martes, 28 de abril de 2009

La música para piano (1): visión general y discografía

El piano es el género más desconocido y desplazado de la producción de Jean Sibelius. Pesa sobre él un gran desinterés, cuando no menosprecio, por parte tanto de intérpretes como de críticos. Se suele afirmar que su pianismo es pobre, las obras nada originales y comerciales, sin nada que ver con las grandes obras orquestales. Incluso se afirma que su música para piano es un simple cajón de sastre que reutiliza esbozos orquestales desechados.

Aunque es enormemente injusto el desplazamiento que ha sufrido esta parte de la obra del genial maestro, algo de verdad hay en todas esas afirmaciones. Para empezar el propio autor no tuvo gran interés por el instrumento - quien el escribe cree que pudo tener algo que ver en esto ciertas
experiencias infantiles - . En una ocasión afirmó: "el piano no puede cantar". Su primer amor musical fue el violín, y a partir de la década de los 90 la orquesta al completo. Sibelius es fundamentalmente un músico orquestal, para la orquesta escribe sus obras más ambiciosas, sólo dejando el hueco restante a la voz y a otros géneros.

Era muy raro sin embargo, en la era del piano - tanto la previa al disco como la coetánea a su aparición-, que un compositor no escribiese para el piano. De alguna manera era un lujo que poco se podían permitir, aunque su centro de actividad fuera otro. Era el instrumento fundamental, el más extendido. Y Sibelius aún en sus primeros años le mantuvo entre sus medios para la composición.

Pero cuando conoció la orquesta el piano, al igual que la música de cámara, prácticamente desapareció. Volvió a escribir piezas para piano a partir de la época de su proyección internacional (1898 en adelante), obras con las que darse a conocer (que incluían transcripciones de obras sinfónicas). No obstante muy pocas veces concedería importancia e inspiración a estas músicas, muchas veces convencionales y cercanas al salón, como tantas miles de piezas que se tocaban en la Europa y en los Estados Unidos de la Belle Epóque.

Con el habitual título en francés, seguían el formato de danza de salón (vals o mazurka), danza antigua (menuet o gavotte), piezas características (nocturno o romanza), evocaciones sentimentales (Rêverie o Souvenir), o pequeños números programáticos. Sin duda su gran modelo es Grieg, cuyas "Piezas líricas" no sólo eran inmensamente populares en los países nórdicos, sino en todo el mundo, especialmente en el área de influencia germánica.

No toda su música para piano cumple con estas características, en ocasiones hay propósitos mucho más serios, piezas que debido a un mayor impulso artístico trasciende este cometido original. Piezas magníficas la mayoría, que a pesar de la incomodidad que suele sentir Sibelius ante el piano, suponen un gran logro. Ya detallaremos esto en el siguiente post.

La composición de las piezas más ligeras, unas cien, se divide en dos grandes bloques, que llamaremos colecciones y cuadernos respectivamente. Las colecciones son una recopilación de piezas compuestas en diferentes momentos y luego reunidos bajo un número de opus; los cuadernos son piezas compuestas bajo un mismo impulso creativo, en ocasiones con cierta unidad musical o un propósito común (los cuadernos titulados como "Las flores" y "Los árboles" por ejemplo). Las primeras fueron más comunes al comienzo de su carrera pianística, las segundas fueron ganando terreno con los años, lo denota un progresivo compromiso por ofrecer trabajos más elaborados.

En cualquier caso, estas piezas supusieron una fuente de ingresos para las cuentas siempre irregulares del maestro, con lo acabaron por ser necesarias en sus esfuerzos compositivos. Este hecho se verifica especialmente durante la Gran Guerra: sus editores eran en su mayoría alemanes, y Alemania era enemiga del Imperio Ruso al que pertenecía aún Finlandia. Ello obligó a nuestro compositor producir ininterrumpidamente nuevas piezas para violín y piano, y para piano solo, que le permitieron sobrevivir en medio de la incómoda situación.

Sí es cierto que el pianismo de estas obras es menor que el otros compositores, no siendo el propio autor un gran pianista, y no mostrando mucho interés, como ya hemos dicho, por el instrumento. En los años 1880s y 1890s le utilizó comúnmente como medio para la composición y el aprendizaje, y para improvisaciones en privado que causaban la sensación de sus allegados (costumbre que no perdería a lo largo de su vida en Ainola). También fue para nuestro autor un instrumento familiar, con el acompañaba a sus hijas bailando o cantando canciones de Navidad, en la seguridad y la confidencialidad del hogar, sobre el que siempre fue muy celoso.

Sus improvisaciones, verdaderos arrebatos de creatividad, se convirtieron también en una manera de experimentar y de dejar volar su enorme imaginación, aunque estuviera pensando en una orquesta. El piano es contemplado, por tanto, como un medio, y un medio menor, no como un fin en sí mismo. Pero esto no quiere decir que su música no se adapte bien al piano, sino que simplemente no explora todas sus posibilidades, máxime en la época de Debussy, Rachmaninov, Bartók...

No es cierta en cambio la afirmación de que el autor reutilizara músicas orquestales en sus obras para piano. Esta idea se genera en el hecho verdadero de que en ocasiones parece que lo orquestal impregna lo pianístico. A partir de su Segunda Sinfonía (1901-02), Sibelius se intentará desprender al máximo del piano como apoyo a la composición, y escribirá su música directamente en bocetos a varias voces, con la instrumentación ya ideada (aunque ocasionalmente tuvo que recurrir inevitablemente al teclado). Esta manera de componer arraigó muy profundamente en la mente creativa del autor, con lo que es natural que la música para piano a veces parezca reproducir pensamientos orquestales, atenazados por el medio diferente que es el teclado. De alguna manera, si dice el tópico que la música orquestal de Schumann es muy pianística - tópico injusto pero con cierta razón también -, la música pianística de Sibelius es muy orquestal.

No podemos ignorar esta serie de hechos que hacen cuestionar esta parte del catálogo sibeliano. Sin embargo sería muy injusto apartar toda su producción para piano como no artística o de nula categoría. En primer lugar son muchísimas las piezas que cuentas con un interés artístico mayúsculo, no comparable en general con el resto de su producción, pero sin duda de calidad. En segundo lugar incluso la piezas más ligeras, salonísticas e impersonales no carecen de gusto, y pueden ser escuchadas con sumo placer. Bajo este género se han creado unas cuantas obras maestras y otras tantas de gran valor.

En nuestro próximo post hablaremos brevemente de las obras pianísticas más destacadas de Sibelius, que ya enunciamos en nuestro
repertorio recomendado.


DISCOGRAFÍA

La música para piano de Jean Sibelius fue volcada en general directamente a la imprenta, la mayor parte no conoció un estreno público. Son fundamentalmente obras de ámbito privado, no destinadas en la mayoría de los casos a la sala de conciertos. Por ello pocos pianistas tocaron en su día las mejores de estas partituras, al menos fuera de Finlandia. La gran excepción serían pianistas que fueron a la vez grandes amigos, como es el caso de
Ferrucio Busoni, al que conoció en su época de estudiante, y el de Wilhelm Kempff, que le visitó en numerosas ocasiones en Ainola. Antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando la fama de Sibelius estuvo en su apogeo, algunas piezas como la Romanza opus 27 nº9 no eran infrecuentes entre los bises de grandes pianistas, pero tras la campaña de infravaloración de Adorno, sus obras desaparecieron prácticamente del repertorio. Aunque se siguieron tocando en los países nórdicos en especial, naturalmente, en Finlandia, donde estudiantes y aficionados seguían teniendo en estima estas piezas.

La situación como ya sabemos cambió en los años 80, y es muy difícil encontrar grabaciones anteriores a esa fecha fuera de Finlandia. Al mercado internacional llegó la primera propuesta de Bis, una "integral" de seis discos protagonizada por Erik T. Tawststjerna (hijo de un célebre estudioso de Sibelius) que incluían las obras publicadas, incluidas las transcripciones. Esta grabación, efectuada entre 1979 y 1986, adolece de cierta falta de técnica del pianista, aunque tiene un valor histórico único, ya que contribuyó a revalorizar estos pentagramas tan poco tenidos en cuenta anteriormente.

Bastante años más tarde han llegado otras integrales, también no del todo completas, la de Håvard Gimse para Naxos (1997-2001), y la de Eero Heinonen para Finlandia Records (1995-2000), ambas de bastante entidad. Quien les escribe tiene noticia también de cinco discos interpretados por una tal Annette Servadei para el sello Continuum / Olympia, pero no disponemos de más datos.

La integral con mayúsculas es la que está en pleno proceso, dentro de la Sibelius Edition de Bis, protagonizada por Folke Gräbeck. El primer volumen se editó hace un año y contiene toda la música compuesta para piano entre 1885 y 1905, más las colecciones opus 34 y opus 40. Incluye, dentro de la tónica habitual, todas las obras sin publicar, incompletas, versiones y esbozos que sean ejecutables. La interpretación es del todo idiomática, indiscutiblemente idiomática, y además de gran calidad, refinamiento y sentimiento. Globalmente no se la puede poner ningún pero, y es una opción muy por encima de las demás para quien esté interesado en estas músicas. Más información la pueden encontrar el la página de Bis dedicada a esta grabación (en inglés).

El segundo volumen está previsto para diciembre de este mismo año, y es de esperar que sea al menos tan magnífico como éste, si no más. El total parece que será de 10 discos (frente a los cinco o seis de las demás integrales).

En cuanto a los recitales de grandes pianistas que incluyan música de Sibelius, como es de esperar son muy pocos. Destacaremos dos.

El finés Olli Mustonen grabó un disco monográfico para Ondine en 2003, con las series opus 34, 58, y 76, los Dos rondinos opus 68 y la versión pianística de la Marcha del batallón Jäger Finés opus 91b, un gran disco en el que hace un sentido homenaje al gran compositor de su tierra natal.

Una curiosísima grabación es la protagonizada por el sin par Glenn Gould, que en su búsqueda de los repertorios más insólitos topó con Jean Sibelius. Con notable punto de mira supo ver la grandeza y originalidad de Kyllikki opus 41 y de las Tres sonatinas opus 67, que registró en 1977. Su interpretación está llena de las excentricidades habituales del genial pianista, como sus canturreos, sus tempi y rubati no escritos en la partitura, y las distintas sesiones que se dejan a oír en un mismo movimiento... No obstante el testimonio es de tal calidad artística, como la mayoría de las de este auténtico genio. Debería ser un disco indispensable en las estanterías del buen sibeliano. Gould crea un auténtico monumento sonoro, entresacando el lado más bachiano de la partitura (en especial de las sonatinas, que se prestan bien a ello). Estos registros aparecen en varias ediciones, aunque la más fácil de encontrar es la de la portada que les ofrecemos aquí, junto con obras igual de poco frecuentes de Bizet y de Grieg, y que corresponde a la "Glenn Gould Edition" de Sony.

__________

Más información sobre Sibelius como pianista aquí (en inglés).

En nuestro próximo post
ampliaremos la información sobre la música de piano hablando de varias obras en particular.

2 comentarios:

  1. solo una pregunta y discculpa mi ignorancia ya que no he tenido la fortuna de conocer finlandia, no recuerdo si lo lei hace años o lo oi, es verdad que segun como corra el aire, esos tubos reflejan sonidos musicales de piezas de sibelius?

    ResponderEliminar
  2. Hola, Miguel Ángel, imagino que te refieres al célebre monumento dedicado a Sibelius en Helsinki,

    Escribí un post dedicado a ello, puedes leerlo siguiendo este enlace:
    http://sibeliusencastellano.blogspot.com.es/2009/04/el-monumento-sibelius-en-helsinki.html

    Espero aclarar tus dudas.

    ResponderEliminar