miércoles, 23 de enero de 2013

Biografía (28): las batallas de la Cuarta Sinfonía (1910)

_____________________________

El año de 1910 en la vida de Jean Sibelius será un año sin grandes acontecimientos, pero de grandes batallas interiores, plasmadas en la magna obra que le ocupará durante todo este periodo, la Cuarta Sinfonía, que había iniciado a finales del año anterior. 

No fue la sinfonía sin embargo la única composición que saldrá de su sensible imaginación, y precisamente el comienzo del año está dedicado a otra partitura, La dríada opus 45 nº1 Se trata de una brevísima pieza orquestal calificada como poema sinfónico, aunque no porte ni programa ni indicación ninguna aparte del mitológico título (también es denominada en alguna ocasión "Intermedio-danza nº1"). Nos situamos ante una composición sumamente aforística e ilusiva, con tintes casi impresionistas, llena de una atmósfera oscura y esencialista, que comparte mucho, incluso similitudes en varios de sus motivos, con la Cuarta Sinfonía. Se finalizó el 5 de febrero, y para promover su éxito preparó con presteza una versión para piano.

Las dudas sobre su trabajo le asaltaron constante en este periodo, y entre otras ideas nuestro autor elaboró una lista con trabajos de sus primeros años que debían ser revisados antes de una eventual publicación. La lista incluía obras como el Impromptu opus 19 para coro femenino y orquesta (de 1902)"El origen del fuego" opus 32, movimientos de la Música para las celebraciones de la prensa JS.137, "Rakastava" JS.160, los dos movimientos no publicados de Lemminkäinen opus 22, el Quinteto con piano JS.159 y "Kullervo" opus 7. Las dos primeras obras serían efectivamente revisadas ese mismo año - a partir de la primavera -, la Música para la prensa y "Rakastava" en los años siguientes, mientras que la partitura de Lemminkäinen tendría que esperar hasta 1939. El Quinteto y "Kullervo" sien embargo permanecieron para siempre en su forma inicial.

También hubo planteamientos de cambios en una obra mucho más reciente, su marcha fúnebre In memoriam opus 59, finalizada unos pocos meses antes y que estaba ya en proceso de impresión en Breitkopf & Härtel. Realizó unos pequeños pero significativos ajustes a algunos pasajes y contornos melódicos, y sobre todo a la orquestación, "mucho más flexible ahora, y de un carácter más noble", según las palabras del músico. 

Las dudas no sólo eran estéticas, sino de nuevo monetarias, y el genio nórdico gastó prosaicamente gran parte del mes de marzo en idas y venidas a Helsinki para sortear sus apuros financieros. La solución vino de nuevo de la mano de Carpelan, que logró otra vez que importantes empresarios salvaran su deuda (que ascendía a 51.000 marcos, unos 185.000 euros actuales). El músico saludaba estas ayudas, que tenían una fuerte connotación patriótica, con alivio, pero también con cierto grado de humillación.

El 6 de abril se estrenó la obra teatral de Lybeck, "Ödlan" ("El lagarto"), que incorporaba música incidental (opus 8) de Sibelius que había escrito también el pasado año. La música fue muy alabada, pero la pieza teatral desapareció de cartel tras unas pocas representaciones. Y la música, como dijimos tan mimetizada con el drama, no conoció versión de concierto, aunque el genio nórdico coqueteó durante años con realizarla, inclusive el proyecto de unas variaciones sinfónicas sobre uno de sus temas, que nunca conoció la luz.

El 25 de ese mismo mes se estrenó otra partitura del año anterior, su Cuarteto "Voces intimae", que recibió una buena acogida de la prensa: "sin duda una de las más brillantes contribuciones al género", se pronunciaba el Helsingin Sanomat (el decano de la prensa finesa, heredero del clausurado Päivälehti). Y sin duda que así es, aunque la gran pieza camerística tenga una presencia pequeña en el repertorio estandarizado.

En mayo la entusiasta Rosa Newmarch visitaba Finlandia, con el objetivo de ver los saltos de agua de Imatra, pasar unas semanas en Helsinki y por supuesto visitar al compositor, con el que uniría una profunda amistad, compartida por toda la familia Sibelius. Su colaboración fue también práctica, encargándose de la traducción inglesa de muchas de las canciones del autor (en una época, no lo olvidemos, en que este tipo de piezas no solía ser cantado en sus idiomas originales).

 "Invierno en Imatra" (1893), de Akseli Gallén-Kallela

A comienzos de junio recibió una invitación para dirigir en la recientemente independizada Noruega, a la que prometió el estreno de la Cuarta, que como era habitual en nuestro músico veía de manera más inmediata de lo que la realidad traería. Mientras, en aquellos días decidía dedicar unos momentos en su jornada de trabajo al estudio puro y duro del contrapunto. Estudio que reforzaba su compromiso con el rigor tradicional mientras componía la que es sin duda una de sus obras más futuristas (el uso del contrapunto se ve incrementado efectivamente en la obra, y progresivamente en los últimos años compositivos de nuestro autor).

Mientras Sibelius se ocupa de su propio viaje interior en busca de la quinta esencia de su estilo, en el exterior las cosas no pintaban excesivamente bien para su país: el régimen zarista recortaba de nuevo las libertades que habían resurgido tras los hechos de 1904, nada más que un paréntesis en la política de rusificación del último de los zares. En junio de aquel 1910 Nicolás II introdujo una nueva legislación por la cual gran parte de los asuntos del país nórdicos debían ser decididos en la Duma: "Finis Finlandiae!" ("¡El fin de Finlandia!") gritó entusiasmado el diputado del parlamento ruso Pusrishkevich. El senado finlandés, que vio recortadas enormemente sus funciones, se llenó de rusos o nativos rusificados, mientras que muchos de los nacionalistas finlandeses eran encarcelados o deportados a Siberia.

En julio, mientras proseguía con la creación su nueva sinfonía, el compositor elaboró también una serie de ocho canciones, su opus 61, piezas breves y con un contenido musical muy críptico, lo que las ha alejado de lo frecuentado dentro de este género. Una vez finalizadas, los Sibelius se dirigieron al archipiélago suroeste del país finlandés para unas cortas vacaciones en la isla de Järvö, donde nuestro compositor pasó el tiempo nadando y planeando cambiar la decoración de su hogar.  El descanso sienta muy bien a su estado anímico y estima, y a la vuelta se sumerge completamente en su obra: "recuerda esto por una vez y para siempre: ¡eres un genio! Lo sabes. Siéntelo. Olvida las trivialidades. ¡Dios mío! 'Man lebt nur einmal!' [Sólo se vive una vez]. ¡¿Qué esperas?!" (anotación en el diario del 13 de agosto).


Vista de la isla de Järvö, aun hoy un lugar turístico predilecto

Pero diversos encargos le distrajeron de la composición principal de la sinfonía. Por un lado los debates con el comité de constructores de la iglesia Kallio de Helsinki, que le solicitaron una melodía para las campanas de su torre, y por otro un prometedor viaje.

El 8 de octubre encontramos a nuestro genio dirigiendo su música en la capital noruega, que el tiempo aún se llamaba Kristiania. En el país escandinavo no sonó la Cuarta, que estaba bastante lejos de completarse, pero estrenó In memoriam y La dríade, en un concierto junto a otras piezas y la Segunda Sinfonía como plato principal. Mientras que las piezas más recientes no llamaron la atención, la sinfonía fue recibida con el más caluroso aplauso. Sibelius sufrió mucho de los nervios tanto por el concierto como en los eventos sociales a los que asistía - en los que, entre otros, conoció al célebre explorador Fridtjof Nansen-, casi como embajador musical de Finlandia, y no podía beber nada para calmarlos, como había hecho en el pasado.

Poco después visita Berlín, donde se encontraría con sus viejos amigos Adolf Paul y Busoni, a los que se uniría un joven Edgard Varèse, que se declaró un admirador de la música del finlandés. En la capital alemana de nuevo pudo disfrutar de magníficas veladas musicales, escuchando obras de Rachmaninov, Arensky, Debussy y Reger, alabando especialmente el talento del compositor alemán. 

Su tarea sinfónica principal, que parecía abandonada por el momento, sufrió dos nuevos obstáculos. Por un lado la finalización de la revisión de "Tulen synty" opus 32, y por otro un nuevo e importante encargo, la musicalización de "El cuervo", el célebre poema de Edgar Allan Poe (en versión sueca de Viktor Rydberg), convertido en canción orquestal por iniciativa de la gran soprano Aino Ackté. La cantante tenía previsto una gran gira europea al año siguiente, y en la maleta, además de muchas de las otras canciones del compositor, quería llevar una gran pieza compuesta exclusivamente para ella. 

Aino Ackté (1876-1944) en el papel de Salomé

Nuestro autor se debatió entre esta obra, que con grandes dudas comenzó a escribir el 9 de noviembre, y la sinfonía. Sus luchas tornaron en ansiedad durante los días en que su mujer sufrió una artritis reumatoide e ingresó en un hospital. Renunció incluso a asistir a interesantes conciertos de figuras como Glazunov o Fauré, que visitaban Helsinki esos días. Las presiones de Ackté, que debía llevarse la obra en febrero y que ya había anunciado su gira en el continente con gran expectación, aumentaban en la misma medida en la que Sibelius parecía apartarla y centrarse en la obra orquestal. 

Hasta que nuestro autor no pudo más y abandonó "El cuervo" definitivamente. Y se lo comunicó con un lacónico telegrama a Aino Ackté, que se disgustó enormemente: "Herr Sibelius, no estoy acostumbrada a ser tratada de esta manera y ser objeto de burlas. Habría sido mucho más honesto si usted no hubiera dicho estar de acuerdo en principio con la idea de conciertos Sibelius en el extranjero que no le seducían."
 
Sibelius se justificaba ante Carpelan: "La Cuarta Sinfonía irrumpe a través de las nubes con luz solar y poder. Mi trabajo es de un orden completamente diferente a estas concertistas que son exitosas comercialmente. Cuando doy un concierto ni diva o prima donna deberían ser el centro de interés... es mi música sinfónica la que triunfará."

No obstante aquello fue más un asunto de choque de orgullos que el tiempo acabó diluyendo, y Ackté continuó entonando sus canciones en los conciertos. Por parte del músico aquel esfuerzo no devino en la nada, ya que los esbozos de la música para el poema de Poe se incorporarían al movimiento final de la sinfonía, y pocos años más tarde escribiría para Ackté una obra maestra, "Luonnotar" opus 70 , con la que sin duda la soprano se vería ampliamente resarcida.

Ahora todas sus energías se podían centrar en la Cuarta Sinfonía, en la que nuestro autor estaba volcando buena parte de su alma. Pero seguiremos esta historia en nuestro próximo capítulo.
 _____________________________ 

Capítulo siguiente (29): el estreno de la Cuarta Sinfonía, Gotemburgo, París... (1911)


No hay comentarios: