martes, 13 de enero de 2015

Cuarta sinfonía en la menor opus 63 (1909-11): 8. Discografía (1)



Durante este post y los dos siguientes presentaremos hasta un total de 40 grabaciones de la Cuarta sinfonía de Jean Sibelius, disponibles comercialmente de manera más o menos habitual.
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Orquesta Sinfónica de Bournemouth
Paavo Berglund
EMI (1975)


Si hay una obra de Sibelius que se adapte mejor a la sensibilidad de su compatriota Paavo Berglund es ésta, con su oscuridad, sobriedad y desolación. Un control estricto de la orquesta, con un correcto juego de timbres pero sin permitir individualidades, y un manejo perfecto de las masas sonoras, donde nada queda fuera de sitio. Sólo a ratos esta contención y esta sobriedad puede llegar a ser excesiva. Y no obstante, si ese exceso se permite en alguna obra de Sibelius, que sea justo aquí.

El primer tiempo, lento, austero y solemne, comienza con una atmósfera de contenida espiritualidad, que deviene en súbito apocalipsis con la llegada del tema de las fanfarrias, un contraste brutal pero sin estridencia ninguna, creando una sensación general de profunda tristeza. La elevación retorna con el segundo periodo, donde los timbres dejan atravesar más de luz ante la austeridad general. El desarrollo sabe sacar toda la tensión subterránea a la superficie, convirtiéndolo en un siniestro juego de sombras. La reexposición deja al oyente con una mezcla de sensaciones y en la más turbadora duda. El segundo tiempo mantiene sus vínculos con el desarrollo del primero, trabajando formidablemente bien sus aristas y sus pasajes scherzando, evitando la sensación de falta de unidad que dejan otras grabaciones, y  avanzando progresivamente hacia un clima casi de pesadilla. El tercer tiempo comienza con interrogantes y una tensión subyacente insospechada, aunque la profunda tristeza tenga al tiempo algo de lacrimoso consuelo. Los silencios llegan hablar en manos de Berglund con gran sentido trascendente, bruckneriano incluso. El gran tema llega tranquilo y sin estridencias, caminando hacia el clímax de la pieza con un espíritu casi religioso y un final expectante. El último movimiento se ha dejado contagiar de todo el pesimismo anterior, y camina vacilante e inseguro, sin posibilidad de redención. De nuevo tiene un sentido, porque el colapso del movimiento se nutre de esta tragedia contenida, desatada hacia el más negro de los hundimientos, dejando los últimos acordes en la más oscura de las melancolías. Absolutamente imprescindible

Interpretación: 9,5  • Estilo: 8  • Sonido: 7

 

Orquesta de Minnesota
Osmo Vänskä
BIS (2013)


Segunda grabación de Vänskä, también para el sello Bis, pero para la orquesta norteamericana de la que era titular desde 2003 hasta justamente unos meses. Si la primera grabación ya es extraordinaria, en esta segunda va mucho más allá en emociones y compenetración con la obra (en lo que es el mejor registro de esta nueva integral en marcha - probablemente interrumpida -, hasta ahora no tan extraordinaria como el primero). En el aspecto técnico, el director finlandés elabora un dibujo finísimo y un manejo magistral de las sonoridades sibelianas (silencios que se "oyen", rumores de fondo que se perciben con la necesaria claridad) pero más que eso, logra un discurso lleno de sentimiento y de gran hondura espiritual.

El Tempo molto moderato tiene el enfoque perfecto, con modernidad pero sin vanguardismos, con profundidad pero sin abismos ni exageraciones, y con una separación nítida de los timbres, que devienen en una auténtica paleta de colores ocres y oscuros. Las cuerdas rayan lo sublime, contrastando con las sonoridades tremendistas de los metales (pacíficas en la reexposición), una auténtica magia en el pasaje de los trémolos.  El Allegro molto vivace pretende erizarnos el vello y lo consigue, partiendo de un comienzo feérico, que bajo bromas macabras y coloraciones góticas acaba cayendo en la más pura desesperación. Il tempo largo redunda en esa espiritualidad y hondura del primer tiempo, y la lleva aún más lejos, provocando lágrimas inmediatas en el oyente. Su comienzo explora el misterio, la quietud, generando una gran expectativa, hasta que la expresión se desborda en un sumamente emocional tema de los violoncellos. La última aparición del tema roza lo sublime, con un clima trascendente, de suprema espiritualidad y grandeza, que con gran honda pena se va sumergiendo poco a poco en el silencio.  Sin duda uno de los mejores movimientos lentos de la discografía, si no el mejor. El Allegro final también destaca por su fidelidad a la letra y al espíritu de la partitura, con su viaje de la extraña victoria (sin duda un ejemplo de qué pretendía Sibelius en este pasaje) al caos y la derrota final, aceptada con gran resignación. Entre los aspectos más destacables está el sentido del pulso constante que maneja Vänskä, y que dota de gran unidad al movimiento, sin momentos de abandono, hasta los últimos compases, donde la respiración permanece contenida al máximo. Imprescindible.

Interpretación: 9  Estilo: 9  Sonido: 9,5 (SACD)
 


Orquesta Filarmónica de londres
Thomas Beecham
HMV (1937)
varias reediciones, p. ej. NAXOS (2003)

La mítica e histórica grabación de Beecham, la primera "oficial" de la que ya hablamos en su momento sigue siendo un monumento insuperable, y a pesar del tiempo pasado y algunos "peros" se merece estar sin duda en el podio. La versión está llena de dramas interiores, sin gestos exagerados, incluyendo los tempi, que son más animados que en otras muchas versiones (deberían tomar nota quienes identifican lo trascendente con la máxima elongación de la velocidad). 

 
El primer tiempo es abordado con un clima de tristeza y de aceptación casi religiosa. Comienza con un melancólico canto de los cellos, y una atmósfera de incertidumbre que va creando a pesar de los acordes más luminosos. Beecham maneja maravillosamente los silencios (¡lástima de discos de pizarra!), al igual que los timbres, en especial la mágicas técnicas de la cuerda, como unos vibrantes pizzicati. El segundo movimiento ahonda en las contradicciones emotivas, causando una sensación de gran desasosiego y turbación, acentuada de nuevo por los caleidoscopios timbres. Esas mismas sensaciones se dejan notar en el comienzo del tiempo lento, en el que además de los delicados sonidos de la cuerda (que tienen ademanes tremendistas), explora muy adecuadamente modernas sonoridades en los vientos, como un helador pasaje con las trompetas asordinadas. La incertidumbre da paso a la más dolorida pena, regalándonos un primer clímax de gran belleza y melancolía infinita. El segundo clímax parece un triunfo del dolor, sin redención posible, transigiendo poco a poco hacia un desvanecimiento lento y maravilloso. El finale mantiene la agitación del segundo tiempo, con la opresión del peso de todo lo anterior, como de una búsqueda siempre insatisfecha. Bajo sugerencia de Legge, Beecham emplea aquí campánulas en lugar del habitual glockenspiel para asegurar su sonido en aquellos viejos discos, al parecer con aprobación de Sibelius. Lo cierto es que la tímbrica es excelente, y siempre al servicio de la expresión, gótica y modernista. El desasosiego llega al máximo en los pasajes finales, y la sinfonía culmina con una tragedia absoluta, la muerte sin salvación. Un clásico muy recomendable, y no sólo por su carácter histórico, y modelo, sino por ser una de las más emocionantes.

Interpretación: 9 • Estilo: 7 • Sonido: 3 (mono)
 

 Orquesta Sinfónica de Lahti
Osmo Vänskä
BIS (1997)

La primera grabación del director finlandés, efectuada dentro de su mítica conjunción con la Sinfónica de la pequeña ciudad de Lahti, una de las más brillantes de la discografía, es superior a la segunda en cuanto a brillantez técnica, si bien su intensidad dramática es algo menor, ahondando más en su lado más lírico y luminoso dentro de lo que la tenebrosa partitura permite. La lección de estilo es magistral, demostrando aquello de que la Cuarta Sinfonía es entendida de la manera más profunda sólo en el país que la vio nacer. Como nota negativa en este sentido el hecho de su lentitud: una de más prolongadas de la discografía de hecho, apostando por un carácter místico y trascendental sin artificios. También es una de las más cantábiles y brillantes de todos los registros que hemos podido analizar.

 
El comienzo de la obra es muy callado, tenue, profundo y misterioso, dando paso con gran expectación a unas fanfarrias que suenan derrotadas, más que amenazantes, y que desembocan en un clima de luz enrarecida pero intensa, y de nuevo muy misteriosa. Vänskä maneja magníficamente todas las sonoridades que en otros directores quedan muy en segundo plano, y está siempre muy atento a las pedales sibelianas y a distinguir todas las notas e instrumentación de cada pasaje, y en este segundo periodo de la exposición nos da una magnífica lección de esto. Los violines alcanzan la dimensión heladora, y todo el desarrollo se beneficia de sus sonoridades boreales en forma de auras, evitando que los solos de viento cobren demasiado protagonismo. No ha habido terror en esta sección, por lo que la reexposición se muestra más beatífica y esplendorosa que nunca, terminado el movimiento con gran serenidad. El scherzo comienza con ese mismo espíritu, pero ya en el pasaje de las cuerdas la música se arruga y se repliega sobre sí misma con una violencia contenida. El balanceo de los semitonos da muestras de ser una profecía de lo que va a venir, con grandes solos del viento de nuevo. Una transición muy lograda nos lleva al apéndice siniestro del movimiento, que suena más inquietante que trágico, casi hasta fascinantemente oscuro, y que termina como en un interrogante. El tercer tiempo vuelve a la seducción mística del primero, aunque aquí el peso de la tragedia y la tensión se traslucen en cada compás. El director finlandés de nuevo recalca muy bien las diferencias instrumentales, lo que aumenta la sensación de unidad cuando, por ejemplo, los celli anuncian el tema principal cantándolo de manera muy semejante a como lo harán en su plenitud. La magia que se crea con la primera entonación del tema es formidable, aunque quizá el sentimiento no sea tan grande como su colorido, impecable. Los solos de viento antes de la segunda aparición del tema, con toda su agarrota plegaria, dan origen a una gloriosa entonación de la gran melodía, que se ve atenuada con suavidad por los rumores de pasadas batallas. Tras la última aparición todo se disuelve en un clima de gélidas y lejanas luces estelares. Uno de los mejores momentos de toda esta discografía de nuevo nos lo proporciona Osmo Vänskä. El último movimiento quizá necesitaría algo más de energía inicial, pero su equilibrio emotivo e instrumental de nuevo es perfecto. La carrera de corcheas suena nítidamente sibeliana, verdaderas auras, y la vuelta del glockenspiel también demuestra lo necesario que es cuidar y respetar los equilibrios tímbricos y dinámicos de la partitura para que la música cobre su máxima intensidad. El director finlandés reserva todo el gélido terror para los sones córvidos, que poseen una atracción mórbida. Como era de esperar el pizzicato brillantísimo, contrastando con los excepcionales solos de las maderas, y el diálogo con los violines posterior, bajo un ritmo intenso. El colapso es domeñado totalmente por los músicos nórdicos, demostrando lo calculado que tenía su compositor este pasaje en apariencia caótico. La transición hasta la decepción y la desesperanza, a través de un progresivo abandono de las fuerzas orquestales es de nuevo ejemplar. Los últimos compases ofrecen más firmeza que lo que hemos oído habitualmente. Excelente versión, una de las más bellas de escuchar y también una de las más intensas.

Interpretación: 9  Estilo: 9,5  Sonido: 8
 
Orquesta Sinfónica de San Francisco
Herbert Blomstedt
DECCA (1991)


El director sueco-americano logra una grabación magistral, quizá no perfecta (no consigue la misma intensidad a lo largo de toda la obra y le falta algo más - aunque hay demasiado - refinamiento), pero sin duda se merece estar en el olimpo. Y es que parte de las premisas estéticas correctas, con lo que ya tienen gran parte del camino logrado.

 
El Tempo molto moderato debuta con una serenidad boreal, fría y mágica al mismo tiempo, afianzada que no rota por la llegada de las fanfarrias, casi redentoras. Blomstedt consigue una exquisita belleza en los timbres, amplios pero bien definidos. Con la llegada del desarrollo la música revela su carácter más tétrico y fúnebre, con una dirección muy atenta a lo atmosférico, dando todo su significado a las "auras", de manera casi impresionista. En la reexposición se consigue llevar la expresión a la misma mística inicial, preparando el camino para el segundo tiempo. El Allegro molto vivace explora de nuevo su lado más inquietante, con una ingravidez siniestramente apolínea. El tiempo lento hace hablar como nunca a los silencios, llegando de nuevo a momentos de elevada espiritualidad, donde la desesperación y la tenue esperanza se entremezclan bajo la batuta de Blomstedt sin concesión a la superficialidad. En el clímax de la pieza hay que enmarcar la cantabilidad de los violoncellos. El Allegro último final empieza quizá con algo de pesadez, aunque no del todo incorrecta porque da al tiempo mayor firmeza conclusiva. Fantástico el pasaje de los pizzicati, de nuevo con una buena exploración de las auras, al igual que el colapso final, sin estridencias pero dándolo todo. Los últimos compases son de derrota y aceptación. Hagan un hueco en su estantería para esta grabación, sin ser la mejor tarde o temprano debe estar.

Interpretación: 9  • Estilo: 8  • Sonido: 8

Orquesta de Cámara de Europa
Paavo Berglund
FINLANDIA RECORDS (1995)


La tercera grabación de Berglund de la pieza supone un acercamiento mucho más íntimo, sobrio y contenido aún de la pieza, con una pasión domeñada, más negra incluso que en anteriores registros, pero al tiempo con una delicadeza instrumental mucho mayor, debido por supuesto al carácter camerístico de la propia orquesta, demostrando además con ello lo bien que hace a la música de Sibelius, aún en sus grandes sinfonías, los conjuntos menos mastodónticos.

El movimiento inicial explota los sonidos más contenidos de la pieza, con un tono sosegado e íntimo, ni concesiones al efectismo, pero con un poderoso sentido del drama y la tensión interna, y una aplastante sensación de inquietud y pesimismo. A pesar de la habitual sobriedad del director finés, las cuerdas nos brindan grandes momentos de lirismo, aunque sea oscuro e invernal. El segundo tiempo explora de nuevo el carácter más macabro y misterioso de la pieza, con sonoridades casi góticas (estupendas trompetas asordinadas) y un buen equilibrio de fuerzas y timbres sin mezcla. El tercer tiempo nos lleva a los más hondos pensamientos sibelianos, con sonoridades casi mágicas y de intensa aunque siempre domeñada emocionalidad, de nuevo con gran belleza y lirismo en las cuerdas, y clímax verdaderamente sublimes. El cuarto tiempo de nuevo se pliega a la partitura, sin estridencias ni asomo de teatralidad, en una búsqueda intimista de sus más negros sentimientos. El final se expone en forma enigmática, muy en línea de todo lo acontecido hasta ese instante. Una lectura exquisita, magnífica, quizá de menor intensidad a la de otras grabaciones del propio director pero muy a tener en cuenta.

Interpretación: 8,5  • Estilo: 8,5  • Sonido: 8

Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa
Jukka-Pekka Saraste
FINLANDIA (1995) - directo


Que esta sinfonía es muy especial para los finlandeses puede ejemplificarse perfectamente con esta interpretación, muy brillante en cuanto a interpretación, y con un estilo practicado con verdadero entusiasmo.

 
El  Tempo molto moderato comienza con una agitación, y al no mezclar timbres Saraste destaca muchos los bajos, creando un fuerte presentimiento de fatalidad, llegando a las coloridas fanfarrias y al segundo tema, muy plástico. El desarrollo está repleto de una increíble sensación que mezcla movimiento y estatismo, verdaderamente turbadora. La reexposición afianza sus grandes valores, perdiéndose en el silencio. El scherzo acierta plenamente en el tempo, además de la disposición orquestal. El motivo de las cuerdas es ejemplar de nuevo por su conmovedora evolución. Igualmente resulta la segunda parte, opresora e intensa, con toques de gran modernidad. Il tempo largo apuesta por una mirada introspectiva y muy mística, extática en ocasiones, que hace vibrar el silencio y las líneas invisibles de la música como nunca. El tema se presenta siempre profundo, trágico y noble. El finale se muestra impetuoso, quizá un poco atropellado al comienzo, pero lleno de toda la resistencia ante la penalidad acumulada a lo largo de la obra. El glockenspiel suena en su punto, demostrando que su sonoridad es débil sólo si quiera que así sea (o si la toma de sonido es insuficiente). La pieza transcurre con dimensión propia de perpetuum mobile, una carrera hacia el abismo sin descanso ni tregua posible, con un ejemplar "colapso", caótico y trágico, que deriva hacía el borde mismo del universo. Muy buena.

Interpretación: 8,5  • Estilo: 8,5  • Sonido: 7,5


Orquesta Sinfónica de la BBC
Malcolm Sargent
BBC (1965, 2008)


Sargent fue uno de los muchos campeones ingleses de la música sibeliana, honrado con la Rosa Blanca por el gobierno finlandés, aunque por desgracia no nos legó muchas grabaciones, incluyendo un incompleto sinfónico para la EMI que el sello suspendió tras la muerte del compositor. La grabación de sir Malcolm se efectúa aquí para la radio nacional británica en directo (toses incluidas), en septiembre de 1965. La lectura de Sargent es moderna, muy expresiva, austera y hasta trascendental. 

 
El Tempo molto moderato se inicia con un hipnótico balanceo dórico, y un violoncello sobrio y contenido, que va cediendo a la tensión acumulada y resuelta en el tema secundario, en especial en las serenas fanfarrias parsifalianas, hasta llegar a los quejumbrosos solos del final de la exposición. Al llegar el desarrollo la música torna a un aspecto expresionista, casi demoniaco. La reexposición llega a ser verdaderamente redentora. El segundo movimiento está repleto de sensaciones y contrastes, con un sentido dramático y dinámico, casi grotesco en la segunda parte. El tercer tiempo, que debemos calificar de magistral, comienza muy contenido y desolado, como si de un mal presagio se tratase, siendo la primera llegada del tema su desesperanzada confirmación. La primera presentación del tema suena terriblemente oscura en gran parte gracias a las sombras acompañantes que lo rodean, y el tempo desangelado que le imprime el director británico. Si el Allegro molto vivace parece noblemente trágico, el tiempo lento llega a ser la aceptación de la derrota, sensación que se nos confirma con la coda tenebrosa y derrotista. El finale empieza con gran energía y cierta sensación de caos controlado. "El cuervo" llega de nuevo con el ritmo hipnótico del comienzo de la sinfonía, agarrotado y fascinador. El pizzicato central sorprende de nuevo por su modernidad, como la carrera tempestuosa de las cuerdas y sus coloraciones bitonales. El colapso como cabría esperar es sensacional en un director tan comprometido con la vanguardia, y es seguido por una coda como suma expresión del fin y la derrota absoluta. Formidable versión.

Interpretación: 8,5  • Estilo: 7  • Sonido: 6,5 (directo)


  Filarmónica de la BBC
John Storgårds
CHANDOS (2014)

 
Magnífica interpretación, sólo habría que reprocharle una mayor cercanía al drama interior, a cambio de una verdadera lección del estilo.

 
Storgårds crea para el primer movimiento una intensa sensación de misterio y desconcierto, con toques impresionistas como las ráfagas de poderosos sones apocalípticos. Hay cierto sabor mahleriano, pero en su sobriedad y espiritual claramente se nos dirige a los páramos helados del norte. El tempo es bastante ajustado, y el clima ascético se mantiene muy logrado todo el movimiento. El scherzo está brillantemente planteado como una intrigante y turbadora colección de retazos de distintas realidades, que conviven en una extraña simbiosis. Extrañeza, muy lograda, es lo que le define. La segunda parte es fantástica, con sonoridades de auténtico terror y de caminos sin rumbo definidos. El comienzo del tercer movimiento prolonga exitosamente el clima bizarre del anterior, haciendo que la aparición completa del tema sea un momento de auténtica revelación, una mezcla de consuelo y desesperanza total. Excelente sección de cuerda la de la orquesta británica. Todo el tempo respira gran seriedad y elevación, con unos últimos compases que quitan el aliento. El cuarto movimiento quizá suelta un poco el lastre, requiriendo algo más de agilidad y ligereza, ( en el sentido dinámico). El pasaje sacado del poema de Poe logra grandes resultados, como el nervioso pizzicato posterior, que centra el juego de timbres casi psicodélico. La coda es memorable de nuevo por su espíritu de desconcierto y profunda desolación. Magnífica.

Interpretación: 8,5  • Estilo: 8  • Sonido: 9


 
Orquesta Sinfónica de Londres
Anthony Collins
DECCA (1954)


Collins es un maestro inglés al que se le recuerda con gratitud justamente por su ciclo sinfónico sibeliano, para el cual contó con alguna consulta al propio compositor. 

 
El Tempo molto moderato es desde luego ejemplar, sobrio y contenido, muy plástico en cuanto a la conducción del tempo pero no de manera caprichosa, sino adaptándose a cada pasaje con pulcritud. El equilibrio orquestal está muy logrado, en especial la individuación de los vientos. La cuerda debía ser maravillosa si el velo de la vieja grabación no se dejara tales detalles. Las mismas cualidades se observan en el Allegro molto vivace, con elementos que deberían ser guía para otros directores, desde la exacta elección del tempo a los ritmos nerviosos, tan sibelianos, y aquí son quintaesencia de la pieza. El tempo del tercer movimiento en cambio se acelera más de lo necesario, pero aunque le quita por ello la etiqueta de excelente a la grabación, el director inglés consigue un magnífico fresco, severo y oscuro, sin asomo de sentimentalismo, destacando las poderosísimas entonaciones de la cuerda con el tema, y el final del movimiento, donde el tempo se ralentiza y una sabor de amargura infinita inunda el sentir de la sinfonía. El Allegro último también tropieza respecto al tempo, algo lento, pero se compensa de nuevo con una gran elasticidad y dinamismo, y una expresividad muy sentida. Collins aborda acertadamente los aspectos antifonales, hallando el justo medio virtuoso entre la oposición y la unidad. Quizá sólo el glockenspiel parece no estar muy atento a la certera batuta del director. Destaca el colapso, que tiene una gran fuerza, así como los dubitativos últimos compases. En fin, una gran versión, ejemplar en muchos sentidos.

Interpretación: 8 • Estilo: 8  • Sonido: 4 (mono)


 Real Orquesta Filarmónica de Estocolmo
Vladimir Ashkenazy
EXTON (2007)

Ashkenazy ha realizado un segundo ciclo, parcialmente en directo, con la gran orquesta sueca y para un sello japonés (aunque lógicamente tiene distribución europea). En este registro toma lo mejor del primero y salva sus defectos, con una interpretación especialmente sentida y profunda. 

 
El primer movimiento ofrece un clima de tensa espera, brillantes sonidos oscuros y una fuerte ascesis hacia la absoluta sobriedad. Resulta especialmente fascinante el clima sobrenatural del desarrollo, así como la sosegada coda. El segundo tiempo ofrece una perspectiva también muy pesimista desde su comienzo, de nuevo con gran oscura brillantez orquestal. La segunda parte es una carrera hacia el terror y la desesperación. El tercer movimiento comienza con una excelente exploración de sus planos sonoros, creando un efecto impresionista, pero a la turbador y enormemente descorazonado, que encuentra en los primeros amagos del tema su anhelo de redención. La gran ,melodía coral llega con un manto de dolor, y una explosión de sentimiento, que contrasta brutalmente con el pasaje posterior. La coda se convierte en un corazón palpitando, finalizando un movimiento sublime. El finale se adecúa al espíritu sibeliano, de tempo bastante correcto, y de nuevo con gran nivelación de los planos sonoros. La aparición del tema de "el cuervo" resulta brillante, seductora a la vez que terrorífica. El caos impacta, y la coda se convierte en una confesión de derrota, con un tempo muy ralentizado y gestos muy expresivos. Muy buena.

Interpretación: 8  • Estilo: 8  • Sonido: 9 (SACD)


  Orquesta Filarmónica de Nueva York
Leonard Bernstein
SONY (1966)


El enfoque de Bernstein es un enfoque grandioso, moderno, con un toque mahleriano, reforzado por la elección de algunos de los tempi más lentos de la discografía de la pieza. El directo impone su visión, sin contradecir la partitura, elige un camino paralelo para elevar a Sibelius a los altares de la historia de la sinfonía. Quizá una segunda grabación pudiera haber dado una mejor respuesta a la pieza, pero por desgracia no se realizó dentro su planeado ciclo de los 80, con la Filarmónica de Viena, por su fallecimiento. La interpretación es sublime, pero algunas elecciones no se muestran muy afortunadas.

 
El comienzo del Tempo molto moderato es profundo, oscuro, hipnótico, rozando con lo místico, haciendo vibrar cada de las voces interiores. El segundo grupo confirma el carácter místico, con una serenidad extática. El desarrollo se llena de sensaciones de angustia, casi de pesadilla. La reexposición crea una sensación infinita de aceptación y de disolución con el universo. La elección del tempo en el Allegro molto vivace no ayuda a elevar el nivel del registro, aunque despliega una gran sensación de extrañeza y terror gótico, lograda por la idea del director norteamericano de desintegrar elementos para hacer más impresionista la partitura. Con el Il tempo largo volvemos a la magia del comienzo, lanzándonos a través de las profundidades oscuras del universo, que se haya en el interior del alma humana. Bernstein mima cada compás para darle un color absoluto, destacando las sonoridades más abisales como las de fagotes o contrabajos, pugnando con unos violines que se lanzan hacia las alturas en medio de hogueras en cenizas... La primera proclamación del tema de las cuerdas suena nostálgica, anhelante, con violoncelli especialmente vibrantes, la segunda roza el cielo, y la tercera a la misma divinidad. En el Allegro final respira de nuevo el infinito e insaciable anhelo. Queda un poco atrás por el tempo, que resulta algo pesado, a lo que se añaden las campanas tubulares excesivas que aproximan la obra más a la escuela rusa, algo que también sucede con la sección del cuervo, algo gesticulante, mussorgskyana, con un indudable sabor a cuento de terror. El pizzicato central es fantástico, caleidoscópico y con ritmos agitados e hipnóticos. El colapso, más lento aún, nos lleva a un terreno vanguardista, con un verdadero collage de atmósferas y tonalidades. Y la coda es aún más lenta y trascendental si cabe, dando una conclusión a la sinfonía cuasi religiosa. Como hemos dicho una gran interpretación, pero con unos cuantos excesos reprochables, en especial los tempi que lastran el significado de la obra. En cualquier caso un registro que llega a poner los vellos de punta.

Interpretación: 8  • Estilo: 6,5 • Sonido: 6,5

 Orquesta Sinfónica de Gotemburgo
Neeme Järvi
BIS (1984)


Primera grabación de Neeme Järvi con la orquesta sueca, como es la tónica habitual muy superior a la efectuada con el sello amarillo. El director estonio se toma con gran seriedad la obra, que entiende bien, abordándola de frente y desbordando las limitaciones de la orquesta, como las suyas propias ofreciendo una muy buena interpretación, aunque tenga sus desniveles. Los tempi son extremadamente lentos, lo que ayuda a dar profundidad a la pieza pero la hace perder algo de fuerza. 

 
El violoncello entona líricamente el primer tema, que se mueve en una inquietante tranquilidad, pura contradicción. Järvi saca belleza de la frialdad, y no incide en el terror, sino todo lo contrario. La sonoridad acude con acierto a la finura, destacando el diálogo camerístico y concertístico de los solistas, contra bloques más amplios. En sentido contrario quizá una excesiva laxitud impide sacar más del drama que contiene la pieza, pero esto se justifica durante el desarrollo y la exposición, que desatan sus poderes. El movimiento termina con sumisa serenidad. El segundo tiempo prolonga las sensaciones del primero, evitando el expresionismo, y concediendo más a la sugerencia y a lo íntimo, aunque un mayor énfasis rítmico hubiera mejorado el resultado. El tercer movimiento está pleno de un sentimiento elegiaco y amplio, con excelentes diálogos instrumentales, y un fuerte sentimiento de contención y elevación espiritual, que culmina con una ascética aparición del gran tema de la cuerda. Después vibramos con el suspense del pasaje que lo lleva de nuevo a un gran clímax (aunque no muy logrado), que se va disolviendo con suavidad. Sin duda el mejor movimiento del registro, lo que eleva mucho el interés del disco. El tempo final guarda las mismas características que el resto, lo que sin embargo no le favorece: ni su lentitud ni la falta de los aspectos más negros, que parecen evitarse en busca del consuelo que nunca llega. Los últimos compases son relativamente afirmativos, confirmando que Järvi ha querido sacar algo de positividad a la sinfonía más oscura del maestro. A tener en cuenta.
 
Interpretación: 8  • Estilo: 7,5  • Sonido: 7
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5 comentarios:

vsb dijo...

Puede afirmarse que estamos ante el mejor trabajo de Berglund??

Este blog lleva camino (si es que ya no lo es) de convertirse en la máxima referencia, ya no en lengua castellana, sino mundial.

Muchas felicidades y adelante!

David Revilla Velasco dijo...

Muchas gracias de nuevo por las alabanzas, ¡no se merecen! Sólo es un pequeño grano de arena.

Sobre la grabación de Berglud es difícil sentenciar, pero posiblemente sí que lo sea, la obra se adapta tanto a la propia manera de dirigir de Berglund (de hecho sus cuatro grabaciones están muy destacadas en esta lista) como a la tradición de la orquesta (que había sido dirigida por el propio Sibelius incluso), más un plus de "momento especial" que viven algunas conjunciones obra-director-orquesta-grabación, que es difícil superarla. Personalmente, sin ser Berglund mi director sibeliano favorito, tengo esta grabación entre mis favoritas de toda la discografía.

dr. ramsés dijo...

Sé que es una pregunta problemática pero si tuvieras que recomendar una o dos integrales para aquellos que no podemos hacernos con una extensa discografía sibeliana, ¿cuáles serían?? Vanska? Jaarvi?

Tus críticas de Ashkenazi son muy buenas, y no me sorprende demasiado porque le tengo mucha estima como director aunque nunca le he escuchado con Sibelius, recomendarías alguna de sus integrales?

David Revilla Velasco dijo...

Sí, sería una elección muy difícil, porque hay hay directores que hacen maravillas con una sinfonía pero en otras no logran el mismo resultado. Pero me atrvería a recomendar como las más redondas la de Vänskä (aunque recuerdo ahora que su Segunda era un poco floja), o la de Berglund con la Bournemouth. Quizá también la de Blomstedt tiene una buena constante de calidad.

Quizá la de Davis con la Boston y la combinada Karajan/Kamu cumplan como integrales globales, además en serie media.

En serie económica recomendaría mucho la de Sakari para Naxos.

Ashekanazy tienen alguna muy buena (su primer ciclo, del segundo para Exton no lo he escuchado entero), pero más de una más floja. Järvi lo mismo, aunque el ciclo de Bis en cualquier caso.

Pero como digo es muy difícil. Dejamos fuera cosas como la Segunda de Szell o la Quinta + Séptima de Bernstein. Que son palabras mayores.

Sin embargo, si "sólo puede quedar una", quizá la de Vänskä sea la que mejor cumpla en la mayoría de los sentidos (calidad de interpretación, estilo, sonido, etc.)

dr. ramsés dijo...

... pues de entre las versiones sueltas que tengo justo una de ellas es la Segunda de Vänska((

Gracias en cualquier caso, como en todo hay que empezar por algo, siempre contando con que donde cabe una integral caben dos, jeje...

Muchas gracias, porque es un privilegio poder preguntar a un experto en esta música como es el caso. un saludo.