martes, 14 de julio de 2015

Biografía (y 51): la voz del norte se apaga (1957)

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1957 supondrá el cierre de una larga vida. Pero, a sus 91 años, Jean Sibelius aún permanece preocupado por su música, y trabajando. A finales de primavera cumple con un encargo que le había efectuado el barítono-bajo Kim Borg, una emergente figura finlandesa de la ópera, y al que además le unía una relación familiar (primo lejano por parte de madre). Se trataba de dos arreglos para su voz, acompañada por orquesta, de antiguas obras. El primero de ellos suponía una vuelta a la tempestuosa juventud y al comienzo de su carrera: el "Lamento de Kullervo", el final del tercer movimiento de su sinfonía/poema sinfónico "Kullervo" opus 7, una versión de concierto con una coda más apropiada y unos retoques a la instrumentación. La segunda se trataba de "Kom nu hit, död" ("Aléjate, Muerte"), la primera de las dos canciones que escribiera para una producción en sueco de "Noche de Epifanía", de William Shakespeare. El original (1909, de su "periodo oscuro") estaba escrito para el acompañamiento de guitarra, revisado después para el piano. La orquestación es cristalina y sutil, muy acabada, y de gran nobleza y tristeza.


"Ni una rosa, ni una rosa
sobre mi negro féretro sea arrojada;

ni un amigo, ni un amigo, 
perturbe la tierra de mi tumba."

El compositor sin embargó necesitó ayuda, porque el temblor de sus manos le impedía escribir en el papel pautado, por lo que contó con la asistencia de Jussi Jalas, al cual dictó la partitura. Su yerno mismo dirigió a Borg el 14 de junio, en la Sala de la Universidad de Helsinki, dentro del marco de la Semana Sibelius de ese año. Estos arreglos suponen su último trabajo musical conocido.


El cantante y compositor Kim Borg (1919-2000). Fotografía de 1965.

El propio Borg grabaría ese mismo año un disco con las más célebres canciones de Sibelius (y las de otro compositor menos conocido, Yrjö Kilpinen) para la Deutsche Grammophon, que se convertiría en todo un clásico.

El entorno del genio nórdico notó que el pensamiento de Sibelius estaba en ese verano más ausente que nunca, completamente despreocupado de las tareas diarias que antes llenaban su vida. "Durante sus últimos meses el hogar del maestro parecía extrañamente alterado... La fuerza vital de su propietario no irradiaba ya el lugar. Estaba en retirada de la vida, y sabía muy bien que su última hora pronto llegaría", recogería Santeri Levas, su secretario.

Aunque no era la primera vez en su vida (de hecho "sintió" la cercanía de la muerte con verdadera hipocondría en más de una ocasión, en especial tras su operación de garganta), en esta ocasión la sensación de vivir sus últimos días le impregnó con clarividente certidumbre, pero al tiempo con gran serenidad. Llevaba tiempo esperando a las aves migratorias, que para él tenían un significado casi místico. El miércoles 18 de septiembre contempló maravillado bandadas de grullas volando sobre el cielo de Ainola: "¡vienen, los pájaros de mi juventud!", exclamó a su hija Margareta desde la balconada, mientras se fijaba cómo una de ellas se alejaba del grupo, daba vueltas sobre la casa, y volvía tras trinar junto con sus compañeras a su viaje lejos del norte...

Una de las últimas imágenes tomadas de Jean Sibelius

Al día siguiente habló por teléfono con dos directores de orquesta, Martti Similä y Malcolm Sargent. A pesar de que algunas de su obras, como sus tres primeras sinfonías, tenían más de medio siglo de existencia, su compositor aún era una leyenda en vida, y eran muchos los intérpretes y admiradores que se atrevían a consultarle para hacer sonar su música. Las visitas personales y cartas con el tiempo habían cedido ante la facilidad de la tecnología moderna, y el teléfono se había mostrado como una manera maravillosa para responder a los músicos. Sir Malcolm Sargent había acudido a Helsinki para dirigir a la Filarmónica en unas horas, y confía en visitarlo. El compositor prometió al director británico oír la retrasmisión que haría la radio. Se fue a la cama algo más pronto, antes de escuchar las noticias como acostumbraba. 

El viernes 20 de diciembre se despertó algo mareado. No obstante leyó como habitualmente la prensa desde su cama, y después le levantó para asearse y vestirse, sin necesitar ayuda. Pero hacia las once de la mañana, mientras tomaba el almuerzo, se desmayó. El médico local, Vilho Laine-Ylijoki, que asistía al músico desde hacía dos décadas, acudió en cuanto pudo, en apenas un cuarto de hora. Seguía desplomado en la mesa, donde acertó a intuir el diagnóstico: una hemorragia cerebral. Con ayuda de una doncella y el cocinero, le llevaron a la cama. 

Sibelius recuperó la consciencia, al menos parcialmente, capaz de darse cuenta de que su propia doble barra final se acercaba. Sus hijas Eva y Katarina estuvieron junto a él. Y por su puesto su mujer Aino, acompañándolo siempre. Pudo decir algunas palabras. Cuando su hija Katarina le comunicó "padre, Eva y Kai están aquí" con un hilo de voz, el anciano músico replicó "Eva y Kai". Esas fueron sus últimas palabras.

El compositor cayó de nuevo en la inconsciencia a las cuatro de la tarde, y hacia las nueve y cuarto dejó de respirar. 

Mientras, en Helsinki, Malcolm Sargent dirigía la Quinta sinfonía, aquella obra que en la que el propio Sibelius había plasmado su lucha por la belleza y la vida, y la contemplación de aquellas aves que emigraban buscando el calor de la luz. Aino encendió la radio, y según explicaría su hija Katarina: "madre tenía la ilusión de que, si el subía el volumen de la radio, quizá él podría levantarse. No era más que un pensamiento ilusorio. Padre estaba lejos."

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La noticia apareció ya en las portadas de los diarios del día siguiente, que le dedicaban extensos artículos (incluso el diario de Madrid ABC hace una extensa crónica en sus páginas 23 y 24, con las esperables inexactitudes) . La esquela oficial se publicó el 24 de septiembre, con las palabras "mi canción está hecha de sufrimientos", escogidas al parecer por el propio compositor. 

El 29 se celebró una ceremonia privada en Ainola, en la que Jalas interpretó al piano el "Canto del corazón" de los coros opus 18, y Próspero de la música para "La tempestad". Tras lo cual se preparó el féretro, que sería llevado a Helsinki para el funeral oficial. Decenas de coches se fueron siguiendo al compositor, creando una cola de una milla.

El coche con el féretro llegó finalmente a la plaza del Senado, iluminada con antorchas, y una docena de músicos, de la Orquesta Filarmónica y de la Sinfónica de la Radio, lo llevaron al interior de la catedral de la capital finlandesa. Se calcula que unas 17.000 personas rindieron tributo a la voz del país, desfilando ante su cuerpo. Los estudiantes hicieron guardia de honor, velando toda la noche.

El lunes 30 de septiembre, tras horas depositando los cientos de coronas, empezó la ceremonia, presidida por el arzobispo Salomies. La catedral estaba llena, y se permitió asistir desde a las más altas autoridades hasta al finlandés común. El altar estaba iluminado por siete velas, que simbolizaban mágicamente las sinfonías del maestro. Además de los himnos religiosos, durante el funeral Tauno Hannikainen dirigió números de "La tempestad", El cisne de Tuonelael movimiento lento de la Cuarta sinfonía, y In memoriam opus 59, sus propias visiones místicas del Más Allá; mientras que el compositor Yrjö Kilpinen realizó el discurso. El acto se cerró con las dos últimas coronas de flores, llevadas por su esposa Aino y el presidente de la república, Urho Kekkonen.

El féretro fue nuevamente llevado por músicos, en esta ocasión incluyendo a compositores de nueva generación, como Einojuhani Rautavaara y Uuno Klami, bajo los compases de la Marcha fúnebre de su Música masónica en el órgano.


Imágenes del funeral de Jean Sibelius, 30 de septiembre de 1957

El silencio imposible de las multitudes acompañó a una nueva procesión de vuelta a Ainola, donde finalmente los restos de Jean Sibelius fueron confiados a su familia. Y en el propio entorno del jardín y bosque de su casa, en un rincón que habían llamado "Rapallo" (rememorando el lugar vacacional que visitó la familia en Italia, en 1901), fue enterrado. Por deseo de su esposa, un conjunto coral formado por miembros del YL y otros coros, entonó de nuevo la "Canción del corazón" opus 18 nº6, y Aino dirigió las últimas palabras al que ya yacía bajo tierra: "con gratitud por una vida que ha sido bendecida por tu gran arte. De tu propia esposa". Años más tarde ambos descansarían juntos, bajo una lápida metálica de absoluta sobriedad.

Tumba de Jean y Aino Sibelius. Foto propia, septiembre de 2007

Inmediatamente el mundo empezó a preguntarse si el maestro había dejado música por estrenar, si en esos largos años de silencio había compuesto obras que aún se desconocían. Su hija Eva Paloheimo ejerció de portavoz de la familia: no había composiciones inéditas. No fue hasta 1982, en el 25 aniversario de su muerte, cuando se anunció que Ainola guardaba en realidad cierta cantidad de valiosas partituras. Se trataba principalmente de obras de juventud, esbozos, y otras pequeñas composiciones que el propio compositor no había tenido en gran estima, pero que los sibelianos celebraron como verdaderos pequeños tesoros. La donación se depositó en la Universidad de Helsinki, llegando a provocar una nueva fase de interés por el compositor, interés que ha seguido e incluso ha ido aumentando hasta el entusiasmo en los últimos años.
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Con la presente postal finaliza la serie dedicada a la biografía de Jean Sibelius. Dedicaremos un epílogo a relatar algunos trazos sobre la vida de sus familiares, y en el futuro habrá espacio para ampliar algunos aspectos biográficos en los que queda aún profundizar.

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