miércoles, 28 de febrero de 2018

Kanteletar, la lírica popular recogida por Lönnrot

Hoy, día 28 de febrero, se celebra en Finlandia el "día del Kalevala", día de las letras finesas, pero ante todo día del folclore, de las tradiciones ancestrales y de la cultura popular. La fecha conmemora la publicación del "Kalevala" original en 1835, arranque de toda la cultura puesta de relieve en esta efeméride. Aprovecharemos esta fecha para hablar de la otra gran obra recogida/editada por el padre del "Kalevala", su hermana pequeña, llamada "Kanteletar".

El "Kanteletar" es una colección de poesía lírica - en su sentido estricto, canciones -, compilada y editada por el médico y filólogo Elias Lönnrot, y publicada en tres partes entre 1840 y 1841, a medio camino entre las versiones original y final de su opus magnum, el "Kalevala".  Al contrario que esta última obra, el "Kanteletar" no sigue ninguna estructura narrativa: son canciones individuales agrupadas editorialmente por contextos o temas. Una verdadera colección, tal como la hemos venido definiendo.

Plantea muchas similitudes con el "Kalevala", sin embargo: estos poemas fueron recogidos en su mayor parte por el propio Lönnrot en sus viajes. Sus expediciones en 1828 a las regiones surfinlandesas de Savo y Häme, y a la Karelia finlandesa, le proporcionaron el material para publicar entre 1828 y 1831, en cinco partes, "Kantele", una colección que toma su nombre el instrumento tradicional con el que se acompañaban con frecuencia estas canciones. Justo en 1831 se funda la Sociedad de Literatura Finesa (institución activa hasta nuestros días), que entusiasmada con el trabajo de Lönnrot financia un viaje de recogida de cantos a la Karelia rusa (recordemos que en ese momento históricos toda Karelia estaba unificada como parte del Imperio Ruso, al que pertenecía la región a ambos lados de la futura y actual frontera). Los viajes se extienden hasta 1835, y los poemas recogidos en la región, donde en teoría se conservaban las tradiciones más antiguas del pueblo finlandés, serán la base principal del "Kalevala", pero también suministrarán muchos de los versos para el "Kanteletar". Ese mismo año final de 1835 es la fecha de la publicación, como decíamos, de la primera versión del "Kalevala". 


"Kreeta Haapasalo tocando el kántele en una cabaña campesina", óleo del artista finlandés Karl Ekman (1869). Haapasalo (1813-1893) es una de las kanteletistas más célebres de la historia. Artista itinerante, tocó ante audiencias humildes como también ante la nobleza. Su apellido (en un momento en el que no todos los finlandeses tenían uno, salvo el patronímico) fue sugerencia del poeta Topelius. El cuadro de Ekman refleja un momento de juventud, como puede comprobarse gracias a los carteles que adornan la pared detrás de la instrumentista.

Antes de revisitar el extenso poema mitológico, Lönnrot decide revisar y ampliar su "Kantele" para transformarlo en el "Kanteletar" que actualmente conocemos, y que publicará en tres partes entre 1840 y 1841, con el subtítulo de "Suomen kansan vanhoja lauluja ja virsiä" ("Viejas canciones y baladas finlandesas"). Sobre el título mismo hemos de hacer una aclaración: el sufijo -tar se ha añadido al nombre del instrumento, lo que cambia ligeramente su significado, traducible como "la kanteletista", o "la doncella del kántele". Dicho sufijo hace femenino (o más exactamente, denota "mujer joven" o "virgen") los sustantivos, y es la forma femenina, por ejemplo, de algunas profesiones. O más bien era, porque su uso en finés ha quedado obsoleto. Dicho sea de paso, -tar no denota necesariamente, como se ha dicho, una diosa o criatura divina, si bien es cierto que este sufijo arcaico le encontramos en muchas diosas de la mitología kalevaliana, como Kuutar ("la doncella de la luna"), Päivätar ("la doncella del sol"), Ilmatar ("la doncella del aire"), etc. En todo caso, la personificación tras este título explica bien por qué a esta obra se la ha llamado innumerables veces "la hermana pequeña del Kalevala".

La colección comprende 652 poemas con un total de 22.201 versos. En el prefacio Lönnrot hace una proclama entusiasta de las fuentes populares, en la que claramente se alinea con la tesis romántica del Herder del "Volksgeist". Pero al mismo tiempo se muestra muy moderno al señalar cómo estos poemas pueden servir como un estudio de la vida real del pueblo, de sus tradiciones, de su mentalidad, y - como en los versos finales del Kalevala - no deben ser una muestra fosilizada del pasado o del presente eterno, sino que pueden servir de fundamento a la nueva poesía en finés. Recordemos que en esta época el finés apenas tenía una producción significativa - y mucho menos un reconocimiento - en la literatura culta del país, todavía dominada con rotundidad por el sueco de la élite intelectual y económica. El anhelo esperanzado de Lönnrot se convirtió en verdadera profecía, aunque desde luego una profecía que él mismo hizo cumplir con su propio trabajo, y la poesía de estas obras sirvieron como punto de inicio a la nueva literatura en finés (recordemos en caso de Kallio, recientemente visto aquí).

Tras el prefacio del autor, se insertan los primeros 24 poemas, como muestra general. Tras ellos llegan los tres libros, que no solo se dividieron así por razones editoriales, sino que también contienen una división en tres partes diferenciadas. Al no existir un hilo narrativo como en el Kalevala, la colección se estructura siguiendo una serie de categorías. Así, en el primer libro encontramos las 28 "Yhteisiä Lauluja" ("Canciones generales"), a su vez divididas en cuatro secciones: el comienzo son temas comunes poemas de hombres y mujeres, la mayor parte con un carácter introspectivo, que muestra las dificultades y dura vida en los bosques y páramos finlandeses. 

La segunda sección son canciones de bodas, reflejando los extensos rituales de estas ceremonias populares, en las que los antropólogos han visto complejos y profundos conceptos culturales. Las siguientes secciones se destinan a canciones de pastores e infantiles, respectivamente, en las que el tono melancólico de la primera sección se combina con toques del humor típicamente finlandés.

El segundo libro, con 354 poemas, contiene las llamadas "Erityisiä Lauluja" ("Canciones especiales"), también divididas en cuatro categorías. La primera son versos para muchachas (búsqueda de marido), para mujeres, para chicos, y para hombres (caza, guerra, etc.). Como en el primer libro predomina el tono pesimista y melancólico ante las fuerzas que el individuo no puede controlar, un tono que a veces llega a aproximarse a un sentimiento fúnebre.

La mayor parte de las canciones del tercero, de 60 poemas provienen específicamente de la Karelia rusa, y contienen las Virsi-Lauluja ("Canciones rituales"). El tomo se divide a su vez en tres categorías, aunque agrupando en ocasiones a canciones muy diferentes entre sí. La primera categoría corresponde a antiguos temas religiosos (muchos propios de la Iglesia Ortodoxa antes que de la Luterana o del paganismo), la segunda a temas históricos o épicos, y la tercera a cuentos, en la que se entremezclan leyendas, relatos sobrenaturales, baladas con supuesto tema histórico, etc. 

Tres años después de la muerte de Lönnrot, en 1887, se realizó una nueva edición de la obra que incluía 137 nuevos poemas añadidos. Ediciones subsiguientes han suprimido esta ampliación espuria, excepto por una decena de canciones que se han consideran dignos de formar parte de la misma idea del autor. 


El filólogo, folclorista, médico y botánico Elias Lönnrot (1802-1884). 
Retrato (1872) de Bernhard Reinhold (1824-1892), perteneciente a la Universidad de Helsinki

El trabajo de Lönnrot en esta obra no fue el de mero recopilador y comentador. Los poemas sufren cierto grado de adaptación, aunque bastante menor que en el Kalevala. El labor de edición se limitó a dar versiones más prístinas según el criterio del folclorista (que no coincidiría en grado sumo con los criterios actuales), sintetizando las variantes y depurando algunas formas dialectales que creía incorrectas.

No es lo único que la emparenta con el largo poema épico: los canciones del Kanteletar siguen la misma métrica poética (y por ende musical), la de la llamada precisamente "canción kalevaliana": un esquema prototípico de versos octosílabos con ritmo de sílaba acentuada - átona - acentuada - átona - acentuada - átona - acentuada - átona, y diversas variantes a partir de dicho esquema, de acuerdo a la especial acentuación de idioma finés y su distribución de vocales largas y breves (que hace que en muchas ocasiones no se correspondan con octosílabos):

        Paista päivä, armas päivä

En todo caso los versos se adecúan siempre a un ritmo musical transcribible en nuestra notación como 5/4, con tres grupos de dobles breves terminadas por una característica dupla de largas, que musicalmente eran siempre una misma nota reiterada:


˘ ˘ ˘ ˘  ˘ ˘  ¯  ¯ 
Por supuesto, ese metro original no implica que toda musicalización deba hacerse en compás quinario, aunque es cierto que las versiones musicales lo han utilizado con frecuencia.

Además de la métrica, la canción kalevaliana siempre busca otros recursos poéticos muy musicales, como la continua aliteración, los paralelos, sinónimos y juegos de palabras sobre fonemas similares...

Muchas canciones recogen una alternancia antifonal entre partes: diálogos, solos, mujeres y hombres, etc., que provienen directamente de su práctica musical, y que a su vez se vierte con frecuencia y facilidad en las versiones corales modernas.


El Kanteletar en el arte y la música

Aunque no ha tenido el mismo impacto cultural que su "hermana mayor", el Kanteletar ha sido una inspiración incansable entre las letras y las artes finlandesas. Muchos de los poetas que se atrevían a escribir en la lengua finesa en la segunda mitad del siglo XIX y el comienzo del XX, lo hacían siguiendo el tono, las formas o los temas que se encontraban en esta colección. Eso explica en gran parte el por qué la poesía finesa tenía ese carácter "popular", frente al tono más culto y elevado que definía a la poesía suecoparlante de la época.

En las artes plásticas también se puede percibir el impulso. Además de sus temas, podemos encontrar algún ejemplo inspirado en versos concretos, como este conocido cuadro de Akseli Gallén-Kallela:


"Velisurmaaja" ("El fraticidio",1897), inspirado en el dialogado cuarto poema del prefacio. Pueden escuchar una histórica recitación de estos versos en este enlace, con la voz de Olga Poppius.

Pero ha sido la música donde se puede percibir con rotundidad el peso del Kanteletar, habiendo servido de base a decenas y decenas de composiciones en multitud de estilos. 

Además de las partituras de Sibelius de las que hablaremos a continuación, otros compositores del entorno de la época nacionalista han compuesto obras vocales, fundamentalmente coros, con los versos del Kanteletar: Palmgren, Kuula, Madetoja... Quizá el caso más destacable sea el del compositor Yrjö Kilpinen (1892-1959), que haciendo honor a su sobrenombre de "el Hugo Wolf finlandés" dedicó un extensísimo ciclo, su "Kanteletar-Lauluja" opus 100, escrito entre 1948 y 1950, a musicar 64 de los poemas de la colección para voz y piano, cuya integral abarcaría unas tres horas de música (existe alguna grabación parcial, como la protagonizada por los cantantes Camila Nylund y Hans Lydman, con el pianista Peter Stamm, en el sello CPO, grabada el año 2000).

Entre las versiones musicales más interpretadas están las del compositor Aksel Törnudd (1874-1923), que por su interés por la pedagogía y lo popular se acercó a los textos recogidos por Lönnrot para más de una veintena de coros (un ejemplo de estos coros puede escucharse en una antiquísima grabación de 1929, en este enlace). 

Dentro de la llamada música "folk" finlandesa, la colección ha sido fuente para composiciones e incluso de figuraciones en grupos como las célebres Värttina. Grupos de "rock metal progresivo" como Amorphis (que nutre buena parte de su repertorio también del Kalevala y de la mitología y folclore finés), han grabado numerosos temas sacados del libro de Lönnrot, dedicando incluso un disco en exclusiva ("Elegy", 1996) a canciones inspiradas en sus versos.


El Kanteletar y Jean Sibelius

Entre las composiciones más conocidas y celebradas con versos del Kanteletar están los cuatro coros que Sibelius escribiera con los versos de la antología de Lönnrot. Como expresión de ese ánimo popular y colectivo, el conjunto coral le fue un vehículo incomparable para poner en música estas canciones. Todos ellos fueron escritos en la década de 1890, justamente alrededor del "periodo kalevaliano o karelianista" del autor, en obras que reflejan el mayor peso de la música y el espíritu folclórico de toda su carrera. 

- "Sortunut ääni" ("La voz rota", ¿1898?) y "Saarella palaa" ("Fuego en la isla", 1895) pertenecen al opus 18 (números 1 y 4 respectivamente), y fueron escritos para coro masculino a capella originalmente, aunque años después el propio autor las dispuso también para coro mixto. La primera canción contiene unos pesimistas versos entonados en primera persona pero que, como muchos poemas del libro, pueden asumirse también colectivamente (y así fue probablemente la intención de Sibelius). Es sin duda la que menos huella de la música popular muestra, aunque la huella sea intensa, sin embargo. El segundo coro en cambio es puro folclore, en el que se entremezclan referencias nupciales con juegos de palabras en una secuencia de preguntas-respuestas, que el músico sintetiza muy bien. Ambos poemas se encuentran en el primer libro de Lönnrot, números 57 y 186 del original. 

- "Min rastas raataa" ("Ocupado como un tordo") JS.129 es una deliciosa y dinámica miniatura, llena de contrastes, escrita originalmente para coro mixto en 1898. Pone música a la canción 219 también del primer libro.

- "Rakastava" ("El amante") JS.160, es la composición más extensa de Sibelius basada en la colección, y reproduce hasta tres canciones del primer libro, las 173, 174 y 122. La versión original de la pieza se remonta a 1894, y fue redactada para coro masculino a capella con un solista. Pero encontramos hasta cuatro versiones (!) más de este título en el catálogo sibeliano: una partitura con acompañamiento añadido de orquesta de cuerda que pidió el coro peticionario para superar sus dificultades, un arreglo para coro mixto a capella de nuevo en 1898 (con dos solistas que se reparten el solo original), y una recomposición para orquesta de cuerda de entre 1911 y 1912, de la que contamos además con una redacción original que fue expandida en la final (y que lleva el número definitivo de opus 14). A este título y a sus diferentes versiones dedicaremos nuestra siguiente serie en el blog.

- "Soitapas sorea neito" ("Toca, hermosa doncella") JS.176 fue escrita en algún momento entre 1893 y 1894, para coro mixto a capella con un tenor solista. Plantea muchas semejanzas con "Rakastava", y es posible que obedezcan al mismo impulso. A pesar de su brevedad, su bellísima vocalise es uno de los momentos más hermosos de la música coral sibeliana. Su texto pertenece no al primero, sino al segundo tomo del Kanteletar, a su poema nº238.

- Además de esos cuatro coros, el autor de este blog puede añadir un quinto título con "Tule, tule kultani" ("Ven, ven, mi amada") JS.211, cuya melodía fue una de las tonadas folclóricas que el propio autor recogió en su viaje a la propia Karelia, en 1892. Para esta melodía Sibelius escribió un acompañamiento pianístico, con el cual puede interpretarse como canción de concierto para voz y piano. En la bibliografía sibeliana encontrarán el texto de esta pieza referenciado como de autor anónimo o "folclórico", pero hemos podido constatar que se corresponde con exactitud al octavo poema del primer libro del Kanteletar ("Kultaansa ikävöivä", estrofas 1, 4 y 8). La razón de esta coincidencia es que lisa y llanamente Sibelius pudo recoger un tema popular que seguía vivo décadas después del viaje del propio Lönnrot, aunque Sibelius estuvo más atento a la música que al texto. Tampoco se podría rechazar una hipótesis inversa: algún autor ciertamente anónimo compuso o adaptó una melodía al texto del Kanteletar, y después tal canción fluyó con toda naturalidad al folclore en el medio siglo hasta la transcripción sibeliana. En todo caso podemos unir estos versos al puñado de obras sibelianas basadas en el Kanteletar, aunque sea como transcriptor y arreglista antes que como compositor.


Bibliografía

Gran parte de la información de este post está condensada del artículo "Finnish oral poetry, Kalevala and Kanteletar" de Michel Brand, dentro de la obra colectiva "A History of Finland's Literature", editada por George C. Schoolfield (1998, University of Nebraska Press).

No existe por desgracia ninguna traducción del Kanteletar al español, ni a ninguna lengua romance hasta donde hemos podido averiguar. Lo cierto es que fuera del finés o del ámbito cercano (el estonio, incluso el húngaro), la obra no ha tenido una gran difusión. Los más interesados pueden acudir a la versión en inglés de Keith Bosley (Oxford University Press, 1992), difícil de encontrar, por otra parte. También se ha publicado alguna traducción original al alemán. Quizá sea justamente en los folletos que acompañan a las versiones musicales donde les puede ser más fácil encontrar traducciones.

Como curiosidad, esta mención se encuentra en las famosas "Cartas finlandesas" (1896-98) de Ángel Ganivet: “canciones  cortas  sobre toda clase de asuntos, propias para ser cantadas con acompañamiento  del   kantele,  instrumento de  cuerda,  de  forma  original,  inventado  por  el sabio  héroe  Waeinaemoeinen”.

Si tienen interés en el texto original en finés, aquí sí que es posible recurrir a múltiples y maravillosas visiones del texto. En la propia red, podemos encontrar estos tesoros:

- Una transcripción libre del texto finés original, en varios formatos digitales, en el Proyecto Gutenberg.

- Toda una delicia histórica. El manuscrito original del propio Lönnrot se encuentra escaneado en los siguientes enlaces: la primera parte, la segunda, y la tercera. Como curiosidad, podemos comprobar como en la ortografía del autor se prefiere la "v" a la germánica "w", con el que se representaba el mismo sonido en la época (décadas más tarde se haría normativa la "v").

- De la edición impresa original de 1840-41, podemos disfrutar de la primera parte, y de la tercera.


martes, 13 de febrero de 2018

"Oma maa" ("Mi propia tierra") opus 92, cantata para coro mixto y orquesta (1918): (y 4). Discografía


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Finalizamos la serie dedicada a la cantata "Oma maa" opus 92 con un repaso por su breve discografía. Como ya vimos anteriormente, el idioma y la denominación de "obra patriótica" que se le ha supuesto a la partitura, han alejado sin duda un tanto injustamente a "Mi propia tierra" del mundo de la grabación. Pero sin duda el puñado de grabaciones demuestra que la composición debería ser mucho más interpretada, aun cuando haya que contar con un coro capaz de entonar el poema finés - incluyendo estonios, como veremos -. La muestra sin embargo de por sí es suficiente, y contiene algunos de los mejores registros de toda la discografía sibeliana.


Coro Jubilate
Orquesta Sinfónica de Lahti 
Osmo Vänskä 
- BIS (2001) - también en Sibelius Edition vol.III

Este registro es uno de los más lentos y solemnes, pero no por ello se pierde un ápice la emoción de la pieza sin deriva a místicas celibidchianas, sino una recreación del mensaje más profundo de su música, henchida de belleza por el recuerdo de la contemplación de los paisajes nórdicos.
Simplemente por la manera en la que dibuja el sencillo arpegio inicial de las cuerdas podemos presentir que esta grabación va a ser sublime. El maestro Vänskä perfila con absoluta delicadeza y a la vez precisión cada línea instrumental, que se funde sin confusión con el todo, como le es propio de su batuta. El coro recita pero con la entonación adecuada, y los solos instrumentales que en otras grabaciones pasan más desapercibidos aquí brillan  y se destacan siempre (como por ejemplo, los pocos compases del clarinetes en la primera estrofa). 
El coro protagoniza el arranque del drama, hasta que la orquesta dibuja los símbolos nacionales (sampo y kántele) de manera sublime y ciertamente muy pictórica. El Vivace llega de manera muy sinfónica, como un diálogo entre secciones del foso orquestal, pero el coro recibe su explosión con toda la fuerza, en el momento más sublime quizá de toda esta discografía. Los detalles orquestales enriquecen de tal manera el discurso que la impresión general llega a abrumar por su belleza sin fin.
De nuevo Vänskä maneja a la perfección la transición hacia el pasaje de las "noches del norte", lo que en otros directores apenas tiene importancia se convierte aquí en un fundido maravilloso de colores hacia los frescos de las luces celestes... Cuando el coro se abandona a la voz sola, el director lo subraya con un lirismo y una intimidad inéditas... por ello, al llegar el interludio instrumental el particular nirvana nórdico se hace presente e inunda nuestro corazón. 
La fluidez dramática es total, y como nadie el director finés sabe trasladar la atmósfera lírica para transformarla en la mística grandiosa del final imperceptiblemente, con lo que el oyente se habrá sentido atrapada por el sentimiento de la pieza de forma total. 
Sublime, imprescindible, no solo entre esta selección de grabaciones, sino en cualquier fonoteca de amantes de la música de Sibelius.

Interpretación: 9,5  • Estilo: 9  • Sonido: 8




Coro y Orquesta de la Ópera Nacional Finlandesa
Eri Klas
- ONDINE (1990)

De la cercanía y de la amistad de Finlandia con su compañera Estonia hemos hablado en este blog en más de una ocasión, y por ello no debería sorprendernos que muchos de los mejores directores sibelianos sean también estonios. Además de la dinastía Järvi, el director que nos ocupa, Eri Klas fue una notable figura de la dirección de la república báltica que nos ha dejado unas pocas pero excelentes grabaciones en Finlandia (donde recibió una condecoración tal como la de la Orden del León), firmando uno de los mejores discos dedicados a las cantatas corales del compositor, con aliento musical que denota gran amor hacia estas partituras.
El pulso inicial es algo más animado que en otras versiones, recreándose Klas en las sonoridades etéreas del arranque de la partitura, con una musicalidad muy abstracta y bella. El coro operístico se muestra a la vez muy expresivo y poético, dramático incluso, recalcando cada palabra del poema de Kallio. 
Ciertamente también las descripciones más pictóricas adaptan el tono dramático, y el Vivace se impone por su rítmica y de nuevo por su ánimo narrativo. Aunque la orquesta no se mantiene en exceso discreta con respecto al coro, uno de los grandes aciertos de Klas es dejar que los cantantes lleven el peso de la obra.
La descripción de la noches del norte se arropa de sonoridades ascéticas, que aproximan la música de esta cantata a los compases de obras más tardías como Tapiola opus 112. 
La sección en 3/2 es adecuadamente serena, sosegada, de abrazo universal... el pulso narrativo se impone de nuevo, dando el director estonio un progresivo crescendo no solo dinámico, sino puramente también emocional hasta la glorificación de la "la tierra donde nací", entonado con verdadero sentimiento. Una muy buena versión, entre muchas de las joyas de este disco que aconsejamos al completo para formar parte la discoteca sibeliana.

Interpretación: 8  • Estilo: 8,5  • Sonido: 7,5



Sociedad Coral de la Academia
Orquesta Filarmónica de Helsinki 
Paavo Berglund
- EMI (1985)

La primera grabación que llegó a la discografía internacional fue de la mano del añorado maestro Berglund, que con su visión sobria y un toque dramático, muy dinámico en esta cantata.
El coro adopta un recitado muy conversacional, casi íntimo incluso, mientras Berglund mantiene a la orquesta en su justo plano, dando relieve especial a las instrumentaciones más singulares (campanas y metal para el Sampo, el pizzicato para el kántele). La animada parte central es algo contenida, meditada y hasta nostálgica antes que exaltada, en la que además el director finlandés adopta un toque más sinfónico. 
Con la descripción de las auroras boreales Berglund sabe crea una imagen estática de gran belleza, eléctrica y vibrante sin perder cierto espíritu ascético, en verdad muy nórdico también. 
El interludio instrumental del tema 3/2 adopta una textura camerística, de nuevo intimista y delicada, con el coro respondiendo en el mismo tono de confesión y de devoción, aunque sean los detalles orquestales, como el de las estrellas ofreciendo la belleza de las constelaciones circumpolares y eternas, lo que más destaca.
El gran sinfonismo vuelve para el final de la cantata, que ciertamente es majestuoso pero por sí solo, sin grandilocuencias orquestales. Llama la atención cómo en el último acorde el maestro Berglund recalca la sonoridad del pizzicato de las cuerdas, como un último guiño al mundo del kántele. Buena y emotiva versión, 100% finlandesa en su espíritu.

Interpretación: 7  • Estilo: 8,5  • Sonido: 6,5



Coro Femenino Ellerhein
Coro Masculino y Orquesta Sinfónica Nacionales de Estonia
Paavo Järvi 
- VIRGIN (2002)

De nuevo un director estonio se pone al frente de la obra finlandesa. El vástago más sobresaliente de Neeme Järvi (¡sus hermanos también son brillantes!), director muchos años en Suecia y en EE.UU., firmó en su país natal y con músicos estonios un disco dedicado como el de Klas en exclusiva a las cantatas (coincidiendo en todas menos en una partitura que Järvi no graba y viceversa). Aunque las interpretaciones en general son de nivel, el logro quizá es inferior al de su compatriota (aunque si buscan el disco, este les será más fácil de encontrar, y en series económicas). 
El "Oma maa" de Paavo Järvi tiene un toque más contemporáneo, como corresponde al director, de sonoridades delineadas y elegantes, menos atento en cambio a la expresividad. El coro por su proximidad idiomática entona muy bien los versos fineses (me comentan que apenas se percibe el acento), aunque quizá falle aquí el director en ofrecer una cohesión mayor. La orquesta está algo discreta, incluso apenas de dejan oír algunos de los hallazgos sibelianos (como las campanas), no por la toma de sonido en sí, que es adecuada. El pulso dramático y los cambios de tempo en cambio dan una gran fluidez y espíritu inflamado a la obra, quizá lo más destacable de la grabación, en especial en un Vivace que hace honor a su indicación.
Las noches nórdicas suenan frías, al dar Järvi un color lejano y etéreo al pasaje. "Frío" dicho de sea de paso no en un sentido negativo, ya que logra trasmitir esa atmósfera limpia y de colores puros e infinitos, aunque no tanto la emoción subjetiva que conllevaría.
La sección en 3/2 adopta un tono lírico y suave, profundo y de gran altura por momentos, aunque parece que en ocasiones el coro femenino se abandona demasiado a la recitación o al simple descuido. El final también tiene algunos desajustes entre secciones, pero transmite grandiosidad y solemnidad. Un versión suficiente, pero desde luego la más floja de todas las comentadas. 

Interpretación: 6  • Estilo: 7  • Sonido: 7,5

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No descartando que aparezcan nuevas grabaciones, damos por concluida este serie muy cercanos al centenario del nacimiento mismo de "Oma maa".


jueves, 18 de enero de 2018

"Oma maa" ("Mi propia tierra") opus 92, cantata para coro mixto y orquesta (1918): 3. Análisis

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El análisis de esta cantata representa un reto quizá algo distinto del que presentan otros análisis que hemos dedicado al maestro del norte: estamos ante una obra escrita con rapidez, pero a la vez desde lo más hondo de su corazón, casi como una arrebatada improvisación, por lo que el trabajo motívico, tan esencial en otros casos, no va a ser tan esencial como otros aspectos. La esencia de la grandeza de "Oma maa" reside en la espectacular y sentida relación entre el texto y la música. 

Hay un hecho en esta obra que puede sorprender en Sibelius y más en este periodo de "Serenidad sinfónica": la riqueza de descripciones o incluso madrigalismos (figuras musicales que describen con su dibujo el contenido poético) que pueblan esta cantata, y que la convierten en una verdadera balada vocal con toques de poema sinfónico. En general el autor huye de estos recursos incluso en sus canciones u obras programáticas - con la notable excepción de cantos de pájaro -, pero aquí los versos de Kallio son fuente inagotable de imágenes musicales. ¿Por qué Sibelius se muestra tan pródigo a la hora de dibujar con su música las imágenes de este poema? Quizá ahí mismo esté la respuesta: la poesía es enormemente evocadora, llena de imágenes de por sí capaces de conmover al autor y a tantos de sus compatriotas. Poner en música esos versos sin duda era también plasmar lo que evocaba, sin poder hacer un musicalización más objetiva o abstracta. Conociendo además la presteza del trabajo, es muy posible que esto no fuera si quiera del todo premeditado: el compositor simplemente se habría dejado llevar por su inspiración.

De su escucha pudiera desprenderse en un principio el que el autor ha priorizado la parte orquestal, ya que en muchas ocasiones el coro parece diluido entre los instrumentos. Pero deteniéndonos en profundidad en la partitura quedará claro todo lo contrario: el impulso del discurso musical nace de la parte coral, y la orquesta asume el rol de acompañar y dar color antes que de llevar el peso del devenir musical. Incluso en ocasiones su papel es de doblar (nunca estrictamente, Sibelius evitaba esa clase de superposiciones entre instrumentos o entre voces e instrumentos), o de rodear de figuraciones la marcha de la voz humana. Entonces, ¿por qué nos produce esa sensación? Sin duda porque la parte vocal no tiene una cantabilidad especial, sino que parece moverse con un tono sobrio y arioso. En general la parte vocal es una sucesión de acordes o motivos más próximos a la marcha de una composición orquestal. No estaba muy equivocado pues Madetoja en su crítica a la obra. 

Pero este aspecto no ensombrece en ningún momento la calidad misma de la composición, simplemente la hace más pura, y es explicada justamente como una obra redactada directamente de la mente (y sobre todo fondo del alma) del autor al papel pautado. En esta partitura vemos a un Sibelius como verdadero pintor musical, dibujando y coloreando los paisajes y sensaciones de su tierra natal, y poco importan la técnica o los materiales: la sensación final logra transmitir con pureza esas mismas sensaciones, como un paisaje natural pintado en medio de esa misma naturaleza salvaje. De hacer querido hacer por ejemplo un melodrama con fondo orquestal el resultado hubiera sido sin duda muy semejante. 

La orquesta es una orquesta sinfónica completa pero sin "extras" (sin duda la época de guerra exigía realismo de planteamientos), excepto un breve pasaje de campanas que toca el timbalista (un "color" que retrata el contenido poético): la madera habitual se dispone por pares; 4 trompas, dos trompetas y tres trombones por parte de los metales; timbales (y "campanelli", como decíamos) como única percusión; más la cuerda. En la orquestación como es habitual en Sibelius la sección de cuerda es protagonista, pero incluso en esta obra su predominio es nítido - solo desafiado quizá por algunos pasajes de clarinetes y otras maderas -, dando como resultado un color que anuncia muy directamente al de la Sexta sinfonía. Llamativamente, a pesar de este "cordofilia", si se nos permite el término inventado, no hay muchos pasajes de divisi, tan característicos del autor (¡aunque los hay, por supuesto!). Parece que en cambio que las secciones divididas se las va a atribuir el coro, particelle donde podremos ver pasajes a 6 o incluso a 8 voces, aunque de carácter más acórdico que polifónico.

Aunque en eso pasaje no se beneficie el contrapunto estricto, lo cierto es que toda la escritura de la pieza tiene una tendencia hacia la polifonía mayor de lo habitual en Sibelius, incluso pasajes con cierto carácter imitativo (nunca académico, ni siquiera a la manera libre de los últimos cuartetos de Beethoven), con texturas algo más complejas donde se entremezclan con cierta independencia distintas líneas melódicas. De hecho en muchas secciones de la cantata es difícil seguir un discurso melódico, ya que se privilegia más bien ese efecto polifónico de entremezclar motivos y melodías, en favor así de la sensación global. Sensación que finalmente será más armónica que otra cosa, pues es la armonía la que guía la parte musical de esta obra vocal.

La armonía en sí de "Oma maa" es uno de sus aspectos más interesantes. Más que por usos o fragmentos particulares lo es por su planteamiento general: el uso de la modalidad, en concreto del modo lidio, que domina como nunca la composición aun en el propio Sibelius. El modo lidio es, junto al dórico o el eolio, uno de los principales de la música folclórica finlandesa, perfecto pues para sugerir su espíritu patriótico. Pero apenas vamos a escuchar elementos populares reales (recordemos que Sibelius no es muy afín al uso del folclore típico del nacionalismo musical), ni siquiera se pretende que este modo lidio suene "típicamente finlandés". 

La modalidad de esta cantata es la que le da su color especial, y marca la diferencia para mimetizarse con el contenido descriptivo y sentido de los versos de Kallio. Este sobresaliente color modal enlaza también con la Sexta sinfonía, obra que en la que ya trabaja de forma embrionaria, al tiempo que con la Séptima, mientras revisaba la versión final de la Quinta. Paralelos estos que explica un tanto el carácter un tanto "sinfónico" del discurrir de la cantata.

En todo caso hay que señalar que el modo lidio (cómo el dórico en la Sexta) no es omniabarcador, y la composición incorpora el modo mayor, como así mismo abundantes pasajes modulatorios, que alternan con la pureza casi mística del modo lidio en perfecta simbiosis unos con otros.

La cantata no obedece a ninguna forma concreta, siguiendo un fluir durchkomponiert que sigue las imágenes del texto. Tampoco existe una gran unidad motívica, aunque muchos motivos mantienen una ligazón con los diseños del comienzo coral, como también entre sí. En todo caso la fluidez de la pieza (el compositor realiza un trabajo de orfebrería fina puliendo las transiciones y cambios al máximo) asegura su unidad sin necesidad de otros procedimientos más sofisticados. De nuevo hemos de recalcar aquí la sensación misma de "improvisación", en el mejor sentido de la palabra, que contiene esta cantata, y que es garantía misma, paradójicamente, de su fortaleza como composición.

Antes de que el coro entone los versos del poeta finés, la orquesta realiza unos compases de introducción, para definir simplemente la delicada y hermosa atmósfera de "Mi propia tierra":


Violines y violan desarrollan simples arpegios sobre la tónica, acompañados por el ostinato de violoncelli y la pedal de los contrabajos, juntos con acordes de clarinetes y trompas (y de fagotes después) y un suave redoble del timbal. A pesar de ser una simple introducción que podría resultar "guitarrística" al piano, con la orquestación del genio nórdico se crea un clima muy especial, que además de etéreo contiene un punto de nobleza. Al acorde de tónica se le suma a continuación una sexta añadida, como marca de estilo sibeliano. 

Bajo ese manto y sin ninguna elaboración temática se alza en piano las voces del coro, que cantan los primeros versos de Kallio:

   ¡Completamente dichoso aquel que en su juventud no es arrebatado de su tierra,



La armadura no tiene alteraciones, pero pronto queda establecido que se trata de un Fa lidio (escala de Fa a Fa, con si natural en lugar del sib que lleva la de Fa Mayor). En un comienzo los acordes son los de la tónica, lo que establece el tono. Su persistencia hace que el acorde que contiene el si natural (destacado con un becuadro en la partitura para no confundirlo con el Fa Mayor) no se desvíe hacia Do Mayor (el acorde de fa-sol-re-si becuadro sería su quinta con séptima del quinto grado) y se pierda la modalidad, como por ejemplo sucedía en la "Canción de acción de gracias a la divinidad" del Cuarteto opus 132 de Beethoven, que arranca también en el modo lidio.

Si con esa pureza modal se ha definido ya gran parte del carácter de la pieza, a continuación (en el mismo ejemplo) vemos como armonía se vuelve modulante, justo cuando el texto señala al héroe "arrebatado de su tierra", una de las numerosas evocaciones nostálgicas del poema. La persistencia de los elementos anteriores y la cadencia final de nuevo en la tónica hacen que sin embargo no se pierda la continuidad, aunque aquí el discurso ha aportado su primer toque de melancolía nórdica.

Además de anunciar los colores de toda la cantata, también podemos encontrar en estos compases lo que sería esas ideas germinales que se unen con otras de la pieza, de las que hablábamos. Por una parte la entonación inicial, que no va más allá del ámbito de una quinta (¡como sería propio de las melodías kalevalianas!). En segundo lugar tenemos ese giro de si natural (aquí con una nota intermedia) a do con el acorde de tónica en fa, un giro que será frecuente en la pieza. Incluso antes de eso, la entonación do - sol - la (compases 9 y 10 del ejemplo) se encontrará en más pasajes de la obra. Finalmente, esas ascensiones de tercera menor del pasaje más modulante se verán a menudo en numerosos motivos de la composición.

Con todos esos elementos la música recorre los siguientes versos del poema:

   rechazado por la fortuna o expulsado de las tumbas de los héroes de su pueblo!

Se apoya entonces la música en el acorde de re (menor o dórico). Después, los siguientes versos se alternan entre las voces masculinas y después la femeninas, en ambos grupos con divisi, sobre el mismo material temático (y sin perder el modo lidio en ningún momento).

   No me corresponde como hombre cuestionar las obras del cielo,
   pero mi corazón de nuevo desea suspirar al menos.
   Cuando recuerdo aquella noche que las costas que amaba dejé,
   las lágrimas aun ahora mis ojos siembran.

La orquesta se mantiene discreta, aportando poco más que sus atmosféricos arpegios de la cuerda, y algún colorido pasaje de los clarinetes para dar variedad y dulzura al timbre.

El primer cambio importante surgirá con el comienzo de una nueva idea poética. Para enlazar con ella la orquesta elabora un breve interludio en el que la cuerda aguda (apuntalada por un acorde de oboes con dolore y trompas) se eleva a grandes alturas, para descender hacia un manto de acordes sincopados:

   No, no puedo olvidar los cerros de las tierras del Norte, 

La frase se entonará con un pasaje homofónico y modulante, más intenso y melancólico de lo encontrado anteriormente (en la segunda mitad del ejemplo 1). La emoción sale a flor de piel:



Ahora el viaje finalizará en La bemol Mayor (que es el relativo mayor del homónimo menor de Fa Mayor...), tono que se sostendrá durante el verso siguiente. La melancolía da paso a la emoción del recuerdo de la niñez:

   donde de niño escuchaba cómo el sampo y el kántele sonaban.

Y ese recuerdo corresponde a un verdadero arrebato en la música, que adopta un gesto exaltado hasta formar un dibujo triádico de fanfarria. Tal motivo será la descripción sonora del "Sampo", la fuente mágica de grano cuya griálica búsqueda se convierte en una heroica gesta en el "Kalevala" (notas reales):




El Sampo en el poema de fuentes populares es un objeto un tanto indefinido, pero que parece ser un artilugio metalúrgico, quizá mecánico incluso, de metales preciosos que como una cornucopia generaba abundante grano (una parte para alimento, otra para comerciar, otra para almacenar), y según algunos versos también lo muele como un molino. Una maravillosa fuente de abundancia ante la adversidad de duro cultivar nórdico en todo caso. Hay que señalar que cuando Bergh menciona el Sampo en este poema, lo hace unos pocos años antes de la primera edición del Kalevala, lo que da cuenta de que, gracias al folclore vivo y las primeras publicaciones de canciones kalevalianas, su magia ya era un símbolo popular que el lector asociaba fácilmente con las antiguas y mágicas tradiciones.

Sibelius en unos pocos compases retrata el brillo metálico del Sampo con la triada fanfárrica (no en vano como el Leitmotiv del Oro de Rin en el drama musical homónimo de Wagner). El motivo luego pasa del coro a las trompas, a las trompetas y finalmente a las campanas, en su única intervención en la partitura, perfecta para resaltar la imagen musical. 

Sin solución de continuidad, la fanfarria del Sampo se transforma en otra triada que recogen las distintas voces corales, a la manera casi de un canon, mientras las cuerdas tocan en pizzicato una característica octava. El texto corresponde a los siguientes versos del poema:

   Allá un hombre hacía su tarea, y a Väinö recitaban los hombres,
   niños y osos entre las raíces de los árboles luchaban.

Pero en realidad el pizzicato dibuja el sonido del kántele, el instrumento nacional y mítico de Finlandia, que se apuntaba en el verso anterior. Sibelius ha preferido distribuir en dos imágenes musicales distintas sin perder oportunidad de resaltar ambos símbolos patrios:



Si afinamos un poco el detalle, veremos también que las trompas (con un oboe) tocaban una entonación también de fanfarria para acompañar la "lucha" con los temibles osos de los bosques. Sin embargo ese do - sol - la ya había parecido en la entonación coral del comienzo de la pieza (compases 9 y 10 del Ej. 1).

El pizzicato que inspiraba el instrumento folclórico se prolongará buena parte de la composición, adentrándose incluso en la siguiente sección (lo que asegura con facilidad la unidad). Dicha sección, uno de los momentos más sobresalientes de la pieza, musicará los siguientes versos (alterados por Sibelius para ofrecer el refrán poético-musical "hermoso de contemplar"):

   El fresco tiempo invernal,
   hermoso de contemplar;
   de las auroras boreales están los cielos repletos,
   hermosas de contemplar;
   los cielos invernales, 
   hermosos de contemplar,

El tempo se acelera hasta el Vivace, recuperándose además el tono de Fa (lidio/Mayor) para exponer un firme y rítmico recitado del coro (¡dividido en ocho voces!) que antifonalmente retrata este fervoroso canto de los cielos del norte:



La música tiene cierto toque de recitado, con fórmula repetida e insistente, que destaca un ritmo dactílico (larga - breve - breve) muy propio de la prosodia finesa, así como finales de frase con notas largas repetidas, también muy propias del finés en su adaptación musical típica. Su armonía es expansiva, para crear expectación si llegar a modular. La orquesta se mantiene discreta con prolongados acordes en el viento y el pizzicato  de la cuerda (en contratiempo), que prolonga como decíamos las sonoridades de kántele de la sección anterior. 

La impactante e insistente figura rítmica va acumular tensión hasta una verdadera explosión de luminosidad para dibujar la luz de la mañana:

   como del amanecer el alba incipiente.



Acompañado de los timbres de trompeta y redoble de timbal, el coro va exultante va a dibujar el amanecer con un amplio melisma de notas extendidas. Como contrapunto tiene en los bajos de la cuerda en pizzicato un diseño descendente con una nota pedal a contratiempo, logrando un efecto verdaderamente épico. Este pizzicato tiene lejanos ecos de la Quinta sinfonía (tanto en el tema del movimiento central como el famoso "tema de los cisnes del finale), un paralelo desde luego no casual, no solo en lo musical sino también en lo espiritual.

La secuencia se repite, con una aportación mayor de la orquesta, que canta diferentes figuras fantásticas, mientras el tema del pizzicato (Ej. anterior) se fragmenta y reparte desarrollado entre toda la cuerda y se superpone también al recitado rítmico (Ej. 6). La repetición de la explosión solar se acompaña también de una orquestación más poderosa, con toda la cuerda tocando aquel tema del pizzicato mientras las maderas lo doblan con notas repetidas.

Hasta una tercera vez escuchamos la secuencia, más breve pero más esplendorosa y de sonoridades totales, hasta que el coro extiende las notas del amanecer al infinito. 

De nuevo sin solución de continuidad la música prosigue con una textura más delgada: escuchamos como las últimas notas del coro enlazan con pedales de Fa en la cuerda, con unas sonoridades místicas, mientras el tempo de ralentiza, para ofrecer una de las más hermosas descripciones de la cantata:

   ¡Oh vosotras, noches de verano del Norte, cuando el brillo del sol se aletarga,
   y se refleja en las aguas tranquilas la bóveda del cielo!

De nuevo la imagen inspira a Sibelius para crear una música muy poderosa. El coro entona con mayor grado de polifonía un canto cromático (para llegar a Sol bemol Mayor), que ahora en lugar de melancolía parece reflejar el prodigioso espectáculo del sol de medianoche, de nuevo con un sentido casi místico y panteístico de la naturaleza. La cuerda dobla las voces, no literalmente por supuesto, sino ampliando sus sonoridades con divisi en la parte más aguda y asordinadas: 




Pronto el coro se vuelve más homofónico, mientras la orquesta (maderas y cuerdas) entona acordes estáticos en la parte más aguda (¿reflejando el aletargamiento de los cielos y las aguas tranquilas?). 

La siguiente frase redunda en la misma idea en lo poético:
    
   ¡Oh vosotras, noches de verano, noches del Norte, cuando el sol brilla
   y se refleja en las aguas tranquilas la bóveda del cielo!

Pero en lo musical se produce una variante modulante de la frase coral del comienzo (Ej. 2), acompañada por una cuerda que a veces dobla y otras veces subraya con ritmos sincopados la frase.

Esta frase se repite de nuevo con diseños ascendentes y modulantes, en lo que parece una evidente caracterización musical del brillo del sol que no se oculta tras el horizonte del verano: 



El dibujo es digno de un madrigalismo barroco, pero el músico nórdico además refuerza su carácter con la sucesión modulatoria, que regresa, como de la oscuridad a la luz, al diáfano Fa lidio inicial, reiterado finalmente con el canto con el comenzaba la cantata. 

La secuencia de pasaje en tono indeterminado seguido por largas pedales y notas repetidas en la tónica de Fa lidio se desarrolla repetida a continuación en otro tono. Sobre las largas notales finales se escuchan los versos que van a poner final a esta sección:

   ¡Oh vosotras, noches del Norte, cuando el brillo del sol se aletarga,
   y se refleja en las aguas tranquilas la bóveda del cielo!

Y con ellos se anuncia el tema de la sección final de la composición, entonado en las sopranos:


El anticipo se hace de manera sutil, y perfectamente consecuente con lo anterior, pero no podemos adivinar por el momento qué papel tendrá este diseño descendente. Aún no ha cobrado forma: toda la sección posterior estará en un compás distinto (3/2 frente al 2/4 actual), y además aquí se "frustra" con el bemol sobre el que descansa el final de la frase, a distancia de un tritono de la larga nota inicial (un motivo por tanto muy sibeliano en esta presentación). Como tantas veces el uso de tritono en Sibelius sirve para "disolver" el discurso musical, dejando una sensación muy física de desnudez y de luz apagada... las texturas se vuelven a reducir al mínimo, hasta el punto que - algo muy poco habitual en las obras sinfónico-corales del compositor y aun en esta misma cantata - hay unos pocos compases a capella del coro (estrictamente solo 7, más unos pocos más apoyados por pedales de fa en piano).

El pasaje deja cierta sensación de abandono ante la inmensidad de la noche, pero pronto se ve consolado por el calor humano del siguiente pasaje. Las pedales instrumentales cobran protagonismo para convertirse en un interludio instrumental más extenso (el más importante de la partitura), con el tema en 3 por 2 antes anunciado, y que ahora suena en su forma completa y definitiva, en diálogo entre las maderas (más y un violín solo dando un toque muy delicado):



El tema, de gran dulzura, está compuesto en realidad de la mezcla de distintos retazos motívicos repartidos entre voces, algo que sugiere el contrapunto imitativo, nunca estricto ni remotamente académico, sino una evocación libre de la magia del norte. Curiosamente la nueva sección no se corresponde con un cambio significativo de momento en el texto:

   ¡Oh vosotras, luminosas noches de verano, vosotras luminosas noches del Norte!


Quizá por ello  su tema se había anunciado antes, porque va a seguir siendo una bella evocación de la noches soleadas del norte. Su modo es mayor antes que lidio (e incluso mixolidio en ocasiones, un gesto muy sibeliano), lo que le da un carácter más sosegado y tierno. Este mayor diatonismo será constante también hasta el final de la cantata.

El coro toma el mismo tema sin grandes cambios, incluso sopranos y contraltos se dividen en dos para entonar esas mismas terceras que cantaban las maderas. La orquestación, a la que se suman las cuerdas pronto, es verdaderamente exquisita y refinada, llena de pequeños detalles que dan aún más brillo a la música. 

Toda esta sección musical se va a prolongar bastante en el tiempo, como una larga exposición sinfónica que trabaja un mismo y felizmente hallado tema. Bajo este maravilloso fondo musical, se escuchan nuevas palabras de Kallio:

   Si la Fortuna me alcanzase de nuevo,
   reconocería así todas las islas y todos los estrechos,

Las frases finales del resto del poema van a estar arropadas por el tema de las maderas, que se reinicia constantemente como en una fuga eterna que plasma todas las sensaciones y la nostalgia ante el país amado. A cambio, el coro se ve fundido en la trama de texturas infinitas, como el individuo en medio del pasaje omniabarcador, aunque el texto sea bien inteligible. Durante estos últimos versos las voces van entonar frases sencillas, acordes que parecen un simple recitativo, a veces rememorando el canto original de la obra. La música aquí se define como la conjunción de todas las partes, y el resultado global es sin duda emocionante y espléndido.

No va a conformarse Sibelius aún con la abstracción de este gran pasaje sinfónico-coral sin desaprovechar la oportunidad de estos versos:

   y también las estrellas en el cielo, y la luna.

Para este verso el autor finlandés va esbozar una pintura musical que va a describir el brillo del cielo estrellado gracias a tresillos en la cuerda:



Tras el cielo de estrellas y luna, surge la nostalgia del poeta evocando sus recuerdos:

   Allí está mi mente y allí están mis recuerdos más antiguos,
   allá mi amada permanece, allá mis amigos también.

El devenir musical fluye a una pequeña incursión en los modos menores y de nuevo retorna a la modulación, con una cuerda en ritmos palpitantes de nuevo (bajo una indicación muy acorde de vibrato assai). El tema de las maderas se escucha entonces en toda la orquesta para acompañar el discurso  coral, que se vuelve más solemne, con los dos últimos versos del poema:

   Que se preocupen otros de alabar la belleza de la región de los Alpes,
   más hermosa, más querida

El coro alarga las notas del canto inicial para dar soporte a la proclamación absoluta del amor a la belleza de la patria:



El coro entona pues variaciones de su tema inicial mientras la orquesta, en tutti hasta la doble barra, acompaña con acordes poderosos y cada vez más intensos la voz colectiva del pueblo finlandés, simbolizada por el coro homofónico. Y llegamos a las palabras finales del poema patriótico:

   me es la tierra donde nací.




La frase poética se corresponden también a los compases finales de la música, donde de nuevo se deja en evidencia que es la palabra cantada la que domina la música. La composición finaliza por supuesto con el tutti orquestal y una cadencia perfecta. Esta cadencia de dominante y tónica no es muy habitual en Sibelius, pero viene justificada porque la plagal preferida del autor no produciría el efecto correspondiente en el modo lidio, dejando pues claro el centro tonal de toda la pieza (aunque en la última sección hemos escuchado más bien el modo mayor antes que el lidio).

La sensación final es gloriosa, acumulando y liberando todas las sensaciones que ha dejado esta extensa cantata (entre 12 y 14 minutos en la interpretación), sin duda una partitura magistral del finlandés Jean Sibelius.
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Para ilustrar este análisis contamos con la versión de Paavo Järvi, que comentaremos en el próximo y final post, dedicado como habitualmente a la discografía de la pieza:



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Capítulo siguiente (y 4): Discografía