miércoles, 11 de septiembre de 2013

1917: la independencia de Finlandia


Finlandia en la encrucijada (1905-1917)
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En el Imperio Ruso había estallado la revolución. Era marzo de 1917 (febrero en el calendario occidental, de ahí el nombre de "Revolución de Febrero"). El zar se ve obligado a abdicar el 15 de ese mes, con lo que el Gran Ducado de Finlandia, territorio del imperio ruso, perdía también su jefe de estado. La unión con Moscú era una unión personal con el propio zar, y el sucumbir el Imperio finalizaba también ese acuerdo. Al menos esa era la excusa oficial por parte de los finlandeses para contemplar, ante los caóticos sucesos en Rusia, una revisión de su situación legal.

Pero la independencia todavía no era una opción clara. Incluso pocos entre los nacionalistas finlandeses lo concebían dentro de sus ideas más pragmáticas. Por de pronto el gobierno provisional ruso restauró la autonomía tantas veces suprimida, pero no la soberanía, que seguía estado en el gobierno ruso. Las restricciones bélicas finalizaron, y se liberaron presos políticos, regresando muchos de los deportados - Pehr Evind Svinhufvud entre ellos - . Helsinki se llenó de banderas y colorido blanquiazul mientras se cambiaban las enseñas zaristas. La eduskunta (parlamento) se formó de nuevo, de acuerdo a las elecciones del año anterior, que otorgaron la mayoría al Partido Social-Demócrata. Pero la situación no permitía ejercer el poder tal y como a los socialistas hubiesen querido, por lo que se formó un gobierno de coalición en el que Oskari Tokoi, de tendencia moderada, sería el primer ministro. 


La primera petición oficial de independencia, la llamada "Acta de poder" ("Valtalaki" en finés, "Maktlagen" en sueco),  se realiza en la primavera de 1917 por parte de Tokoi. La petición no exigía una secesión total de Rusia: aún se concebía la unión en asuntos exteriores y defensa, pero dejaba en manos del gobierno de Helsinki prácticamente el resto del poder, principalmente los asuntos legislativos y la facultad de nombrar y destituir al gobierno local. Incluso proponía el sufragio universal para el resto de las elecciones y una de las reivindicaciones históricas de la izquierda, la reforma agraria. A pesar de la retórica utilizada y de las especiales circunstancias, en la práctica era un declaración de independencia unilateral, que no tenía en cuenta la existencia del gobierno ruso.


El partido mantenía además contacto frecuente con el Congreso de Soviets, que en principio apoyaba su situación. El resto de los partidos pensaba que los socialistas estaban llegando demasiado lejos. Temían los arrebatos revolucionarios que emanaban de Rusia, creyendo así que el programa de la izquierda traería consecuencias políticas y sociales no deseadas más allá de la independencia en sí (que como vemos, a pesar de ser el tema de fondo, nunca era en realidad la cuestión más importante de la disputa política). Dispusieron entonces colaborar con el gobierno provisional de Alexandr Kerensky para controlar la agitación.



Alexandr Fyodorovich Kerensky (1881-1970), primer ministro del gobierno provisional salido de la Revolución de Febrero en Rusia. Fotografía de 1920

Pero su celo fue mayor del esperado: el presidente ruso, atenazado por la situación interna, veía el peligro de que la revolución pudiera extenderse como una amenaza en Finlandia (geoestratégicamente  muy importante, máxime en plena guerra mundial). Mandó entonces un contingente de tropas cosacas, que tomaron y disolvieron una vez más el parlamento y el gobierno, a pesar de que en teoría su mayoría socialdemócrata estaba próxima a su ideología. Pero era un asunto de secesionismo, mucho más visceral que lo puramente político, y justamente el gobierno de izquierda finlandesa era el más decididamente independentista. 


Kerensky prometió nuevas elecciones, pero la social-democracia contempló la disolución como una agresión. Cuando en agosto la asamblea se volvía a reunir, lo hacía sin la presencia de la izquierda, que inició nuevas protestas, esta vez sin demasiado éxito.


En octubre se produjeron una nuevas elecciones, que dieron como resultado la pérdida de la mayoría absoluta de los socialistas, y el aumento espectacular del Partido Agrario. Aunque se formó en principio un gobierno de coalición, la situación se había polarizado al máximo. El bloque no socialista se hizo especialmente hostil a las propuestas de la izquierda, que finalmente salió del gabinete.


Todo aquel verano vivió un clima prerrevolucionario, con numerosas manifestaciones obreras, a las que se unieron también una importante movilización del campesinado. Como reacción, la Guardia Blanca se vuelve a organizar, esta vez con ayuda de los Jäger, que habían vuelto clandestinamente de Alemania. La reorganización de la milicia ultraconservadora avivó aún más el resentimiento de la clase obrera, que veía como los partidos burgueses aceptaban el control y la represión moscovita, lo que llevó a los revolucionarios dentro de la socialdemocracia (entonces un sector minoritario) a reorganizar también la Guardia Roja, hecho al que en un principio se habían opuesto a pesar de las demandas de sus bases, y a contactar cada vez con más insistencia con los bolcheviques.

La amenaza de enfrentamiento latía en el ambiente, y hubo decenas de ataques e incluso asesinatos políticos, mientras el país sufría un progresivo abandono del poder ruso. Kerensky, pese a sus promesas (y amenazas) era incapaz de controlar Finlandia, y las tropas rusas se disolvían y desaparecían. El poder de facto era ejercido por la socialdemocracia por una parte, y por otra por la Guardia Blanca, con el apoyo cada vez más visible de Alemania.


Entonces, la izquierda convocó una nueva general, que otra vez fue un gran éxito popular. El gobierno pareció replegarse ante algunas de las reividicaciones, aunque a la vez se preparaba para el inevitable enfrentamiento.


La revolución de octubre en Rusia llevó a prácticamente todo el parlamento a dar un giro y apostar definitivamente por la independencia, que ya poseían de en la práctica. Mientras, los socialistas manifestaban su simpatía por el golpe bolchevique. habían formado un consejo revolucionario, que presionaba para que todo el partido se sumara a un estallido revolucionario. Hubo incluso un plan para tomar el poder por la fuerza, encabezada por Otto Ville Kuusinen - quien tras la guerra sería la primera figura del comunismo finlandés -, ocupar los edificios públicos y arrestar a las figuras más importantes de la oposición. Pero en el momento, los revolucionarios se enfrentaron con inseguridad a la idea, y decidieron proseguir por vía parlamentaria y otros medios de presión que se mostraban más efectivos y prácticos, como la huelga.


Otto Ville Kuusinen (1881-1964), uno de los líderes socialdemócratas antes de la independencia, 
después uno de los fundadores del Partido Comunista Finlandés

El bloque conservador optó por recurrir a una ley de 1772, el Acta de Gobierno, que permitía la formación de un consejo de regencia con la autoridad suprema del Gran Ducado, lo que se aprobó el 8 de noviembre. Pero apenas llegaría a ponerse en práctica: el día 15 el nuevo gobierno soviético, surgido de la "Revolución de Octubre", reconocía el derecho de autodeterminación y de secesión a "todos los pueblos de Rusia".

Rápidamente, el parlamento se reunió para estudiar la nueva oportunidad y actuar en consecuencia. Los socialistas esta vez lograron imponerse, y dar un paso más, aliados con el Partido Agrario. Con los principales líderes de la eduskunta como firmantes, se redactó una declaración para formalizar ese traspaso de la autoridad, que no mencionaba expresamente asuntos exteriores ni ejército como el "Acta de poder". Socialistas y agrarios realmente lo veían como un medio para lograr sus anheladas leyes, como la jornada de ocho horas o los gobiernos locales. Pero de facto, se convirtió en la Declaración de Independencia de Finlandia:

El pueblo de Finlandia, por este acto, tomó su destino en sus manos: una medida justificada y demandada por las condiciones actuales. Los habitantes de Finlandia sienten que no pueden cumplir con su deber nacional y las obligaciones humanas universales, sin una completa autonomía. El deseo de un siglo de antigüedad por la libertad espera ahora su cumplimiento, el pueblo de Finlandia tiene que dar un paso adelante como nación independiente entre las demás naciones del mundo. [...] Las personas de Finlandia osan esperar que las demás naciones del mundo reconozcan que con su plena independencia y la libertad del pueblo de Finlandia se puede hacer lo mejor para el cumplimiento de los fines que les ganen una posición independiente entre la gente del mundo civilizado.

(texto y traducción tomadas de wikipedia, e imágenes del texto firmado, en su versión finesa - también fue redactado en sueco -)

Pero el clima social y político no era el adecuado para celebrar el gran paso dado. La huelga continuaba, empeorada por desórdenes muchas veces provocados por tropas rusas descontroladas, que no sabían a qué autoridad someterse. El sector conservador se aglutinó en torno a Svinhufvud, que prometió reinstaurar el orden, y el 26 de aquel caótico noviembre el ya veterano político encabezó un gobierno nombrado por primera y únicamente por el parlamento. El sector revolucionario tuvo que ceder, a pesar de su contribución al reconocimiento del gobierno soviético de Petrogrado, y como consecuencia el nuevo gobierno dejó a toda la izquierda aislada políticamente.

Finalmente el 6 de diciembre la asamblea nacional proclamaba unilateralmente la independencia total de Finlandia (con la oposición del Partido Social-Demócrata a la declaración, claro síntoma que la esquizofrenia partidista era superior a las ideas políticas mismas). Dicha en fecha será el que marque con los años las celebraciones oficiales (aunque como vemos es difícil precisar cuándo se produce realmente tal hecho). Svinhufvud viaja a Petrogrado para recibir la confirmación del Soviet Supremo. El 18 de diciembre (último día del año según el calendario ruso) el gobierno bolchevique concedía la independencia a Finlandia. Días más tarde Alemania, Francia y los países escandinavos reconocían a la nueva nación - España lo haría el 21 de febrero -.





Documento del Consejo de Comisarios del Pueblo que reconoce la independencia de Finlandia

La independencia casi fue un resultado imprevisto de la gran tensión que residía en la tierra nórdica, que lejos de apaciguarse contribuyó más al caos y la creciente hostilidad entre los bandos políticos, aún más radicalizados. En ese año se temía o se pedía antes la revolución que la independencia. Si prácticamente nadie había previsto llegar a tal punto, en los últimos días de 1917 nadie podía prever que Finlandia se convertiría en una república libre, parlamentaria y plenamente democrática (aunque un tanto aislada en los primeros años). Lo que muchos finlandeses sí preveían y temían, fue lo que sí llegó a materializarse: una guerra civil. De la suerte de ese conflicto, que a pesar de su brevedad marcó durante décadas la mentalidad de la recién constituida nación, nos ocuparemos en la siguiente entrega de este recorrido histórico.

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Para el presente artículo se ha consultado principalmente de los libros "Historia de Finlandia" de David Kirkby (2006, edición española de Akal, 2010), y "Los países nórdicos en los siglos XIX y XX" de Jean-Jacques Fol (1978, edición española en Nueva Clío, 1984).
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 1918-19: Guerra Civil. Blancos y rojos. La República de Finlandia

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