martes, 10 de julio de 2018

Sinfonías sibelianas para llevarte en la maleta: una recomendación rápida de las (quizá) mejores integrales

Recientemente un lector de blog enviaba un correo electrónico en el que nos preguntaba sobre alguna discografía total, puesto que hemos tratado en extenso las de la Primera, la Segunda, la Tercera, la Cuarta y la Quinta, pero aún no hemos llegado a las dos últimas sinfonías (la Sexta posiblemente será abordada a finales de este mismo año), y por lo tanto la visión de todas las sinfonías está incompleta. ¿Qué integrales destacaríamos de entre toda la discografía como las más recomendables?

Normalmente estas discografías - desvelamos así el procedimiento - se elaboran en varios meses, sin acumular escuchas pero sí lo suficientemente cerca como para poder comparar entre sí las grabaciones, a veces repitiendo si la impresión es algo ambigua, y siempre con la partitura por delante. Repetir algo así para las integrales nos llevaría demasiado tiempo, así que hemos preferido dar con este post una idea general. Tal panorama contará el conocimiento de fondo que podemos decir que atesoramos, pero que también será bastante espontánea, inmediata, y quizá por ello algo más subjetiva de este julio de 2018. Si repitiéramos esta lista en otro momento, la elección sería algo diferente quizá. O quizá no tanto. Esperamos al menos que la propuesta sea lo suficientemente sugerente.

Por supuesto dejamos fuera intencionalmente las grabaciones individuales, como la Segunda de Szell, o ciclos incompletos, como el de Bernstein con la Filarmónica de Viena (muy desigual por otra parte, con una Quinta y una Séptima inconmensurables y una Primera y una Segunda francamente excesivas y equivocadas), para dar paso a ciclos completos, concebidos como tales.

No pondremos notas a los registros como habitualmente, solo daremos un orden de preferencia, y unas notas sobre las mismas, y así el lector y melómano pueda elegir de acuerdo a sus preferencias. 
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Orquesta Sinfónica de Bournemouth
Paavo Berglund
- EMI / WARNER CLASSICS (1973-1978)

Grandiosa e inmortal. Si hay que coronar esta lista con un solo ciclo, no hay duda posible que debe ser el ciclo de Berglund con la orquesta británica. Y lo es sobre todo porque no hay punto débil, los siete pilares que la sostienen son igual de firmes y hermosos. Quizá el estilo del maestro finés, sobrio, ascético incluso, y muy pesimista, pueda restarle algo respecto al brillo sibeliano que se debe a estas obras, pero poco importa. La interpretación es sublime, siempre impactante, telúrica, enormemente sentida, la orquesta de Bournemouth (que décadas atrás había conocido la batuta del propio Sibelius) impecable, y la conjunción perfecta. Berglund firmará hasta dos integrales más (con la Filarmónica de Helsinki en los 80, y con la Orquesta de Cámara de Europa en los 90), pero sus logros son significativamente menores, y no tienen el trazo de unión que tiene esta primera.
Recomendamos la última remasterización (de 2013), que hace honor a su nombre puliendo el sonido muy por encima de anteriores ediciones en CD. El estuche trae además otros geniales extras, como El cisne de Tuonela, Tapiola, El bardo, etc., que el sello EMI/Warner Music distribuye además en serie media o incluso económica, lo que hace impensable que el sibeliano que la encuentre no se haga con ella. Desconocemos si el estuche de 2017, más reciente, presenta cambios en el sonido además de complementarse con un quinto disco dedicado a "Kullervo", pero imaginamos que no (y en todo caso ese "Kullervo" ayuda a decantarse por este último).



Orquesta Sinfónica de Lahti
Osmo Vänskä
- BIS (1996-1997)

Sonido Sibelius en estado puro. Vänskä, tanto en su grabaciones del repertorio conocido como en las obras que rescató y devolvió la luz (caso de La ninfa del bosque), recogió la herencia interpretativa finlandesa al tiempo que protagonizó un back to the basics, una vuelta a los fundamentos sibelianos, revisitando las partituras del maestro para refrescarlas y devolverlas a su estado primigenio. Su Sibelius es siempre un Sibelius fiel a las intenciones del autor, fresco, original, intenso, sumamente refinado, preciosista en lo sonoro pero sin edulcorar nunca, primordial pero sin primitivismos... El sonido es muy limpio, cristalino, reforzando la separación de timbres constitutiva de la orquestación del autor, y que no siempre se ve tan realizada, incluso en los más grandes maestros, como aquí. Vänskä capta y realza detalles como algunas dinámicas casi inaudibles, pero completamente estructurales, auras, bajos, enlaces... ninguna nota se pierde. Nunca el consejo del propio compositor a su discípulo Madetoja de "cada nota debe vivir" se hace más presente que aquí.
El pero de esta integral se encuentra en el punto opuesto a la de Berglund: mucho más irregular interpretativamente. Mientras que la Tercera, la Cuarta o la Sexta son modélicas, perfectas ilustraciones de sus partituras, la Primera, la Quinta y la Séptima se muestran más tímidas, mientras que la Segunda, aun de altura, peca comparativamente de debilidades. No obstante como decimos está muy en sintonía con el pensamiento del autor, y al tiempo es capaz de sonar siempre nuevo y vital.
El propio Vänskä se ha atrevido, como Berglund, a una segunda integral con la Orquesta de Minnesota, resolviendo alguno de los puntos flacos de la grabación finlandesa (justamente una Segunda sinfonía más poderosa), pero privándonos de la magia y el acento emocionado de Lahti.
Además de los cuatro discos originales, BIS ha reunido la integral en un estuche sin cambios (incluyendo una magnífica Tapiola que acompaña a las dos últimas sinfonías), un poco por encima de la serie media, en una caja quizá un poco más difícil de encontrar a día de hoy. Las obras están de nuevo presentes (sin Tapiola) en el volumen de la Sibelius Edition dedicado a la sinfonías, complementado en esta ocasión la caja con la versión original de la Quinta y el propio Vänskä (sin alternativa posible, en todos los sentidos), fragmentos y otras versiones con la misma orquesta, pero dirigidas por su concertino, Jaakko Kuusisto, recomendable en último caso para los completistas e interesados en el catálogo completo del compositor.


Orquesta Sinfónica de San Francisco
Herbert Blomstedt
- DECCA (1989-1995)

El director norteamericano ha sido un campeón de autores nórdicos, motivado por sus propias raíces escandinavas. Además de una magnífica integral también de las sinfonías de Nielsen, Blomstedt nos legó un magistral ciclo sibeliano, de sones grandiosos, seriedad, gran sinfonismo, modernidad, atmosférico, todo con un sensacional toque "americano", que universaliza los pentagramas finlandeses, con lecturas de gran abstracción e intensidad en su pureza. Una de las virtudes de estos discos es común a la de Berglund: todas las sinfonías suman una media de interpretación y calidad muy alta - aunque luego individualmente no sean tan imbatibles -, lo que proporciona una fuerte sensación de continuidad entre ellas. La dirección de Blomstedt estructura muy bien las secuencias, y en lo instrumental las cuerdas son especialmente brillantes. Solo se echa de vez en cuando cierto drama, de hecho globalmente se percibe cierta frialdad y distancia, aunque desde luego lo gélido no es que desentone del todo con Sibelius. Una serie magnífica en todo caso. Aparte de los ejemplares por separado, existe un estuche de Decca, más fácil de encontrar, con todas las grabaciones, complementadas por una buena interpretación de Tapiola (amén de la propina de un Valse triste).





Orquesta Sinfónica de Lahti
Okko Kamu
- BIS (2012-2014)

Un buen ejemplo de lo que comentábamos en la introducción, ya que como quien esto les firma ha estado escuchando el estuche recientemente, y tiene fresco en el recuerdo, más que grato. Quizá otra reciente integral, como la John Storgårds con la Filarmónica de BBC, muy destacada, podría ser a priori otra elección, pero al mencionar solo la de Kamu lo hacemos sobre seguro para esta aproximación. El sonido prístino de la orquesta enlaza bastante a la versión de Vänskä (lo cual es lógico, si pensamos que Kamu fue su sucesor como titular de la Lahti), pero el maestro tiene un enfoque menos fino a cambio de un trazo mucho más romántico, No el sentido de la tradición del romanticismo, sino de los colores y pasiones más nítidamente nórdicas, un ánimo oscuro - sin llegar a la pincelada de Berglund - y siempre una gran presencia y robustez. A veces le falta algo de grandeza interpretativa, es cierto, pero comparte con la de Berglund o Blomstedt la calidad uniforme entre todas las sinfonías. Contradictoriamente con las anteriormente vistas, puede ser la visión más intensamente finlandesa de todas, y es fácil encontrar paralelos con las grabaciones más primigenias, como las de Kajanus, per en la era del sonido SACD (quizá no del todo aprovechado). 
El estuche viene comprimido en tres discos (dos de ellos por encima de los 80'), lo que hace que su precio, sin ser de gama media, sea más justificable. A pesar de que tal vez sea un proyecto un tanto discreto (las críticas han sido sorpresivamente muy dispares por extremas), estas grabaciones son a nuestro parecer de primer orden.


Orquesta Sinfónica de Boston
Colin Davis
- DECCA/PHILIPS (1975-76)

La integral de sir Colin Davis representa el culmen de lo mejor de la tradición interpretativa sibeliana entre la Segunda Guerra Mundial y el renacer sibeliano de los 80. Por una parte la herencia británica que reverenció al compositor desde el comienzo, por otra el sonido americano, que contaba ya con décadas de sibelianismo entusiasta (la Sinfónica de Boston tiene las sinfonías en su repertorio desde los años 30, con Koussevitzky). Davis le otorga drama vivo y delicadeza al tiempo, lejos del toque añejo de maestros como Boult, Barbirolli, Groves... Las lecturas no son trascendentalistas ni grandiosas, ni tienen la oscuridad que necesitan, pero una musicalidad y un melodismo continuo. Como la de Vänskä acusan de cierta desigualdad, pero las traemos aquí por ser globalmente un buen ciclo, sobre todo para aquellos que quieran un buen Sibelius fuera de Finlandia, con una raigambre más internacional.
Davis grabó en vivo con la Sinfónica de Londres un nuevo ciclo (más amplio, incluyendo sus otras dos "sinfonías": "Kullervo" y Lemminkäinen), pero de nivel notablemente inferior, pecando justamente de cierta decadencia británica... Este ciclo se encuentra fácilmente, ha parecido en estuche en varias ocasiones y en series económicas. Quizá no sea del todo difícil encontrarlo en dos estuches de la popular serie de Philips "Duo", pero hace menos años apareció en una caja de Decca, junto con poemas sinfónicos, el Concierto para violín, etc. Un buen estuche para llevarse de vacaciones.




Orquesta Philarmonia de Londres
Vladimir Ashkenazy
- DECCA (1978-1983)

Ashkenazy ha sido uno de los campeones de la causa sibeliana, uno de los principales antes de los años 80, cuando el pianista dio paso a un magnífico (aunque desigual) director de orquesta, y al proponer este ciclo con el conjunto inglés solo venía a reforzar el hecho de que las músicas de Sibelius se merecen un puesto entre los grandes sinfonistas de la historia. El músico de origen ruso, intérprete de múltiples repertorios, tanto al piano como en la orquesta, se ha interesado mucho en nuestro músico, y no solo ha grabado sinfonías y otras obras orquestales (por dos veces incluso), sino que también ha tocado sus partituras pianísticas (alguna incluso en el propio piano del compositor), acompañado sus sången, e incluso protagonizado un documental que habla de la vida y obras de Sibelius. Su primera integral sinfónica, que comentamos ya en su día (existe una segunda con la Real Orquesta de Estocolmo, para el sello Exton), es brillante, muy espontánea (antes que estructurado), aunque un tanto desigual tiene momentos de gran altura. En todo caso puede ser un acercamiento muy válido a Sibelius como integral. El ciclo ha sido reeditado varias veces, desde dos "Decca double", hasta una caja más reciente, que es la que tenemos delante, complementada con Tapiola, el Concierto y otras piezas para violín y orquesta, En saga, y diversas obras pequeñas.


Orquesta Sinfónica de Islandia
Petri Sakari
- NAXOS (1996-2000)

Ya hemos llamado la atención más de una vez sobre el peculiarísimo ciclo nórdico. Orquesta polar unida a un director finlandés en principio menor, y grabación del rey de la serie económica podrían significar a priori algo cumplidor, que llena un espacio (sin duda el sello de Hong Kong ha suplido los huecos discográficos con enorme clase e inteligencia). Pero con todo eso, esta integral se dota de una volcánica mezcla de fuego y hielo, legándonos un Sibelius apasionado, lleno de luces boreales, verdes bosques perennes, vientos gélidos y lagos infinitos poblados de espíritus más antiguos que el mundo... unas lecturas con bastantes tosquedades, pero hechas realmente con pura magia. Las tomas del sonido tampoco son de lo mejor... En fin, se nota que las grabaciones se hacen con profesionalidad, pero más entusiasmo que finura, lo que no deja de darle un sabor de autenticidad. Solo por lo que nos hace vibrar (aunque a veces por fruncir el ceño), este registro se hace más que necesario, porque no hay que olvidar que hacer música no es solo tocar las notas de la partitura. 
Aunque ha sido recogidos en un estuche (junto con el más dudoso "Kullervo" de Panula), nos consta que es mucho más fácil encontrar los discos individualmente (en todo caso tenemos además las dos suites de La tempestad en el lote), o quizá simplemente un servicio de música digital sea bastante más inmediato. De todas formas, el precio es un aliciente más para considerar que esta extravagancia puede proporcionar una muy buena recompensa, la de un Sibelius diferente pero que no nos dejará indiferentes.

Recomendaciones en negativo

Además de las apuntadas, existen decenas de integrales o semi-integrales. Desde las pioneras de Kajanus en los años 30 (completada por la Sociedad Sibelius de Inglaterra o más recientemente en el sello Naxos con grabaciones de Stokowski, Schnéevoigt y Beecham), la de Ehrling o la Collins en los 50, más tarde Ormandy o Karajan (incompletas también), las americanas de Bernstein y Abravanel, las británicas de Gibson, Barbirolli (la más querida en el mundo anglosajón) o Rattle,  la alemana de Sanderling (que cuenta con muchos admiradores, quizá por ser más estándar), y más recientemente (y con el toque local), las de Saraste, Segerstam, Storgårds, Neeme Järvi, Oramo, Inkinen... y alguna más que hemos mencionado en los comentarios oportunos, y las que llegarán en el futuro.  Todas se hallan más o menos disponibles en el mercado, y a decisión del melómano y de sus gustos el disponer de ellas. 

Pero también podemos solicitar al melómano que desee iniciarse en el sinfonismo sibeliano que se abstenga de dos ciclos que creemos que hacen bastante poco, o incluso pueden obstruir el feliz y admirado paso de entrada en el corpus magnum del músico finlandés. Dejando aparte algún producto de segunda clase, las que vamos a comentar a continuación, aunque pertenezcan a grandes directores y orquestas, magistrales en otras grabaciones de otros repertorios, "entraron como un elefante en un cacharrería", valga la expresión, en el sibelianismo. Por ello nuestra recomendación consiste en que, si optan por perseguir alguna integral y se topan con estas, huyan de ellas a cualquier otra, porque le proporcionarán más disgusto o que incluso lleguen a aborrecer lo que con otras grabaciones solo podrían amar.



Orquesta Filarmónica de Viena
Lorin Maazel
- LONDON (DECCA) (1963-1968)

En los momentos más ahogados de la trayectoria de la música sibeliana fuera de su país, esta integral, encomendada a la orquesta más famosa del mundo y a un director entonces joven, pero que ya era promesa consagrada, con enormes ganas de hacer historia, parece más que profética del paso del Mar Rojo. Y el caso que cumplió su objetivo: llenó ese hueco, un ciclo por primera completo y en estéreo - aunque Bernstein se adelantó ligeramente, éste tuvo más difusión en el mundo, el de Barbirolli transcurrió en paralelo también -. De hecho no es nada raro encontrar comentarios de ilustres sibelianos para los cuales este fue de hecho su inicio en el mundo sibeliano... Pero aparte de la nostalgia y de su valor como avanzadilla, estas grabaciones han envejecido muchísimo, y al ser comparadas con otras contemporáneas y posteriores palidecen hasta el punto de convertirse en pálidos espectros. Este Sibelius es por lo general pesado, insulso, somnoliento, rutinario, falto de fuerza y sobre todo de elementos propios y originales... La culpa fundamentalmente reside en la orquesta, que ha tomado a Sibelius con una desgana y hasta cierto punto de orgullo de no querer pronunciar otro modo de hacer música, y toca algo ajeno como si fuera el Brahms "de toda la vida", o un Schumann o un Mendelssohn en blanco y negro, no se preocupa por entonar de otra manera o de realzar orquestaciones más allá del bloque. Ni siquiera hay solistas que quieran destacar. Maazel parece en ocasiones querer domeñar la orquesta en otras direcciones, pero aparte de algún destello aquí y allá, sencillamente la orquesta no quiere pasar de la superficie. Probablemente tampoco tenía el director el background estilístico - que no técnico - como para orientar la orquesta al punto necesario.
Nos preguntamos por qué la misma institución que por esa época nos legaba tesoros de la altura de "El anillo del nibelungo" dirigido por Solti no fue capaz siquiera de una lectura cumplidora. Está claro que muy posiblemente la actitud de la Filarmónica no fuera nada proclive a un sinfonista tan lejano de la estética centroeuropea, ni asimilado ya con el tiempo (como Chaikovsky). Una orquesta un tanto conservadora (recordemos los sucedido con la Cuarta sinfonía, que se negó a tocar en su época... ¡lo sorprendente es que 50 años después aun existiera algo de ese resquemor!) chocaba hasta cierto punto con un compositor denigrado en la época, que no era un redescubrimiento (como el Mahler del centenario), y que pertenecía a otro mundo... Lo cierto es que la estética de grabación tiende a confirmar algunos prejuicios que se escuchaban contra el compositor en los 50 y 60, aunque curiosamente del bando estético más anticonservador (alentado por aquel escrito de Theodor Adorno) lo que, debido a la difusión de las grabaciones, realimentó a su vez el prejuicio, quitando toda originalidad y moderna individualidad a su música, convirtiéndolo  justo en aquel músico neoconservador que idolatraban equivocadamente algunos y rechazaban igualmente equivocados otros. 
Que todo es resultado del momento lo confirma el ciclo posterior del propia Maazel en Pittsburgh, aunque no sobresaliente, bastante más admirable que este.
No, tampoco todo debe ser entregado a la quema, y hay algunos momentos disfrutables. Entendemos que cuando este registro fue el único o el primero mereciera la pena. Pero ahora con cualquier comparación sale muy mal parado. El caso es que sigue reeditándose, la última versión... ¡en SACD! En fin, supongo que la nostalgia y el renombre también lo hacen posible. En todo caso aquí nuestra advertencia para que no pierdan tiempo ni dinero (aunque se puede encontrar un estuche de 1996 en serie económica - 8 euros si no recuerdo mal -) en estas grabaciones.
Orquesta Sinfónica de la Radio de Moscú
Gennady Rozhdestvensky
- MELODIYA (1969-1974)

Si el caso de Maazel y los vieneses teníamos que indagar y dar vueltas sobre el trasfondo que explicara la suma debilidad de su grabación, en este caso no vamos a ir más allá. La orquesta soviética dio un bueno puñado de buenas grabaciones de su repertorio, una segura profesionalidad, pero en otras tantas el nivel era más bien bajo. Parece que aquí apenas se limitan a cumplir, pero ni siquiera disimulan que no les entusiasma, y no hay esfuerzo para intentar evitar el "acento ruso" que tiene la grabación. Rozhdestvensky, del que recientemente (hace apenas un mes), nos tuvimos que despedir, fue un magnífico director, memorable también en su repertorio, y un sincero admirador de la música de Sibelius y otros autores nórdicos (hasta en dos ocasiones director de la Filarmónica de Estocolmo, con la que nos ha dejado buenas grabaciones de Langgaard). También nos ha dejado un Concierto para violín muchísimo más apreciable. Pero las fechas quizá eran demasiado tempranas para él, y todo caso el toque que trasmite aquí es sentimental, visceral, exagerado, crudo, sin sentido de unidad, grandilocuente... demasiado chaikovskyano, e inclusivo mussorgskyano a veces, lo cual perjudica y mucho al concepto sonoro. ¿Y por qué? Francamente, poco importa. Para colmo la toma de sonido es bastante deficiente. También esta integral fue alabada en su día, pero hoy en día tal laudatoria sinceramente no se sostiene. Lástima, pero no podemos decir nada más que la recomendación de que huyan de estas grabaciones.

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