martes, 14 de diciembre de 2010

Biografía (20): estreno de la Segunda Sinfonía, "Tulen Synty" y éxito en Berlín (1902)

Capítulo anterior (19): Italia, Don Juan, Dante y la Segunda Sinfonía (1901)
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A comienzos de del año 1902 Sibelius está en condiciones para enviar su Segunda Sinfonía al copista, para preparar las partes. Antes del estreno en marzo hay tiempo e inspiración para escribir dos obras más que estrenar junto a la Sinfonía. Por una parte el "Impromptu" opus 19 para coro femenino y orquesta, sobre versos de inspiración clásica de Rydberg. Como "Athenarnes sång" opus 31 nº1 de 1899, la evocación de la Grecia antigua tiene claras resonancias nacionalistas, aunque en este caso con gran dulzura y delicadeza.

La otra pieza es la Obertura en la menor JS.144, una pieza para orquesta que según relataría compondría durante el transcurso de una noche en el restaurante de un hotel (lugar habitual para las soirées de conversación, cigarros y alcohol de nuestro compositor). El trabajo se estructura como un debate entre una parte trágica, entre fanfarrias del metal, y una más ligera y optimista. Tiene cierto sabor neoclásico, adelantando partituras de
periodos futuros, incluyendo un tema que volverá a usar en su Cuarteto "Voces intimae".

El estreno de la Segunda Sinfonía en Re Mayor opus 43, junto con las dos obras citadas, se produce el 8 de marzo, en la Sala de la Universidad de Helsinki, con el compositor dirigiendo. El éxito no tuvo precedentes en la historia artística de Finlandia, y aun en las décadas siguientes costaría encontrar un triunfo semejante para nuestro músico. Por supuesto en ello no intervino sólo la calidad puramente musical de la partitura: "una obra maestra definitiva, una de las pocas creaciones de nuestro tiempo que apunta en la misma dirección que las sinfonías de Beethoven", sentenciaría el crítico Karl Flodin. También se hacía muy presente el componente político y nacionalista, que transformó a la pieza en una demostración de la resistencia y la singularidad de los finlandeses frente el dominio ruso, tal y como afirmó con rotundidad por
Robert Kajanus en un artículo con gran difusión del periódico Hufvudstadsbladet. Tales connotaciones fueron rechazadas por el propio compositor, aunque indudablemente su ardor y su monumentalidad suponían un apoyo inevitable de la causa finlandesa. El concierto pudo repetirse los días 10, 14 y 16, con el cartel de completo.

Ese mismo clima de fervor nacionalista, ahora sí intencional, está en la redacción de
"Tulen synty" ("El origen del fuego") opus 32. La composición, escrita poco tiempo antes del estreno en unos días de cierto hastío para el compositor - quizá por la excitación posterior ante el estreno de la Sinfonía-, está basada en un pasaje del "Kalevala", donde se narra la oscuridad reinante en la tierra de los héroes cuando Louhi roba el sol y la luna, y los esfuerzos de Ukko por dotar a través del fuego al mundo de un nuevo sol y una nueva luna, intento que termina con la llama escapando a través de la bóveda celeste. La alegoría es evidente: el yugo ruso supone la pérdida de la luz de Finlandia, que será devuelta a través de sus héroes.

La cantata se concibió para formar parte de la inauguración del Teatro Finés de Helsinki, el 9 de abril, con el barítono Abraham Ojanperä, un coro de al menos 350 miembros formado especialmente para la ocasión, la Orquesta de la Sociedad Filarmónica y el propio Sibelius dirigiendo al multitudinario grupo de artistas. "El origen del fuego" no llamó especialmente la atención, quizá debido a que era parte de un evento más extenso, o quizá por debilidades de la partitura. En cualquier caso el autor no estaba satisfecho del todo con la cantata, y pensó pronto en revisarla, aunque no trabajó en ello hasta ocho años después.

Entre mayo y el final del verano, el genio nórdico se ocupó de varias
canciones, llenas del mejor romanticismo de este periodo. En "Lasse liten" ("Pequeña Lasse") opus 37 nº2 contrastan su línea vocal al estilo de una canción infantil con su siniestro acompañamiento pianístico. "Soluppgång" ("La salida del sol") opus 37 nº3 es una de las grandes piezas líricas de Sibelius, con sonoridades verdaderamente sublimes. "Var det en dröm?" ("¿Fue un sueño?") opus 37 nº4 presenta una melodía amplia y de emocionado aliento onírico.

También, a instancias de Carpelan, dio vueltas a la idea de arreglar para orquesta de cuerda algunas melodías folclóricas. Aunque el proyecto como tal no se realizó en este momento, al año siguiente lo retomó, pero bajo el soporte del piano.

Carpelan se las arregla de nuevo para financiar un viaje a nuestro autor en junio, de nuevo a Berlín. En la capital alemana puede pasar tiempo con sus hermanos y su amigo de los viejos tiempos, Adolf Paul. Se preocupa no obstante de los contactos musicales para hacer llegar al público alemán y al europeo en general sus obras. No fuera el mejor momento de la temporada para ello, sin embargo no dudó mucho en hacer el viaje.

Felix Weingartner lo acoge con entusiasmo. Había tocado ya las dos leyendas revisadas de
Lemminkäinen opus 22 y fragmentos de "Rey Christian II" opus 27 durante esa temporada. "Hay algo noble y distintivo en él. Le dejé la Segunda Sinfonía y prometió, después de estudiarla, llevársela a Breitkopf & Härtel para imprimirla". Sin embargo Weingartner tardaría varios años en llevar la partitura a su podio, exactamente en la Viena de 1910 (sic!).


El director de orquesta y compositor Felix Weingartner (1863-1942)

A Arthur Nikisch lo sintió mucho menos receptivo y más frío que dos años antes, cuando había incorporado El cisne de Tuonela opus 22 nº2 a su repertorio. Ahora mostraba poco interés por su obra. Su amigo Willy Burmester - del su círculo del "Symposium", antiguo concertino de la orquesta de Kajanus y en esa época residente en Berlín, además de futuro instigador de su Concierto para violín - le llegó a sugerir ante la indeferencia de Nikisch, que había decepcionado a Sibelius, un verdadero complot, señal inequívoca de que ahora estaba bien considerado.

Arthur Nikisch (1855-1922) y la Orquesta Filarmónica de Berlín en la época

Más suerte tuvo nuestro genio con su amigo Busoni, como Adolf Paul miembro del antiguo círculo de los "leskovitas". El músico germano-italiano dirigía con la Filarmónica programas en los que intentaba incorporar el repertorio más vanguardista e internacional del momento, frente al tradicionalismo de Nikisch o el modernismo germanista de Richard Strauss (que dirigía a Wolf, Pfitzner, Indy, Elgar o sus propias obras). Eso le costaba no pocos abucheos, pero al mismo tiempo muchas oportunidades a la nueva. Por todo ello pidió a Sibelius que su En saga opus 9 (1892) sonara en Berlín, y además bajo la batuta de su propio autor.

Antes de regresara finales de junio, puede acudir personalmente a Breitkopf & Härtel para revisar las pruebas de imprenta de su Primera Sinfonía.

A su retorno a Finlandia, un tanto nostálgico, nuestro músico pasó unos días con su mujer - de nuevo encinta -, sus dos hijas, y su hermana (que empezaba dar síntomas de enfermedad mental, algo que se confirmaría años después) en la localidad costera de Tvärminne. Allí no perdió la oportunidad de tomar baños de horas y de consumir inmoderadas cantidades de alcohol, pero también siguió trabajando en sus canciones y otras ideas musicales.

Vista aérea de la estación zoológica de Tvärminne

En estas vacaciones hubo tiempo también para acudir a Pohja a visitar a su Wegelius, su antiguo maestro, del que se había distanciado cuando se apartó del credo wagneriano, pero que ahora sólo podía mirarle con total y sincero orgullo.

En la localidad marítima recibió una visita de su amigo Axel Carpelan, a quien relata el trabajo en las obras que en ese momento le ocupaban, como también sus futuros proyectos: una balada para soprano y gran orquesta sobre textos del "Kanteletar", para Ida Ekman, un ballet sin argumento en veinte números, un concierto para violín, una gran fantasía para orquesta, piezas para piano, un cuarteto de cuerda... Esos proyectos en su mayoría tuvieron que esperar en general unos años (excepto el ballet, que no se concretó nunca). La obra para Ida Ekman se acabaría transformando en un poema sinfónico con soprano solista sobre versos del "Kalevala", y escrita para Aino Achté, "Luonnotar", de 1913. La fantasía para orquesta se plasmaría como La hija de Pohjola opus 49, o quizá como la Séptima Sinfonía. El cuarteto ya conocía algunos esbozos desde 1899, pero no fue hasta 1909 cuando se culminó bajo el subtítulo de "Voces intimae". El concierto en cambio empezaría a cobrar forma muy pronto: el 18 de septiembre, antes de regresar de las vacaciones, Sibelius escribe a su mujer: "he hallado algunos temas espléndidos para el concierto para violín". El trabajo en
la obra propiamente dicha empezaría ya en 1903.

Nuestro músico también se encontró en esas fechas con un antiguo maestro de escuela, Eino Levón, cuyas hijas cantaron una canción popular para congratularle. El gesto en verdad agradó a nuestro músico, y para agradecérselo les dedicó el coro para tres voces femeninas "Kotikaipaus" ("Nostalgia del hogar") JS.111, sobre versos de otro alumno de Levón, su amigo de la infancia Walter von Konow, una pieza tan breve como bella.

Antes de empezar el otoño, nuestro músico tuvo que regresar a Helsinki para adelantar planes, principalmente la búsqueda de un nuevo piso, lo cual le llevó verdaderos quebraderos de cabeza... Tras un breve regreso a Tvärminne, se asentó finalmente en la capital finlandesa, mientras se sentía de nuevo resentido de su inspiración. Durante esas semanas estuvo trabajando revisando Una saga opus 9, ya que en la redacción original, con diez años a sus espaldas, había un exceso de imaginación a sus ojos frente a su cualidad técnica. En su forma revisada el poema sinfónico es casi 150 compases más corto, ya que suprimió algunos pasajes, además de cierta reelaboración, incluyendo cambios de tempo, tono y de orquestación. Como suele suceder en estas revisiones sibelianas la partitura es mucho más refinada, compacta y concisa, pero pierde algo del fervor inspiracional del original.

Antes de partir a Berlín, el genio finlandés compuso un coro a capella, "Den 25 oktober 1902. Till Thérèse Hahl" ("El 25 de octubre de 1902. Para Thérèse Hahl") JS.60, para celebrar el aniversario señalado en el título. Thérèse Hahl cumplía 60 años, gran parte de los cuales los había puesto al servicio del canto, siendo una figura muy estimada en el mundo musical finlandés. Esta ocasión sirvió para que muchos admiradores la rindieran un sentido homenaje, entre ellos Jean Sibelius, que usó texto de Nils Wasastjerna. No satisfecho con el resultado, nuestro músico realizó una segunda composición con el mismo texto (con el número de catálogo JS.61), para
Andrew Barnett la última redacción es más expresiva, "pero los temas mismos son menos memorables".

También hay tiempo para firmar la publicación de Canción de primavera opus 16 (en su segunda - ¿o tercera? - revisión, siendo el original de
1894), y el estreno absoluto de la revisión de En saga opus 9, bajo la batuta de Kajanus, en la Universidad.

En Berlín, el 15 de noviembre, la obra compartió cartel con trabajos de Delius y otros músicos menos conocidos, pero fue sin duda la más exitosa de todas, asegurándose desde entonces y con el tiempo un merecido puesto en el repertorio. Sibelius fue llamado varias veces al podium, y el autor estaba orgulloso de haber estado tranquilo y dirigido bien la obra, "lo mejor de todo es que yo puedo dirigir una de las más famosas orquestas del mundo", escribió a su mujer - aunque creía que a pesar del éxito el público no habría podido entender su obra -. En la ciudad alemana por supuesto no perdió la oportunidad de pasar tiempo de esparcimiento con Busoni, Sinding, y otros amigos, incluyendo ahora a Burmester.

De vuelta a Finlandia nuestro músico se subió de nuevo al podio para dirigir, en Turku, su
Primera Sinfonía. Antes de acabar el año escribió una de sus escasas canciones con texto en finés, "Lastu lainehilla" ("Madera de deriva") opus 17 nº7, del toque folclórico, delicado y hasta minimalista, que se suelen tener sus obras para voz y piano en este idioma, bajo un animado ritmo sincopado y una bella línea vocal.

El año 1903 fue especialmente fecundo en composiciones que se encuentran entre las más estimadas de Sibelius, pero de eso ya daremos cuenta en el próximo capítulo de esta biografía.
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Capítulo siguiente (21): el Vals de la Muerte y el Concierto para violín (1903)