qué momento fue escrita o para qué circunstancia, aunque lo más probable es que corresponda a ese momento que hemos indicado.

La versión final de la pieza está muy relacionada con un evento muy importante para la carrera de Jean Sibelius, en especial para su proyección internacional, la Exposición Universal de París de 1900. Tras la publicación del Manifiesto de Febrero, un importante número de intelectuales europeos firmó una petición al zar pidiendo la devolución de la autonomía a Finlandia. Políticamente de nada sirvieron éste y otros muchos esfuerzos capitalizados por la resistencia pacífica finlandesa. Al contrario, en 1900 se impuso el ruso como lengua administrativa y se limitó el derecho a reunión. Sin embargo Nicolás II, que no deseaba una mala imagen internacional, realizó una concesión simbólica al permitir un pabellón finlandés separado del ruso en la Exposición Universal. Esta oportunidad no fue desaprovechada por el nacionalismo cultural, y los principales artistas del país se sumaron al proyecto, organizados por el pintor Albert Edelfelt.

Del edificio en sí se encargó la marca de arquitectos Gesellius-Lingren- Saarinen (a la que pertenecía el importante artista Eriel Saarinen). La inspiración se buscó en los castillos medievales y a las iglesias de piedra del pasado finlandés, arropada bajo una estética modernista que declaraba el avance del país. Akseli Gallén-Kallela pintaría las bóvedas con frescos que de nuevo entremezclaban lo medieval con el Art Nouveau. Para el periódico Le Figaro, el pabellón era "extraño y encantador".
Pabellón finés de la Exposición Universal de Paris (1900)
 
La idea de incorporar la música finlandesa fue una idea tardía. La Sociedad Filarmónica de
Robert Kajanus era la lógica candidata para la ocasión, indiscutiblemente el mejor representante musical posible. Pero el propósito de que la música finlandesa hiciese sonar su voz en Europa no podía acabar sólo en París. Surgió entonces una nueva idea, el proyecto de una gira a través de todo el continente que ser realizaría en un total de 19 conciertos. Para financiar el tour se solicitó ayuda al Senado, pero no fue posible, y finalmente tuvo que formarse una suscripción de capitales privados. 
 
En marzo, antes de que Kajanus se pusiese en marcha, nuestro compositor recibió una carta de un admirador por entonces anónimo, en la que le sugería una composición, una obertura para el concierto inaugural de la exposición: "deberíamos poner algo realmente endiablado en esa obertura. [Nicolay] Rubinstein escribió una fantasía completamente basada en motivos rusos para la Exposición de París de 1889 y la llamó «Russia» [en la forma latina]. Seguramente tu nueva obertura debería ser llamada «Finlandia» [también la forma latina del nombre]".

Esta sugerencia del admirador, Axel Carpelan, que con el tiempo se convirtió en uno de los grandes amigos de Sibelius, vino a realizarse no en forma de una nueva composición. Nuestro compositor redenominó su "Suomi herää" simplemente como "Finlandia". No sería la última vez que Carpelan influyera en las decisiones del maestro.

Hay que recordar en cualquier caso que ése es nombre de la pieza, la forma latina del nombre del país (que coincide con el nombre español, pero que no está en español), frente al nombre finés, "Suomi", o sueco, "Finland".

En junio de 1900, como muy tarde, nuestro compositor revisó la coda de la pieza, dando como resultado un final más sereno y solemne, con sólo una mención al comienzo del himno (el "primer verso"). La partitura se estrenó en un concierto en el Salón de la Brigada Voluntaria de Incendios el 2 de julio. El propio Sibelius nos narra este hecho y los problemas políticos que derivaban simplemente de la utilización del nombre definitivo del poema sinfónico:

"Fue realmente bastante tarde que «Finlandia» fue interpretada bajo su título final. Fue en el concierto de despedida de la Orquesta Filarmónica antes de dejar París cuando el poema sinfónico fue tocado por primera vez en su forma revisada, y fue llamado «Suomi» ["Finlandia" en finés]. Fue presentado con el mismo nombre en Escandinavia; en las ciudades alemanas fue llamado «Vaterland» ["Patria"], y en París «La Patrie». En Finlandia su interpretación fue prohibida durante los años de los disturbios, y en otras partes del Imperio [Ruso] no se permitió que fuera tocada bajo cualquier nombre que indicara de alguna manera su carácter patriótico. Cuando la dirigí invitado en Reval [Tallinn] y Riga en verano de 1904, tuve que llamarla «Impromptu»".

Es bastante obvio que la obra tenía entonces un marcado significado político, que no pasó desapercibido en la gira europea de la Orquesta de la Sociedad Filarmónica. El 3 de julio los músicos de Kajanus, junto con a su director, se embarcaron hacia su primer destino, Estocolmo. Les acompañaría, como en el resto de la gira, el propio Sibelius, compositor de gran parte del programa.

Las composiciones que formaron parte de aquellos míticos conciertos estaban formados por obras exclusivamente provenientes del país de los mil lagos: la Sinfonía en fa menor de Ernst Mielck (sustituida finalmente por la Primera Sinfonía de Sibelius), Sommarminnen (Recuerdos de verano) de Kajanus, el popular Preludio de Armas Järnefelt... Fueron los trabajos de Sibelius los principales de los programas: la citada Primera Sinfonía ya en su versión revisada, El cisne de Tuonela y El retorno al hogar de Lemminkäinen también en sus versiones finales, algunos números de la Suite de "Rey Christian II" opus 27 y la citada "Suomi". Como propinas hubo oportunidad para otras obras breves de nuestro compositor.

Ida Ekman y Aino Ackté (hija de Emmy Ackté, la primera intérprete de "Kullervo") interpretaban además canciones folclóricas y de concierto. En principio no estuvieron programadas las de nuestro autor, para dar oportunidad a otros compositores, pero las cantantes las incluyeron como muy aplaudidas propinas (esos fueron los mejores años de las canciones de nuestro compositor).

Los artistas finlandeses recorrieron después Kristiana (nombre en la época de Oslo), Gotenburgo, Malmö, Copenhague, Lübeck, Hamburgo, Berlín, Amsterdam, La Haya, Rotterdam y Bruselas, antes de llegar a la capital de Francia. Las obras de Sibelius fueron acogidas excelentemente en Escandinavia y en Alemania, donde sorprendió su calidad, su originalidad y el carácter único de su música. Curiosamente fue en Francia, destino último y más importante del tour, donde sus composiciones pasaron más desapercibidas.

En París tanto Sibelius y Kajanus estuvieron especialmente obsesionados en lo que las autoridades rusas pudiesen hacer para malograr esta muestra del arte finlandés. El pabellón tuvo que añadir a su nombre "Finlande" la denominación de "sección rusa", y siempre estuvo vigilado para cualquier exceso del separatismo finlandés. Pero lo cierto es que los dos conciertos programados se pudieron llevar con normalidad, incluso las dos personas más destacadas entre los asistentes, el Ministro de Cultura francés y el propio Comisario Ruso de la Exposición, el príncipe Tenishev, aplaudieron con entusiasmo la calidad de la música.
Cartel de los conciertos de la Sociedad Filarmónica de Helsinki en París, por el pintor Magnus Enckell (1870-1925)
 
Sin embargo los conciertos poco éxito tuvieron en cuanto a público (¡un tercio del aforo!). La obra más aplaudida de Sibelius, como podemos imaginar, fue precisamente "La patrie", aunque Aino Akté se llevó las mayores ovaciones (pronto se convertiría en una fiel intérprete de Sibelius, la destinataria, por ejemplo, de "Luonnotar" opus 70). En cuanto a la crítica, las partituras del país nórdico apenas tuvieron la mínima repercusión (que en cualquier caso fue siempre positiva). Sólo El Cisne de Tuonela llegó a cautivar, quizá por ser representante de una estética impresionista-simbolista, diferente pero análoga a la misma corriente francesa.

Esta escasa repercusión impidió a Sibelius entrar contacto con otros compositores (¡es el momento de los grandes músicos franceses como Fauré, Debussy, Ravel, Dukas, d'Indy...!), algo que procuraba siempre en estos eventos antes y después de la época de los conciertos del Trocadéro. Como compensación pudo disfrutar del arte de la ciudad y observar la sorprendente vida del París de la Belle Èpoque.

A pesar de ese final agridulce la gira de Kajanus y el estreno europeo de Sibelius fueron un verdadero éxito, cumpliendo con su misión de proyectar en el continente la música finlandesa. Y en especial fue un momento esencial para la música de nuestro autor. Precisamente Finlandia se convirtió en un éxito ya en esos primeros momentos, fama que no pararía de crecer a pesar de lo controvertido y "prohibido" de su nombre. La edición de la versión para piano del autor (editada en noviembre de ese mismo año) como la de la Breitkopf & Härtel tiempo después llevaron sin embargo el título final. Y Kajanus, siempre un ardiente nacionalista, llegó a dirigirla con el nombre de "Finlandia" en uno de sus conciertos populares de febrero de 1901.

La versión para piano es una excepción para los arreglos propios de su música para teclado. Normalmente sus arreglos para el
piano de obras orquestales simplifican mucho la escritura: estaban destinados a difundir las composiciones a través de aficionados, para su consumo particular. El instrumento de Sibelius es la orquesta y estas transcripciones eran simples medios para que el melómano solicitara los originales. Sin embargo en este caso emprende una reducción muy difícil, de concierto, que es capaz de rivalizar con los momentos más vibrantes de la partitura para orquesta.

Como decíamos Finlandia fue ganando en fama, y formó parte de los programas habituales tanto del compositor como de otros directores como Robert Kajanus o Georg Schnéevoigt. A finales de 1911 el autor estaba sorprendido por la dimensión que había alcanzado la obra, bastante inesperada para él: "¿Por qué este poema sinfónico atrapa al público? Supongo que a causa de su estilo plein air ["al aire libre", esto es, música ceremonial y/o pública]. Los temas en los que está construido me llegaron directamente. Inspiración pura". Esto es, una obra que tenía todos los ingredientes para ser fácilmente asimilable y de rápido efecto, fruto de su propia (y poco frecuente en nuestro músico) espontaneidad.

Sin embargo Sibelius siempre albergó cierto hastío hacia su opus 26. No por la pieza así ni por su significado, por supuesto, sino por haber brillado para el público por encima de sus otras (y mejores) obras. Pocos días después de la reflexión anterior, el 31 de diciembre de 1911, tras un concierto en Berlín en el que Nikisch dirigía obras suyas, anota en su diario: "extraño que todos los críticos que admiran mi música hayan desaprobado que Finlandia haya sido interpretada en Berlín. Pero todos los demás aplauden que, comparada con otras obras, ésta es una pieza relativamente insignificante".

Ni que decir tiene que la fama de la obra fue creciendo hasta el punto en el que obra y autor son sinónimos. Tras la independencia del país de los mil lagos en 1917 hubo una auténtica explosión de fervor patriótico, y en conciertos, en salones y hasta en los hogares sonaban músicas que encendían el sentimiento nacional. Una de ellas era Finlandia, como es natural, por lo que los arreglos de la obra pulularon a lo largo y ancho del país. Uno de las formas más frecuentes de hacer accesible la partitura consistió en convertir la parte hímnica en un auténtico himno para varias voces humanas. Para ello se había recurrido a poemas de autores importantes como Jalmari Finne o Yrjö Sjöblom. que proporcionaban los versos adecuados para la inmortal melodía de Sibelius.

El tenor Wainö Sola, un enamorado de la música de nuestro compositor y buen amigo suyo, le sugirió en 1937 que debía ser sensible a la fama y al valor simbólico que tenía Finlandia, y adaptar el himno para ser cantado, tal y como ya se había hecho. El propósito de Sola era también convertirlo en el himno nacional, sustituyendo al oficializado de Pacius y Runeberg. Sin duda que la obra de Sibelius tiene un mayor valor artístico, e incluso simbólico, pero el "Vårt land" estaba plenamente establecido a nivel legal y popular.

Entonces confesó al poeta Sjöblom que el himno "no estaba destinado para ser cantado, más bien compuesto para orquesta. Pero si el mundo quiere cantar, uno no puede decir nada contra eso". Al año siguiente el propio Sola escribió un nuevo texto que nuestro autor aceptó como base de un arreglo. El poema tenía un sentido masónico antes que puramente patriótico, y de hecho el arreglo fue estrenado en una reunión de la Logia Masónica de San Juan, y editado en ocasiones junto con la Música masónica opus 113 del propio Sibelius. Nuestro compositor había sido iniciado en la masonería junto a otras de las primeras figuras finlandesas, pero no participó prácticamente más que en unas pocas reuniones. Sin embargo siempre estuvo en sintonía con sus compañeros, y cuidó mucho de su opus 113 en los años del "silencio de Ainola" a través de varias revisiones y transcripciones.

El arreglo del himno con texto de Wainö Sola (llamado "Finlandia-hymni", como los siguientes arreglos), para coro masculino a cuatro con un armonium doblando las partes, ha tenido muy poca difusión, quizá por esa conexión con la masonería, aunque no fuera esa la intención última del compositor y del autor del texto. En cualquier caso Sibelius pareció más dispuesto a repetir la experiencia, y en el verano de 1940, tras la cruenta Guerra de Invierno realizó un nuevo arreglo del himno, esta vez para coro masculino a capella. Para ello recurrió a un nuevo texto, sacado de "Latuja lumessa" ("Huellas de esquíes en la nieve") que el poeta Veikko Antero Koskenniemi (1865-1962) acababa de publicar dedicado a los inválidos que la guerra había provocado. Sibelius hizo pequeños cambios para adaptar los versos a la melodía de su obra:

Oi, Suomi, katso, sinun päiväs' koittaa,
Yön uhka karkoitettu on jo pois,
Ja aamun kiuru kirkkaudessa soittaa,
Kuin itse taivahan kansi sois'.
Yön vallat aamun valkeus jo voittaa,
Sun päiväs' koittaa, oi synnyinmaa.

Oi, nouse, Suomi, nosta korkealle,
Pääs' seppelöimä suurten muistojen.
Oi, nouse, Suomi, näytit maailmalle,
Sa että karkoitit orjuuden,
Ja ettet taipunut sa sorron alle,
On aamus' alkanut, synnyinmaa.
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Oh, Finlandia, la luz de tu mañana amanece,
la amenaza de la noche ha desaparecido,
la dulce canción de la alondra anuncia la mañana,
elevándose y resonando ante la puerta del cielo.
El esplendor de la mañana ha vencido al poder de la noche,
tu día está amaneciendo, oh, patria.

Álzate, oh, Finlandia, levanta bien alto
la cabeza, coronada de grandes recuerdos.
Álzate, oh, Finlandia, tú que mostraste al mundo
el fin de la esclavitud,
y nunca te doblegaste a la opresión,
tu día ha amanecido, oh, patria.

El arreglo fue estrenado el 7 de diciembre por su destinatario, el coro masculino Laulu-Miehet (que cumplía 25 años) dirigido por Martti Turunen. Esta vez la versión sí alcanzó un gran éxito, y desde entonces es una pieza fija dentro del repertorio de todos los coros masculinos de Finlandia. Incluso ha sido adaptado a su vez a otros idiomas y contextos (podéis escucharlo en el post que dedicamos al himno nacional).

En 1948 realizó un nuevo arreglo, esta vez para coro mixto (en dos versiones, una en Fa Mayor y otra en el tono original de La bemol Mayor). El texto usado fue el mismo que en 1940, y está tan difundida como la versión para coro masculino.

Finlandia ha seguido siendo la obra más popular del autor incluso más allá de la mayor apreciación de las tres últimas décadas. Siguió en el repertorio junto al Valse triste, el Concierto para Violín y las dos primeras sinfonías, superando las feroces críticas de Theodor Adorno y los que acusaban a Sibelius de ser mediocremente anticuado. Pero desde luego esas piezas no permitieron descubrir lo mayor, más original y/o lo más avanzado del autor.

Finlandia es una obra efectiva, impactante, llena de sentimiento y orgullo, hermosa y enormemente valiosa. El sentimiento que inspira en los propios finlandeses es verdaderamente conmovedor. Pero es una lástima que su fama haya tapado trabajos mejores y más representativos de la genialidad del autor, tal y como pensaba el propio autor. De alguna manera ha marcado negativamente al compositor como un simple nacionalista que dedicó una sonora obra a su país, aunque ni siquiera esto sea cierto del todo (como exploraremos en un próximo "Falsos mitos"), una pintoresca obra denominada como su "exótica" nación. De este punto de vista sólo podamos reiterar que Sibelius escribió decenas de obras mejores y más interesantes. No con ello minusvaloramos este trabajo de por sí, sino que llamamos la atención (uno de los objetivos de este blog) para que no se contenten con Finlandia y vayan más allá. Sin duda descubrirán a uno de los grandes compositores del paso del siglo XIX al XX.

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Dedicaremos un último post dedicado a esta obra para hablar de la discografía recomendada del poema sinfónico, además de la discografía de los arreglos.

Capítulo anterior (1): historia y análisis
Capítulo siguiente (y 3): discografía


2 comentarios:

RIVE dijo...

Excelente blog, felicidades.!

David Revilla Velasco dijo...

Muchas gracias, Rive, te animo a seguir leyendo y participando con tus comentarios cuando lo desees. Un saludo.