miércoles, 20 de mayo de 2009

Música para las Celebraciones de la Prensa JS.137 (4): cuadros IV al VI & Discografía

IV. Suomalaiset 30-vuotiaassa sodassa (Los finlandeses en la Guerra de los Treinta Años)
Tempo di menuetto - Allegro moderato - poco a poco più allegro - Allegro molto

"Desde un cerro jóvenes campesinos finlandeses se apresuran al combate. El árbitro de la batalla les da la clave: el estandarte de la libertad"

Como parte de Suecia, Finlandia combatió en la cruenta Guerra de los Treinta Años en el bando protestante (que contó con la alianza con Francia), contra el Imperio Español, y los católicos alemanes y austriacos. En 1630 la corona sueca marchó a Centroeuropa, al mando de Gustavo II Adolfo, con grandes victorias como la Lützen, aunque el rey perdiera la vida en ella. La participación de Suecia duró hasta el final de la guerra (1648), obteniendo numerosos territorios en la Paz de Westfalia, y conservando su hegemonía en el Báltico.

Dentro del legendario colectivo finlandés, la Guerra era recordada por un cuerpo de caballería ligera formado exclusivamente por soldados autóctonos, los Hakkapeliitta. Aunque hay poca documentación fuera de Suecia o Finlandia, los Hacapelitas (si se nos permite la castellanización) eran respetados y temidos por sus enemigos por su éxito en el combate, y su camaradería y valentía. En algunas iglesias católicas alemanas se realizaba esta petición: "a horribile Haccapaelitorum agmine libera nos, Domine", ("de la horrible armada de los hacapelitas líbranos, Señor").


"La vuelta a casa de los Hacapelitas", obra de Pentti Papinaho, en Lahti. Foto propia


El cuadro de Berholm en cambio parece describir un patriotismo espontáneo de los fineses, y una lucha junto a los suecos por defender sus valores nacionales y religiosos. No hace falta reiterar el ambiente del momento para ver en este cuadro una llamada a la defensa de la patria.

Musicalmente es el número más cercano a un poema sinfónico, por sus distintas secciones: un menuetto (simple evocación del pasado); una "música de batalla", según apunta con claridad Erik Tawaststjerna; y una marcha triunfal y alegre. Sin poder pensar en un programa concreto, ciertamente la secuencia dramática es evidente. Se transformó en el número central de las Scènes historiques I opus 25 como "Scena", de la que ya hablaremos en un próximo post.


V. Isovihan aikana (La Gran Hostilidad)
Grave

"Madre Finlandia está sentada bajo ventiscas de nieve rodeada de su helados hijos. Guerra, hambre, frío y muerte amenazan a todos con el desastre".

La supremacía del Báltico se puso de nuevo en juego cuando el Imperio Ruso, Polonia-Lituania y Dinamarca-Noruega decidieron atacar al Reino de Suecia en la llamada Gran Guerra del Norte (1700-1721) .

Esta guerra de múltiples frentes afectó enormemente a Finlandia, el campo de batalla natural en el choque con Rusia. En 1710 los rusos habían conseguido tomar Viipuri (Vyborg en sueco), la gran plaza del Báltico y capital de Karelia, considerada imposible de conquistar hasta entonces. En el año 1713 los rusos ocupan toda Finlandia, causando auténtico terror en la población en sus incursiones, a la vez que el ejército sueco también inflingía un considerable daño. Este gran desastre se llamó la "Gran hostilidad" o la "Gran rabia".

Viipuri en un grabado del texto " Suecia antiqua et hodierna" de Eric Dahlberg (1700)


Finlandia quedó considerablemente dañada, (en algunas localidades la mortalidad llegó al 90%), y Suecia se vio obligada a claudicar en el Tratado de Paz de Nystad, firmada en la localidad finlandesa de Uusikaupunki. Con este tratado Suecia conservó la mayor parte de Finlandia, pero perdió Viipuri - un símbolo entonces y aún más en tiempo de Sibelius - gran parte de Karelia (la "vieja Finlandia") y de Ingria, además de Estonia y Livonia (también territorios finoungrios).

La brutalidad de la ocupación así como la pérdida de Viipuri y Karelia supuso un auténtico trauma para el pueblo finlandés, que no sería nunca olvidado, a pesar de la reintegración de ciudad y región al Gran Ducado de Finlandia una vez que éste pasó a manos rusas. Con ello no es raro que se alimente una gran animadversión a todo lo ruso, convenientemente recordada en la Finlandia de 1899.

La música es enormemente trágica y lúgubre, basada en lamentos dóricos de gran patetismo, dolientes melodías en los vientos subrayados constantemente por los timbales. Después la cuerda gana presencia con motivos cromáticos. Esta sección retoma un motivo de un breve fragmento para violín y piano, llamado por Folke Gräsbeck "[Grave] en re menor", escrito en algún momento entre 1891 y 1894.

La melodía va creciendo en intensidad para llegar de nuevo a los acordes de viento con los timbales. Todo transmite de una gran sensación de inmovilidad. Vuelve entonces los motivos de la cuerda, cada vez más retorcidos. Cuerda y viento se alternan al retomar los motivos dóricos del comienzo y los acordes, cada vez más distanciados y enmudecidos.

Los acordes, entrecortados de tensos silencios, anticipan de manera clara el comienzo del número final de la obra, lo que nos ayuda a esclarecer su significado. Un número magnífico, pero al igual que el segundo muy ligado a la obra, con lo que se entiende la decisión de no "rescatarlo" para la suite.


(Música tocada durante el cuadro V)
Cuatro brevísimos acordes en pianissimo de la cuerda sirven para colorear el comienzo del cuadro en sí, como una ilustración atmosférica, trágica y lejana.


VI. Suomi herää (Finlandia despierta)
Allegro moderato - Allegro - Poco allegro - Un poco stretto

"Los poderes de la oscuridad amenazando a Finlandia no han tenido éxito en sus acciones. Finlandia despierta. Entre los grandes hombres de este tiempo, que adornan las páginas de la historia, uno narra la historia de Alejandro II, y otros los recuerdos del agitador renacimiento de Finlandia: Runeberg escucha a su musa, Snellman inspira a sus estudiantes, Lönnrot transcribe los runos; cuatro portavoces de la primera Dieta, el comienzo de la educación elemental y la primera locomotora de vapor son todos recordados".

Este cuadro es un reflejo de la situación del país durante el siglo XIX, bajo el dominio ruso. Obviamente es una exaltación de todos los avances del Gran Ducado en la medida en que era autónomo, una exaltación de los fundamentos del nacionalismo y de sus éxitos, pero sobre todo de sus héroes a lo largo de ese siglo, punto de inflexión de la historia finlandesa.

En primer lugar está la figura de Alejandro II, zar de Rusia durante los años 1855-1881. Como ya vimos en el post correspondiente, el zar, de orientación liberal, fue un gran promotor de nuevas libertades en Finlandia. Su aportación mayor fue el resurgimiento de la Dieta, el parlamento representativo de Finlandia, que pudo ejercer de poder legislativo y consultivo, pidiendo constantemente la mejora de la autonomía y de los derechos de los finlandeses. Así mismo elevó (a iniciativa de Snellman) el finés a categoría de lengua co-oficial, permitiéndose la enseñanza en este idioma, el mayoritario del pueblo (precisamente Sibelius estudió en la primera escuela de este tipo). Creó también una moneda autónoma, el marco finlandés, lo que supuso la apertura económica y una incipiente modernización e industrialización del país (sólo interrumpida por la hambruna de finales de la década de los 1860s). Entre los símbolos de esa modernización estaba el ferrocarril, que inició su historia en 1862, un icono que se recuerda también en este cuadro.

Sin duda las medidas propiciaron el progreso de Finlandia, y Alejandro II fue recordado muy favorablemente por finlandeses, aun por el nacionalismo cultural a pesar de ser un monarca ruso, como vemos. Como ya apuntamos, una estatua nada menos que en la Plaza del Senado de Helsinki recuerda estos especiales lazos con el zar con el agradecido pueblo finlandés.

Sobre Johan Ludvig Runeberg (1804-1877) ya hemos hablado en otras ocasiones: el mayor poeta finlandés de la época, indiscutible versificador del sentimiento romántico finés (aunque su lengua fuera sueco), y muy amado incluso fuera de los círculos cultos. Fue autor además, recordemos, del texto del himno nacional, que en incluso en 1899, dos décadas antes de la independencia, era tenido oficiosamente como tal. Sibelius, al igual que el resto de los músicos finlandeses de la época adoraba sus versos no sólo por la belleza de sus metáforas, sino por ser tremendamente musicables.

El filósofo Johan Vilhelm Snellman (1804-1881) empezó sus lecturas en la Universidad de Helsinki en 1835, atrayendo a gran número de alumnos, y estableciendo amistad y discusión intelectual con Runeberg y Lönnrot. Fue considerado por las autoridades como un radical por su apasionamiento político. Tras un exilio semivoluntario en Alemania, Snellman volvió a la Universidad, y encabezó el movimiento Fennoman. Tras la convocatoria de la Dieta se convierte en uno de sus más ardientes y prestigiosos miembros, llegando a ser nombrado Consejero de Hacienda. Tras su labor están dos de los mayores avances durante el reinado de Alejandro II, la igualación del finés y el marco. Tenido de nuevo como radical, es obligado a dimitir en 1868, aunque seguirá en la política hasta su muerte como miembro de la cámara de nobles (fue elevado a esta categoría en aquel momento).

Grabado de Johan Vilhelm Snellman (1804-1881)


Para el sentimiento nacionalista de 1899 Snellman fue el principal personaje del siglo, en especial para los Fennoman, que no olvidarían su aportación a la oficialidad del finés. Pero era recordado sobre todo por ser la primera figura destacada en pedir abiertamente la independencia de Finlandia. 

Tal como aparece en cuadro histórico, Elias Lönnrot , recorrió los campos de Finlandia para recoger los runos ancestrales, que recopiló, como ya sabrán los lectores habituales, en el Kalevala. No viene mal recordar que, para la mentalidad de Sibelius y sus contemporáneos, la obra de Lönnrot recoge en esencia el pasado ancestral de Finlandia: los versos del Kalevala eran parte indisociable del alma finlandesa. Bajo una mentalidad más científica esta pretensión ha disminuido considerablemente, aunque ciertamente hay ecos innegables de la antigua época pagana.

Este desfile de personajes estaba desde luego llamado a ser un final apoteósico para la velada, y para ello Jean Sibelius compuso una música directa y emocionante, dispuesta a lograr lo que su título dice: "Finlandia se levanta". Como ya hemos dicho antes, esta pieza revisada (unos cuantos toques a la dinámica y la recomposición de la coda por dos veces) se convirtió en Finlandia opus 26, la obra más popular de nuestro compositor.

Ya entraremos en un próximo post en un análisis más detallado de la pieza revisada, sólo introduciremos ahora algunas cuestiones. "Finlandia despierta" se estructura en dos partes bien diferenciadas: una introducción de trágicos y pesados acordes y una parte triunfal y exultante, que a su vez incluye una sección hímnica de gran belleza. La coda de esta versión original está basada en las fanfarrias de la segunda parte, no en su sección hímnica como sucede en la versión final.

Para entender qué idea extramusical hay en esta pieza, tenemos que tener en cuenta lo que se representa en el cuadro histórico al que preludia, y el esquema musical mismo, que no es del todo original en la historia de la música: un referente muy claro, como apunta Erik Tawaststjerna, está en la obertura "Egmont" de Beethoven, que nuestro autor había escuchado durante su estancia en Viena, o incluso en la Obertura 1812 de Chaikovsky. Esto es: opresión y liberación, tiranía y victoria, batalla y triunfo.

Los acordes iniciales ya estaban anunciados en "La gran hostilidad", y no deja mucho lugar a la duda que representa la situación de dominación rusa respecto a Finlandia (enlazando con el cuadro anterior), mientras que el carácter del final tampoco nos hace pensar en otra cosa que el camino hacia la independencia, o el sueño de una independencia ya lograda. La melodía hímnica, ciertamente bellísima, es sublime y ensoñadora, un aliento de esperanza de un futuro mejor, una aclamación popular y serena.

Según apuntan las últimas opiniones - por ejemplo el artículo de James Hepokoski en el New Grove Dictionary - nuestro compositor parece citar en esta parte un coro patriótico conocido en la época "Herää, Suomi!" ("¡Despierta, Finlandia!", precisamente el título de la música de Sibelius), obra del autor también finlandés Emil Genetz (quien además fue profesor de Sibelius en Hämeenlinna), publicado en 1882. Esta referencia es además muy semejante a la que en "Karelia" JS.115 hizo con el himno de Pacius-Runeberg (futuro himno nacional), y sin duda el público reconoció el guiño.

En cualquier caso es un final magnífico para esta obra, que tuvo un éxito inmediato en las interpretaciones de concierto de los meses siguientes. Aunque desprendida de su lugar original, Finlandia tuvo en aquellos años esa connotación de obra nacionalista y patriótica, lo que le ayudaría a alcanzar la fama en esos tiempos tan turbulentos. Pero esa es ya otra historia.


DISCOGRAFÍA

Sólo existen dos versiones de la obra registradas y accesibles internacionalmente. La primera en aparecer fue la grabación dirigida por Tuomas Ollila con la Orquesta Filarmónica de Tampere para Ondine (editado en 1998, ODE 913-2). El registro cumplió con su función de descubrir mundialmente la pieza con una buena lectura, pero fácilmente superable como lo demostró la siguiente grabación. El disco también incluía la primera grabación de la "Música para la Asociación de estudiantes de Viipuri" o "Karelia" JS.115, una doble propuesta realmente interesante, que permite comparar las numerosas conexiones entre ambas partituras.



No obstante, de nuevo BIS y Vänskä, en el centenario del estreno, lograron superar con su excelente conocimiento del autor y su indiscutible calidad en un disco que titularon "Finland awakes", evocando el final de la Música de la Prensa. El disco además incluía otras piezas patrióticas como la "improvisación" con recitador opus 30, los tres coros opus 31 (incluyendo el "Aternarnes sång" en su versión original") y una versión intermedia de Finlandia en la que la coda consistía en una versión de la sección hímnica tocada con toda la fuerza posible. Sin discusión, el refinamiento y el especial colorido conseguido por Vänskä hace vibrar estas composiciones, por lo que se convierte, con mucha diferencia, en la primer opción. Como curiosidad señalar que el director finlandés graba además los cuatro acordes del cuadro penúltimo, lo cual no hace Ollila. Esta grabación de la Música para las Celebraciones de la Prensa aparece también el volumen VIII de la Sibelius Edition, dedicado a obras orquestales varias, y del que hablaremos también próximamente.

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En nuestros próximos posts, como ya hemos reiterado, veremos qué suerte corrió esta magnífica partitura, y analizaremos en detalle las Scènes historiques I opus 25 (que reelaboran en forma de suite independiente la música para los cuadros I, IV y III), y Finlandia opus 26 (reelaboración de la música del cuadro final).


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2 comentarios:

  1. Aunque no haya dejado comentario alguno previamente, quiero que sepa que sigo su blog con mucho cariño y admiración.

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  2. Muchísimas gracias por tu amables palabras, gracias por seguir el blog. Le animo a que comente sus impresiones, dudas, críticas, etc. cuando lo desee. Un saludo.

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