viernes, 28 de agosto de 2009

Discografía histórica: las sinfonías por Vladimir Ashkenazy

Para quien les escribe, Vladimir Ashkenazy como director sibeliano ha sido un descubrimiento reciente. En el momento en que ese hallazgo se producía, se revelaba un gran director de orquesta que entiende muy bien a nuestro compositor. Pero un director algo desplazado en sus reseñas discográficas sibelianas. ¿Por qué?

Es difícil establecer la causa. Es posible que muchos melómanos hayan percibido alguna vez cierta animadversión de la crítica por Ashkenazy como director en general en contra de su faceta como pianista, que deja menos dudas. De alguna manera se ha incidido en el mito (o más bien prejuicio) de que un buen concertista de piano no puede llegar a ser un buen director. Algo que sencillamente cae por su propio peso: tenemos casos como el Barenboim que ha demostrado hace mucho ser aún más genial a la batuta que a las ochenta y ocho teclas.

No creemos que Ashkenazy tenga que demostrarlo tampoco. Algunas de sus interpretaciones de autores rusos del siglo XX como Rakhmaninov o Skryabin son antológicas. No podemos dudar de su valía como director, aunque no sea siempre genial. Quizá, en efecto, uno de sus males puede ser cierta inconstancia, no siempre sus grabaciones mantienen la misma altura.

Ése es precisamente lo que comentaremos en relación a Sibelius: registros de primer orden junto con "otros más del montón".

Vladimir Ashkenazy grabó a comienzos de la década de los 80, en sus comienzos como director una primera integral de las sinfonías de Jean Sibelius, que es de la que vamos a hablar. El registro se hizo con la Orquesta Philharmonia de Londres, y para su sello habitual, Decca. Además de las siete sinfonías, las grabaciones editadas fueron complementadas con otras obras orquestales de entre las más representativas.

El intérprete ruso se une en ese momento al comienzo de la revaloración de nuestro compositor que se estaba produciendo en esa época, lo cual no es casual. Aunque entraremos más en detalle, haremos algunas valoraciones previas. El Sibelius de Ashkenazy sabe conciliar el sentimiento romántico con una gran sensación de modernidad y originalidad en el aspecto puramente técnico: las sonoridades orquestales. No es ajeno tampoco a lo especial del sentimiento nórdico, con establece una especial simbiosis. Al final del presente post comentaremos una entrevista en la que el propio músico ruso señala el por qué de esta vivencia.

La edición original de Decca apareció en 6 discos de no muy extensa duración (una edición pensada todavía para discos de vinilo y microcasette). Esa edición está descatalogada por lo que no detallaremos las referencias completas, aunque es la que nos ha servido a nosotros para escuchar y analizar estas interpretaciones.

La Primera Sinfonía tiene muchos elementos para que a priori Ashkenazy pudiese volcarse en ella. Y así es, en efecto. La sinfonía más influenciada por los rusos (Chaikovsky y Borodin en concreto) se presta a la perfección al temperamento del director eslavo, que ahonda en su sentido trágico, solemne, pesimista... y sobre todo romántico. Romántico por encima de todo, pero sin caer en las sensiblerías ni "bellos sones". Una visión monumental y apasionada, casi "patética" en el sentido que Chaikovsky dio a su última sinfonía. Sin duda uno de los mejores registros de la discografía de la obra. Muy atentos a cierta exploraciones tímbricas, como las de los trombones en el trío de scherzo y el tema lírico del finale, arrebatador. Ashkenazy es sin duda uno de los grandes sibelianos, y lo demuestra desde el primer momento.

La Segunda es clara y lírica, sin excesos. Además el director ruso la dota de un especial sentido del misterio, muy característicamente en el movimiento lento. El final no cae nunca en la grandilocuencia, cosa que hay que agradecer. Si bien no podemos destacar esta grabación por encima de toda la discografía de este trabajo (la competencia incontestablemente es muy dura), sí está entre lo más brillante de la integral.

La Tercera es sana y alegre, dotada de un excelente sentido del ritmo. El director es capaz de hacer magia con los timbres del segundo movimiento.

La Cuarta Sinfonía, sin perder detalles de su especial sonoridad, es la interpretación más floja de la serie. Ashkenazy se queda un poco en la superficie, sin explotar su camerismo ni sus más profundas desolaciones y contradicciones. La Cuarta es una sinfonía demasiado personal y subjetiva, con la que el director no ha sintonizado.

La Quinta es solemne, intensa, dramática. Un absolutamente desolador solo de fagot en el primer tiempo, una buena transición a la reexposición/scherzo. El segundo tiempo es tranquilo y sereno, mientras que en el último se acentúan los pasajes más oscuros, dando como resulta una potente lucha entre luces y sombras, con una victoria quizá no demasiado nítida de la luz. Aunque la interpretación en sí es de altura, como decíamos respecto a su toma de la Segunda, la comparación con otros directores sí rebaja su valoración.

En la Sexta, sin entrar en su acervo ancestral ni en profundidad en las posibilidades de sus sonoridades mágicas, Ashkenazy nos brinda una excelente versión, ahondando en sus misterios, en su carácter críptico y elusivo. El final resulta apasionante en este sentido, sin perder un ápice de su dramatismo y heroísmo. Una de las joyas de la integral, doblemente valorable por ser precisamente, junto con la Tercera, la sinfonía que más se les "escapa" a los directores no finlandeses.

Portada de la edición original

La Séptima es vibrante, emocional, con un excelente sentido de los timbres sibelianos. Es especialmente llamativo como Ashkenazy maneja los bloques sonoros contrastantes, con un efecto casi puntillista del color orquestal. El director ruso sin darle transcendentalidad a la partitura sí la dota de una gran solemnidad y emocionada profundidad. Lo dicho en la Segunda y en la Quinta es válido para esta: las comparaciones son odiosas, y de nuevo este registro pierde ante otros.

Globalmente podíamos decir que Ashkenazy ha hecho un buen ciclo sinfónico, ha sido capaz de cabalgar por encima de estas partituras, tan magistrales como difíciles de abordar para un no especialista. El punto más bajo está en la Cuarta, seguidas por la Quinta y la Séptima. La Segunda es más interesante, la Tercera y la Sexta son de obligada referencia y la Primera es rotundamente una de las mejores grabaciones de la discografía sibeliana.

A continuación daremos también una reseña crítica de las obras que complementan a las sinfonías en los discos originales.

En saga presume aquí de un solemne y con efectivo espíritu de lo mítico. Una interpretación lírica y apasionada, aunque quizá un poco ausente de dramatismo. Resulta especialmente cuidado el anticlímax de la mitad de la pieza, con sus solos de violas y vientos, al que Ashkenazy dota de una especial (¿y eslava?) melancolía.

La Suite "Karelia" opus 11 es un registro de referencia, con inusitados toques melancólicos y heroicos, delicada sin perder belicosidad. La balada es sin duda una de las mejores de la historia del disco.

Para Finlandia, simplemente repetimos lo expuesto en la discografía recomendada de esta popular obra: "poderosa, dramática y contundente, llena de fervor y fuerza, un excelente equilibrio orquestal que sabe extraer buenos resultados de la instrumentación sibeliana en esta obra (estén atentos a la sonoridad gran caja en la repetición del himno)".

Luonnotar, el singular poema sinfónico con soprano solista, es aquí poderoso, oscuro y dramático, con gran protagonismo de las maderas, que lo hacen más "aéreo". Mientras, las cuerdas se muestran muy ágiles, antes agitadas que ligeras, añadiendo al conjunto un manto ideal. Söderstrom es una firme soprano dramática, que interpreta el poema sinfónico casi como una escena wagneriana. No pierde por ello ninguno de sus significados originales, es desde luego una posibilidad de la partitura (aunque nunca cayendo en la teatralidad absoluta). No obstante a la obra le da mejor brillo una soprano algo más ligera y de timbre más inocente.

Tapiola es sin duda magnífica, posiblemente lo mejor de estos discos y una de las mejores grabaciones de la obra. Mágica, esencialista, dramática, atmosférica y moderna.

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Es hora de dar una valoración global a estos discos, que creemos que en el caso de que exista un interés por ellos, deben adquirirse en su totalidad.

Philharmonia Orchestra
DECCA (1980-85)
Interpretación: 7,5 • Sonido: 7 • Estilo: 8 • Interés: 8 • Comentarios: 6


Portada del primero de los estuches

La integral fue relanzada en dos ocasiones en la propia casa. En 1998, en su serie Double Decker (referencias 455402 y 455405) los seis discos originales se comprimieron en dos estuches de doble CD.

En 2003 Decca lanzó una nueva recopilación en 5 discos en un solo estuche (código: 000121902) con las mismas grabaciones y otras más añadidas a precio bastante económico, anteriores y posteriores a las señaladas: el Concierto para Violín con Boris Belkin como solista, junto con las Serenatas opus 69 y las Dos piezas opus 77 con el mismo protagonista, además de la Romanza opus 42 y el Valse Triste. Como de momento no disponemos de esas grabaciones, no podremos comentar más.
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La "militancia" sibeliana de Ashkenazy no se queda en esas grabaciones. El pasado año una nueva integral apareció dentro del sello Exton en Super Audio CD. En este artículo (en inglés) se nos da cuenta de la dificultad para su adquisición, así como de la calidad (incluso mayor) que la que teníamos en la grabación de Decca. Esperemos que sea posible contar con ella en un futuro.

Pero incluso este interés por el autor por parte de Ashkenazy llegó más lejos del mundo fonográfico al comprometerse también en un documental de Chistopher Nupen para
Allegro Films, en el que dirige y toca al piano varios ejemplos y piezas musicales. Dividido en dos partes ("Los primeros años" y "Madurez y silencio"), el trabajo en sí es importante, aunque en su realización original (editada en 1985) aún no habían calado las revisiones musicológicas sobre Sibelius. Si alguien está interesado, está reeditado en DVD (2006), y es posible adquirirlo en diversos lugares de la red, incluyendo la propia página de la compañía. Con todo, hemos de avisar que no está doblado, aunque sí que tiene la opción de subtítulos en español.

No olvidemos tampoco al Ashkenazy pianista, que acompañó a Elisabeth Söderstrom y a Tom Krause en la integral de canciones (publicadas) también para Decca, que ya
comentamos en su momento
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Por último, nuestros lectores, siempre y cuando comprendan algo el inglés, pueden escuchar al propio Vladimir Ashkenazy hablando en una entrevista sobre Sibelius. En este video, el director señala sus afinidades con el autor, no sólo por lo circunstancial (su mujer es nórdica, islandesa exactamente) sino por una sintonía personal con su naturaleza. Señala con absoluta razón que es precisamente este fuerte carácter nórdico lo que puede crear esa afinidad con su música o un distanciamiento frente a ella. También menciona su interés por la música de piano del autor. En el final de la entrevista se mencionan otros temas, como su labor de director frente al de pianista.

Durante el breve video podemos oír a Ashkenazy dirigiendo la Séptima Sinfonía y Rakastava.


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Esperemos que con este post hayamos podido llamar la atención sobre este binomio Ashkenazy-Sibelius, una relación un tanto desplazada pero que sin duda ha sido de un primer orden en cuanto a sus resultados artísticos.

lunes, 17 de agosto de 2009

Armas Järnefelt (1869-1958)

Dentro de la etiqueta de "otros compositores" enmarcamos en este blog a diversos músicos que tuvieron una gran relación con Jean Sibelius, e influyeron sobre él en lo personal o en lo artístico (y/o Sibelius en ellos). Ya tuvimos la oportunidad de conocer el caso de Kajanus, enormemente ligado a nuestro compositor. Le ha llegado pues el turno de otro músico que ya hemos mencionado en varias ocasiones, su amigo, además de hermano de su mujer, Armas Järnefelt.

Si nuestro blog tiene como propósito la divulgación de aspectos pocos conocidos en nuestro ámbito lingüístico de Jean Sibelius, al tratar la figura de Armas Järnefelt abordamos un asunto más singular, ya que se trata de un autor poco conocido incluso en Finlandia y Suecia, países en los que se desarrolló si actividad musical. Según comenta Heikki Saari - en el folleto del disco de Sterling que comentamos en la discografía -, en el año 1996 era un músico pendiente de estudio, y aún no parece que se haya realizado. No existe un catálogo exhaustivo de sus composiciones, muchas de ellas permanecen inéditas en la Universidad de Helsinki. La mayoría de las composiciones están sin fechar, incluso algunas de las mejor conocidas. Ni siquiera se dispone de gran parte de su agenda como director, faceta en la que Armas Järnfelt destacó por encima de la composición... Aunque sin duda, dada la diligencia académica de Finlandia, esa situación cambiará en un futuro próximo, de momento sólo unas pocas informaciones podemos aportar sobre este gran director y buen compositor del país de los mil lagos.

Fotografía (1895/1905)

Armas Järnefelt nació un 14 de agosto de 1869 (se cumplía pues hace unos días su 140 aniversario) en Viipuri, el actual Vyborg ruso, entonces parte de la "vieja Finlandia", Karelia.

Sus estudios transcurrieron al comienzo muy paralelos a los de Sibelius, recibiendo instrucción de Martin Wegelius. Durante los primeros meses en el Instituto de Música de Helsinki se estableció una fuerte amistad con el futuro compositor de Kullervo, gracias a la cual Sibelius entró en contacto con la familia Järnefelt. Los Järnefelt fueron una muy influyente familia en el terreno cultural y en la sociedad, por su especial militancia en el movimiento fennoman. Armas estaba destinado a convertirse como sus hermanos en una gran figura artística, musical en este caso.

En el Instituto de Wegelius recibió también clases de piano por parte de nada menos que de Busoni. Junto con el músico italo-alemán, Sibelius, Eero Järnefelt (su hermano pintor), y el novelista y dramaturgo Adolf Paul formaría el grupo de los "leskovitas", un círculo artístico a la vez que un grupo de amigos amantes de la vida nocturna de Helsinki.

También como Sibelius, al finalizar su instrucción en Finlandia emprende unos meses de estudio formal (1890) con Albert Becker, mientras sigue pendiente del amor secreto que existía entre su amigo Jean y su hermana Aino que, finalmente se casarían en 1892.

Sin embargo, entre 1893 y 1894, se produce un elemento que separa el destino artístico de nuestros dos músicos: Armas elige a Jules Massenet para continuar su aprendizaje musical. Con el gran compositor francés, Järnefelt se acabaría inclinando hacia el mundo operístico, especialmente hacia el wagnerismo (que tanto Wegelius como el propio Massenet le inculcaron).

Los años siguientes transcurrieron por varios lugares de Alemania (Magdeburgo, Bresslau, Düsseldorf y otras), comenzado su carrera de director de orquesta, para la que estaba especialmente dotado, así como director operístico como asistente en ensayos. Allí se afianzó su wagnerismo y su compromiso con un romanticismo que estaba dando sus últimos frutos aquellos años.

En 1898 vuelve a Finlandia para ocuparse la Orquesta de los Amigos de la Música de Viipuri, donde se asienta su fama como director. En su localidad natal permanece hasta 1903, tras lo cual dirige como invitado las óperas de Helsinki y Estocolmo, donde cosecha grandes éxitos en la dirección de representaciones y conciertos. Durante el curso 1906-1907 incluso enseña en el Instituto de Música donde había estudiado, donde contó entre sus pupilos a Leevi Madetoja y Toivo Kuula (con los años muy importantes compositores)

En 1907 se asienta por un largo periodo en Suecia, convirtiéndose en uno de los directores de la Ópera Real de Estocolmo. En 1910 toma incluso la nacionalidad sueca, ganado un puesto como músico de la Corte. En 1923 es definitivamente el director oficial de la Ópera. En estos años en el país vecino sirvieron para divulgar la obra de su cuñado Sibelius, así como para el estreno sueco de obras tan importantes como la Octava Sinfonía y La Canción de la Tierra de Mahler, o los Gurrelieder de Schönberg.

Finalmente vuelve a su país natal, donde prosigue su exitosa e importante carrera como director. Entre 1932 y 1936 será el director de la Ópera Nacional Finlandesa, y en la temporada 1942-1943 director de la Orquesta Filarmónica de Helsinki. Las críticas locales alabaron sobre todo sus interpretaciones de Mozart y Wagner.

Armas Järnefelt dirigiendo, fotografía de 1951 (YLE)

Järnfelt escribió música ya desde su época de estudiante. Pero él se sintió antes director de orquesta que compositor. Dos hechos marcaron que la creación tuviese una motivación muy secundaria: por una parte su gran dedicación, vocacional y laboral a la orquesta. Por otra parte cierto "complejo Sibelius" que también pareció sufrir Kajanus. Armas Järnefelt se reconoció incapaz de competir o igualar al maestro, que ya en la última década del siglo XIX había ocupado el puesto, casi mesiánico, de "compositor nacional". El músico de Viipuri llegó a reconocer este efecto como auténticamente paralizante, "cuando uno constantemente dirige las obras de los grandes maestros se hace consciente de su propia insignificancia".

Según la crítica de un periódico sueco de la época "como compositor, Järnefelt posee una noble actitud e, incluso aunque no muestra una particular individualidad, sin embargo es altamente comprensivo a cuenta de su directa honestidad y refinada sensibilidad musical. Gusta de escribir música muy melódica y ha desarrollado plenamente el sentido de la belleza del sonido. La expresión volátil no es plato de su gusto: ama la belleza y la claridad".

Estamos pues ante un compositor dentro de la tradición romántica, sin aventuras vanguardistas. Mucha de su obra se puede además considerar como "nacionalista", tanto por la temática como por su inspiración en melodías folclóricas finlandeses, a un nivel mayor al que Sibelius se comprometió. La mayoría de su música vocal está escrita en finés, como corresponde a un artista fennoman.

Excepto en sus primeros y atrevidos años, Järnefelt no compondría obras de gran formato, más bien pequeñas piezas para orquesta (que introducía como complemento a sus conciertos) y otros medios más modestos. Uno de los campos en que los que más destacó fue el ámbito de la canción para voz y piano. La canción tenía un significado muy personal: sus dos mujeres (enviudó en una primera ocasión) eran cantantes líricas.

En la actualidad, como anunciamos al principio, poco del catálogo compositivo de Armas Järnefelt es interpretado con regularidad. Hay una notable excepción: dos pequeñas piezas para orquesta de cámara, su Berceuse y su Praeludium, muy habituales como bises en las orquestas finesas y muy populares en Finlandia y en su ámbito cercano, llegando a traspasar fronteras como "propinas". Una de ellas es curiosamente conocida en nuestro país: el Praeludium fue una exitosa "obra de la semana" en el programa de Radio Nacional de España "Clásicos Populares", un programa de audiencia (que publica además sus discos con un ingente número de copias vendidas).

Sin duda Järnefelt merece ser más recordado por otras obras aparte de esas dos, por otra parte deliciosas miniaturas. Muy especialmente, como ya hemos dicho, por sus canciones, directas, sencillas y francas, teñidas por la melancolía finlandesa.

Aquí podemos escuchar la famosa Berceuse en su versión orquestal, una grabación de intérpretes desconocidos pero de buena calidad:


Obras (lista parcial)

Orquesta
Ouverture lyrique (1890)
Korsholm, poema sinfónico (1894)
Fantasía sinfónica (1895)
Suite para pequeña orquesta (1899-1900) [primer tiempo: Praeludium]
Berceuse, para pequeña orquesta (1904) [original para violín y piano]
Koskenlasku [Disparando en los rápidos]
Aamulla varhain [De mañana, temprano]

Música para el cine
"Sången om den eldöda blomman" ["Canción de la flor carmesí"] (1919)


Música incidental
"Det förlovade landet" ["La tierra prometida"] (1907). Tres números extraídos como suite orquestal (1919)

Música de cámara
Berceuse, para violín y piano (antes de 1904) [transcrita para pequeña orquesta]

Música para piano

Canciones para voz y piano

Música coral a capella

Coro y orquesta
"Isänmaan kasvot" ["El rostro de la patria"] (1927)
"Päivänpoika" ["Hijo del día"] (E. Leino) (1939)
"Temppelinrakentajat" ["Los constructores del templo"] (1940)
"Åbo slott" ["El castillo de Åbo"]

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Existe una página finesa dedica al compositor todavía en construcción, si alguien tiene curiosidad y decide seguir su marcha es la siguiente:
http://www.armasjarnefelt.fi/


Discografía

La discografía del Praeludium y la Berceuse es numerosa, y no vamos entrar en detalle, tan sólo mencionares una relación de directores y sellos. Para el Praeludium tenemos a Eiji Oue para Reference, Berglund para Emi, Panula para Naxos, Erich Kunzel para Telarc... Para la Berceuse: Salonen para Sony, Panula para Naxos, Segerstam para Ondine... En España todavía es posible encontrar la grabación de Clásicos Populares del Praeludium, dirigida al efecto por Enrique García Asensio, en alguna de las muchas recopilaciones del programa de radio.

Nos extenderemos en los discos monográficos dedicados al compositor, de los que, al menos fuera de Finlandia, es posible encontrar tres. De ellos hablaremos a continuación.



Orquesta Sinfónica de Gävle
Hannu Koivula
SERLING CDS-1021-2 (1996)

Interpretación: 6 • Sonido: 6,5 • Estilo: 8 • Interés: 9 • Comentarios: 8

El sello sueco Sterling tiene una maravillosa serie dedicada a compositores suecos y finlandeses románticos (y postrománticos en realidad). Dentro de esa serie podemos encontrar el único disco dedicado en exclusiva a obras orquestales de Järnefelt, con un programa que comprende no sólo las piezas más populares (el Praeludium y la Berceuse), sino también obras de mucho mayor calado, que nos hacen admirar mucho más la calidad compositiva de este autor.

La Ouverture Lyrique de 1890 fue compuesta muy probablemente (no tenemos el dato exacto) entre el final de los estudios en la escuela de Wegelius y los efectuados bajo dirección de Becker, y ya muestran tanto su clara influencia germánica (a ratos incluso wagneriana), su gran sentido para la orquestación y su habilidad como compositor.

El poema sinfónico Korsholm es la más ambiciosa obra que conocemos del autor y también puede calificarse como la mejor de ellas. Obra de gran formato (17 minutos y medios en la grabación), heroica, solemne, conmemorativa, llena de sonidos grandilocuentes pero nunca vacíos. El programa de la pieza recuerda el lugar (Korsholm de hecho) donde los cruzados suecos desembarcaron, según la tradición, para cristianizar Finlandia. El poema sinfónico comienza con nítidas sonoridades folclóricas (la Finlandia primitiva), a la que suceden pasajes heroicos de clara ascendencia wagneriana (la lucha entre los paganos finlandeses y los cristianos suecos). Para finalizar se escucha una breve cita del coral de Lutero "Ein feste Burg ist unser Gott", símbolo del cristianismo (en especial del protestante).

La pieza es sin duda magnífica, y debería programarse y grabarse más frecuentemente. Una curiosa coincidencia la relaciona (de nuevo) con Sibelius: ambos autores presentaron partituras orquestales al Festival de Música y de la Canción de Vaasa de 1894. Järnefelt llevó la presente obra, mientras que Sibelius llevó su "Canción de primavera" opus 16. Armas Järnefelt fue el gran triunfador de la velada de aquel 21 de junio. La pieza de Sibelius sin duda es de una cualidad superior, pero es de una expresión más modesta y lírica, frente a la monumentalidad y patriotismo de Korsholm, que arrancó el aplauso inmediato del público. La obra continua siendo recordada por los aficionados y estudiosos finlandeses, si bien, como es de esperar por lo dicho, se interpreta mucho menos de lo que se merece.

El disco contiene además una suite de la música incidental "Det förlovade landet" ["La tierra prometida"], de argumento bíblico, y una selección de dos piezas para una música fílmica de 1919 ("Sången om den eldöda blomman" ["Canción de la flor carmesí"]), muda por tanto. Estas dos selecciones son una muestra del buen hacer de Järnefelt con el color orquestal y su inspiración claramente romántica, sin nostalgias pero sin ningún interés en lo que hacían las vanguardias.

(Información del sello discográfico)



Jorma Hynninen, barítono
Camilla Nylund, soprano
Ilkka Paananen, piano
ONDINE ODE 1029-2 (2003)

Interpretación: 8 • Sonido: 8 • Estilo: 9 • Interés: 10 • Comentarios: 8,5


Si hemos ensalzado mucho las virtudes de las obras orquestales de Järnefelt, mucho más tenemos que decir de sus bellísimas canciones. Como ya hemos señalado constituyen sin duda el punto álgido de la producción de Järnfelt. Aun cuando la mayor competencia profesional de este autor fue la orquesta, su gusto y su habilidad para la miniatura confluyeron para dar la máxima importancia a la canción íntima y romántica. Además sus mujeres eran dedicatarias de las partituras, que estrenaron en multitud de ocasiones, lo cual explica en parte la implicación en este género.

Sobre estas piezas hay que señalar en primer lugar que la mayor parte de los textos son fineses (frente al mayor número de canciones en sueco de Sibelius) por su educación finoparlante y su militancia en el movimiento fennoman, como ya habíamos anunciado. Y sin duda debido al idioma la mayoría de ellas están llenas de ecos del folclore, de los ritmos y entonaciones del finés hablado, con coloraciones modales y ritmos monótonos e hipnóticos.

Otras canciones se mueven hacia el mundo romántico, pero también es posible encontrar armonías más avanzadas, próximas a planteamientos impresionistas o expresionistas, sin perder nunca sin embargo la tonalidad asentada. Aunque la sencillez es siempre una premisa de estas obras, es posible encontrar canciones de mayor rango expresivo, cercano al mundo de la ópera, una forma de confirmar el wagnerismo del compositor - nunca escribió una obra de teatro lírico, sin embargo -.

El disco de Ondine nos ofrece una muy amplia selección de estas canciones, una auténtica maravilla interpretada por dos cantantes excepcionales del país nórdico, como son Jorma Hynninen y Camilla Nylund. El registro es impecable, un justo homenaje a la calidad de estas obras, tan poco difundidas hasta ahora.

(Información del sello discográfico)

Por todo lo que hemos señalado hasta ahora creemos que los aficionados a la música nórdica no deberían perderse estos dos estupendos discos, que además de hacerles descubrir un magnífico compositor puede ayudarnos a entender mejor el ámbito musical y cultural en el que se movió Sibelius.



"Laulajan koti. Kootut mieskuorolaulut" ("El hogar del cantor. Canciones completas para coro masculino a capella")
Akateeminen Mieskuoro Psaldo (Coro Académico Psaldo)
Heikki Saari
FINLANDIA 2564-60754-2 (2003)

Interpretación: 6 • Sonido: 6 • Estilo: 7 • Interés: 5 • Comentarios: 7

El tercer disco monográfico disponible está dedicado en exclusiva a sus coros masculinos. En primer lugar hay que señalar que los coros en general están muy lejos de la calidad de las obras orquestales y más aún de las canciones. Parece que Järnefelt no estuviera muy interesado en este género, por otra parte de enorme difusión en Finlandia y en los países nórdicos en general. Aunque aplica gran parte de los parámetros que hemos analizado respecto a las canciones, no llega a situarse a la misma altura, ni técnica ni expresivamente.

En cuanto al disco en sí parece que al coro tampoco le entusiasmaron mucho las partituras, y escaso partido les saca. Un disco no fácil de encontrar, no muy recomendable (por las obras, por la interpretación y por su escasa duración - 37 minutos-), salvo que se desee profundizar en nuestro poco conocido autor.


Existen además varias grabaciones de Järnefelt al piano (algunos de los primerísimos registros de canciones de Sibelius, por ejemplo, con su mujer Maiiki en la parte vocal) y dirigiendo, pero fuera de Finlandia es sumamente difícil encontrar estos discos.
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Esperemos que este apunte sobre este compositor les haya sido útil e instructivo. Un autor que sin ser genial puede resultar fascinante y cuya música es sin duda de gran valor para los que amamos la música que llegó del norte...

jueves, 30 de julio de 2009

Biografía (9): Viena, el último año de estudios (1890-1891)

Antes que nada, tenemos que agradecer a los lectores del blog su interés y su fidelidad. Ya son cinco mil las personas que han visitado este blog. Mi agradecimiento a todos ellos.
 Capítulo anterior (8): el año de estudios en Berlín (1889-1890)

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Los meses que Jean Sibelius pasó en Viena fueron un auténtico punto de inflexión en su carrera musical. Aunque, como veremos más adelante, no fue éste un año de estudio sistemático, sino más bien una serie de contacto con músicos y conciertos, la estancia en una de las capitales musicales del momento sí le aportó una gran experiencia. Esto sucedió especialmente en la música orquestal, las composiciones más visionarias del momento junto los monumentos sonoros de los viejos maestros.

Gran parte de lo sucedido en este tiempo lo conocemos de mano del propio Sibelius en las cartas que escribió a su prometida, Aino, cartas en las que desborda amor hacia la joven, pero en las que nuestro autor describe ardientemente sus experiencias en la capital austriaca, sus emociones, sus ilusiones y desilusiones...

Jean Sibelius, fotografía realizada durante su estancia en Viena
 
Como en el año anterior, el joven Sibelius tomó el ferry a Lübeck, de donde marcharía a Berlín. Allí realizó una breve parada para reunirse con sus amigos del círculo nórdico, a los que se habían añadido para ese curso Carl Nielsen, que con los años se convertiría en el más célebre compositor de Dinamarca, y Armas Järnefelt, su amigo de Helsinki y hermano de Aino.

"Viena es risas y valses". Para Jean Sibelius aquella ciudad sería la Viena romántica, luminosa, embriagadora, melancólica... la "vieja Viena" que se seguía moviendo a ritmo de vals. La estancia sería feliz en este ambiente, a pesar de numerosas decepciones musicales, acentuadas por su natural pesimismo: "los alemanes dicen que el pesimismo viene de Rusia y de los países escandinavos, y sólo ahora me inclino a darles la razón". Aún así no tuvo problemas para procurarse una estancia agradable, bohemia. Incluso llegó a introducirse en ambientes aristocráticos donde el vino, el champán y la diversión nunca faltaban.

Su entrada en el mundo de académico quizá no estuvo del todo bien preparada. Busoni escribió a Brahms, que lo rechazó por su avanzada edad y la extrañeza del origen de Sibelius. En cualquier caso la música del alemán siempre disgustó a nuestro autor, antes y después de la estancia en Viena, sería extraño pensar en un Sibelius influenciado por el músico de Hamburgo.... Después lo intentó con Bruckner, pero el genio sinfónico estaba retirado, sólo dedicado a la composición. Pudo visitar personalmente a Hans Richter, que le atendió amablemente, pero le remitió a un prestigioso maestro del Conservatorio, Robert Fuchs
.

Con una carta de recomendación de Wegelius, consiguió que Karl Goldmark
le impartiera clases privadas, para lo cual tuvo que insistir mucho. Uno de sus sabios consejos consistió en estudiar partituras de Mozart, en especial "la escritura del clarinete y la relación que lleva con el resto de la orquesta", de lo cual sacó sin duda muchas lecciones.

Ciertamente que Mozart supuso un verdadero estimulante para su creatividad, la noche que presenció por primera vez Don Giovanni la pasó desvelado por la impresión que la genial ópera le había causado, y lleno de inspiración escribió dos canciones (que acabarían en el futuro opus 13). También esbozó un concierto para violín que nunca pasaría de esos esbozos.
Sin embargo Goldmark era demasiado ecléctico para llevarle en una dirección adecuada. Su misma enseñanza fue demasiado irregular inclusa para denominarla como tal. Más bien se trató de una serie de sabios consejos y de la consulta comentada de partituras de grandes maestros. Pero sin duda impulsó su creatividad, la búsqueda de su propia originalidad, de un estilo propio y único.

Nuestro autor intentó ingresar el Conservatorio de la ciudad. Pero no lo logró, era demasiado tarde para formalizar una matrícula. Fue entonces cuando, siguiendo el consejo que le había dado Richter, solicitó ser discípulo del gran compositor (y al igual que sucede con Goldmark, injustamente olvidado) Robert Fuchs.

Fuchs fue un gran profesor de música, con especial talento para la enseñanza de lo formal y de la orquestación. Sin duda su alumno más destacado aparte de Sibelius fue Mahler, pero sus valiosas elecciones también llegaron a grandes nombres como Hugo Wolf, Alexander von Zemlinsky, Franz Schmidt, Franz Schreker (y años más tarde que a Sibelius a su compatriota Melartin). Para nuestro autor su enseñanza fue útil técnicamente, si bien el maestro consideraba a sus composiciones propias de un "finlandés bárbaro", lejos de la tradición vienesa que él encarnaba.



Robert Fuchs (1847-1927)
 
Nuestro músico siguió tocando el violín en Viena, pero no parece que tomase lecciones. En cambio esta habilidad suya con el instrumento le proporcionó la posibilidad de unirse por recomendación de Fuchs a la orquesta del conservatorio que el maestro dirigía. La experiencia fue sumamente positiva, ya que pudo desarrollar su conocimiento de cada uno de los instrumentos de la orquesta sinfónica de la época y palpar directamente sus sonoridades combinadas. Además en ella encontró buenos amigos, cuya internacionalidad era muy de su agrado. Uno de ellos, un cellista rumano apellidado Dinicu, interpretaba para él melodías folclóricas que le hacían llorar, y que provocaban en Sibelius el ánimo de encontrar musicalmente su propia y lejana patria.

El encuentro con la capital musical y con muchas de las mejores partituras de la historia de la música, como el "Tristan und Isolde" de Wagner le turbaron el ánimo, llegando a manifestar los primeros "síntomas" de su espíritu hipercrítico hacia sus propias composiciones ("todo lo que he escrito hasta ahora y todos mis otros esfuerzos me parecen pueriles"), elevado si cabe por las opiniones severas de Goldmark y de Fuchs, que hacían mella en el ánimo de nuestro compositor.

Él mismo escribe a Aino los siguiente: "lo único que debo de tener es crítica, autocrítica. El más grande compositor de todos, Beethoven, no sólo tuvo el más grande talento natural, sino que sometió todo lo que hizo a la mayor y más penetrante autocrítica, y lo hizo con un grandioso resultado".

Otras grandes obras que un emocionado Jean escuchaba en la capital Austro-Húngara tendrán un gran peso a lo largo de toda su carrera, como por ejemplo la Tercera Sinfonía de Bruckner (en una revisión que entonces se estrenaba) o el Concierto para piano de Grieg. Tras una representación de "Siegfried" se enroló incluso en la Sociedad Wagner (organizada por su profesor, Goldmark, un ardiente wagneriano).

Nuestro músico se preocupó de aprovechar lo más posible su estancia en Viena, intentando contactar con figuras importantes, tanto a nivel social como en el puramente musical. Un buen ejemplo fue la audición que hizo en enero de 1891 para nada menos que la Filarmónica de Viena. Aunque tocó "para nada mal", según el profesor Grün, sus nervios le hicieron temblar demasiado, y el docente le aconsejó no dedicarse profesionalmente al instrumento. Tras volver a su habitación, nuestro autor no pudo contener las lágrimas por tan tremenda desilusión.

Aparte de óperas y conciertos sinfónicos Sibelius, junto con otros jóvenes estudiantes, pudo participar de otros espectáculos musicales, como fue la representación de "Egmont" de Goethe con los números que escribiera Beethoven (un antecedente muy directo para el futuro genial compositor de música incidental), operetas, valses con el propio Johann Strauss II dirigiendo...

En las cartas a Aino de aquel otoño de 1890 podemos detectar un elevado interés por lo finlandés. Sin duda la ausencia de su país natal, donde le esperaba su prometida, y el contacto con la Viena del Imperio Austrohúngaro, verdadero hervidero de ideas nacionalistas, provocó un nuevo anhelo por profundizar en su propia identidad nacional. Leyó con pasión el "Kalevala", e incrementó su pasión por el propio idioma finés. Su prometida le escribe siempre en finés, y es que Aino fue educada en una familia de ardiente defensa fennoman, y nuestro autor, con cierto sentimiento de inferioridad ante ese hecho, intenta escribir cuanto puede en aquel idioma.

Pero no sólo se preocupa de aprender la antigua lengua, sino también de su literatura y de su musicalidad
: "el Kalevala me aparece como extraordinariamente moderno y a mis oídos como pura música, temas y variaciones; su historia es de lejos menos importante que los estados de ánimo y la atmósfera que expresa". Esta musicalidad del finés en general y del Kalevala en particular empezará a aplicarse a su música desde aquel punto, y será una de las características de su melodía y de sus ritmos durante toda su trayectoria posterior.

El 7 de enero de 1891 nuestro autor escribe "Drömmen", una canción sobre texto de Runeberg que se publicará como opus 13 nº5. A pesar del texto, en sueco y de tema sentimental, la música reproduce las melodías kalevalianas (aunque adaptadas al 3/4), "pero es nuevo y también finlandés. Creo en el futuro de una música nacional finlandesa. [...] La profunda melancolía y la insistencia en un ánimo o frase que es el corazón de tantas canciones populares finlandesas, aunque pudiera ser un defecto, no es sino una característica".

Además de varias canciones, en esos días Sibelius compone otras obras, como "La pompeuse Marche d'Asis" JS.116, perdida en su forma original (aunque conservada en transcripción para trío con piano; "Asis" es la abreviatura del Instituto Anatómico de la Universidad de Helsinki), un Perpetuum mobile para violín y piano (que revisado en 1911 recibiría el número de catálogo opus 2b) y el Tema y variaciones en do menor para piano JS.198, también perdido, pero conservado en la transcripción para cuarteto con piano JS.156, una obra realmente genial.


El composito austro-húngaro Karl Goldmark (1830-1915)

En ese momento, al parecer por impulso de Goldmark, se entrega con ardor a la composición de su primera obra orquestal, la Obertura en Mi Mayor JS.145. Esta obertura fue en origen el primer tiempo de una proyectada suite en la que la idea de una música nacional está muy presente. Fuchs no parece que reaccionara bien ante la partitura ("cruda y bárbara"). Goldmark también encontró muchos defectos en ella, aunque fue bastante más constructivo, alabando el segundo tema y reconociendo que "porque eres finlandés tu música tiene un carácter nacional que tiene un significado mayor para tus paisanos que para mí". A pesar de estas opiniones, en parte ciertas (la escritura orquestal tiene muchos errores, aun así es asombroso la intuición que contienen estas piezas), nuestro músico confió en su trabajo.

Durante el invierno lee ávidamente a Zola, y se siente realmente fascinado por su desencarnado realismo (algo sorprendente en una personalidad tan soñadora). Hasta encuentra curiosos paralelos entre el método de Zola y sus propias composiciones.

Mientras le llegaban noticias de Berlín y Helsinki sobre su Cuarteto en Si bemol Mayor opus 4, acogido favorablemente, los planes de composición se tornan de una suite a una sinfonía en la que piensa emplear una melodía tradicional: "está en Mi Mayor; la primera parte es, como sabes, una obertura [la Obertura JS.145 por tanto]; el segundo una idealizada escena de baile aunque con algunos toques realistas. El tercero comienza con un recitativo que de hecho allana el camino para la última de una serie de variaciones muy libres sobre un tema finlandés. La atmósfera global del trabajo está impregnada de la vitalidad e intensidad de la primavera, una época que como sabes tienen un tremendo efecto sobre mí".

Otras dos composiciones orquestales se simultaneaban con éstas, una Fäktmusik (Música de esgrima) JS.223 y la Zirkusmarsch (Marcha circense) JS.80, de marzo de ese año. Ambas están perdidas, por desgracia. La primera de ellas fue presentada a concurso bajo seudónimo, pero no obtuvo ningún premio.

A mediados de abril, Sibelius interrumpió la redacción de su sinfonía, habiendo compuesto dos movimientos al completo, que decide conservar como piezas aisladas, la Obertura JS.145 y la Escena de ballet JS.163. Sin duda nuestro músico apreció estas piezas en su momento, y decidió enviarlas inmediatamente a Helsinki, donde se estrenaría bajo la batuta de Robert Kajanus
. La Obertura no fue mal recibida, pero la singular y original Escena de ballet, un tanto grotesca, causó el enfado del público...

Nuestro compositor no abandonó completamente los planes para una sinfonía, y en seguida los reasumiría para su obra más ambiciosa, "Kullervo" opus 7
, cuyos primeros planes y esbozos datan de ese mismo abril, y cuyo impulso inicial tiene que ver mucho con la audición de la Novena Sinfonía de Beethoven bajo la batuta de Hans Richter el día 12 de ese mes, una experiencia verdaderamente trascendental para el joven finlandés.

Nuestro músico llegó a mostrar los bosquejos a Robert Fuchs que, a pesar de su extrañeza y originalidad, mostró su admiración. Mientras, daba largos paseos por los bosques de los alrededores de la ciudad, tratando de encontrar el recuerdo de los bosques ancestrales de Finlandia, de la Finlandia mitológica del Kalevala
.
A finales de la primavera el joven autor enferma, y debe de ingresar en un hospital, cuyos gastos deben de ser cubiertos por su familia (no sería la primera vez en este año que sus gastos superaban la beca concedida y tuvo que pedir dinero). No conocemos en qué consistió exactamente su mal, pero sí que tuvo que ser operado, con éxito. En el interín aprovechó para leer textos teóricos de Wagner y "Der grüne Heinrich" de Gottfried Keller
, cuyo idealismo le aleja del realismo de Zola, y nos devuelve al joven ensoñador que ya conocemos...

En cuanto estuvo lo suficientemente recuperado, el 8 de junio llegó la hora de volver a casa, pasando de nuevo brevemente por Berlín, donde brindaría con champán con su amigo Adolf Paul
a la salud de Aino.

Los años de estudiante habían acabado. Era la hora de demostrar en su país natal si las confianzas en él depositadas fructificarían.

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Capítulo siguiente (10): Kullervo y la boda (1891-1892)

jueves, 9 de julio de 2009

"Venematka" ("El viaje del barco"), coro a capella opus 18 nº3 sobre un texto del Kalevala

Sibelius compuso un gran número de coros a capella, la mayoría de ellos para coro masculino, y la mayor parte además con texto en finés. Aunque ya nos extenderemos en alguna otra ocasión sobre este particular, apuntaremos aquí, a grandes rasgos, el por qué.

Las hermandades corales masculinas eran harto frecuentes en las poblaciones nórdicas, y constituían una excelente oportunidad de socializar entre congéneres del mismo sexo. En una cultura donde la presencia de la mujer es más que notable, las hermandades y clubes masculinos constituían una especie de rincón privado donde expresarse sin condicionantes. Una oportunidad en los que los más mayores daban consejos a los más jóvenes sobre la vida, sobre sus anhelos y sentimientos, mientras que los más jóvenes animaban a los mayores a encontrar las diversiones perdidas.

Lo cierto es que si éste era el fin inicial, los resultados musicales no eran nada desdeñables, y muchos coros masculinos eran (y son) de un gran nivel profesional, como el de la Universidad de Helsinki (el YL) para el que nuestro autor escribió gran parte de sus coros masculinos (y que aun hoy en día sigue siendo el coro sibeliano par excellence). Sus repertorios comprendían corales religiosos y obras de compositores continentales, aunque a lo largo del siglo XIX fue tomando protagonismo la presencia de arreglos de canciones folclóricas y poemas patrióticos, normalmente en finés, lengua que automáticamente se relacionaba con lo ancestral y lo popular.

Sibelius, suecoparlante, se sumó pues a esta tradición participando de la tradición finoparlante de estos coros. Pero no lo hizo directamente, a la manera del común de los compositores nacionalistas. No le interesaba ni el folclore real ni un patrioterismo vacuo. Más bien quiso encontrar el alma, la esencia misma del sentimiento de pertenencia a Finlandia. Es por ello por lo que no se encuentran arreglos de melodías folclóricas, aunque si las evoque en ocasiones (como es el caso de "Venematka"), sino que estiliza al máximo sus características más básicas, buscando las raíces más profundas, para crear una obra de arte de gran calidad y auténticamente finesa.

Si en las canciones nuestro músico podía expresar su yo individual, romántico, aristocrático incluso... en los coros encontramos al yo colectivo, primitivo y popular. Cuando Sibelius canta a través de un coro y en finés, está dando voz al propio pueblo finlandés.

Y sin duda nada más adecuado en esa búsqueda estética que el texto del Kalevala como plasmación más pura - o al menos así se veía en la época - de la esencia y la herencia ancestral del país de los mil lagos. El poema mitológico y folclórico inspiró a nuestro autor en multitud de ocasiones y para todo tipo de composiciones. Aparte de la abstracción de los poemas sinfónicos, los versos de Lönnrot encontrarán un perfecto vehículo en el coro, que asume el papel de la voz ancestral y popular de la que nacieron aquellos cantos.

Sibelius había escrito numerosas obras para coro, pero eran prácticamente en su totalidad ejercicios o primeros ensayos sin trascendencia. El gran desafío con la escritura para coro vino, como era de esperar, con el Kalevala y su historia del infortunado Kullervo, su monumental sinfonía coral.

Al año siguiente, en 1893, nuestro músico encara la composición del que podemos considerar su primer coro de madurez, "Venematka" ("El viaje del barco"). Y lo hace en respuesta a una petición de Jalmari Hahl, entonces director del YL. La obra se estrenó el 4 de abril con gran éxito. El compositor y crítico Oskar Merikanto realiza una perfecta descripción de la pieza: "la canción es breve, pero delicada. Como con todas las composiciones de Sibelius [de aquel momento, obviamente] está basado en el cantar rúnico finés e inmediatamente reconocible como su obra. Su descripción del navegar, de la alegría en las aguas y las doncellas en los cabos en particular es magistral".

Antes de proseguir hablando de la obra, ofrecemos el texto completo y una traducción al español:
Vaka vanha Väinämöinen
laskea karehtelevi
tuon on pitkän niemen päästä,
kylän kurjan kuuluvilta,
laski laulellen vesiä,
ilon lyöen lainehia.

Neiet niemien nenissä
katselevat kuuntelevat
mi lienee ilo merallä,
mikä laulu lainehilla,
ilo entistä parempi,
laulu muita laatuisampi?"

Laski vanha Väinämöinen,
laski päivän maavesiä,
päivän toisen suovesiä,
kolmannen kosen vesiä.

______

El viejo y resuelto Väinämöinen
navegó el barco adelante con presteza,
más allá del promontorio sobresaliente,
más allá de la aldea miserable,
cantando canciones sobre el agua,
alegres canciones sobre las ondulaciones.

Sobre el cabo había unas doncellas,
miraban alrededor suyo y escuchaban.
"Del lago viene la alegría,
¿qué canción resuena en el lago,
más que alegre que nunca,
más hermosa que ninguna?".

Adelante navegó el viejo Väinämöinen,
durante un día sobre el lago navegó,
durante el siguiente a través de aguas pantanosas,
durante el tercero pasó una catarata.

Kalevala 40: 1-16
______

El pasaje escogido del Kalevala es el inicio del canto 40, donde Väinämöinen se dirige en busca del Sampo (el objeto mágico que salvará a los habitantes de Kaleva) en compañía de otros dos héroes, Ilmarinen y Lemminkäinen. Esta historia del barco y de los viajes del principal de los héroes del Kalevala, el bardo y hechicero Väinämöinen parece que siempre fascinó a nuestro músico, ya que la concibió posteriormente como tema de su proyecto Veenen luominen" ("La construcción del barco"), y aparece también indirectamente en el poema sinfónico La hija de Pohjola. Igualmente hay que apuntar que "El viaje del barco" fue seguida por un segundo coro que dejó incompleto, "Cesa, o catarata, tu furor", y que prosigue con la narración del viaje del viejo Väino y su hechizo a la catarata.

El propio carácter del héroe estuvo en la mente de Sibelius en multitud de ocasiones, seducido en especial porque sus hechizos, que eran capaces de cambiar la naturaleza y sus habitantes, se realizaban en forma de canción. Väinämöinen es el símbolo del poder de la música, tema desde luego más que inspirador.

En los años que siguieron al fin de sus estudios en el Instituto de Kajanus, y los primeros tras "Kullervo", nuestro músico se inspiró frecuentemente en la música tradicional, aunque sin llegar a evocarla directamente. Al buscar ese esencialismo abstrae la parte que cree más arcaica, y lo descubre en la recitación tradición del Kalevala. Ciertamente que nuestro autor se ha inspirado en la canción kalevaliana y su peculiar métrica, en especial su pie más común, el que se refleja en compás irregular de 5/4.

Si en el tercer tiempo de "Kullervo" empleó una métrica de - - - ^^ ^^ ("-" es larga, "^" es breve), aquí emplea en cambio el verdadero ritmo típico de la recitación, ^^ ^^ ^^ - -.

Pero no se limita a sus típicas y monótonas inflexiones, sino que con un fin expresivo (la alegría de la canción de Väinämöinen y la magia de su música) y hasta descriptivo (el balanceo del barco) la música adquiere una amplitud sonora, una fantasía típicamente sibeliana. El modo fundamental es el mixolidio, con tónica en si y con una polifonía vocal bastante densa, aunque en ocasiones parezca algo instrumental. La armonía es sorprendente, tremendamente original, y como ya había anunciado en "Kullervo", fruto de ese camino intermedio entre una nueva modalidad aderezada por elementos modernistas (como es el acorde de séptima disminuida incompleto con el que acaban las frases pares, que no resuelve en la dominante, como cabrían esperar, sino en una tónica formada... ¡por una quinta vacía!

Otro de los elementos frecuentes del autor que encontramos aquí es su uso frecuente de pedales (en el ejemplo musical, extraído de la biografía de Erik Tawaststjerna, la insistente pedal de si, la tónica) y las armonías de sextas añadidas. La forma del coro es da capo, sin repetición estricta. La textura puede recordar a la de un canto con acompañamiento de notas repetidas, sin duda intencionadamente para rememorar la canción popular.

Es realmente original este desenfadado y exultante carácter, inspirado en lo popular que tiene la corta pieza, sin que realmente se parezca a ninguna música tradicional ni a la recitación del Kalevala que evoca su métrica. Sibelius ha logrado su objetivo de hacer una música nueva inspirada en lo ancestral pero sin reproducirlo o revisitarlo. Y con excelente nota.

El coro fue desde el principio una obra bastante popular en Finlandia, y el propio autor se decidió a preparar un arreglo para coro mixto el 12 de octubre de 1914, arreglo que lo hace brillar incluso más. Se unió a otra serie de coros masculinos que recibió el número de opus 18, compuestos entre ese 1893 y 1901, como tercero del grupo (en ocasiones hay cierta confusión con la numeración y "Venematka" aparece en algunas ediciones como opus 18 nº9).



Primera página de la partitura de "Venematka", en su versión para coro mixto


En cuanto a la discografía, hemos de remitirnos a los discos que ya mencionamos en los arreglos del himno de Finlandia, sin que podamos añadir nada más de lo comentado allí (tan sólo que Bis por el momento sólo recoge la versión para coro mixto en BIS-CD-825). Recomendamos de nuevo las grabaciones del YL para Finlandia Records y del Coro Jubilate para Bis.

En fin, una pieza realmente fascinante es su abstracción del folclore y su belleza. El Sibelius más maduro no hará estas referencias tan directas a la canción kalevaliana, sino que las asumirá en la base misma de su estilo. Sirva este ejemplo como ese punto de inflexión entre el compositor nacionalista y el compositor internacional con un lenguaje nítidamente finés.

jueves, 2 de julio de 2009

Programa de mano: "Alla marcia" de la suite "Karelia" opus 11

Anuncio: durante estos meses de verano bajaremos un poco el ritmo de publicación de nuevos posts, intentando que sea al menos uno por semana.

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Hoy les invitamos a escuchar una de las piezas más populares de Jean Sibelius, el tercer movimiento de su suite "Karelia" opus 11.

"Karelia" es una obra del Sibelius más
temprano. No hace mucho que ha dejado su época de estudiante. Procede a su vez de la música que escribiera para una serie de cuadros históricos, cuyo título completo es "Música escénica para un festival y lotería en ayuda educativa en la provincia de Viipuri" JS.115, aunque es conocida usualmente como "Karelia".

La región de
Karelia estaba situada en los círculos culturales nacionalistas de la época de Sibelius como la más arcaica de Finlandia, la que había conservado las esencias más puras de su pasado mítico y ancestral. Esta evocación dio origen incluso a un movimiento cultural, llamado precisamente "karelianismo", que pretendía profundizar en esas raíces primordiales.

Históricamente la región ha vacilado entre su pertenencia a Suecia, a Rusia (y a la URSS) y a Finlandia (como gran Ducado Autónomo y como República independiente). En 1893, fecha en la que Sibelius escribe su música, la región era parte del Gran Ducado. Tras la independencia de 1917, dos tercios de la misma pasaron a Finlandia, y durante la Segunda Guerra Mundial ambicionó ocuparla en su totalidad. Al perder el envite de los soviéticos, Finlandia perdió la mayor parte de la región, cuya parte rusa en la actualidad es una
república autónoma dentro de la Federación. Aun hoy en día existe un sentimiento por parte de los finlandeses que entiende que Karelia forma parte de su identidad, aunque al otro lado de la frontera la mayor parte de la población es de etnia rusa, tras décadas de rusificación por supuesto intencional.

Volviendo a nuestro autor, diremos que Sibelius escribió en 1893 música para cada uno de sus ocho cuadros, más una obertura, de manera muy análoga a la
Música para las Celebraciones de la Prensa de años más tarde. La representación contó con la intervención de otros grandes artistas, como el gran pintor Akseli Gallén-Kallela, y trató de recaudar fondos precisamente para fomentar la "finlandización" de Karelia y en especial de su capital, Viipuri (Vyborg en ruso), ya entonces muy influenciada por el imperio (la población era mayoritariamente ortodoxa, por ejemplo).

Esta música, aún temprana, avergonzó con los años al hipercrítico autor, y la partitura original acabó por arder en el fuego de Ainola hacia los años cuarenta. Por suerte, aparte de los números seleccionados para concierto, sobrevivieron la mayor parte de las partes orquestales y modernamente ha podido ser reconstruida, no sin un arduo trabajo.

El compositor, alentado por
Kajanus salvó ya para un concierto del 23 de noviembre de 1893 la obertura y tres de las piezas, que serían las definitivas. Durante años así fue la forma de entender "Karelia", hasta que en 1899 la forma definitiva y su título (Obertura opus 10 y Suite opus 11) se estableció, publicando durante la década siguiente estos números sin apenas revisión, aunque el propio autor las consideró un tanto "juveniles".

La pieza que nos ocupa corresponde a la "Marcha sobre un viejo motivo" que suena durante el cuadro V, en que el comandante sueco de origen francés Pontus de la Gardie toma la plaza karelia de Käkisalmi (
Priozersk). En el original fuegos artificiales hicieron las veces de armas de fuego durante una feroz batalla.

La música, con un frenético ritmo de marcha (2/4), consiste en dos temas. El primero es ágil y animoso, presentado por las cuerdas, de ritmos rápidos, prolongándose con gran emoción. El otro se escucha en los metales y tiene carácter de fanfarria, heroica y orgullosa hacia el triunfo. La secuencia se repite de nuevo tomando el primer tema las maderas, de manera muy análoga al Finale de la Quinta Sinfonía opus 82. La coda, contundente y grandiosa, vuelve a dejar escuchar ambos motivos. Durante toda la pieza escuchamos los obstinati tan propios del autor, que le dan más fuerza y contundencia a la pieza, siempre efectiva a la hora de encender el espíritu y provocar el aplauso en nuestro concierto imaginario.

La discografía de esta marcha (propina habitual en muchos conciertos sibelianos) y de la suite opus 11 es enorme, sólo citaremos las más recomendadas, la de Osmo Vänskä de la que
hablamos recientemente, la de Leif Segerstam para Ondine y la de Vladimir Ashkenazy para Decca.

Como audición les presentamos un video donde podemos escuchar a la Real Orquesta Filarmónica dirigida por Sir Charles Mackerras, una buena versión con un tempo y un ritmo realmente espléndidos (una ejecución lenta, como a veces se da, no ayuda nada a la música).



jueves, 25 de junio de 2009

Biografía (8): el año de estudios en Berlín (1889-1890)

Becado por la región de Nylund (a la que pertenece Helsinki) y junto con alguna aportación privada, Jean Sibelius se dirige a la Europa continental para completar sus estudios. Aunque su nivel musical ya era grande sin duda un contacto con la música orquestal europea podía hacer, y de hecho hizo mucho por nuestro autor.

A bordo del vapor Storfursten (El Gran Duque) nuestro músico se dirigió hacia el puerto de Lübeck vía Talinn. En ese mismo viaje pudo disfrutar de ilustre compañía, como la del filólogo el Werner Söderhjelm, que con los años se convertiría en una eminencia, al igual que el musicólogo Ilmari Krohn. Wegelius había encargado a Söderhjelm un poco de vigilancia sobre su alumno, pero lo cierto es que ambos se hicieron amigos de forma espontánea. También iban en el barco personas aún más cercanas, Eero Järnefelt (el gran pintor, hermano de Aino y después gran amigo del compositor) y el novelista Juhani Aho
(quien como Sibelius estuvo enamorado de Aino Järnefelt). Compartieron con él el comienzo del viaje, pero su destino final era París.

Sibelius ardía en deseos de vivir la vida musical berlinesa. Las primeras impresiones, sin embargo, de la capital del II Reich alemán - la primera gran ciudad que visitaba - no fueron muy positivas: sólo pretendía dar una imagen de poderío de claro ascendente prusiano para nuestro autor, burocracia, poder... y ruido.
La Hausvogteiplatz en el Berlín de 1889
 
Su primera inquietud al llegar a Berlín fue intentar entrar contacto con otros artistas nórdicos, y lo logró. Pronto se formó un grupo fundamentalmente de intérpretes musicales daneses y noruegos, a los que se sumaron algunos norteamericanos. Junto a ellos también estaba su amigo de Helsinki Adolf Paul. Unas señoritas rondaban al grupo, más interesadas por los músicos que por la música, en palabras de Erik Tawaststjerna. Y como figura carismática del grupo, debido a su mayor edad, el compositor noruego Christian Sinding, una importante influencia musical para aquel joven Sibelius. 


 El gran compositor noruego Christian Sinding (1856-1941)

Con este grupo pasó mucho tiempo, tocando música de cámara, pero también concurriendo en la vida social de la ciudad alemana. Sus gastos rebasaron pronto sus posibilidades, costumbre que Jean heredó de su padre y que arrastraría toda su vida. Pero no se trata realmente de un malgastador, sino de alguien con poco sentido práctico de lo material. Según sentencia Tawaststjerna "el dinero permaneció siempre como un concepto vago e irreal para él".

Una vez establecido en la ciudad, nuestro músico entró en contacto con el compositor y pedagogo Albert Becker (1834-1899), con una carta de Wegelius bajo el brazo. El viejo maestro le aceptó como alumno sin dudarlo (no era el primero ni sería el último alumno de Helsinki que acogería). Becker tenía una gran fama como estricto contrapuntista, desde su Misa en si bemol menor (1878) se había convertido en un paradigma del antiguo y severo arte alemán, con el beneplácito del mismísimo Emperador. El maestro pareció criticar la modernidad y falta de disciplina de las nuevas obras de Sibelius (como su Cuarteto en la menor, y en seguida le sometió a un intensivo plan de ejercicios de contrapunto y composición de fugas. Primero la técnica, luego la inspiración.

Esto le supuso a nuestro autor el que su creatividad se agotara momentáneamente (hecho con el curiosamente coincidió con Wagner y su maestro Christian Theodor Weinlig). Escribe a su hermano: "Becker no escuchará nada excepto sus fugas. Es insufriblemente tedioso no hacer nada salvo escribir eso; conozco el Salterio Alemán de principio a fin. Me pides que te cuente en qué estoy trabajando y querrías ver mis ejercicios acabados. No puedo imaginarme que lo último tenga mucho interés; ya que todo está prohibido, ¿qué puede escribir uno?". Incluso llega a plantearse si realmente tiene algún talento. Pero a la larga le fue sumamente beneficioso: aunque nunca volvería a componer una fuga, su gran técnica contrapuntística se afianzó desde entonces hasta el fin de sus días.






Placa conmemorativa en Marienstraße nº4, la casa de Berlín donde vivió Sibelius en su estancia en la capital alemana. En la misma calle residieron Glinka, el compositor ruso, en verano de 1856, y la canciller Angela Merkel en los años 1980s (cuando la calle perteneció a Berlín Este). 


De ese tiempo datan numerosas obras y ejercicios, según nos han llegado: numerosos corales (por primera vez nuestro autor aborda la orquesta en dos de estos corales al estilo bachiano) y ensayos de la forma sonata. Independientemente de estos estudios, acepta el encargo de la Sociedad Finesa para la Educación Popular y compone un Allegro para septeto de metal y triángulo JS.25. Esta obra es bastante singular por emplear, caso prácticamente único en nuestro autor, dos melodías populares. Una de esas melodías es el germen del tema central del primer tiempo de "Kullervo" opus 7.

Hubo posibilidad también de continuar con lecciones violinísticas - en parte porque su beca se lo exigía - con un profesor llamado Fritz Strauss, aunque nuestro autor ya no tenía interés por ser un virtuoso. Pero ni los estudios con Becker ni con su profesor de violín incidieron tanto sobre el joven compositor como los conciertos. En Berlín pudo escuchar el "Don Giovanni" de Mozart, toda un revelación, "Tannhäuser" y "Los maestros cantores" de Wagner, el estreno berlinés (con el compositor entre el público) del Don Juan de Richard Strauss... Asistió también a recitales de Hans von Bülow al piano (y dirigiendo sinfonías de Beethoven, cuyas partituras copió con gran ardor) y de un conjunto dirigido por Joseph Joachim, interpretando los últimos cuartetos de Beethoven, lo que para nuestro músico fue casi un experiencia mística.

Aunque curiosamente uno de los conciertos que más hicieron mella en su personalidad artística fue el estreno en febrero de 1890 de la versión revisada de "Aino", un poema sinfónico con coro final de su compatriota Robert Kajanus. La obra, basada en el Kalevala, abrió los ojos de su propia inspiración respecto al poema épico, que daría sus primeros frutos apenas un año más tarde con su "Kullervo". Sibelius apenas había podido escuchar en Helsinki a Kajanus, debido a su rivalidad con Wegelius, que arrastraba a sus alumnos en su un tanto absurda enemistad.

A pesar de todo esto, el músico finlandés no recordaría este periodo como un gran capítulo de la historia de la música en la capital, ya que se referiría a él como un conjunto de disputas infructuosas entre seguidores Wagner y de Brahms. Aunque es una opinión exagerada, sí que es cierto es que a Berlín aún le faltaban unos años para llegar a ser uno de los mayores centros europeos de la música. No obstante, a pesar de ello, los primeros encuentros con la gran música orquestal y operística dejaron en el joven compositor finlandés una profunda huella.


Las finanzas de nuestro músico pronto se vieron muy deterioradas y se vio obligado a pedir préstamos a su familia. Su situación se agravó con una enfermedad que oculta a sus parientes, y que sólo en los últimos tiempos (ver Andrew Barnett) se ha especificado como un más que posible mal venéreo, fruto de la vida bohemia y muy socializada de aquel estudiante finlandés y sus compañeros.

Un gran acontecimiento fue la visita que Busoni realizó en la navidad de 1889, con oportunidad para reunirse con sus amigos "leskovitas"
Adolf Paul y Jean Sibelius. El gran pianista invitó a ambos a una próxima ejecución del Quinteto para piano y cuarteto de cuerda en mi menor opus 5 de Sinding en Leipzig, viaje que Sibelius consiguió hacer a pesar de que su bolsillo estaba prácticamente vacío. Sin duda que el Quinteto de Sinding le motivó a escribir su propio Quinteto muy pronto.
 
El año 1890 comenzó para nuestro músico con la mala noticia de la muerte de su tío Pehr, muy estimado por él, casi como el padre que nunca llegó a conocer.

Becker, a pesar de los quebraderos de cabeza que le traía a nuestro músico, escribió a Wegelius alabando sus dotes: "Herr J. Sibelius, que ha atendido regularmente a todas sus lecciones, ha completado sus estudios en contrapunto y fuga con éxito y diligencia y ha comenzado a estudiar las otras formas musicales".

A comienzos de esa primavera, sin duda liberado de lo más rígido de la enseñanza de Becker, aborda la composición de su obra más ambiciosa hasta el momento, su Quinteto para piano y cuarteto de cuerda en sol menor JS.159. Una obra en cinco movimientos poderosa, llena de melancolía nórdica y arrebatador sinfonismo, que a pesar de algún exceso o fruto de la inmadurez es una obra ciertamente impactante, llena de originalidad. El primer y tercer tiempos fueron estrenados en Helsinki el 5 de mayo de ese mismo año, con Busoni al piano y Johan Halvorsen (1864-1935) (violinista noruego que se convertiría años más tarde en un importante compositor) al primer violín. El 11 de octubre tuvo de nuevo una oportunidad con Adolf Paul al piano y cuatro de sus cinco tiempos (hasta después de la muerte del autor no se interpretaría al completo). Wegelius alabó el trabajo de su pupilo pero criticó algunos aspectos técnicos, pero a sus amigos y el público les pareció una obra impresionante, lo que le aseguró mayores posibilidades para una nueva beca para un segundo año en el extranjero.



Jean Sibelius. Fotografía efectuada durante su estancia en Berlín

No fue la única obra que Sibelius mandó a su país natal, ya que un coro con texto de Runeberg, el primero escrito con propósitos artísticos fue solicitado por Wegelius para el Instituto de Música: "Vi kysser du fader min fäastmö här" ("¿Por qué te besa, padre, mi dulzura aquí") JS.218. Lo cierto es que en su ausencia se siguieron interpretando obras suyas, como el Cuarteto en la menor del año anterior, lo que deja claro el gran valor que, al menos en ese círculo, tenía ya las obras aún de transición de nuestro compositor.

En mayo Becker escribe de nuevo a Wegelius alabando a su alumno, pero señalando que aún tenía que proseguir aprendiendo antes de lanzarse a cultivar su propio estilo (que ya estaba formándose en realidad): "es un placer señalar que Herr Sibelius, quien hasta ahora ha sido capaz sólo de mostrar su diligencia como pupilo [sic], tiene un talento original que cuando madure como resultado de posteriores estudios, suscite grandes espectativas."


En junio nuestro autor enferma de nuevo, y la familia le envía dinero. Pero con el dinero también llegan excelentes noticias: la beca le ha sido concedida. Cuando estuvo lo suficientemente bien para viajar, emprende el viaje de vuelta a Finlandia, esta vez pasando por Estocolmo (donde no pudo resistirse a dejar sus últimas monedas en unos excelentes cigarros).

El 12 de junio el Imperio Ruso suprime el servicio postal autónomo que tenía Finlandia. Aunque el hecho en concreto, que fue el comienzo de la represión zarista, no tuvo un efecto directo en nuestro músico, si hay que señalar la sincronía entre el comienzo de esta represión con el nacimiento de Sibelius como autor.

Aquel verano fue especialmente movido, con numerosos encuentros importantes. Lo comenzó reposando aún de su enfermedad en Loviisa. Después visitó a su familia materna que estaba en Tampere. También se procuró un encuentro con el gran autor Zacharias Topelius. Por desgracia, el encuentro con el genial escritor no fue muy afortunado: Sibelius tocó para él, pero quiso alejar a unas señoritas que habían acudido al sonido del violín, hecho que no fue del agrado del literato, que parecía complacido más que el músico por la compañía. Tampoco fue muy afortunado el entusiasmo que mostró Sibelius por August Strindberg y "La habitación roja", demasiado realista y avanzada para el autor romántico.

De ese verano parece datar composiciones muy importantes: el Romance en si menor para violín y piano (que se revisaría como opus 2a en 1911), un Andantino y Minueto para septeto de metal JS.45, un Adagio para cuarteto de cuerda en re menor JS.12, de una asombrosa profundidad y desolación, y el Cuarteto de cuerda en Si bemol Mayor opus 4, auténtica obra maestra de este último periodo de juventud.

Acabado en aquel septiembre de 1890, su redacción había comenzado un año. Y es buena prueba de lo positivos que resultaron los estudios con Becker por su buena estructuración, que para nada restringe la excelente inspiración sibeliana. Y lo cierto es que no hay duda de que sus cuatro tiempos respiran la personalidad de Sibelius por los cuatro costados, tanto por sus melodías y armonías características como por sus texturas, quasi-orquestales. En el trío del tercer tiempo encontramos el primer ejemplo maduro de una atmósfera sonora típica de su madurez: la melodía de la largas notas en el grave y un obstinato o motivo de aura llenando la textura, tal y como será frecuente en un "Kullervo" que está cada vez más cerca. Este mismo tercer tiempo encontró su forma para orquesta de cuerda, en un arreglo de 1893 muy interpretado en la actualidad, traspasando la consideración de "obra de juventud".

Aparte de estas obras, experimentales al tiempo que enormemente sentidas, la principal obsesión de Sibelius fue encontrarse con Aino Järnefelt. Tras más de un año sin entrar en contacto, incluso con pequeños flirteos por parte de él, nuestro músico parece retornar a un amor al que seguramente nunca renunció del todo. Y ella tampoco le olvidó.

Muchos y apasionados debieron ser los encuentros de aquel verano de 1890. Se reencontraron en Vasa, donde estaba la familia Järnefelt. Los hermanos de Aino temieron que aquello no llegara a buen puerto, puesto que sabían que Aino pensaba aún en él, y Sibelius aún no había definido su camino en la vida. Pero parece que su amor explotó y estuvo por encima de todo aquello

El 29 de septiembre, tras un concierto en el Instituto de Música, Jean le pide matrimonio y ella acepta encantada. Sin embargo, decidieron mantener el compromiso en secreto. Sin duda él era aún poco importante para contraer matrimonio con un miembro de la familia Järnefelt. Necesitaba aún un triunfo como compositor para ser recibir el beneplácito del general y de la influyente familia fennoman.

A pesar de aquel secreto, Jean Sibelius no tuvo reparos en demostrar públicamente sus sentimientos, cuando Aino cogió el tren para marchar de Helsinki, llenó su vagón de flores. Unas pocas semanas más tarde él partiría para Viena, la capital de la música, con el recuerdo de su amada abrasando su corazón de la misma forma que su deseo por la estancia en la imperial capital austro-húngara. Pero eso ya lo contaremos en nuestro próximo capítulo.