jueves, 12 de febrero de 2009

El bardo opus 64: (y 2) Análisis y discografía

El poema sinfónico Barden opus 64 se enmarca en lo que hemos denominado "periodo oscuro" del compositor, una búsqueda esencialista, alejándose radicalmente de lo superfluo y el sentimentalismo, y acercándose a límites expresivos, rozando la vanguardia en ocasiones, como sucede en la increíble Cuarta Sinfonía opus 63 (1911), el Cuarteto "Voces Intimae" opus 56 (1909), o en las Tres sonatinas para piano opus 67 (1912).

Comparte con estas obras la aparente simplicidad melódica, el cromatismo, la modulación, la vaguedad, el uso del silencio (contradiciendo el "aura sibeliana" habitual). Comparte con la sinfonía además un uso camerístico de la orquesta, unas sonoridades nuevas, insospechadas, y enormemente delicadas (que no están tan alejadas como podríamos pensar de las "melodías tímbricas" de Webern). No usa un cromatismo ni la disonancia tan extremos como en la sinfonía (que utiliza en ocasiones la bitonalidad y roza la atonalidad), que es el su obra más avant garde. Pero el discurrir del poema sinfónico, aunque estable a partir del tono básico de mi bemol menor, hace uso de una modulación constante, errática y evocadora. En cambio el compás vacila constantemente entre 4/4, 3/4 y 2/4, sin que los cambios se perciban claramente porque el propósito es crear un carácter rítmico muy rapsódico.

Todo ello da a la pieza un carácter misterioso, mágico, tremendamente doliente pero sin perder su lirismo. No es una música trágica, pero sí infinitamente triste y callada, melancólica, doliente...

Para describir la obra podemos utilizar las palabras de Otto Kotilainen, en su crítica al estreno de la versión original, a las que nos referimos en el post anterior: "usando una aparentemente sencilla forma el compositor da rienda suelta a sus ideas musicales en este breve trabajo. Los instrumentos de cuerda proceden durante la pieza tranquila y calmadamente como voces suaves, acompañadas por coloreadas y delicadas figuras de los solos de arpa. La composición termina con un poderoso y extenso crescendo del metal. Aparte de mostrar magistralmente su habilidad compositiva, la obra tiene un extraño, rico color."

Uno de los secretos de esta auténtica obra maestra es el sutil empleo de la orquestación, una verdadera lección de color orquestal, partiendo del sonido delicado del arpa, apoyada fundamentalmente en violas y celli divididos, y las maderas coloreando muy suavemente el conjunto. Un momento sensacional de la instrumentación sibeliana, y aunque puedan encontrarse antecedentes en El Cisne de Tuonela o en la misma Cuarta Sinfonía, se trata un momento único en la historia de las obras de Sibelius.

En cuanto al contenido formal queda claro desde el principio de que la obra no tiene un tema definido, sino pequeños motivos que se repiten con una monotonía buscada e inexorable, e incluso simples planos sonoros que se superponen, creando esa "música atmosférica" de la que hablaba Breitkopf - en nuestra metáfora del "aura" podríamos decir que o bien ésta no existe, o bien toda la obra es "aura" -. Lo cierto es que en ocasiones la música evoluciona de una manera un tanto minimalista, pero evitando siempre la repetición que inmovilizaría la pieza.

Al no haber temas no se puede hablar tampoco de que exista presupuestos formales, por supuesto, aunque sí podemos distinguir algo semejante a una forma ternaria compuesta: ABA'B'A'', siendo la sección B' el clímax de la obra. Es en ese clímax donde se rompe brevemente el carácter intimista de la música, con repentino éxtasis sonoro roto tan rápidamente como apareció.

Todo se plantea ya desde los primerísimos compases:
Aquí distinguimos por una parte un motivo ascendente en los clarinetes, seguido de una nota pedal. Tanto motivos ascendentes como pedales y/o acordes de madera y cuerda serán uno de los elementos fundamentales de la pieza. Este motivo en octavas es repetido por el arpa en acordes, que crea así uno de los planos sonoros también constante que se extenderán a lo largo del poema sinfónico.

A continuación se presenta un motivo en las violas divisi, y que de nuevo cruzará toda la obra, conservando además casi siempre la misma instrumentación. Esta breve fórmula es una balanceante sucesión de terceras que parece contrarrestar los motivos ascendentes, para atrapar sin alternativamente el movimiento de la música.

Esa es otra de las características de la obra, la sucesión de motivos ascendentes y descendentes, muy simples, incluso simples escalas, del que la fórmula de las violas es expresión condensada. Este tipo de planteamiento, el desarrollo de simples fórmulas que en ocasiones llegan a sintetizar estructuras más prolongadas (desde extensos temas hasta piezas enteras, como es el caso) es una de las características formales más frecuente en Sibelius, que siempre emplea con absoluta maestría.

Como hemos postulado, en seguida nos encontramos con un motivo descendente para contrarrestar el ascendente anterior, un primer solo de arpa, modulante pero inmensamente delicado, que define el plano sonoro donde se moverá el instrumento, básicamente arpegios modulantes, sin una melodía clara:
A partir de estos materiales transcurre la música, con sutiles cambios de orquestación. Un pequeño interludio, lo que hemos llamado B, trae a las cuerdas en trémolo un nuevo motivo (que los expertos han relacionado con el Cuarteto "Voces Intimae"), surgido como desde algún sombrío pensamiento:
Es tan breve que apenas logra turbar la marcha de la pieza, que de nuevo recupera los planos sonoros originales, aunque la orquestación es algo más amplia. Entonces el motivo de las violas se impone, de nuevo atrapando el vuelo de la música.

Llegamos finalmente al clímax de la pieza, que va sumando instrumentos hasta llegar a una orquesta plena por única vez en la pieza. Y lo hace bajo el motivo que encontrábamos antes como pequeño interludio, ahora más desarrollado y claro:
Es un momento extático, a pesar de lo cual está perfectamente integrado en el tenue transcurrir de la pieza. Puede recordarnos a momentos semejantes en el primer movimiento de la Cuarta Sinfonía, pero desde aquí apuntamos también a un pasaje similar en la inmortal obra de otro compositor - comparación que hasta donde podemos llegar no se ha hecho antes -, el también clímax del preludio al acto primero de "Tristán e Isolda" de Richard Wagner.

Hay cierta similitud evidente en los motivos, además sabemos que Sibelius había estudiado la obra durante su estancia en Viena (1890-91), y que nuestro compositor se planteó en un principio seguir la senda del wagnerismo, senda de la que se alejó muy pronto. Ninguna otra cosa fuera de ese clímax lo relaciona con Wagner, ya que la pieza de Sibelius hace más cercana su obra al impresionismo que al romanticismo vanguardista y absoluto del drama musical.

El éxtasis llega a su fin con una característica explosión de los metales en quintas superpuestas (mib - sib, reb- lab), un pasaje muy similar a algunos de las citadas Cuarta Sinfonía y El Cisne de Tuonela, con las que comparte muchas otras cosas. La cuerda parece sentenciar la obra, pero está claro que es un falso final. El arpa vuelve con su música característica para dejarnos el final real, de nuevo misterioso, evocador, y en infinita tristeza.

Como hemos dicho, Sibelius le negó ninguna inspiración concreta a esta, a pesar de que los expertos la relacionan con facilidad con el poema de Runeberg. Nuestro autor en cambio sí la relacionó de manera vaga con el mundo de los Eddas o los poemas del mítico (y creado en el romanticismo inglés) Ossian, "algo como una balada escandinava de tiempo de los vikingos". Qué decir entonces sobre las recreaciones literarias de fantasía que algunos autores de notas al programa suelen hacer sobre el poema sinfónico...

En cualquier caso esta evocación es muy general, tan sólo puede ofrecernos la imagen de un antiguo bardo narrando alguna vieja historia acompañado por su arpa, que no kantele, como podemos leer en muchas ocasiones. El kantele es un instrumento tradicional finés (con variantes semejantes en todo el Báltico), que tiene que ver más con una cítara que con un arpa (y que Sibelius representa en su cantata "Väinön virsi" opus 110 con el pizzicato de la cuerda).

Discografía

El bardo es sin duda una obra maestra, aunque fuera de los conocedores ha pasado algo discretamente por la historia posterior a su estreno. Sin duda puede desconcertar a los que saben de Sibelius sólo a través de Finlandia y el Concierto de Violín, y en cambio puede sorprender gratamente a los buscadores de modernidad en el autor, con esta pieza avanzada y sumamente original.

La discografía de la obra es relativamente extensa, aunque llama la atención que sea una pieza casi exclusivamente acometida por los campeones de la música de Sibelius y no por directores más generalistas. Desde luego, su carácter enigmático y sumamente moderno, como decíamos antes, y su escasa duración, han podido echar atrás a aquellos directores que no estén muy interesados en el autor en sí.




Orquesta Sinfónica de la Radio Finesa
Okko Kamu
DEUTSCHE GRAMMOPHON (1972) - varias reediciones, incl. en serie Eloquence (2010)

Sin duda la mejor versión es la grabada en los años 70 por un director finés para Deutsche Grammophon, apadrinado en su día por Herbert von Karajan, que nos ha dejado muy pocas grabaciones en general, y aún menos Sibelius, - de los que además no todos son igual de geniales como este -. Kamu entiende perfectamente la obra, dotándola de un carácter mágico e inmensamente evocador, triste, sin sentir la tentación de hacerla romántica, aunque sin caer en la frialdad tampoco. Una interpretación con mayúsculas sin duda, que acompaña a otras igualmente absolutas de Lemminkäinen y En saga, unas grabaciones que les resultarán muy difíciles de encontrar pero que merecerá mucho la pena buscar. La única versión digital de la que tenemos noticia fue parte de uno de los primeros dobles discos compactos de la casa alemana Deutsche Grammophon, en una edición francesa que incluía también unas buenas interpretaciones de Karajan del Sibelius convencional, aunque con una muy buena Tapiola, más tres suites de Grieg nada destacables también por Karajan. Les doy la referencia completa, animando a la búsqueda de estos Sibelius por Kamu, absolutamente imprescindibles para el sibeliano.

Interpretación: 9,5 • Sonido: 7 • Estilo:8,5



Orquesta Sinfónica de Lahti
Okko Kamu
BIS (2011)


Kamu inaugura su regreso a su país natal y la titularidad junto al estandarte del "sonido Sibelius" con un magnífico disco (y formato SACD). Y la magia se extiende a esta partitura. Las texturas son muy delicadas, hermosísimas y cristalinas, y un canto de profunda nostalgia nórdica, todo bajo una tensión y una emoción que parece siempre a punto de estallar. El clímax central produce una emoción aún más destacada por no llegar a saciar ese anhelo... extraña el sonoro ostinato del timbal en esa sección, colocado en un primer plano, con un sentido muy turbador. Los acordes de cuerda que hacen concluir ese pasaje son magistrales. Toda la grabación lo es, aun cuando sólo su antiguo registro lo puede superar.

Interpretación: 9 • Sonido: 8 • Estilo: 9



Sinfonia Lahti
Osmo Vänskä
BIS (2002) (y en el Volumen 1 de la Sibelius Edition)

Si ustedes no tienen la suerte de encontrar esos discos, mucho más fácil le resultará encontrar esta también extraordinaria grabación del gran director, el mayor experto sibeliano, Osmo Vänskä, que le da al El bardo su merecida modernidad, un cuidadísimo y refinadísimo sonido, y un arrebatador sentimiento pesimista. No tiene pega, y es superada sólo por Kamu, y por muy poco. Imprescindible también.

Interpretación: 9 • Sonido: 8 • Estilo: 9



Orquesta Sinfónica de Bounemouth
Paavo Berglund
EMI (1970-78), varias reediciones

Berglund protagoniza una versión muy lenta y solemne, de infinita tristeza más que melancolía, con un arpa perfectamente integrada, llena de agitación interior, aunque el clímax es más bien discreto. Quizá aborde la música con más pesimismo que refinamiento, con cierto dramatismo que creemos que no le va bien a lo obra, pero sin duda Berglund imprime una valorable singularidad trágica a esta obra, al igual que suele hacer con otras del mismo periodo "oscuro".

Interpretación: 8 • Sonido: 6,5 • Estilo:8


 Orquesta Sinfónica de Islandia
Petri Sakari
NAXOS (2000)


 Una sonoridad límpida y cristalina (donde cada timbre se escucha como debe escucharse), heladora, con una calculada distancia pero nunca frialdad expresiva. Este bardo parece sacado de tiempos remotos, míticos. Sakari da a su interpretación un sentido nada  romántico, pero evita caer en la tentación de modernizar la pieza. Además del excelente solista de arpa, la prestación de las cuerdas contribuyen sumamente a las hechizantes sonoridades, sin duda con un toque muy impresionista. A destacar también el fondo  áurico bajo el cual comienza la sección central, que raramente se oye como aquí, y la belleza del clímax, casi tristanesco. Muy recomendable. ¡Y en serie económica!

Interpretación: 8,5 • Sonido: 8 • Estilo: 8,5



 Orquesta Filarmónica de Londres
Thomas Beecham
EMI (1938) - varias reediciones


 Los años 30 son los años de mayor fama mundial del compositor, por lo que es lógico encontrar en esta época numerosos estrenos discográficos de la música del maestro, por parte de los más grandes intérpretes sibelianos de la época. Es el caso de esta  primera grabación de la obra, de la que se encargó el gran Thomas Beecham. El maestro británico nos propone una lectura llena de matices, romántica, con toques wagnerianos incluso - como en el extraordinario clímax-, pero respetando el misterio y la  sugestiva sonoridad de la pieza, a pesar de que la antigüedad del registro impida disfrutarla plenamente. El tempo es equilibrado, y el arpa de la orquesta británica magnífica. Más que una curiosidad: una de las grandes versiones de toda la discografía.

Interpretación: 8 • Sonido: 3,5 (mono) • Estilo: 7




Orquesta de la Ciudad de Birmingham
Sakari Oramo
ERATO (2001)


Versión lenta, de helador aliento nórdico y gran gravedad (casi berglundiana), que combina sobriedad con líneas refinadas y timbres separados, todo bajo un efecto muy impresionista y evocador, algo modernista. Oramo impone una dirección atmosférica e  hipnótica, sin implicarse emocionalmente pero dando un colorido oscuro a la vez que poderoso a la orquesta, que en el clímax parece arrebatado y repleto de sensibilidad. Esta sección en particular resulta especialmente ejemplar, dejándonos oír todas las  sonoridades posibles, incluyendo la escasa percusión, raramente percibida. Muy buena lectura.

Interpretación: 8 • Sonido: 8 • Estilo: 8



Orquesta Nacional Escocesa
Alexander Gibson
CHANDOS (1977)

 
El director escocés opta por en esta segunda grabación por la concentración y sobriedad al máximo, incluso en los timbres asordinados y aterciopelados, con el arpa muy de fondo en el poblado (pero nunca denso) manto orquestal. La monotonía y cierta desolación amarga domina la mayor parte de la pieza, que en su clima da un giro romántico de gran intensidad. Buena versión, mucho mejor que la grabada años antes.

Interpretación: 7,5 • Sonido: 7 • Estilo: 7,5





Orquesta Nacional Escocesa
Alexander Gibson
EMI (1966)

 
Alexander Gibson otorga a El bardo una entidad especial, muy pesimista y desoladora, intranquila y desasosegada, acercándola más que otras grabaciones al mundo de la Cuarta Sinfonía. Su enfoque en efecto es muy sinfónico, de sonoridades amplias e intensas
(a destacar el increíble color otoñal de las violas), con una sección central especialmente apasionada al tiempo que próxima al patetismo, todo ello sin exageraciones. Una gran versión, a la que sólo se puede reprochar, siendo muy exigentes, precisamente ese 
sinfonismo frente al camerismo que demanda la partitura (en el que el arpa no tiene el necesario protagonismo, aunque por otra parte cuenta con una buena solista); además del metro lento, que no añade nada al significado de la pieza.

Interpretación: 7,5 • Sonido: 6 ,5 • Estilo: 7




Orquesta Sinfónica de Gotemburgo
Neeme Järvi
- BIS (1988)
-
DEUTSCHE GRAMMOPHON (2000)

Neeme Järvi ha grabado ésta - como muchas otras piezas orquestales - dos veces, la primera para Bis dentro del primer proyecto de música completa de Sibelius, y la segunda para una serie de discos de Deutsche Grammophon muy interesantes. En la versión de Bis ahonda en el misterio de la pieza, contiene su lirismo para darle un aspecto vacilante y seductor, aunque se recrea con acierto en el sonido. Quizá el arpa solista, Masayo Matsuo, sea muy plano para el buen conjunto de la interpretación. Mejor sonido que la siguiente versión, pero de interpretación no tan destacada, es la que realizó para la Deutsche Grammophon: esta segunda versión se recrea en el preciosismo del sonido, pero la dirección de Järvi, un tanto distante, no aporta ninguna profundidad ni sentido de unidad a la pieza, que más que misteriosa camina errabunda.


- Bis } Interpretación: 7 • Sonido: 6,5 • Estilo:6,5
- Deutsche Grammophon } Interpretación: 6 • Sonido: 8 • Estilo:6



Orquesta Filarmónica de Helsinki
John Storgårds
ONDINE (2010)
 


Storgårds da una visión liviana y otoñal de la pieza, impresionista desde luego, y con cierto aire místico, cuidando el contraste de los timbres pero dejando a su arpa en primerísimo plano. En el clímax se opta por potenciar el contraste, acelerando bastante el  tempo, lo cual no es correcto ni funciona realmente. Una versión correcta, pero nada más. El resto del disco (que incluye una grabación de La ninfa del bosque) es más interesante.

Interpretación: 6,5 • Sonido: 8 • Estilo: 7




Orquesta Sinfónica de Londres
Colin Davis
Grabación de 2000 (directo)
RCA (2003) 


Como Kamu, Colin Davis apuesta por dar a la pieza un carácter melancólico y taciturno, si bien no posee la magia del director finés. Empastando en exceso los timbres, el músico británico no aprovecha la originalidad de la orquestación, aunque la sabe relacionar bien con su propia concepción de la Cuarta Sinfonía. Una interpretación muy interesante, sin embargo, a pesar de que el enfoque no sea el mejor posible, Davis sin duda ama la obra de Sibelius y aquí lo demuestra de nuevo.


Interpretación: 6 • Sonido: 7,5 • Estilo: 6




Orquesta Filarmónica de Moscú
Vassily Sinaisky
- (1991) pub. BRILLIANT (2010)


 Aunque el director ruso no es un gran sibeliano - correcto en todo caso - aquí logra una de sus mejores lecturas en su integral de poemas sinfónico. El bardo de Sinaisky es una evocación, un sueño a medio olvidar. Lento y taciturno, apagado pero melancólico,  muy melancólico. En el clímax central se agita casi salvaje, lleno de pasión, con bellas entonaciones de los violines, con una buena transición de vuelta a los motivos principales. Destacada, aunque quizá por sólo esta agradable sorpresa no merezca tanto la pena 
adquirir el estucho entero.

Interpretación: 6 • Sonido: 6 • Estilo: 6,5

______________
 

Nuestro próximo post girará en torno a una pieza inacabada de la que ya hemos dado unos cuantos datos, los "Fragmentos de una suite para orquesta / Predecesor de Las Oceánidas".

[Ampliado: 1 de julio de 2015]

2 comentarios:

José Manuel Brea dijo...

Esta breve pieza, delicada, introspectiva, misteriosa, plácida y emocionante, melancólica y luminosa, me parece un magistral compendio de la sabiduría sinfónica de Sibelius. Tengo la grabación de Alexander Gibson con la Orquesta Nacional Escocesa (edición EMI) y, sin poder compararla con la Okko Kamu, he de decir que me satisface. Gracias por el extenso e intenso artículo.

David Revilla Velasco dijo...

Gracias, gracias. Procuraré hacerme con las grabaciones sibelianas de Gibson, que han sido bien recibidas por la crítica.