viernes, 30 de octubre de 2009

Primera sinfonía en mi menor opus 39 (4): III. Scherzo. Allegro

Adelantamos la publicación del presente post puesto que estaremos fuera unos días con ocasión de un viaje. El siguiente por tanto aparecerá en plazo algo superior a una semana.
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Capítulo anterior (3): II. Andante (ma non troppo lento)
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El tercer movimiento de la Primera Sinfonía de Jean Sibelius es un breve (poco más de cinco minutos si se sigue fielmente la indicación de metrónomo del autor) pero muy efectivo scherzo. Bien asentado en la tradición, no obstante los expertos han apuntado bien que se situaría en lo más avanzado de ella: en Bruckner, cuyos ritmos firmes y absolutos bien podemos encontrar aquí.

No obstante también, como siempre en las sinfonías de Sibelius, hay mucho de Beethoven: el motivo principal del movimiento se presenta en los timbales, hecho que nos hace pensar acertadamente en la Novena del genio alemán:

Éste es el planteamiento del scherzo un ritmo ternario muy marcado, como corresponde, y un corto motivo alternándose entre instrumentos: primero en los timbales, luego en los violines, luego en las maderas. Está en Do Mixolidio (aunque en el timbal no esté presente el si bemol por ausencia del tercer instrumento). El movimiento vacila entre ese Mixolidio, el modo Mayor (predominante) y el menor.

La forma de la pieza es la característica: ABA'. La arquitectura musical del scherzo propiamente dicho (sección A) es la prototípica pequeños motivos predominantemente rítmicos, alternando en diferentes figuraciones y orquestaciones. Tras una primera "discusión" basada en el motivo del ejemplo anterior, llegamos a nuevas formulaciones, en torno al acorde de sexta "napolitana":

Gran parte del scherzo tiene su raíz armónica en este acorde de sexta napolitana y otros acordes de sexta disminuida, lo que da al movimiento una característica tensión y la sensación continua de "sorpresa". La célula del ejemplo anterior, provocará de nuevo un diálogo alternante entre los instrumentos de esta manera, aunque más adelante, dado su carácter germinal, aparecerá ampliamente desarrollado.

A partir de entonces se imponen los dos parámetros de este tiempo: el ritmo y las citadas armonías. Los motivos no tienen importancia melódicamente, sino que se adecuan a esos aspectos, retorciéndose en un desarrollo algo fatalista, incluso diabólico antes que divertido. Un ritmo muy predominante es el de hemiola (habitual en Sibelius), que da un carácter muy especial al movimiento.

Esta sección tiene cierta forma ternaria también, marcándose el comienzo de su subsección central por la llegada de un nuevo motivo en do# menor. Como vemos el motivo es desarrollo de la breve célula que veíamos antes (ejemplo IIIb) en la región de la napolitana. Aquí se muestra más extensivo (y extensible), con su poderoso color del modo menor y su característica hemiola:

Viajamos rápidamente del do# menor al mi menor para llegar finalmente al sol menor (una vez más estamos ante la preferencia de Sibelius por la secuencia de terceras menores, citando además brevemente armonías del primer tempo). En sol menor se da un corto fugato en las maderas (otra referencia a la Novena Sinfonía de Beethoven), al que pronto se incorpora la cuerda. Finalmente, en el momento de máximo paroxismo, se vuelve al motivo inicial, que alterna con la célula circular de la sexta napolitana, hasta imponerse en lo que se convierte en reexposición de la sección y a la vez en una contundente coda de la misma. El motivo inicial se vuelve a oír en su primer planteamiento y tono original, esta vez alternando entre fagot, clarinete, timbales, violines y viola, y celli y contrabajos finalmente.

Sin pausa llegamos al trío del scherzo, en un tempo bastante más tranquilo. Lo primero que escuchamos en él, en el tono de Mi Mayor / do# menor (como sabemos ya mencionado en el scherzo), es el acorde arquetípico de la obra, el que llamamos "acorde chaikovskyano" en la introducción al análisis de la sinfonía. Se plantea directamente, sin preámbulos, lo que nos hace rememorar de forma muy intensa los movimientos anteriores.

A la melodía basada en estos acordes, que escuchamos principal a las trompas (de gran presencia en la sinfonía), se superpone en su repetición una contramelodía en las flautas, en el mejor colorido sibeliano:

El breve trío nos sumerge en un mundo ensoñador y feérico, de gran sentido romántico, con una muy delicada sonoridad de vientos.

Tras repetirse la secuencia (la melodía inicial, seguida de su versión con la contramelodía de las flautas) llegamos a una invocación al espíritu de la hemiola en las cuerdas en sol# menor, que pronto fragmenta la música en pequeñas unidades, lo que nos conduce inexorablemente a la disolución del este mágico remanso de paz. De nuevo vuelve la tensión y la tonalidad tónica do (sin estar muy claro el modo) hasta llegar con toda la fuerza la repetición del scherzo propiamente dicho.

Ahora las cuerdas graves no están en pizzicato, y el motivo inicial se presenta en una alternancia distinta: fagotes, clarinetes, oboes y timbales, instrumentos estos últimos que reivindican de nuevo su dominio del movimiento. La repetición del scherzo se produce de manera más variada y acortada que el original, sin el momento de expansión en el que encontrábamos el motivo de la cuerda (ejemplo IIIc) ni el fugato, sin desviarnos nunca mucho de la tónica do, aun estando muy presentes esas armonías de sexta.

La coda llega en el momento en el que el timbal muestra que ha ganado la batalla, simultaneándose con acordes de séptima de dominante con el quinto grado rebajado (re bemol). La cadencia final resume las armonías del movimiento: sexta napolitana, séptima de dominante (ambas con un pedal de tónica), y tónica mayor. Termina así el movimiento de forma absolutamente contundente y perfecta.

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Seguimos ilustrando la Sinfonía con Esa-Pekka Salonen (Orquesta Sinfónica de la Radio Sueca, Sala Berwald de Estocolmo, febrero de 1988).


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Capítulo siguiente (5): IV. Finale (Quasi un Fantasia). Andante - Allegro molto

2 comentarios:

Vicent dijo...

Yo la similitud que le veo al III movimiento de la Primera de Sibelius, siguiendo los hilos abiertos en anteriores conversaciones es con el Scherzo de la Novena de Schubert. Quizás también Bruckner se inspirase en él.

Saludos.

David Revilla Velasco dijo...

Pues ciertamente que Bruckner se inspira en la Sinfonía de Schubert: los estudiosos simpre han señalado que las dos Novenas, la de Beethoven y la de Schubert (el primero sobre todo) son las mayores influencias sobre las de Bruckner. Bien visto. En el caso de Sibelius la influencia habría sido más indirecta en todo caso, no me consta que conociera bien la partitura.