viernes, 13 de noviembre de 2015

"Svanevit" ("Cisneblanco"), un cuento teatral de August Strindberg (1901)

Poca presentación podemos hacer en justicia al dramaturgo sueco August Strindberg  (1849-1912) aparte de señalar que se ha considerado el genio literario más destacado de las letras suecas, con obras que se representan (y leen) cotidianamente a lo largo y ancho de todo el mundo. "El paria", "La danza de la muerte", "El sueño", "La sonata de los espectros",  "El pelícano" y sobre todas ellas el memorable drama "La señorita Julia" constituyen su indeleble contribución al repertorio del teatro universal. También novelista y periodista de éxito, pintor, e ídolo popular, salpimentó su existencia con continuas polémicas, dramas personales (hasta tres matrimonios) y muchos periodos de depresión y hasta de proximidad con la locura.
Retrato de August Strindberg, por Richard Bergh (1905)

Una figura inmensa la que supone pues Strindberg, pero el asunto que lo trae a nuestro blog, lo que le conecta a Jean Sibelius, es una pequeña obra que suele pasar desapercibida en las referencias del autor, más allá de su título o las circunstancias biográficas (y anecdóticas) de su creación: "Svanevit", esto es, "Cisneblanco", escrita en 1901 y revisada unos años después. En gran parte esta minusvaloración no es tanto por la calidad misma de la obra, que aun siendo un trabajo obviamente menor ante gigantes como los anteriormente señalados, no deja de carecer de calidad. Sin embargo, se sale del Strindberg más estimado, de su línea estética naturalista de sus primeros trabajos o del expresionismo y la experimentación de los últimos, situándose además en un línea mucho más sencilla que los trabajos simbolistas de la misma época, como las citadas  "La danza de la muerte" y "El sueño". Sumado a todo esto, la inspiración misma en cuentos de hadas y diversas tradiciones folclóricas, como señala la denominación que la subtitula ("ett sagospel", "una obra-cuento" o "un cuento teatral") ha atraído poca atención por ella.

"Svanevit" nace de dos circunstancias (que curiosamente se alienarán más tarde también para llegar hasta Sibelius): la influencia de Maurice Maeterlinck y su matrimonio con la actriz Harriet Bosse.

El propio Strindberg señaló el peso del dramaturgo simbolista belga en su inspiración. Fue después de una representación de su "Princesa Maleine" que presenció en febrero de 1901 cuando se dispuso a escribir la obra que, como en el trabajo de Maeterlinck, traza su trama en torno a una madrasta malvada que quiere casa al deseado príncipe con su propia hija. También existe una influencia más general de "Pelléas et Mélisande" en cuanto al fino velo que separa la inocencia de corte folclórico con la tragedia, oculta bajo el símbolo. Tanto a "Pélleas" como a la propia "Svanevit" les unen además referencias al mundo de Wagner, favorito de los simbolistas: si en el primer caso es a "Tristán e Isolda", en el segundo es claramente a "Lohengrin", cuyo cisne y pregunta del nombre prohibido constituyen ejes argumentales en la obra de Strindberg.


El dramaturgo sueco además habló del peso de varios cuentos del folclore suecos, en especial de alguna de las baladas sobe la reina medieval danesa Dagmar, que inspiró en esta obra la historia de la resurrección.


El "cuento teatral" fue escrito en pleno idilio del autor con Harriet Bosse. La propia figura central, la hermosa hija del Duque, Cisneblanco, parece inspirada por en la actriz. No es raro pues, que una vez concluida su redacción la obra fuera dedicada a Bosse como regalo de bodas.

Harriet Bosse (1878-1961) como la Hija de Indra en el estreno de "El sueño" de 1907

"Svanevit" se publicó al año siguiente, en 1902, junto con otros dos de los trabajos recientes de Strindberg, "El sueño" y "La corona nupcial". La acogida de los críticos fue bastante desigual, lo que muy posiblemente provocó que el trabajo no tuviera una representación teatral inmediata. 


Fue precisamente Harriet Bosse quien rescató la obra del olvido. En la primavera de 1906 la actriz actuó como Mélisande en la obra de Maeterlinck en el Teatro Sueco de Helsinki. La producción - habría decir que por supuesto - contaba con la extraordinaria música incidental que Jean Sibelius había escrito un año antes para el estreno de la versión en sueca de ese mismo teatro. Bosse se emocionó enormemente con la partitura, en especial con el número final que acompañaba a la muerte de la heroína de la obra. Por ello se apresuró a escribir a Strindberg, del que por entonces ya se había divorciado, para que el compositor finlandés fuese quien escribiera la música para el estreno teatral de "Svanevit", que Albert Raft (1858-1938), director del Teatro Sueco de Estocolmo, planeaba montar en la temporada 1906-1907. Strindberg debió reescribir la obra para entonces, dividiéndola en tres actos y añadiendo una escena en la que aparece el joven rey, ausente en el escenario de la versión original.


Pero el montaje de Raft no llegó a producirse. A cambio, el verano de 1907, el director del Teatro de Helsinki, Konni Wetzer planeó representar la obra en la siguiente temporada (pidiendo además a Sibelius específicamente que compusiera la música ya prometida a Strindberg). Tras ser informado de esos planes (incluyendo el hecho de que "Sibelius está ahora componiendo la música a Svanevit y está contentísimo") el autor teatral aceleró el estreno en Estocolmo para esa misma primavera, como Bosse como protagonista. Finalmente ese montaje (que ya estaba en periodo de ensayos) se frustró también, siendo el Teatro Sueco de Helsinki el lugar que tendría el privilegio para el estreno absoluto de la pieza, con la actriz Lisa Håkansson de protagonista, contando además con la excelente música de Sibelius,


El estreno fue un gran éxito, al cual contribuyó en grado sumo la música incidental. Curiosamente la obra sería durante años mucho más representada en Finlandia que en el país natal de Strindberg, y no es nada suspicaz pensar que la firma de Sibelius que acompañó estas producciones tiene mucho que ver.



Teatro Sueco de Helsinki. Fotografía de K. E. Ståhlberg (c. 1906)

De hecho el montaje planeado por Strindberg no pudo conseguir la composición del artista finlandés, probablemente por problemas contractuales con su editor, Lienau. Para el estreno previsto en primavera de 1908 el autor teatral pensó que la música sólo contaría con una trompa y un arpa, recomendando una pieza para esta última de Adolphe Hasselmans. A pesar de contar con el permiso y la admiración del Sibelius, el definitivo montaje producido por Strindberg no contó con su música.


"Cisneblanco" participa del mismo ambiente de cuento de hadas cargado de símbolos que "Pélleas y Mélisande", pero Strindberg no opta por la sutileza onírica y lírica del belga francófono, y desvela más bien toques de realismo en torno a una nada oculta naturaleza sexual. Los símbolos se desvelan fundamentalmente en los colores, omnipresentes a lo largo de los tres actos, así en los diversos animales, flores u objetos, siempre mágicos, que adornan una escena quizá algo sobrecargada de detalles. El "cuento teatral" hace un uso abundante de referencias, principalmente a esos cuentos de hadas de la tradición, a veces asumiendo su auténtico significado folclórico, a veces apelados directamente como referencia (por ejemplo, "caperucita roja" en el primer acto). Los amantes de la música de Wagner, adorado por los simbolistas como señalábamos antes, descubrirán numerosos puntos en común. Además de los citamos antes, cabría señalar también la transformación de las madres del Príncipe y Cisneblanco en cisnes reales (como en "Lohengrin"), la noche de amor de los protagonistas finalmente descubiertos frente al rey burlado (como en "Tristán e Isolda"), o la castidad guardada por una espada (como en "El crepúsculo de los dioses"). 

No es por tanto una obra especialmente brillante ni original, pero sí capaz de suscitar la imaginación del espectador, como también la imaginación del compositor de la música de escena, que sin duda se ha convertido en el principal baluarte para que "Svanevit" no haya sido jamás olvidada.



Sinopsis


[Entre corchetes situamos los números de la música incidental de Jean Sibelius, lo cual nos servirá de guía cuando hablemos de la partitura]


Personajes principales: El joven Rey, el Duque, la Madrasta (esposa del Duque), Cisneblanco (hija del Duque), el Príncipe (enviado del joven Rey), doncellas (Signa, Elsa y Tova), el Jardinero, el Pescador, y la Madre de Cisneblanco y la Madre del Príncipe (como espíritus)

La escena de los tres actos se sitúa en un castillo medieval, rodeado de jardines y junto a la orilla del mar, alrededor de la habitación de Cisneblanco. 


Acto I 

La Madrastra pregunta por la ausente Cisneblanco a las tres sirvientas, mostrándose cruel y amenazando con cortar cuellos si no la revelan donde está. Finalmente la hija del Duque se presenta, pero se niega a llamar "madre" a la Madrastra, que levanta el látigo hasta que es detenida por el propio Duque. 
El noble muestra su cariño por Cisneblanco, y le habla del joven rey al que ha sido prometida, que enviará a un Príncipe para enseñar las costumbres cortesanas. Pero le advierte que no debe preguntar su nombre, ya que "se ha profetizado que quien quiera que lo llame por su nombre tendrá que amarlo". Debe obedecer siempre a su Madrastra, pero por si fuera en exceso malvada el Duque le da un cuerno (de señales) que debe ocultar a los ojos malignos y tocar si se ve en extremo peligro. 
En ese momento se anuncia la llegada de un Príncipe. El Duque debe ir a la guerra [nº1 de la música] pero Cisneblanco debe dormir. Ansiosa por el encuentro, interroga al pavo real que está en la misma habitación [nº2]. El Príncipe aparece finalmente en su armadura, bajo la cual viste de negro; su pelo es también negro. Cisneblanco y el Príncipe se contemplan, y ella le interroga llena de curiosidad primero sobre el rey y luego sobre otros mil asuntos, en un tono avasallador pero lleno de inocencia. Como Cisneblanco, la madre del Príncipe también murió. Gracias a un juego la muchacha consigue averiguar su nombre, pero él le ruega que no lo pronuncie. El joven se siente cada vez más extrañado, pues detecta que en lugar hay magia. Cisneblanco piensa que la Madrastra los espía a través de un espejo y los oye a través de una extraña calabaza. En un momento en que ella se quiere quitar una astilla del pie, el Príncipe quiera ayudarla, pero ella afirma que no puede tocarla sus pies. Poco a poco ambos jóvenes dan señales de su mutuo amor. Entonces entra la Madrastra, descubre el cuerno y ordena a una de las criadas que lo oculte. Intimida al Príncipe para que se quede en el castillo para dormir, en la Habitación Azul. Un cisne cruza volando él rosal, Cisneblanco dice que es su madre. Ella y el Príncipe se dan las buenas noches: le dice que se encontrarán en los sueños, y ambos se declaran finalmente su apasionado amor, en una escena llena de símbolos. La Madrastra ordena que lleven al Príncipe a la Torre Azul, donde se quedará encerrado, y a Cisneblanco que se vaya a dormir.


Acto II

Mientras Cisneblanco duerme en un gran butaca se contempla el vuelo del cisne y un toque de trompeta [nº3]. Aparece la Madre de Cisneblanco, ataviada con plumas de cisne y una pequeña arpa de oro, que deja en la mesa, empezando a sonar sola [nº4]. Lleva a la cama a su hija, y la acondiciona y peina, vistiéndola de blanco mientras sigue dormida. Y nuevo cisne y un nuevo toque [nº5] anteceden la aparición de la Madre del Príncipe, con un atavío muy parecido. Ambas planearon desde el más allá unir a sus hijos, evitar con el consuelo de su amor la crueldad del mundo y el odio del joven rey. Canta el petirrojo y ambas se van. Suenan las tres en el reloj [nº6]. Cisneblanco despierta, percibe que ha sido atendida, y mira con nostalgia los lugares donde estuvo esa tarde con el Príncipe. Entonces imagina en una pantomima que él está ahí, dándole todas las lecciones propias de la corte en un diálogo imaginario y mudo [nº7]. Llega a su puerta de manera física el Príncipe, que le dice cómo en sueños ha estado con ella de la misma forma en que antes ella se lo imaginó. Su conversación amorosa llega hasta la pasión cuando él la besa, y juntos planean huir. Un jardinero vestido de verde irrumpe la escena, ofreciéndoles semillas. Tras su desaparición, ambos parecen terriblemente confundidos, y se ven uno al otro como extraños, discutiendo hasta repudiarse. Ella sale, dejando al Príncipe solo, llorando [nº8]. Entra entonces la Madrastra: le dice que Cisneblanco ha ido a casarse con el rey y no le ama, pero su hija Magdalena en cambio posee las más grandes virtudes para él. Rápidamente todo se prepara para casarlo con Magdalena. Las sirvientas arrojan rosas rojas y blancas, y encabezan el cortejo [nº9]. La novia aparece con un velo, y pronuncia su nombre: príncipe Cabezagris, como es en efecto su cabello ahora. Entonces ella se quita el velo: es en realidad Cisneblanco oculta. El Príncipe la lleva al lecho nupcial, y se acuestan con un espada separando a los amantes, dándose las buenas noches [nº10]. La Madrastra y sus sirvientas tienen el pelo gris, y sospechan de la magia, cuando se dan cuenta finalmente de que no es Magdalena quien está con el Príncipe, sino su hijastra. El Príncipe se aferra a la espada. La Madrastra llama a los soldados para que prendan al Príncipe, e intenta contar el pelo de Cisneblanco para quitarla la belleza, pero una magia se lo impide. El Príncipe llama a su madre, y un cisne cruza volando. Pero se aproximan caballos al castillo, y los enamorados deben ser dejados solos.


Acto III 


La Madrastra traza un plan con su sirvienta Signe. El joven Rey se encuentra con Cisneblanco que, a pesar de haberle traicionado, la perdona. El Príncipe y la muchacha se reencuentran, de nuevo bajo el tañer del arpa [nº11]. Pero el joven Rey se esconde en un armario y les escucha. El Príncipe quiere irse por la presencia de su monarca, pero Cisneblanco confiesa que no ama al Rey. El Príncipe marcha a la orilla del mar. El rey sale de su escondite y pide sangre, amenazando con quemar el castillo [nº12]. Ante el peligro la muchacha toca el cuerno, y entonces llega el Duque. Cisneblanco clama por la inocencia de su amor, pero las sirvientas y soldados declaran contra la hija del Duque. Entonces se convoca una extraña prueba, basada en unas flores flotando en agua que representan a Cisneblanco, al Príncipe y al rey, declarando de esta manera la inocencia de los jóvenes. El Duque repudia a su mujer, ésta intenta dañarlo, pero no puede. La Madrastra invoca un fuego por su hechicería, que sólo cesa tras invocar el Duque la ayuda de Cristo. Sin embargo Cisneblanco presiente que el Príncipe ha muerto. Y efectivamente, cuatro pajes entran en ese momento con su cuerpo. Un pescador les cuenta que, cuando intentaba volver ebrio de amor de su huida por el mar, el Príncipe se ahogó, y ahora su cabello es de nuevo negro. Cisneblanco implora encontrarlo en la muerte o, si no es posible, gracias al amor Cristo resucite [nº13]. Pero aún se siente el poder maléfico de la Madrastra. El Duque quiere quemarla viva, pero Cisneblanco pide piedad por ella. Por esa piedad, la Madrastra aparece, liberada de su maldad, e incita a la muchacha que implore a Dios por la salvación del Príncipe. Ella reza al cielo, y susurra tres veces al oído del Príncipe, que entonces revive. Todos se arrodillan para dar gracias en oración [nº14]. 
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No hemos podido localizar ninguna traducción al español. Si conocen el idioma, pueden leer la obra completa en su idioma original en el siguiente enlace, o una traducción al inglés de la versión original en este otro enlace.



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