martes, 31 de julio de 2012

¿Las cenizas de la Octava Sinfonía?

En los recuerdos de Santeri Levas, secretaria personal de Jean Sibelius podemos encontrar esta triste evocación:  "en agosto de 1945 me dijo que había destruido la obra entera. «Mi Octava Sinfonía», dijo, «ha estado 'lista' muchas veces. Incluso fui tan lejos como para ponerla en el fuego»".

Ya dedicamos una extensa entrada al problema que suponía la fantasmal Octava Sinfonía de nuestro maestro, con la larga de discusión entre datos, recuerdos y rumores sobre su existencia. Y apuntamos también que el experto Nors S. Josephson (colaborador con la edición crítica completa de Breitkopf & Härtel de la obra del músico finlandés, "JSW") había sugerido la posibilidad de que algunos fragmentos de entre los cientos depositados por la familia Sibelius en la Universidad de Helsinki (los papeles famosos ctalogado bajo "HUL") podían corresponder a esbozos de la sinfonía destruida.

No quisimos cuando escribimos aquel texto extendernos sobre la polémica afirmación de Josephson, que ha sido en los últimos años un verdadero quebradero de cabeza para los grandes expertos sibelianos, y que ha hecho referirse a esa búsqueda de la sinfonía por parte de muchos de ellos como "la búsqueda del Grial", un ideal imposible rayano en la locura mística.

No obstante es justo observar que en estos años se han aportado conocimientos valiosos y discusiones muy interesantes, y que esa búsqueda del objeto "sagrado" ha aportado dosis de verdadera aventura y elevación artística...

Josephson (“On Some Apparent Sketches for Sibelius’s Eighth Symphony”, 2004) había afirmado que unas 800 páginas de bocetos musicales correspondían sin duda al periodo de la Octava Sinfonía. Y ya que sabíamos que en principio el músico finlandés no trabajó en ninguna otra obra orquestal importante (lo cual no es del todo seguro, por cierto), estábamos ante el material primordial de la obra, salvado del fuego, frente a la versión final que acabó en las llamas. Y lo que es más, que en ese estado era posible reconstruirla, a la manera de la Décima de Gustav Mahler.

El resto de los expertos en seguida mostró su completo desacuerdo con las conclusiones de Josephson, tildando esas ideas como parte de una especulación sin mucho sentido. En primer lugar no existía ninguna anotación que vinculara directamente esas hojas pautadas con la Octava (como sí sucedía con otras sinfonías). En segundo lugar ni siquiera los propios esbozos permitían sacar nada en claro, en muchos casos eran simples motivos o armonías sin indicación de instrumentación ni de intención clara. Y en tercer lugar incluso con los mejores fragmentos poco se podía hacer, máxime conociendo el método compositivo de Sibelius, donde la distancia entre el esbozo y la obra final podía a llegar a ser una verdadera batalla en la que se habían dejado atrás decenas de ideas y bocetos, que los había trabajado y desarrollado de manera muy distinta, que los había empleado en otros lugares, y que incluso había llegado a recomponer por completo la obra "final" (caso por ejemplo de la Quinta). 

Ha sido Timo Virtanen, editor principal de la JSW y posiblemente el mejor investigador en activo sobre la obra Jean Sibelius quien finalmente ha echo bajar los pies a la tierra a Josephson y a los que se entusiasmaron con la idea de una Octava Sinfonía reencontrada e incluso reconstruida. Estudiando los bocetos previamente revisados por Nors S. Josephson llegó fácilmente a ver el grado de fantasía que habían protagonizado sus afirmaciones. La mayor parte de los fragmentos no eran más que algunas líneas instrumentales aisladas con un par de compases y, como decíamos, sin indicación ninguna. Ni siquiera los fragmentos más prometedores era posible asignarlos al momento preciso de composición de la Octava, no más allá del intervalo entre 1924 (fin de la composición de la Séptima Sinfonía) y la década de los 30. 

 La familia Sibelius en Ainola, con nuestro músico apoyado en la chimenea, y Aino y las más pequeñas de sus hijas en la mesa. Por el aspecto de Sibelius, la imagen puede ser de c. 1920 o antes.

Pero si la historia parece acabar en un punto oscuro para los buscadores del Santo Grial, Virtanen les ha dado un punto de esperanza estudiando y transcribiendo algunos de los apuntes más claros y al tiempo significativos. "Estos [otros] esbozos bien podrían apuntar hacia la Octava Sinfonía, e indican que Sibelius había despegado hacia una sorprendente dirección" afirma el estudioso finlandés.

No confirma pues que esos distinguidos fragmentos fuesen empleados en la partitura inmolada, sino que simplemente pertenecen a su mismo mundo musical, una nueva dirección estética (más moderna, disonante pero sin salir del ámbito tonal-modal, dentro del subperiodo que hemos llamado "experimentación final" ). Incluso pueden pertenecer al proceso creativo de la Octava, lo cual no quiere decir que sean para la sinfonía: era habitual en el genio nórdico llenar páginas y páginas de esbozos durante la creación de sus grandes obras, bocetos que podía emplear en esas obras, reutilizarlos en obras posteriores. Aunque  en su mayor parte no pasaban de aquellas perdidas hojas de papel. 

En cualquier caso, Virtanen ha presentado tres de esos esbozos al público, los más interesantes para el gran experto. La transcripción desde el manuscrito hasta el programa de edición de su ordenador ha sido sin duda muy ardua, dado que precisamente no se trata de manuscritos claros y precisos. 

Los tres fragmentos (que la prensa ha denominado "de la Octava Sinfonía", cosa que como decimos no es cierta literalmente) fueron tomados por John Storgårds a la Filarmónica de Helsinki e interpretados por aquellos músicos, obviamente impresionados por la posibilidad de que lo que tocaban pudiera pertenecer en verdad a la partitura desaparecida. La interpretación fue retrasmitida por la radio, y un amable usuario de Youtube nos brinda la posibilidad de escucharlos:


El primer fragmento es sin duda el más interesante, y apela al mismo colorido de Tapiola, La Tempestad y las últimas piezas para piano, con atrevidas disonancias pero de gran belleza y profundidad, y en cualquier caso un fragmento fascinante. Era el más difícil de reconstruir. El segundo en cambio se presentaba más completo, aunque es menos interesante, unos breves compases en el habitual estilo de danza dionisiaca del autor. En el tercero sólo tenemos una línea completa de oboe con indicaciones de la armonía, el esbozo de un esbozo, aunque con características claramente sibelianas, con una melodía de tendencias rúnicas.

Es de imaginar que próximamente estos fragmentos aparecerán en grabación comercial, complementando algún disco de Storgårds.


Con las cautelas que hemos presentado, no podemos al menos negar la posibilidad de que estos tres esbozos que podrán aquí oír por primera vez (si el video sigue activo en el momento que lea estas líneas) pudieran haber sido pensados por Sibelius para la perdida Octava Sinfonía, o al menos ser parte de las ideas que la rodearon, o haber sido escritas en el periodo del "silencio de Ainola". De momento no podemos afirmar ni negar nunca. Y puede que nunca lo sepamos.

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Un descubrimiento más ha venido a animar el misterioso panorama en torno a esta "búsqueda griálica": la aparición de cinco cartas de Sibelius a Paul Voigt, pertenecientes al legado de éste último, quien fue copista del músico durante años. Y fue Voigt precisamente quien se encargó de los materiales de la Octava que Sibelius le mandó en 1933, y que constaban de los dos primeros movimientos, o al menos uno con seguridad absoluta. Precisamente se ha encontrado el texto del encargo, que confirma la existencia de la partitura. Otras de las misivas pueden referirse también a la obra, incluyendo una referencia al coro de la obra (del que existen algún otro indicio) pero que también pueden apelar a otros trabajos que el autor revisaba durante los años de silencio.


Lo que no ha sido encontrado entre esos papeles es la copia de la sinfonía, ante la desilusión del mundo sibeliano, que siempre ha visto las partituras de Voigt como la única posibilidad de que exista algo real y completo de la obra. Riitta Yrjänäinen, que está en posesión de los papeles del copista alemán, cree que debió recibir la orden de destruir también su copia. Pero no tanto en la decisión final del compositor, sino en alguna de las "muchas terminaciones" que dio Sibelius a su partitura.


Sin embargo, aún existe la posibilidad de que esa orden no existiera o incluso que no se cumpliese, máxime si pensamos que Voigt murió en 1943, dos años de la hoguera que acabó con la obra definitivamente.

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Si leen inglés, pueden ampliar más sobre estas historia en el Helsingin Sanomat, que ha dado buena cuenta de estos descubrimientos, si bien tengan en cuenta las cautelas que aquí hemos indicado, y que en la prensa no se presentan claras: 

http://www.hs.fi/english/article/Is+this+the+sound+of+Sibeliuss+lost+Eighth+Symphony/1135269867060 (sobre los esbozos Josephson / Vitanen)


http://www.hs.fi/english/article/Sibelius+letters+unearthed+from+document+case/1135269862584 (sobre las cartas a Paul Voigt).

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Y que duda cabe que el misterio seguirá por muchos años. ¿Renacerá algún día la obra de sus cenizas, cual ave fénix? Improbable, pero no imposible. ¿Pero encontraremos algunas de esas cenizas algún día? Quien sabe, puede que hasta las tengamos delante de nosotros...





3 comentarios:

José Manuel Brea dijo...

Bienvenidas estas cenizas sibelianas. Uno está sediento de más música del gran maestro nórdico. Y más en este tiempo necesitado de alimento espiritual.
Saludos cordiales, amigo David.

vsb dijo...

En toda reconstrucción hay un punto, mayor o menor según el caso, de especulación, ahí está la famosa reconstrucción de la Pasión San Marcos de Bach.

Por otro lado, es difícil posicionarse moralmente ante si cumplir la voluntad del compositor o no. Habría que reconstruir la obra repudiada o el arte de los genios es patrimonio de la humanidad más allá de su voluntad?

Recordemos que Rafael Kubelik mandó destruir su magnífico registro de Parsifal. Afortunadamente no se cumplió la voluntad del Maestro, gracias a lo cual, podemos disfrutar de esta magnífica grabación a mayor gloria de Wagner y del propio Kubelik.

Magnífico Post.

David Revilla Velasco dijo...

¡Gracias por vuestras alabanzas!

Para mí el problema fundamental está en la cantidad de material que realmente hay. No tanto la moral, porque de hecho se han grabado obras de juventud, fragmentos, versiones, etc. que al propio Sibelius habría horrorizado que se conocieran, pero se escuchan con interés e incluso con gran complaciencia en algunos casos.

No es el caso por ejemplo del Finale de Novena de Bruckner, o el de la Novena de Mahler, donde hay buen material, se conocían bien las intenciones del autor, etc. En Sibelius además sabemos que la Octava habría sido un salto hacia adelante, una obra única, moderna y novedosa, pero no sabemos exactamente hasta qué punto...
Quizá el caso sea comparable al de la "Décima" de Beethoven, donde se ha reunido un grupo de esbozos para un movimiento a todas luces indigno. Y en el caso de Sibelius aún sería peor...
No, yo creo que salvo que realmente las partituras "completadas" se encuentren, cosa prácticamente imposible, la Octava Sinfonía ni existe ni existirá, aunque estos fragmentos que quizá formen parte de ella sean tan interesantes.