miércoles, 12 de enero de 2011

Segunda Sinfonía en Re Mayor opus 43 (1901-02): (6) Discografía (1)

Capítulo anterior (5) IV. Allegro moderato
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Es un hecho que la Segunda Sinfonía de Jean Sibelius es una de la obras más interpretadas de su autor, como ya hemos señalado en más de una ocasión. Y como también decíamos, forma parte indiscutible del repertorio habitual de directores y orquestas sinfónicas. Muy pocos de los grandes directores del siglo XX no han pasado por la partitura, lo que nos deja un número de grabaciones discográficas ciertamente abultado.

De todas ellas, que sobrepasarán en varias decenas el centenar, hemos podido acceder directamente, escuchar calmadamente y analizar casi cuarenta, que pasaremos a comentar en al menos tres de nuestras entradas. No son todas por supuesto, pero creemos que estarán la mayoría de las más importantes y aquellas a las que el lector pueda acceder sin extrema dificultas. Los más inquietos (y lectores de inglés), pueden ver un pequeño comentario en este link, que incluye algunas viejos registros que estaban a nuestra disposición.

Hablando de las grabaciones históricas, esta obra tiene una peculiaridad que no presentan en general las obras de Sibelius. Forma parte de nuestra compresión de la estética del autor finlandés: la correcta observancia del estilo tan personal del compositor, bien reflejada en la interpretación, es esencial para una buena ejecución de sus partituras. A buen estilo, buen concierto o buena grabación. Eso implica normalmente que suelen ser los directores del ámbito cultural de nuestro autor, o bien directores que son honrados y fieles con la partitura, los que mejores frutos pueden cosechar.

Esto se cumple parcialmente en la presente discografía, pero también otro hecho sobresaliente: las grabaciones más antiguas, de los años 60 hacia atrás al menos, son muchísimo más fieles al texto y al espíritu de la sinfonía que las de décadas posteriores - con la excepción señalada -. Reflexionando sobre este peculiar hecho, no podemos obtener más que dos conclusiones- dejando detrás la idea de "cualquier tiempo pasado..." -.

Por un lado la sumisión de la obra en el repertorio hizo que todo lo singular del estilo de Sibelius se olvidara en el lago de la estandarización. Esto es, tras la Segunda Guerra Mundial se toca todo el repertorio con el mismo prisma, ya fuera Bach, Beethoven o Wagner. No se distinguía entre una sinfonía de Sibelius y una de Brahms.

Por el otro lado, y muy relacionado con el punto anterior, es el hecho del cambio de percepción del compositor nórdico, como apuntamos frecuentemente, tildado de "conservador" y "romántico". Eso tuvo el efecto de atraer por una parte a directores cuya estética coincidía con ese tópico, y por el otro el olvido de la originalidad y modernidad del autor (aun en esta sinfonía, ciertamente la más "romántica" de todas las que escribiera).

Los directores anteriores a ese tiempo en la que Sibelius solo emitía en blanco y negro tienen más cercana su estética, el ambiente artístico en el que se ejecutaba la obra, y hasta al propio compositor o alguno de sus paladines (como Kajanus) dirigiéndola.

Esa sería la explicación a este hecho, según nuestro punto de vista. Si otras obras de Sibelius tuvieran tanta discografía antigua, posiblemente sucediera lo mismo. Pero como sabemos, hasta tiempos recientes nuestro genio permaneció oscurecido y hasta ignorado en muchos aspectos.

Después de estas observaciones preliminares, pasemos a la primera parte de la discografía de la obra.
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Orquesta del Real Concertgebouw de Amsterdam
George Szell
PHILIPS (1964)


La crítica ha sido bastante unánime concediendo a esta grabación el título de "mejor Segunda de Sibelius". Y aquí no podemos estar en desacuerdo con esa acertadísima apreciación. Sólo daremos dos advertencias al respecto: que en cuanto es estilo podría haber profundizado más (bajo la importancia que damos aquí a este tema), y que aunque sea la mejor no es por supuesto la única grabación, por lo que les animamos a que no sea ésta su único disco de la obra.
Dicho esto poco habría que añadir, salvo que hagan lo posible por hacerse con este inmortal registro si no lo tienen ya.

Estamos obligados sin embargo a dar al menos unas cuentas notas sobre la histórica interpretación... El maestro de origen húngaro George Szell no interpretó muy asiduamente a Sibelius, aunque con su Orquesta de Cleveland las sinfonías formaron parte de algunas temporadas (recordemos que el público americano ha sido siempre uno de los más sibelianos). Curiosamente éste fue su único registro en estudio del maestro finlandés (si bien existe alguna grabación, extremadamente rara, de ejecuciones en directo), y no lo efectuó con su formación habitual, sino con una orquesta europea. Estos condicionantes podrían hacer pensar a priori en un registro secundario, pero nada más lejos de la realidad. Szell es un músico absoluto, auténtico prodigio de la batuta, un perfeccionista como pocos y con gran fidelidad en general a lo escrito. Y eso le viene muy bien a Sibelius, como ya hemos dicho. Con ésta, la menos nórdica de las sinfonías del músico nórdico, puede tener mayor libertad a la hora de darle un enfoque más centroeuropeo, incorporando la obra a la gran tradición de Beethoven, Schubert, Bruckner..., que además la orquesta conoce absolutamente. El resultado es un verdadero estado de gracia, todo sonando como debe sonar, sin errores o tachas. Sí cae en ocasiones en cierta frialdad emotiva, pero al tiempo evitando sentimentalismos, que tanto daño hacen a Sibelius. En resumen: no tiene todo lo que se podría pedir y sin embargo, tras escucharla, no podemos pedir más...

El Allegretto es casi perfecto, con su excelente y luminosa tímbrica, su agitación interior, su lucha elegante entre la alegría y la tristeza, la luz y la oscuridad, lo apolíneo y lo dionisiaco... equilibrada y al tiempo llena de drama y vida. El segundo movimiento adopta una seriedad casi bruckeriana, pesimista, con un verdadero lamento existencial en el pasaje de la cuerda al unísono en la reexposición (¡excelente la orquesta!), y una grandiosidad fuera de duda. El scherzo también muestra esa orientación bruckeriana con su demoledor fatalismo rítmico, aunque en el trío sabe ser romántico e íntimo. La transición sabe serlo a la perfección, sin concesión al desánimo. El Finale irrumpe (tras una sensacional respiración) con domino y poder absoluto, lleno de voluntad y de ansia de triunfo. De este movimiento poco más podríamos decir aparte de que es prácticamente perfecto en su ejecución, aunque no podemos dejar de destacar un hermosísimo segundo tema en la reexposición y una coda monumental cuando no gloriosa. El resultado constituye un imprescindible de cualquier fonoteca sibeliana.

Interpretación: 9,5 · Estilo: 8 · Sonido: 7



Orquesta Sinfónica de Londres
Robert Kajanus
COLUMBIA (1930) - NAXOS (2013) - Grabación monoaural

La primera grabación de la historia de esta sinfonía fue financiada por el gobierno finlandés y encargada al director recomendado por el compositor, el gran Robert Kajanus, intérprete de excepción de sus obras orquestales desde sus primeros tiempos. Aunque desde luego Kajanus no pretendió ni mucho menos ser uno de los mejores directores de su tiempo, su conocimiento milimétrico de la música de Sibelius convierte a esta grabación en una de las mejores posibles. Además de su valor histórico - debería ser referencia absoluta, sobre todo en el tratamiento individualizado de los timbres, el ritmo y los tempi sibelianos -, en sí misma se trata de una interpretación excepcional, aun con sus pequeños fallos y el sonido deficiente de la época. Kajanus nos descubre una partitura tempestuosa, arrebatadora, apasionada, dramática, llena de claroscuros y emociones encontradas, y siempre bajo la fascinación y la melancolía nórdicas.

El primer tiempo es agitado y lleno de vida, pasional y bucólico, con sonoridades muy destacadas. Y con su tempo correcto, más rápido que lo habitual. Igualmente ocurre con el andante, donde el pizzicato es más turbador que nunca, y sus oscuridades intensas, dándonos la extraña e intensa sensación de derrota, lo que da una discursividad muy narrativa a la obra. Excelentes el uso de rubato, muy libre pero siempre adecuado, y la expresividad de las cuerdas inglesas en el último tercio del movimiento. La nitidez del tema del scherzo es de nuevo una lección de cómo deben sonar la música de Sibelius, si bien cabría aun más intensidad en su ejecución. De igual manera el trío, con su distinción instrumental plena, que le quita la pastosidad y sensiblería habitual. La transición es agitadísima, ansiosa hacia el final... Éste suena solemne y con gran sentimiento de plenitud, triunfal, pero romántico y sereno. Nos preguntamos si antes de la independencia de Finlandia las ejecuciones de Kajanus de este finale no resultarían más aguerridas, según su propia interpretación nacionalista del sentido de la obra... En cualquier caso un final sublime. Salvo que sufran ustedes de alergia hacia un registro de más de 80 años no pueden abstenerse de este monumento histórico, que ha sido reeditada en el sello Naxos, lo que la hace fácil de encontrar, además a un precio que no se puede rechazar.

Interpretación: 9 · Estilo: 10 · Sonido: 2,5
 

Orquesta Sinfónica de la NBC
Leopold Stokowski
RCA (1954) - CALA (2005)


Stokowski, que conoció personalmente al autor e incluso llegó a dirigir sus obras en su presencia presenta una disyuntiva al sibeliano: por una parte es innegable su enorme calidad interpretativa, pero por otra son numerosas sus libertades respecto a la partitura. No obstante, el juicio debe decantarse por el primer aspecto antes que por el segundo, y el audiófilo no debe perderse nunca estas grabaciones llenas de absoluto hechizo. Ésta en particular ofrece una lectura romántica y llena de pesimismo de la sinfonía, con grandes pasiones y momentos titánicos.
El primer tiempo se plantea con gran serenidad y belleza helénica, casi pastoral, pero a lo largo de la partitura deja transparentar una tensión subyaciente con gran acierto, como sucede en el extraordinario desarrollo. Las mismas sensaciones se mantienen en la reexposición, con algunos accesos febriles que la dan más fuerza si cabe. El pizzicato del segundo movimiento transmite una extraña sensación de intranquilidad, contrastando con unos fagotes decaídos y llenos de melancolía. Brillante. Poco a poco se va dando paso a la tragedia, teñida de un gran pesimismo, con momentos también del hipnótico colorido mágico inicial. El scherzo plantea su variante más diabólica e inquietante, mientras que el trío despliega todo el romanticismo y calidez posible. La transición hacia el Finale es quizá algo brusca, pero el tema del mismo se plantea con gran contundencia y fuerza, imperando con todo su poderío. El contraste con las secciones en menor es brutal, el director americano aprovecha el drama para teñir este triunfo de pesimismo (¡fíjense en los delicados solos de la madera!). La coda arranca de nuevo sones sobrenaturales a la orquesta, dejando una sensación catártica después de esta gran aventura. Fabulosa.
La remasterización se ha enfrentado a problemas con el material original, y se observan algunas deficiencias a lo largo de la grabación. No obstante, no es razón para sustraerse a su fuerza. No se la pierdan.

Interpretación: 8,5 · Estilo: 6 · Sonido: 5


Orquesta Sinfónica de la BBC
Thomas Beecham
BBC (1954) -

Grabación monoaural y en directo

Beecham fue un entusiasta sibeliano, amigo personal del compositor y afamado paladín de su obra, además de un director ciertamente histórico. No es nada raro pues que nos haya legado una de las mejores interpretaciones de la obra, una versión fiel al estilo del compositor, nerviosa, romántica y dramática al tiempo que nostálgica.

El primer tiempo es rápido y ágil, lleno de fuerza, fantasía y color (lástima por la antigüedad de la grabación). El tempo del movimiento lento es más acelerado de lo acostumbrado, pero justamente más próximo a las intenciones del autor, con un pizzicato inicial perfectamente rubato, y unos crescendi de los metales plenamente sibelianos, todo efectuado con solemnidad y drama. El scherzo conoce aquí una de sus mejores interpretaciones, tanto en el fraseo chispeante y vivo del tema principal como en la delicada y pastoral sonoridad del trío. La planificación sonora del finale también es magnífica, con los bajos de la orquesta sonando en su justa dimensión y un maravilloso timbre en los violines. Un tempo de un impecable calor heroico.

Interpretación: 8,5 · Estilo: 7 · Sonido: 4


Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa
Jukka-Pekka Saraste
FINLANDIA RECORDS - WARNER MUSIC (2002)


La integral de Saraste con la Orquesta de la Radio Finlandesa es una de las grandes "tapadas" de la discografía: una magnífica interpretación con un estilo sin tachas, sólo superado en este último aspecto por Osmo Vänskä. Para el particular, el maestro finlandés nos ofrece una visión de gran poder dramático y aliento existencial, refinado sentido instrumental (con perfecta separación de timbres incluso en esta obra en la que Sibelius los solapó más que de costumbre), ritmos nerviosos y agitados, tempi correctos y todo bajo un color como iluminado de las luces y oscuridades del norte, mágico a más no poder.

El Allegretto despide sinfonismo nórdico por los cuatro costados, con sus espacios amplios y frescos, además de un equilibrio perfecto entre cuerda y viento. El segundo tempo tiene un alto grado de fascinación, y misterio, con buenas dosis de drama y melancolía. Saraste ha entendido a la perfección el scherzo, cosa que no es tan frecuente como debiera: agitación nerviosa en el Vivacissimo y lirismo pastoral en el trío. El final de nuevo está iluminado por las luces del norte, por una frescura diáfana y electrizante, como en el comienzo de la obra, pero más apasionado y lleno de fuerza, que se vuelve auténtica triunfo al final. En suma una versión ideal, que les será tan satisfactoria como dificultosa de adquirir.

Interpretación: 8,5 · Estilo: 9,5 · Sonido: 8

Orquesta Sinfónica de Lahti
Osmo Vänskä
BIS (1996)


Esta grabación está sin duda entre las mejores, pero defrauda las expectativas. Decepciona porque a priori el gran director finés es un especialista absoluto en su compatriota, dejándonos ejemplos del mejor Sibelius orquestal a lo largo de sus registros, incluyendo su integral de sinfonías. Por ello la trataremos con la severidad de quien sabe que fue una oportunidad desaprovechada. Vänskä acomete esta obra sin la fuerza y la grandeza necesarias, sin el compromiso adecuado. ¿Cuál sería la razón? ¿Quizá cierta timidez ante los maestros que lo precedieron grabando esta sinfonía? ¿Quizá una expectativa - de los demás o propia - excesiva? Quien sabe. Sí podemos afirmar que a cambio de esa cierta laxitud - sólo en términos comparativos, no obstante -, el director y su Sinfónica de Lahti nos ofrece una de las mejores lecciones de estilo, con sus timbres claros y separados, sus ritmos nerviosos, su énfasis en los coloridos y sonoridades mágicas, y sus contrastes dinámicos. Por eso esta grabación eleva su puntuación por encima de términos puramente interpretativos.

En el primer tiempo Vänskä expone un movimiento lírico y refinado, lleno de sonidos de la naturaleza, pero adolece de su falta de entusiasmo, dejando en realidad una sensación melancólica. Hay cierta falta de ritmo, aunque la agitación interna está presente, quizá no tanto como fuera necesario (¿más lento de lo que demandaba el propio autor?). El andante en esta versión muestra lo importante que es cuidar de sus singulares elecciones tímbricas, siendo el comienzo verdaderamente lúgubre y no apagado como en otras versiones. La orquesta se agolpa sin embargo en los momentos más dramáticos, que suenan algo precipitados, sobre todo la cuerda, ya que maderas y metales suenan absolutos a lo largo de esta grabación. A destacar la reexposición del segundo tema, de formidables juegos de color orquestal. El scherzo de nuevo suena un poco relajado y melancólico, y el trío algo distante. La transición y el comienzo del Finale suenan un poco finales, y la cuerda en exceso masiva (hecho bastante sorprendente en Vänskä, normalmente muy cuidadoso en estos extremos). A lo largo del movimiento se adecua más a lo escrito y a las intenciones del autor, aunque sigue habiendo pequeños desajustes y cierta frialdad. Los momentos últimos en cambio son redondos, con sonoridades excelentes del metal y los timbales, que dan a la sinfonía su justa redención.

Interpretación: 8,5 · Estilo: 9,5 · Sonido: 8,5

Orquesta Filarmónica de Berlín
Okko Kamu
DEUTSCHE GRAMMOPHON (1970)


Karajan invitó a Okko Kamu a darse a conocer en el continente dirigiendo la orquesta berlinesa, comandada entonces por el maestro de Salzburgo. Fruto de ello es un conjunto de excelentes grabaciones, incluyendo la presente. El idioma del director finlandés es absoluto. Comprende a la perfección la entonación, así como la originalidad y modernidad de su compatriota, y tiene a su servicio una orquesta inmejorable. El resultado es una de las mejores versiones del mercado, un poco escondida por el nombre no muy conocido del director, pero presente en varias ediciones, además a un precio excelente (muy recomendable el que presenta la integral de las sinfonías con las tres primeras por Kamu y las cuatro últimas por Karajan, un buen tándem). Y desde luego una notable versión en unos años que no dieron demasiados buenos frutos respecto a esta obra, como apuntábamos al principio de esta entrada.

El primer movimiento es muy adecuadamente nervioso y lleno de contrastes muy sibelianos, donde cabe el lirismo y la ansiedad, lo pastoral y lo terrible... El segundo movimiento de nuevo acierta dándole la adecuada sonoridad fúnebre y de melancolía infinita, y la enorme tensión y drama en los clímax que pide la partitura y que muchos directores no reflejan adecuadamente. El scherzo de nuevo magnífico, sobre todo en su trío pastoral, aunque un poco más de velocidad habría ayudado a darle un grado mayor de excelencia. La transición al final formidable, y el final mismo también muy destacado, con un toque ceremonial y majestuoso no exento de un intenso lirismo y emocionalidad, y de unas sensacionales zonas de oscuridad, aunque igualmente hubiera convenido un metrónomo más ajustado. No se la pierdan.

Interpretación: 8,5 · Estilo: 8 · Sonido: 6,5

Royal Philharmonic Orchestra
John Barbirolli
CHESKY RECORDS (c.1986)


Un imprescindible de la discografía de esta sinfonía. Una visión ésta la de Barbirolli magnífica, amplia, majestuosa, de intenso lirismo y sentimiento. Y todo acompañado de una gran potencia, con una orquesta auténticamente arrebatada por la obra. Quizá sólo se le puede imputar cierta distancia emocional, en ocasiones, y algún que otro desajuste.

El Allegretto se impone con su gran monumentalidad, casi a la manera en que lo hará Bernstein, con gran cuidado por los matices de la partitura y un sentimiento casi celestial en ciertos momentos. El segundo movimiento también participa de una visión trascendente y sublime, llena del drama y el contraste necesario, realmente fascinante, aunque peca de transcurrir un poco lento. El scherzo se mueve con gran soltura y efectividad, el Finale es de nuevo mayestático y monumental, amplio de sentimientos y ocasiones de intensísimo lirismo. Altamente recomendable. Incomprensible que la versión, del maestro británico dirigiendo la Orquesta de Hallé, muchísimo más pobre y deslucida, sea más difundida que ésta, que en la edición señalada puede encontrarse en serie económica. Misterios de la discografía.

Interpretación: 8,5 · Estilo: 6 · Sonido: 6,5

Orquesta Filarmónica de Nueva York
Leonard Bernstein
SONY (1966)


Sin ser la mejor interpretación del primer ciclo de Leonard Bernstein, ésta con la orquesta de Nueva York puede considerarse realmente fantástica. Tiene algún fallo, como una trompeta que no tenía en ese momento un buen día o algo de frialdad en ocasiones, pero el conjunto nos parece realmente fabuloso. Posee una fuerza atronadora y un énfasis en lo rítmico que nos descubre la tensión acumulada que llega a liberar esta sinfonía si se toca con el ímpetu adecuado.

El Allegretto se lleva con gran sentimiento, increíbles ritmos nerviosos y un relieve puesto en los grandes contrastes, desde las frenéticas corcheas de la cuerda hasta los delicados sonidos de las maderas. El Andante es intenso y dramático, apasionado, de arrebatos de locura increíbles. El tiempo comienza con un rubato demasiado libre, pero en general es una interpretación sobresaliente. La cuerdas neoyorkinas suena sensacionales en el Vivacissimo, un torbellino eléctrico de espectacular fuerza, como queriendo escapar de algún fantasma... el trío es lírico pero no tan destacado como el scherzo propiamente dicho. Tras una sensacional transición llegará el momento del mayestático Allegro moderato, lo mejor de la interpretación del director judeo-americano, solemne, aguerrido, romántico, intenso... sin prácticamente nada que reprochar, excepto algo de sonido masivo, aunque a cambio sabe acallar un poco a la exagerada tuba... No se la pierdan.

Interpretación: 8,5 · Estilo: 7,5 · Sonido: 6,5


Orquesta Sinfónica de San Francisco
Herbert Blomstedt
DECCA (1992)

Herbert Blomstedt, director sueco nacido en EE.UU. (de donde sus padres emigraron de vuelta cuando tenía dos años) es un excelente conocedor del estilo sibeliano, muchas de sus lecturas son obligadas, y éste es uno de sus casos. Su sonido nace transparente y refinado, con una nítida separación de timbres, moderno y sin sentimentalismos gratuitos, contemplativo pero emocionado, plenamente nórdico. En esta lectura le devuelve a la sinfonía su estética precisa, lejana de herencias y tradiciones.

El primer tiempo es perfecto, muy equilibrado y de gran belleza de sonido al tiempo que emotivo sin excesos. El segundo, aunque algo lento, es formidable. Tiene una extraña e inquietante serenidad, aunque no evita los momentos más trágicos, y posee un sonido nítidamente nórdico, callado, sobrio y elegante. El scherzo es fresco y dinámico, con un trío de gran belleza y refinamiento, y de nuevo con gran elegancia. La transición al final fabulosa. El final es algo lento y laxo a veces, pero sin ninguna pesadez, etéreo y muy limpio, lleno de ilusión y esperanza, con una coda majestuosa y definitiva.

Interpretación: 8 · Estilo: 8,5 · Sonido: 7,5


Orquesta de Cámara de Europa
Paavo Berglund
FINLANDIA RECORDS - WARNER MUSIC (1998)

Una versión soberbia, sin duda la mejor de Berglund aunque curiosamente sea la menos conocida (sin duda por las dificultades de distribución). De gran sobriedad y refinamiento instrumental, dando por seguro que Sibelius suele perder mucho de la partitura (en cuanto a dinámicas y a orquestación) en conjuntos e interpretaciones masivas, incluso en una obra como ésta pensada en con mayor sentido de la monumentalidad. En este caso Berglund le añade una dimensión muy melancólica y de profunda tristeza.
El Allegretto es sobrio también pero ágil, tenso, y con un gran cuidado en lo melódico. En el movimiento lento el director finlandés sabe dar un acertado acervo dramático sin caer en exageraciones, y sacando mucho partido de algunas sonoridades típicamente sibelianas como el pizzicato, los dúos de flauta o el rumor de la tuba. En el scherzo todo sucede sin violencia, y en el Final se prima el sentimiento a la pompa por la que optan algunos directores, aunque a decir verdad se echa de menos un poco más de entusiasmo y fuerza. En suma una versión más que recomendable.

Interpretación: 8 · Estilo: 8 · Sonido: 7

Orquesta Sinfónica de Boston
Serge Koussevitzzy
Grabación monoaural (1935)
Art One (2006)


Sergey Koussevitzky, el entusiasta sibeliano de origen ruso con sede en EE.UU., fue pionero en ofrecer ciclos completos de sinfonías (con intención incluso de estrenar la Octava) en el país, decididamente sibeliano. Y también lo fue con estas antiguas grabaciones, las primeras después de las de Kajanus y las primeras de un director no finlandés. A pesar de algunos amaneramientos y exageraciones, Koussevitzky representa muy bien la interpretación sibeliana en su estilo más puro y próximo al compositor (aunque el genio finlandés tuviera a veces dudas sobre él). En esta grabación, de buen sonido para su antigüedad, el maestro ruso nos ofrece una lectura romántica y de una intensa agitación, monumental sin llegar al exceso y de gran pasión. Histórica a todas luces.

El primer tiempo trascurre con una gran agitación interior, como un verdadero torrente primaveral, lírico y apasionado, muy romántico. El segundo tiene un excelente sentido dramático, con una fascinante oscuridad y pesimismo, explorando la individualidad tímbrica con gran acierto. Formidable. El tercer tiempo es cambio se deja agolpar por un scherzo de notas demasiado poco separadas, en forma de suaves olas, y un trío demasiado discreto. La transición es un prodigio, si bien el Finale irrumpe lento y cansado, como envejecido... pero después se anima, con mayor contundencia, mucha solemnidad y una gran fuerza y magnificencia.

Interpretación: 8 · Estilo: 8 · Sonido: 3,5

Orquesta Philharmonia
Vladimir Ashkenazy
DECCA (1980)


El Sibelius de Ashkenazy es tan extraordinario como insuficientemente conocido. El director y pianista ruso sin embargo ejerce algo más que su buen oficio en ésta y otras muchas de sus partituras, con un verdadero cuidado por la expresión de sus notas, un sentido muy dramático y comunicativo, junto a un romanticismo fuera de toda duda. Algo perfecto para esta sinfonía en particular, en el que mezcla poder y oscuridad, una lucha que parece reflejar a la perfección en clima bajo el cual Sibelius escribió esta pieza. Una excelente grabación, que nos deja sensaciones semejantes a las que reflejó Kajanus en su "programa" para la sinfonía: un drama que camina al triunfo, una revolución desde el dolor y el inconformismo. El director nacido ruso impone un gran respeto por la partitura, en especial por los timbres, perfectamente bruñidos para llevar a cabo sus ideas acerca de la obra de Sibelius. Como es habitual es Ashkenazy se impone una visión romántica por su sentimentalismo pero al mismo tiempo moderna por su técnica y aspectos rítmicos, con un color oscuro y melancólico, y de un intenso apasionamiento lírico. Una interpretación, como todo el ciclo para Decca, altamente recomendable.

En el Allegretto apuesta por una visión netamente sinfónica, con mucho cuidado por los contrastes dinámicos y tímbricos, dejando oír a la perfección las singularidades sibelianas, en especial los elementos de fondo y aura que pone de relieve, mientras otros directores olvidan en un segundo plano, pese a ser esenciales. En el movimiento lento se apuesta por una honda tristeza, una sumida tragedia con furioso arrebatos; algo lento pero bien equilibrado. El Vivacissimo es ligero, con insinuaciones diabólicas, y con un trío intenso y recogido. El Finale es majestuoso y arrebatador, lleno de furor revolucionario, volcánico y dramático. Excelente la sonoridad de las cuerdas, una lección del estilo sibeliano. La coda es mayestática, llena de ardor guerrero. Una versión espléndida en suma.

Interpretación: 8 · Estilo: 7,5 · Sonido: 7

Real Orquesta Filarmónica de Estocolmo
Vladimir Ashkenazy
EXTON (2007)


Esta segunda grabación de Ashkenazy es algo mejor técnicamente, sin duda su hacer musical y su conocimiento del autor ha avanzado, pero quizá perdió algo de pasión con los años.

El primer tiempo ahonda en el apasionamiento, y destaca mucho las sonoridades de fondo, dando una dimensión muy estilística y telúrica del movimiento. El Andante es oscuro, dramático, poderoso (excelentes timbales), romántico pero de humores negros... El scherzo es poderoso, a veces incluso eléctrico, mientras que el final desborda por su fuerte carácter, su gran poder de expectativa y de majestuosa resolución, heroica en muchos brillantes momentos.

Interpretación: 8 · Estilo: 7,5 · Sonido: 7,5

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En nuestro próximo post continuaremos con esta numerosa lista de grabaciones de la Segunda Sinfonía de Sibelius.

Capítulo siguiente (7): discografía (2)

lunes, 3 de enero de 2011

Segunda Sinfonía en Re Mayor opus 43 (1901-02): (5) IV. Allegro moderato

Capítulo anterior (4) III. Vivacissimo - Lento e suave
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Empezamos este nuevo año de 2011, que esperemos sea armonioso y lleno de bienes para todos, con el movimiento final de la Segunda Sinfonía de Jean Sibelius. Este Finale culmina de manera solemne y heroica, si evitar accesos de tragedia, esta obra maestra. Un indudable canto revolucionario que dio pie a las consabidas interpretaciones nacionalistas sobre la sinfonía.

Pero más allá de eso, Sibelius piensa en términos puramente musicales, y elige un final majestuoso muy de acuerdo con la tradición centroeuropea. Sin duda en mente tenía el movimiento paralelo de la Quinta de Beethoven - unido al scherzo como en esta obra, y quizá los finales bruckerianos también. Pero muy posiblemente hay que mentar la influencia el de otra Quinta Sinfonía, la de Chaikovsky, con la que comparte más de un elemento, sobre todo en el terreno de la orquestación.

Formalmente su estructura es sencilla, sin grandes dificultades al análisis, al contrario que el movimiento inicial. Como aquel, presenta una forma de sonata, sin embargo aquí se distinguen perfectamente sus secciones (exposición, desarrollo y reexposición), así como el bitematismo normativo. No obstante, dentro de ese esquema y como no podía ser de otra manera, el músico nórdico imprime su noción de composición orgánica, construyendo grupos de motivos que surgen unos de otros. Esta organicidad, sin ser tan importante como en el Allegretto, constituye el sello inequívoco del autor en esta partitura.

Como ya hemos visto, el tiempo comienza tras una transición del movimiento anterior, fluyendo inexorablemente a su motivo natural, que aparece en los violines, violas y violoncellos en octavas, de manera contundente y definitiva:

Como no podía ser de otra manera está basado en la célula germinal de la obra (Ej. Ia), presentando por tanto una indudable analogía con el tema principal del primer tiempo (Ej. Ib, aunque en inversión).

Se presenta acompañado por un obstinato muy telúrico de los bajos profundos (tuba y contrabajos), que suministran una pedal de tónica, acompañados de marciales acordes de trombones. El conjunto posee cierta sonoridad de marcha militar, sin duda buscada.

El motivo inicial se presenta una sola vez, aunque pareciera que ya ha sentenciado, dando paso a una serie de pequeños motivos de gran riqueza e imaginación que se unen al paso guerrero del obstinato (en notas reales):

Este obstinato, tan característico del autor, se prolonga por debajo de esa secuencia de motivos, creando un cuadro ciertamente heroico, de sonoridades sin embargo algo pesadas (por el uso de la tuba principalmente).

El camino hacia la victoria se interrumpe con un breve dibujo de violines y violas al unísono en fa# menor:

Además de su indudable valor emotivo, con su toque melancólico y contrastante, presenta la función de anunciar un motivo más importante que se presentará más tarde. Por el momento, tras un breve unísono de toda la cuerda, retorna el motivo inicial, aunque bajo sonoridades más amplias de la orquesta, verdaderamente majestuosas. La marcha se dirige hasta grandes aclamaciones del viento del motivo principal, de gran solemnidad, en el primer clímax del movimiento.

Súbitamente las flautas, a las que se les va sumando el resto de las maderas, cantan un tema delicado y a la vez apasionado, de intenso color romántico:

Deriva del breve motivo de las cuerdas que ya habíamos escuchado, pero ahora presenta su forma definitiva, y con ella se expande dando lugar a un pasaje verdaderamente hermoso. Pudiera parecer que su función es la de segundo tema de la exposición, pero pronto comprobaremos que se trata de un puente hacia ella, tanto en lo musical como en lo emocional. De esta forma se da cabida a gran variedad de atmósferas, perfectamente integradas con sus giros dramáticos en la estructura total, desde luego muy amplia.

Tras su enunciado en los vientos, el motivo "romántico" pasa a las cuerdas con una sonoridad un tanto chaikovskyana y debilitándose, pero sin perder nunca su intensidad. Pronto enlaza con un obstinato de violoncelli y violas en el tono de fa# menor, distinguiéndose nítidamente de lo anterior, pero sin ninguna ruptura.

El obstinato, un aura sombría e inquieta en contraste con la brillantez del que acompaña al motivo inicial, va a dar soporte a un nuevo tema, el segundo de la exposición, que sin duda puede reivindicar dicha posición. El tema posee un indubitable colorido luctuoso, bajo las características de una marcha fúnebre (en notas reales):

Se presenta en las maderas, en principio de manera fragmentada, para ganar en unidad en la misma medida en que gana en intensidad (una manera muy similar al que se presentará el tema del movimiento central de la Tercera Sinfonía). Además de este carácter de música fúnebre, tiene ecos de melodía tradicional finesa, con sus finales de frases en notas repetidas o en cadencia III-II-I (cadencia que a su vez no deja de ser un eco más de la célula germinal, invertida).

Según Aino, la mujer del compositor, el tema fue escrito en memoria de Elli Järnefelt, su cuñada, que se había suicidado recientemente. Aunque no podemos confirmar totalmente este particular, evidentemente su resultado musical se corresponde con tal desgraciada circunstancia sin dificultad.

El tema, con un aura invariable, procede a la repetición acumulativa y ritual (típica del compositor), y parece no querer terminar (con un timbal redoblando en la dominante), hasta que irrumpe un nuevo y contundente motivo en los metales (trompas, en notas reales):

El corto motivo, una nerviosa fanfarria con la típica cadencia finlandesa (aunque la podríamos relacionar también con la célula germinal) cumple la función de ser el martillo musical que acaba con la tragedia para dar por finalizada la exposición. Es el momento de una breve coda antes de llegar al desarrollo, disolviéndose silenciosamente con las transformaciones en forma de pizzicato de este motivo.

Con esa quietud comienza el desarrollo, y lo hace con celestial diálogo entre nuevas y etéreas formas del motivo principal, y cantos de redención del segundo tema, en un coro de cuerdas con divisi. El motivo principal va mutando cromáticamente hasta transformarse en una perturbadora aura.

Esa aura luchará con el motivo de la coda, y se hará simultáneo a enunciados del motivo principal nada triunfantes. En realidad ese motivo martilleante se convierte en parte estructural y necesaria del desarrollo, de manera análoga a primer movimiento (allí todo un tercer tema).

A dichas transformaciones le planta cara el motivo principal del movimiento, que va ganando poco a poco en confianza. Estamos ante toda una batalla, salpicada de sonoridades oscuras y trémolos nerviosos de la cuerda. Pero llega el triunfo del motivo principal, el desarrollo adquiere de nuevo tintes masivos y aguerridos, derivando a una tensa transición de vuelta al tono principal de Re Mayor, haciendo esperar con gran intensidad la reexposición

Ésta llega sin grandes diferencias respecto a la exposición, aunque con la orquestación más sobrecargada por la presencia de las maderas. Esas sonoridades más voluminosas acompañan todo el retorno de las melodías de la primera sección, que son presentados completas y en el mismo orden. El resultado es una intensidad mayor, especialmente con la llegada del motivo "romántico", cantado por unas cuerdas bellísimamente entonadas en octavas, y una expresividad fuera de toda duda.

El segundo tema se repite con las mismas características: pocas diferencias motívicas pero con una orquestación (algo) más poderosa. La melodía, para dejar sentada la tónica, se reexpone en re menor. Su reiteración hay una expansión mayor que en la exposición, mutando también de orquestación, tocado por la cuerda mientras las maderas acogen el aura, poderosa y más telúrica en esta ocasión.

Dentro de esta atmósfera agitada, triste y majestuosa al mismo tiempo, irrumpe finalmente el motivo de la coda de la exposición. Esta será la coda de todo el movimiento, uno de los momentos más sublimes de las sinfonías sibelianas: amplias sonoridades orquestales en bloques solemnes, que parecen querer abarcarlo todo.

La coda temáticamente consiste en la redención absoluta del motivo principal del movimiento (que como sabemos es una forma del motivo germinal de toda la sinfonía), bajo la repetición de la cadencia plagal (subdominante - tónica), típicamente sibeliana (pero que al ser subrayada de manera poderosa por tuba y timbal recuerda al apoteósico final del célebre Ruhevoll de la Cuarta Sinfonía de Mahler).

Un motivo glorioso, derivado del principal, pone el broche de oro a esta mayestática coda (en notas reales):

Toda la orquesta, tutti en fortissimo, y los dos acordes de la cadencia plagal dan por concluida de forma ciertamente espectacular el movimiento, y a toda esta sinfonía magistral, auténtica obra maestra de la literatura musical.
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La ilustración sonora del movimiento la haremos en la versión acostumbrada, que creemos que es la siguiente:

Orquesta Sinfónica de Detroit
Paul Paray
Mercury Living Presence (1959)


Está dividido en dos partes debido a la longitud de la partitura, por lo que recomendamos dejarlo descargar antes de proceder a su escucha / visionado.




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Nuestro próximo post abordará el comienzo de una amplísima discografía, que debido a esa gran extensión hemos tenido que fraccionar en tres artículos.

viernes, 24 de diciembre de 2010

¡Felices fiestas!

¡Feliz Navidad!

Por segundo año celebramos en el blog estas fiestas juntos. Desde aquí los mejores deseos hacia ustedes, sus familias, amigos, conocidos y todos los que tengan a su lado en estos momentos...

Pero aparte de estos deseos, nuestro blog suele hablarles de la música de Jean Sibelius... por lo que es el momento de recordar las cinco maravillosas canciones que nuestro músico escribió a lo largo de varios años, pero que reunió para dar su hermosa y nostálgica celebración de estos días. Muy cantadas en Finlandia estas fechas, alguna de ellas incluso con el rango de "villancico popular", multitud de versiones y arreglos... aquí escribimos en su día sobre ellas, dando además su texto completo y una traducción, que quizá quieran volver a leer:

"Nu står jul vid snöig port" ("La Navidad está en el nevado porche") opus 1 nº1 (1913)
"Nu så kommer julen" ("La Navidad ha venido") opus 1 nº2 (1913)
"Det mörknar ute" ("Fuera oscurece") opus 1 nº3 (1897)
"Giv mig ej glans, ej guld, ej prakt" ("No me des esplendor, oro ni pompa") opus 1 nº4 (1909)
"On hanget korkeat" ("La nieve está cayendo") opus 1 nº5 (1901)

Joulupukki alentando a su reno, que no parece muy contento de lo que le espera esta noche...

A continuación les ofreceremos dos nuevos hallazgos en el conocido servidor de videos youtube con arreglos de las canciones de Sibelius. No demasiado buen sonido, pero seguro que disfrutarán de ellas.

En primer lugar un arreglo de la tercera canción, con texto finés debido a Aino Suonio y el arreglo de Ilkka Kuusisto (un conocido arreglo en Finlandia de las cinco canciones), aunque cantado aquí con coro. El video no trae detalles de los intérpretes.



Y una versión de la quinta canción - con su texto original en finés -, aquí con un acompañamiento de orquesta y órgano de arreglista desconocido, pero con la gran voz sibeliana de Jorma Hynninen.


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Reiterando nuestro mejores deseos...

¡Feliz Navidad!
Hyvää joulua!

lunes, 20 de diciembre de 2010

Segunda Sinfonía en Re Mayor opus 43 (1901-02): (4) III. Vivacissimo - Lento e suave

Capítulo anterior (3) II. Tempo Andante, ma rubato
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El tercer movimiento de su
Segunda Sinfonía, Jean Sibelius sigue la fórmula clásica: un scherzo, aunque no reciba tal denominación. Entre las posibilidades que le ofrece la tradición, nuestro músico escoge el lado más endiablo de este género, un verdadero y tempestuoso torrente de notas, alternando con un Trío intensamente lírico. El tempo se recrea en una especial tensión, que nos aleja del ambiente fúnebre del movimiento anterior, y nos acerca al majestuoso Finale, al que está unido por una transición.

Su estructura es clásica, aunque con particularidades: a la habitual forma tripartita se le une una repetición del trío (que dará origen a su vez la transición con el Finale), con el esquema ABA'B'. Tal estructura, aunque poco frecuente encuentra varios ejemplos en la historia de la música decimonónica, el más conocido - y el que más probablemente tuviera en mente Sibelius -, es el de la Séptima Sinfonía de Beethoven, no tomándose sin embargo con exactitud. La transición hacia el movimiento final tiene aún más claro referente en el la Quinta del músico alemán, y con ella comienza nuestro genio su propio búsqueda hacia la unidad formal, integración orgánica que llevará más lejos en sus Tercera, Quinta o Séptima Sinfonías.

Además del modelo beethoveniano (que atraviesa toda esta partitura sibeliana), este scherzo en particular muestra también una evidente influencia bruckneriana en su carácter, en particular el de su Tercera Sinfonía.

A pesar de todas estas influencias, este fragmento impone muchas de sus marcas típicas del autor - como veremos más en detalle durante el análisis -. En sí misma la sección principal sólo podía estar escrita por él, bajo su fluir informe y su desconcertante devenir, muy en la línea de parámetros como su singular
"aura", torrentes de voces individuales que aparecen aparentemente sin orden ni concierto, pero que crean una atmósfera telúrica única, muy similar a otros grandes momentos de la creación sibeliana como El retorno a casa de Lemminkäinen opus 22 nº4.

La sección principal de este Scherzo, en Si bemol Mayor, de tempo muy acelerado, está gobernada por un motivo germinal de la que arrancará toda la temática, en las cuerdas al unísono:

A partir de este motivo se construirá toda la sección, en la que es extremadamente difícil encontrar algo a lo que podamos llamar "tema". Más bien se trata de desarrollos de este elemento, que se superponen o se alternan con otros motivos, cobrando vida propia según nos tiene acostumbrado el Sibelius más imaginativo.

El propio motivo en sí es sumamente interesante. Por una parte adopta el típico dibujo en S de buena parte de las creaciones temáticas de nuestro genio. Por otra es discernible la presencia de la célula germinal de la sinfonía (ver
Ej. Ia), tanto en su forma ascendente (aquí la - sib - do) como en la descendente.

A partir de ahí este motivo se expande por cruces de voces en la cuerda, jugando con sus diferentes registros, a través de distintas fórmulas. Hay un segundo juego en esta sección, el que se produce entre el moto perpetuo que arranca con el motivo y diferentes "frenazos" en su loca carrera. Tras el primero de ellos (con un unísono de trompas, timbal y la cuerda grave), llega un nuevo motivo en los vientos, dispuesto a enfrentarse al motivo principal:

Éste es el más importante de los motivos secundarios, que como decíamos se superponen y luchan con el motivo principal (aquí presente en el segundo violín). Su diseño es similar a otros motivos secundarios de la Segunda Sinfonía (por ejemplo, el Ej. If): una nota prolongada, un adorno y un intervalo descendente, aquí una séptima disminuida (en el resto una quinta justa). Ya habíamos señalado que hay quien ha visto aquí una intencionalidad de unidad, pero se trata, repitámoslo, de un diseño muy típicamente sibeliano, aunque es cierto que a lo largo de esta sinfonía se encuentran en varios motivos estructurales.

Presentados los contendientes, la lucha continúa con diferentes recorridos hasta llegar a proclamaciones más plenas, a la vez que la dinámica se encamina a través de un decrescendo a un punto de no retorno, con un timbal marcando la tónica cada vez más apagado y entre silencios. No cabe duda de la separación estricta entre secciones, nítidamente diferente de todo lo anterior: es el momento del Trío, en Sol bemol Mayor, con su tema presentado sin preliminares (en notas reales):

Su orquestación apela a la tradición al situarse fundamentalmente en los vientos. Pero al contrario que los clásicos presenta un planteamiento muy diferente a la sección principal, un instante lírico y romántico al máximo, sin asomo de la batalla rítmica principal.

Su tema se otorga a un oboe solo, respondido brevemente por los clarinetes, y después continuado por una flauta, que es contestada a su vez por un delicado y sentimental solo de cello. Su toque romántico se acentúa con la misma forma del tema: reiteración de una misma nota y la suspirante caída de una quinta. Por otra parte constituye de nuevo un perfecto enlace con los elementos melódicos estructurales de la Sinfonía, como es la presencia de su célula germinal (aquí solb - lab- sib-), y quizá también con el diseño habitual de nota larga, adorno y quinta descendente, cambiados en el particular por dicha nota reiterativa. Hay que apuntar también la presencia del tresillo, un gesto de nuevo frecuente en las melodías del maestro.

Tras este comienzo íntimo, casi camerístico y un tanto pastoral, la orquesta gana en intensidad al sumarse más miembros de la paleta orquestal, creciendo así mismo en expresión. A pesar de que la intensidad pueda hacernos parecer lo contrario, la sección es muy breve y, de nuevo tras un silencio, llega el scherzo retomando su precipitada carrera.

Esta "reprise" por supuesto no es una repetición estricta de la sección inicial, sino una versión más fragmentada, algo más apagada, otorgando una sensación muy dramática al conjunto. Entre los motivos en pugna, encontramos brevemente referido, en las trompas, la siguiente variante de la célula germinal (notas reales):

No sólo es importante por esa referencia, sino por el hecho de que se trata de un anuncio bastante claro del que será el tema principal del Finale. De nuevo encontramos un paralelo con Beethoven, en concreto con la Quinta, sólo que a la inversa: si en el Finale la partitura del músico prerromántico hay una cita contundente al tema del Scherzo, aquí hay un anuncio del tema del Finale...

La segunda presentación del Trío se alcanza de manera más enlazada. Aunque se observe el mismo decrescendo el motivo principal se resiste a claudicar. También presenta diferencias respecto a su primera formulación, en principio en la orquestación, pero pronto se intuye el cambio cuando diseños secundarios comienzan a dominar la escena. La contestación de violoncello cobra vida, se independiza y crece, haciendo preludiar el tema del Finale. Al tiempo, una figura hasta entonces insignificante de los violines también adquiere una dimensión propia.

Ambos elementos se entrecruzan, creando más y más tensión, que se suman al crescendo generalizado y a la llegada del tono de Re Mayor. Estamos en medio de la transición al Finale, preparado con gran maestría y don del dramatismo su irrupción. En partituras posteriores, sin embargo, pasajes con la misma función se lograrán mucho más sutil y orgánicamente. En cualquier caso han cumplido su objetivo: la espera al triunfa del Finale ha terminado.


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Para acompañar la lectura de este análisis, proseguimos con la versión completa que encontramos en youtube, que recordemos que hemos identificado, aunque sin total seguridad, con la siguiente interpretación:

Orquesta Sinfónica de Detroit
Paul Paray
Mercury Living Presence (1959)


El video lógicamente se corta al acabar el movimiento propiamente dicho. Podrán seguir el resto de la obra en el próximo post sobre el Finale.



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Capítulo siguiente (5): IV. Allegro moderato

martes, 14 de diciembre de 2010

Biografía (20): estreno de la Segunda Sinfonía, "Tulen Synty" y éxito en Berlín (1902)

Capítulo anterior (19): Italia, Don Juan, Dante y la Segunda Sinfonía (1901)
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A comienzos de del año 1902 Sibelius está en condiciones para enviar su Segunda Sinfonía al copista, para preparar las partes. Antes del estreno en marzo hay tiempo e inspiración para escribir dos obras más que estrenar junto a la Sinfonía. Por una parte el "Impromptu" opus 19 para coro femenino y orquesta, sobre versos de inspiración clásica de Rydberg. Como "Athenarnes sång" opus 31 nº1 de 1899, la evocación de la Grecia antigua tiene claras resonancias nacionalistas, aunque en este caso con gran dulzura y delicadeza.

La otra pieza es la Obertura en la menor JS.144, una pieza para orquesta que según relataría compondría durante el transcurso de una noche en el restaurante de un hotel (lugar habitual para las soirées de conversación, cigarros y alcohol de nuestro compositor). El trabajo se estructura como un debate entre una parte trágica, entre fanfarrias del metal, y una más ligera y optimista. Tiene cierto sabor neoclásico, adelantando partituras de
periodos futuros, incluyendo un tema que volverá a usar en su Cuarteto "Voces intimae".

El estreno de la Segunda Sinfonía en Re Mayor opus 43, junto con las dos obras citadas, se produce el 8 de marzo, en la Sala de la Universidad de Helsinki, con el compositor dirigiendo. El éxito no tuvo precedentes en la historia artística de Finlandia, y aun en las décadas siguientes costaría encontrar un triunfo semejante para nuestro músico. Por supuesto en ello no intervino sólo la calidad puramente musical de la partitura: "una obra maestra definitiva, una de las pocas creaciones de nuestro tiempo que apunta en la misma dirección que las sinfonías de Beethoven", sentenciaría el crítico Karl Flodin. También se hacía muy presente el componente político y nacionalista, que transformó a la pieza en una demostración de la resistencia y la singularidad de los finlandeses frente el dominio ruso, tal y como afirmó con rotundidad por
Robert Kajanus en un artículo con gran difusión del periódico Hufvudstadsbladet. Tales connotaciones fueron rechazadas por el propio compositor, aunque indudablemente su ardor y su monumentalidad suponían un apoyo inevitable de la causa finlandesa. El concierto pudo repetirse los días 10, 14 y 16, con el cartel de completo.

Ese mismo clima de fervor nacionalista, ahora sí intencional, está en la redacción de
"Tulen synty" ("El origen del fuego") opus 32. La composición, escrita poco tiempo antes del estreno en unos días de cierto hastío para el compositor - quizá por la excitación posterior ante el estreno de la Sinfonía-, está basada en un pasaje del "Kalevala", donde se narra la oscuridad reinante en la tierra de los héroes cuando Louhi roba el sol y la luna, y los esfuerzos de Ukko por dotar a través del fuego al mundo de un nuevo sol y una nueva luna, intento que termina con la llama escapando a través de la bóveda celeste. La alegoría es evidente: el yugo ruso supone la pérdida de la luz de Finlandia, que será devuelta a través de sus héroes.

La cantata se concibió para formar parte de la inauguración del Teatro Finés de Helsinki, el 9 de abril, con el barítono Abraham Ojanperä, un coro de al menos 350 miembros formado especialmente para la ocasión, la Orquesta de la Sociedad Filarmónica y el propio Sibelius dirigiendo al multitudinario grupo de artistas. "El origen del fuego" no llamó especialmente la atención, quizá debido a que era parte de un evento más extenso, o quizá por debilidades de la partitura. En cualquier caso el autor no estaba satisfecho del todo con la cantata, y pensó pronto en revisarla, aunque no trabajó en ello hasta ocho años después.

Entre mayo y el final del verano, el genio nórdico se ocupó de varias
canciones, llenas del mejor romanticismo de este periodo. En "Lasse liten" ("Pequeña Lasse") opus 37 nº2 contrastan su línea vocal al estilo de una canción infantil con su siniestro acompañamiento pianístico. "Soluppgång" ("La salida del sol") opus 37 nº3 es una de las grandes piezas líricas de Sibelius, con sonoridades verdaderamente sublimes. "Var det en dröm?" ("¿Fue un sueño?") opus 37 nº4 presenta una melodía amplia y de emocionado aliento onírico.

También, a instancias de Carpelan, dio vueltas a la idea de arreglar para orquesta de cuerda algunas melodías folclóricas. Aunque el proyecto como tal no se realizó en este momento, al año siguiente lo retomó, pero bajo el soporte del piano.

Carpelan se las arregla de nuevo para financiar un viaje a nuestro autor en junio, de nuevo a Berlín. En la capital alemana puede pasar tiempo con sus hermanos y su amigo de los viejos tiempos, Adolf Paul. Se preocupa no obstante de los contactos musicales para hacer llegar al público alemán y al europeo en general sus obras. No fuera el mejor momento de la temporada para ello, sin embargo no dudó mucho en hacer el viaje.

Felix Weingartner lo acoge con entusiasmo. Había tocado ya las dos leyendas revisadas de
Lemminkäinen opus 22 y fragmentos de "Rey Christian II" opus 27 durante esa temporada. "Hay algo noble y distintivo en él. Le dejé la Segunda Sinfonía y prometió, después de estudiarla, llevársela a Breitkopf & Härtel para imprimirla". Sin embargo Weingartner tardaría varios años en llevar la partitura a su podio, exactamente en la Viena de 1910 (sic!).


El director de orquesta y compositor Felix Weingartner (1863-1942)

A Arthur Nikisch lo sintió mucho menos receptivo y más frío que dos años antes, cuando había incorporado El cisne de Tuonela opus 22 nº2 a su repertorio. Ahora mostraba poco interés por su obra. Su amigo Willy Burmester - del su círculo del "Symposium", antiguo concertino de la orquesta de Kajanus y en esa época residente en Berlín, además de futuro instigador de su Concierto para violín - le llegó a sugerir ante la indeferencia de Nikisch, que había decepcionado a Sibelius, un verdadero complot, señal inequívoca de que ahora estaba bien considerado.

Arthur Nikisch (1855-1922) y la Orquesta Filarmónica de Berlín en la época

Más suerte tuvo nuestro genio con su amigo Busoni, como Adolf Paul miembro del antiguo círculo de los "leskovitas". El músico germano-italiano dirigía con la Filarmónica programas en los que intentaba incorporar el repertorio más vanguardista e internacional del momento, frente al tradicionalismo de Nikisch o el modernismo germanista de Richard Strauss (que dirigía a Wolf, Pfitzner, Indy, Elgar o sus propias obras). Eso le costaba no pocos abucheos, pero al mismo tiempo muchas oportunidades a la nueva. Por todo ello pidió a Sibelius que su En saga opus 9 (1892) sonara en Berlín, y además bajo la batuta de su propio autor.

Antes de regresara finales de junio, puede acudir personalmente a Breitkopf & Härtel para revisar las pruebas de imprenta de su Primera Sinfonía.

A su retorno a Finlandia, un tanto nostálgico, nuestro músico pasó unos días con su mujer - de nuevo encinta -, sus dos hijas, y su hermana (que empezaba dar síntomas de enfermedad mental, algo que se confirmaría años después) en la localidad costera de Tvärminne. Allí no perdió la oportunidad de tomar baños de horas y de consumir inmoderadas cantidades de alcohol, pero también siguió trabajando en sus canciones y otras ideas musicales.

Vista aérea de la estación zoológica de Tvärminne

En estas vacaciones hubo tiempo también para acudir a Pohja a visitar a su Wegelius, su antiguo maestro, del que se había distanciado cuando se apartó del credo wagneriano, pero que ahora sólo podía mirarle con total y sincero orgullo.

En la localidad marítima recibió una visita de su amigo Axel Carpelan, a quien relata el trabajo en las obras que en ese momento le ocupaban, como también sus futuros proyectos: una balada para soprano y gran orquesta sobre textos del "Kanteletar", para Ida Ekman, un ballet sin argumento en veinte números, un concierto para violín, una gran fantasía para orquesta, piezas para piano, un cuarteto de cuerda... Esos proyectos en su mayoría tuvieron que esperar en general unos años (excepto el ballet, que no se concretó nunca). La obra para Ida Ekman se acabaría transformando en un poema sinfónico con soprano solista sobre versos del "Kalevala", y escrita para Aino Achté, "Luonnotar", de 1913. La fantasía para orquesta se plasmaría como La hija de Pohjola opus 49, o quizá como la Séptima Sinfonía. El cuarteto ya conocía algunos esbozos desde 1899, pero no fue hasta 1909 cuando se culminó bajo el subtítulo de "Voces intimae". El concierto en cambio empezaría a cobrar forma muy pronto: el 18 de septiembre, antes de regresar de las vacaciones, Sibelius escribe a su mujer: "he hallado algunos temas espléndidos para el concierto para violín". El trabajo en
la obra propiamente dicha empezaría ya en 1903.

Nuestro músico también se encontró en esas fechas con un antiguo maestro de escuela, Eino Levón, cuyas hijas cantaron una canción popular para congratularle. El gesto en verdad agradó a nuestro músico, y para agradecérselo les dedicó el coro para tres voces femeninas "Kotikaipaus" ("Nostalgia del hogar") JS.111, sobre versos de otro alumno de Levón, su amigo de la infancia Walter von Konow, una pieza tan breve como bella.

Antes de empezar el otoño, nuestro músico tuvo que regresar a Helsinki para adelantar planes, principalmente la búsqueda de un nuevo piso, lo cual le llevó verdaderos quebraderos de cabeza... Tras un breve regreso a Tvärminne, se asentó finalmente en la capital finlandesa, mientras se sentía de nuevo resentido de su inspiración. Durante esas semanas estuvo trabajando revisando Una saga opus 9, ya que en la redacción original, con diez años a sus espaldas, había un exceso de imaginación a sus ojos frente a su cualidad técnica. En su forma revisada el poema sinfónico es casi 150 compases más corto, ya que suprimió algunos pasajes, además de cierta reelaboración, incluyendo cambios de tempo, tono y de orquestación. Como suele suceder en estas revisiones sibelianas la partitura es mucho más refinada, compacta y concisa, pero pierde algo del fervor inspiracional del original.

Antes de partir a Berlín, el genio finlandés compuso un coro a capella, "Den 25 oktober 1902. Till Thérèse Hahl" ("El 25 de octubre de 1902. Para Thérèse Hahl") JS.60, para celebrar el aniversario señalado en el título. Thérèse Hahl cumplía 60 años, gran parte de los cuales los había puesto al servicio del canto, siendo una figura muy estimada en el mundo musical finlandés. Esta ocasión sirvió para que muchos admiradores la rindieran un sentido homenaje, entre ellos Jean Sibelius, que usó texto de Nils Wasastjerna. No satisfecho con el resultado, nuestro músico realizó una segunda composición con el mismo texto (con el número de catálogo JS.61), para
Andrew Barnett la última redacción es más expresiva, "pero los temas mismos son menos memorables".

También hay tiempo para firmar la publicación de Canción de primavera opus 16 (en su segunda - ¿o tercera? - revisión, siendo el original de
1894), y el estreno absoluto de la revisión de En saga opus 9, bajo la batuta de Kajanus, en la Universidad.

En Berlín, el 15 de noviembre, la obra compartió cartel con trabajos de Delius y otros músicos menos conocidos, pero fue sin duda la más exitosa de todas, asegurándose desde entonces y con el tiempo un merecido puesto en el repertorio. Sibelius fue llamado varias veces al podium, y el autor estaba orgulloso de haber estado tranquilo y dirigido bien la obra, "lo mejor de todo es que yo puedo dirigir una de las más famosas orquestas del mundo", escribió a su mujer - aunque creía que a pesar del éxito el público no habría podido entender su obra -. En la ciudad alemana por supuesto no perdió la oportunidad de pasar tiempo de esparcimiento con Busoni, Sinding, y otros amigos, incluyendo ahora a Burmester.

De vuelta a Finlandia nuestro músico se subió de nuevo al podio para dirigir, en Turku, su
Primera Sinfonía. Antes de acabar el año escribió una de sus escasas canciones con texto en finés, "Lastu lainehilla" ("Madera de deriva") opus 17 nº7, del toque folclórico, delicado y hasta minimalista, que se suelen tener sus obras para voz y piano en este idioma, bajo un animado ritmo sincopado y una bella línea vocal.

El año 1903 fue especialmente fecundo en composiciones que se encuentran entre las más estimadas de Sibelius, pero de eso ya daremos cuenta en el próximo capítulo de esta biografía.
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Capítulo siguiente (21): el Vals de la Muerte y el Concierto para violín (1903)

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Segunda Sinfonía en Re Mayor opus 43 (1901-02): (3) II. Tempo Andante, ma rubato

Capítulo anterior (2): visión global y I. Allegretto
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El segundo tiempo de esta sinfonía de Jean Sibelius es un movimiento lento y de carácter sombrío, un tanto fúnebre incluso, contrastando con la alegría bucólica del primer tiempo y el ímpetu de los dos siguientes, aunque conservando su misma tendencia a la monumentalidad.

La forma que observa es mucho más sencilla que la del
Allegretto inicial, no presentando apenas dificultades para el análisis: como en gran parte de los movimientos similares de la tradición se trata de una forma de sonata sin desarrollo ("forma de adagio de sonata"), esto es, dos temas que se presentan primero en un exposición y después se reexponen sin una sección central que los trabaje. No obstante Sibelius nos da aquí su propia versión del asunto: los temas se prolongarán con pequeños desarrollos que parten de sus elementos, muy ampliados en la reexposición. Y más que temas A y B propiamente dicho hay que hablar, como sucede siempre en la música de Sibelius y su tiempo, de periodos o grupos de temas, aunque en este caso sí haya dos claramente principales.

Ya referimos al narrar la
historia de la obra como estos dos temas principales procedían de sendos bocetos destinados a proyectos abandonados surgidos en su viaje a Italia, y que se incorporaron a la Segunda Sinfonía con toda naturalidad durante ese mismo verano. El primer tema recreaba la escena de "Don Juan" en la que la Muerte se presenta ante el seductor en la figura del comendador. El segundo estaba nombrado como "Christus", dentro de una idea sobre "La divina commedia" de Dante.

Al incorporarse a la sinfonía ambas melodías pierden su significación programática aunque, por supuesto, siguen conservando su fuerza pictórica, dando origen a un movimiento con sonoridades ciertamente luctuosas y religiosas, con su porción de tragedia. El propio Sibelius apuntará a Carpelan que el movimiento es una especie de "desarrollo espiritual", por lo que la connotación sigue presente de alguna manera.

Sendos temas presentan además escalas modales, dejando al lado el carácter más diatónico y tradicional del resto de la sinfonía, aunque no por ello el movimiento deja de estar perfectamente integrado en el conjunto. Junto a las sonoridades tímbricas nos encontramos las ligazones motívicas con otros movimientos, en especial con el que llamamos "motivo germinal" (Ej.1a) en el
primer movimiento.

El Andante se inicia con un pequeño redoble de timbal sobre el cual se superpone un inquietante pizzicato en los contrabajos (alternando brevemente con los violoncellos):

Su rítmica, de notas iguales, lo hace obsesivo y turbador, etéreo y ciertamente algo sobrenatural. No está del todo claro su tono, aunque los cromatismos que irá presentando sean mínimos, vacila entre un sol dórico y un re menor natural (eólico). Bajo este manto misterioso, que se desarrolla a la manera de un aura, surge el primer tema en los fagotes, siempre arropado por la pedal del timbal, lúgubre, como la misma partitura indica:

El tema prolonga la misma monotonía del pizzicato que lo acompaña, que junto con su clara modalidad (re eólico) da a la melodía un sabor antiguo, al estilo casi del gregoriano u otras cantilenas medievales, con pequeñas unidades entrecortadas por silencios. Su fórmula de entonación inicial (la - sib - do) así como sus últimas notas (fa - mi -re) apelan al motivo germinal de la sinfonía. El final de la primera frase también nos recuerda en sus últimas notas a un pequeño pero importante motivo del primer tiempo (el motivo de las trompas, Ej. Ic). A su vez esa cadencia conclusiva se erigirá en elemento de unidad de todo el movimiento. Fijémonos en especial en las cadencias intermedias con su caída de cuarta, respondidas por la trompa con el intervalo en sentido contrario, secuencia que se encontrará frecuentemente en este tiempo.

Una vez presentado este material, surgen nuevos elementos, dando paso a un poco de luz tímbrica frente a la oscuridad agobiante que presenciábamos hasta ese momento. En primer lugar tenemos un melancólico tema en oboe y clarinetes, lírico, con una apoyatura que lo colorea un poco al estilo italiano:

El breve motivo no es sino una condensación del primer tema, incluyendo su fórmula conclusiva fa - mi -re, cuya línea descendente se ve contestada por un motivo ascendente en los violines. Una pequeña lucha entre ellos incrementa la tensión hasta llegar a un nuevo y nervioso motivo secundario:

El motivo consiste en una nota prolongada, una figura adornada y una caída de quinta. Su forma es pues muy similar al tercer tema del primer tiempo, que como decíamos Andrew Barnett consideraba un elemento germinal pero secundario de toda la sinfonía, aunque aquí apuntábamos más bien a una fórmula típica del compositor. En cualquier caso es estructuralmente importante por su elaboración posterior, y porque en cierta forma anuncia el segundo tema principal de la sinfonía.

Como en el ejemplo anterior, este motivo se ve también contestado, en este caso por otro en los celli, claramente derivado del primer tema principal del movimiento. El conflicto que estalla entre ambos incrementará la tensión a través de un pequeño desarrollo, fraccionando sus elementos en componentes mínimos, hasta llegar hasta el primer clímax de la pieza, con los metales en fff y en acordes entrecortados. La calma se impone con notas prolongadas y planas, y el acorde de la menor, hasta llegar a un inquietante e inesperado silencio que termina el primer periodo de la exposición.

Todo cambia de repente la llegada del segundo tema principal - en la cuerda, dividida en nueve partes -, místico y luminoso, llamado como recordábamos "Christus" en el correspondiente esbozo:

El tema, en Fa# Lidio, presenta una fina polifonía, claramente explicada por su origen "sacro". También esto explicaría su modalidad, relacionada con la música de Palestrina que escucharía en Roma en aquel año (y el mismo modo que se encuentra en el célebre "Canto de agradecimiento a la divinidad" de uno de los últimos cuartetos de Beethoven, que Sibelius tanto admiraba). Encontramos en el tema la huella del motivo germinal (aquí sol# - la# - si becuadro - la# sol#) e incluso, como decíamos, sus primeras notas son similares a un motivo secundario del final del primer periodo (Ej. 2d). El sentido de unidad en el genio nórdico es absoluto, a pesar de la procedencia foránea de los temas.

El motivo se repite una octava por encima con su mágica textura de cuerdas, mientras flautas y fagotes nos ofrecen un extraño recuerdo del pizzicato inicial. Su presencia parece contrariar la paz que se había alcanzado con la aparición del tema, y un motivo secundario parece confirmar el dominio del pesimismo:

El breve motivo, de nuevo en oboes y clarinetes, apoyado por las síncopas de la cuerda, parece derivado del primer tema principal del movimiento, con su caída de cuartas. Así mismo es una melodía muy sibeliana, con su típico tresillo y su sonoridad modal (una extraña escala mayor con la sexta y la séptima menores), sobre notas pedales y ritmo sincopado, al estilo de muchas melodías del periodo kalevaliano.

Su presentación acaba con cuatro acordes luminosos de gran parte de la orquesta en forte, sentenciándolo con la célula germinal (y la cadencia característica del movimiento). Tras ello la agitación explota con un demoledor motivo en fagotes, tuba, violas y cellos:

El motivo es una versión del segundo tema principal pero reducido a su más básica expresión, turbador y desestabilizador, acompañado por un inquietante zumbido de los violines. Pero aun no ha dado lo mejor de sí. De momento hace acabar esta exposición con una especie de ira contenida.

Tras un nuevo silencio (el predominio de silencios en esta obra parece contradecir el horror vacui sibeliano), comienza la reexposición, en fa# menor. El motivo del pizzicato presenta ahora una forma poco reconocible con violines y violas en piano y con una forma muy suave y pacífica. El tema principal se presenta de manera menos lúgubre, alternando solos de trompeta y flauta, dando una dimensión elegiaca al mismo. La sucesión de motivos secundarios (Ejs. 2c y 2d) es ahora más rápida y continua, ansiosa por precipitar todo hacia el último elemento citado, que es germen de un furibundo desarrollo lleno de fuerza. Entonces llega el segundo y más contundente clímax de la pieza, con momentos próximos al paroxismo tristanesco. De nuevo su motívica se descompone en acordes en triple forte, ahora con todo el viento golpeando con gran vigor, creando una atmósfera de desesperanza y pesimismo.

El segundo tema aparece ahora de manera muy apagada, en el tono principal de re menor (aunque coloreado de nuevo por la cuarta lidia), lejos de la consolación que ofrecía en la exposición. Este efecto no se consigue sólo con la armonía, sino también por la orquestación, que aleja la polifonía de las cuerdas hacia una presentación más compacta en clarinetes, fagotes, violas y violoncellos. El clima recuerda a momentos similares de la marcha fúnebre de la Tercera Sinfonía de Beethoven, no por casualidad, por supuesto.

El motivo elegiaco (Ej. 2f) finalmente se deja acompañar claramente por el pizzicato inicial, mostrando el mismo propósito de unidad y de concentración (formal y emocional) que encontrábamos en el primer tiempo. Este motivo ahora se ve ampliado y desarrollado, mostrando su gran potencial y belleza, con unísonos de la cuerdas muy chaikovskyanos y melancólicos.

También la breve célula final de la exposición (Ej. 2g) ve aumentada en esta reexposición su valor, aunque finalmente es otro motivo secundario, surgido del primer tema (la línea de los violoncellos en el Ej. 2d) el que parece llevar este Andante a sus últimos compases.

La coda, indicada como Pesante se basa en fragmentos del primer tema principal, más exactamente en su entonación inicial con la célula germinal de la sinfonía (y del movimiento), descomponiéndose en la manera habitual sibeliana. La música se apaga con resignación y sin gran contundencia, como esperando la redención en otras luchas distintas. Aquí, de momento, la Muerte ha vencido.
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Como ilustración sonora, les proponemos los siguientes videos, con una buena interpretación, no identificada, pero que creemos que es la siguiente:

Orquesta Sinfónica de Detroit
Paul Paray
Mercury Living Presence (1959)


El movimiento está dividido en dos partes por su longitud. Recomendamos cargar por completo ambos antes de iniciar su escucha continua.




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Capítulo siguiente (4): III. Vivacissimo - Lento e suave

Aniversarios de Sibelius, Día de Finlandia y los dos años del blog


Tal día como hoy, hace ya hace 145 años
nacía Johan Christian Julius Sibelius, conocido años más tarde como Jean Sibelius, en Hämeenlinna, pequeña localidad del sur de Finlandia.

Un día de celebración para los sibelianos. Pero en estos días el blog también celebra otras importantes efemérides, como el Día de Finlandia, celebrado el pasado lunes día 6 y el aniversario del blog . Ya hace dos años que iniciamos esta singular sobre este compositor, no tan conocido como debiera. Con cerca de 25.000 visitas, muchas más de las esperadas, y un gran número de seguidores nos sentimos muy contentos y orgullosos por poner nuestro pequeño grano de arena en la divulgación de este genial compositor.

Por supuesto el camino sigue, y seguirá aportando nuevos datos, comentarios y reflexiones, siempre abiertos a las sugerencias, dudas y críticas de nuestros lectores. Esperamos que este tercer año del blog les guste tanto o más como los pasados.

Mil gracias a todos vosotros.