viernes, 22 de mayo de 2009

Scènes historiques I opus 25 (1899, rev. 1911)

Las Scènes historiques I opus 25 es una suite para orquesta en tres movimientos los cuales se encuentran en su forma original en la Música para las celebraciones de la prensa JS.137 de 1899. Esta revisión data de 1911, y comporta cambios respecto a los números primigenios. Las Scènes historiques II opus 66 es una suite en cambio de nueva composición (1912), aunque como indica su título inspiradas en el modelo de la primera suite.

Tras el estreno de la Música para las celebraciones de la prensa, la obra se repitió íntegra dos días después en un concierto dirigido por el compositor. Ésa sería la última vez que sería interpretada en su integridad, ya que era una partitura muy unida a la representación, y fuera de ella no podía tener una vida independiente, en especial la música para los cuadros "Los finlandeses se cristianizan y "La Gran Hostilidad", movimientos muy atmosféricos y descriptivos.

Los otros números sin embargo se programaron en varios conciertos de ese otoño de 1899 bajo la batuta de Kajanus. El 14 de diciembre se presentó la selección de esta manera:

Preludio
All'overtura (música para el cuadro I)
Scena (cuadro IV)
Quasi bolero (cuadro III)
Finale (cuadro VI)

Una vez descartado el preludio - a pesar del valor de la pieza - y separado el final del resto (que se convertiría en Finlandia opus 26), los otros tres números forman lo que sería la suite final, con títulos incluso muy semejantes a los definitivos. No obstante tardaría una década, en un periodo en que revisaría muchas de sus primeras piezas, para que las Scènes historiques I se formaran finalmente.

Parece ser que Sibelius había pensado en aquel tiempo en revisar y publicar toda la Música para las celebraciones de la prensa. Este pensamiento está reflejado en el hecho de que el número de opus que llevó Finlandia en su primera publicación (Breitkopf & Härtel, 1901), "opus 26 nº7", y que aparece posteriormente aunque el compositor lo cambió. "Suomi herää" era en efecto el séptimo número de la Música para las celebraciones la prensa. Sin embargo nunca llevó acabo el proyecto, y sólo tres números aparte de Finlandia fueron rescatados, más tardíamente. Sin duda, como ya hemos dicho, jugó en contra de ellos su carácter más escénico, pero también el sentido hipercrítico del compositor y la visión de Kajanus, siempre práctica.

En septiembre de 1911, tras dos años con la idea rondándole la mente, nuestro músico se decide a tomar por fin su "Suite caractéristique", según llamó inicialmente al proyecto. Las revisión no fue tan profunda como la efectuada a En saga opus 9 en 1902, pero sí se observa un proceso profundo de reconceptualización y refinamiento. A las más espontáneas piezas originales trata de imponerlas una mayor organización y unidad, cambiando para ellos pequeños detalles. Lima aristas, y expande algo más la orquestación. También se puede percibir en ellas la estética del periodo oscuro, frente al periódico romántico en el que se escribieron los originales. Veremos las diferencias exactas a continuación, cuando pasemos a analizar movimiento a movimiento.

El resumen: el resultado fue una suite más compacta (organizada tonalmente: Mib Lidio - Sol Lidio y La Mayor en el primer movimiento, mib menor - Do Mayor en el segundo y Mib Mayor - Sol Mayor en el tercero) y elaborada, pero sin perder el encanto y el impacto del original. Tan satisfecho estaba el músico finlandés del resultado que al enviar la suite a publicar ordenó que se hiciese con el título de "Scènes historiques I", pensando en una segunda suite. En efecto, al año siguiente escribió la segunda suite, que no tiene que ver con la Música para las celebraciones de la prensa en cuanto a que no se basa en ella, pero en cierta manera la toma de modelo.


I. All'overtura
Grave - Allegro - Grave - Allegro

Este primer movimiento de la suite nace de la partitura para el primer cuadro de la Música para las celebraciones de la prensa, titulado "Väinämöinen encanta a la naturaleza, y a las gentes de Kalevala y Pohjola, con su canción". Sibelius se planteó el número original como una evocación de la Finlandia más arcaica, el mundo mítico del Kalevala. Como apuntan Tawaststjerna y otros expertos, el Väinämöinen que nos encontramos aquí no es tanto el "viejo y sabio" del que habla la epopeya, sino un héroe carismático e impactante. No existe sin embargo ningún programa propiamente dicho, sino la visión de un carácter.

La pieza se estructura en una forma sonata bien definida (exposición con dos temas, desarrollo y reexposición), pero jugando mucho con la oposición de un motivo introductorio en Mib Lidio (que suele retornar con su característico tono de bemoles) con el Sol Lidio del resto de la pieza.


El motivo inicial aparece primero en las trompas, y es un motivo heroico con un indudable color modal - un cuarto grado natural muy destacado-, subrayado por una constante pedal de tónica y dominante. Este motivo se mueve entre un 3/2 y otro de 2/2, sugiriendo un característico compás de cinco partes típico de la canción kalevaliana y otras músicas folclóricas, tenido en la época como una característica arcaica (trompas I & II, en notas reales):
Tras esa breve introducción se nos presenta la exposición propiamente dicha con el tema A en Sol Lidio. El motivo es netamente finés por sus características modales y rítmicas. Sus notas están escritas con valores monótonos, salpicadas con ocasionales células dactílicas (esto es, larga-breve-breve), elementos que se encuentran en las melodías folclóricas y que a su vez proceden de la entonación del propio idioma
finés (primeros violines):

El tema se alterna con breves fanfarrias, acentuando el carácter heroico y legendario. Llega inmediatamente el tema B, en La Mayor, lírico y optimista (oboes), finalizando con una figura de las flautas que recuerda a una risa clara y diáfana:

En la expansión de este tema se encuentran nuevas formas del motivo de la introducción, pero como versiones apasionadas con un anhelante acorde de sensible con séptima, un acorde especialmente "mágico". Cuando el motivo se apodera del movimiento empieza el desarrollo propiamente dicho: ¿se inspiró formalmente Sibelius en el primer movimiento de la Sinfonía "Incabada" de Schubert, que también cuenta con un desarrollo basado en un simple motivo introductorio? Es muy posible, dado el amor que sentía hacia el músico vienés.

En la reexposición el tema A aparece transmutado: un ritmo constante de negras iguales, que dibujan un "aura" más que el tema propiamente dicho. El tema B se replantea en Sol Mayor, la tónica principal de la pieza, dejándose sentir una gran estabilización. El movimiento finaliza con nuevas aclamaciones del tema inicial, mezclándose con recuerdos del tema A, constituyendo en suma la espléndida y exultante coda.

Las diferencias en esta pieza respecto a la versión original son bastante evidentes, aunque la esencia los temas y la marcha de los mismos sigan siendo idéntica. El original carece de la introducción en grave (aunque sí que se presenta más adelante). Ese motivo aparece en más ocasiones y de manera más destacada bajo el tejido orquestal en la versión final. La fanfarria de las trompetas también es más afirmativa en la revisión. El desarrollo es más extenso en la redacción de la suite, con unas armonías más avanzadas (más propias del periodo oscuro de la revisión). La coda, en el original es breve y no del todo conclusiva (sin duda intencionadamente), en cambio aquí es contundente y muy extensa.

II. Scena
Tempo di menuetto - Allegro moderato - Allegro, poco a poco più

El segundo movimiento corresponde a la música del cuadro IV,
"Los finlandeses en la Guerra de los Treinta Años". El título en la suite se adecúa perfectamente a su multiseccionalidad, próxima a un brevísimo poema sinfónico, aunque no debemos entenderla como una pieza totalmente programática. Si es posible indicar como esquema general un cierto contenido extramusical: evocación de la época - batalla - victoria. La pieza original, recordémoslo, hablaba de una llamada a la participación de los finlandeses en la guerra como parte del reino de Suecia, aceptada con patriotismo.

Un melancólico minueto en mib menor abre la "escena", y está protagonizado por el fagot y el oboe. Se evocan épocas antiguas, con sus sonoridades barroquizante, logradas técnicamente a través de la escritura a varias voces y la repetición en descenso por grados de sus motivos:

Hay que decir que este recurso de imitación del viejo estilo podía tener gran efectividad en la Finlandia de principios del XX, donde no se conocía a nivel de público apenas nada más antiguo de la música barroca, para dar sensación de gran antigüedad. Una demostración de esto está en "Karelia", una obra sumamente paralela a la Música para las celebraciones de la prensa (cuya versión original también acompañaba a unos cuadros históricos), donde se emplea el minueto para evocar la Edad Media (la Balada de la Suite opus 11).

La orquestación es muy delicada y refinada, sin duda para lograr un gran efecto de contraste con la sección siguiente, una auténtica explosión que se inicia con la siguiente fanfarria (trompeta, en notas reales):

Esta llamada a la guerra da origen a un pequeño pasaje heroico, en Do Mayor. La música se va tensionando hasta llegar a un desarrollo en forma de pasaje de intenso cromatismo en la cuerda, salpicado de sonidos militares del viento y el metal. En un "colapso" muy típico de Sibelius, en el que los motivos en aura, sin forma definida, se apoderan de la música. Son además motivos muy propios del
periodo oscuro, rozando en ocasiones incluso la atonalidad. Este pasaje anuncia el preludio de "La tempestad" opus 109, una obra enormemente avanzada del Sibelius más maduro.

Finalmente la batalla finaliza, y llega la victoria, reflejada musicalmente en forma de marcha triunfal (trompetas y trombones, en notas reales, según la reducción a piano de Ferdinand Rebay):

La melodía es muy característica de este tipo de temas militares y/o heroicos en Sibelius, una marcha amable antes que belicosa, alegre y animosa, con un ámbito pequeño que sugiere el de la música folclórica. Si seguimos la interpretación programática, este exultante pasaje simbolizaría las victorias de los finlandeses, o incluso su vuelta a casa; pero recordemos que la mente de Sibelius posiblemente pensaba en un carácter más abstracto al que se pudiera sugerir.

La gran diferencia respecto a la versión original están en la vanguardista sección cromática central, mucho más extensa, y al igual que sucedía en el primer tiempo, afectada por el espíritu de los años de la revisión. Lo que antes era una transición breve en manos de la cuerda es ahora una sección turbulenta, de tonalidad indefinida, llena de rumores de guerra, y recuerdos del tema de la fanfarria. El comienzo de esta "Scena" es virtualmente idéntico, mientras que en la coda de la marcha triunfal hay pequeños cambios destinados a ensanchar y magnificar su sonoridad.

III. Festivo
Tempo di bolero

El original de este último movimiento era la música para el cuadro III "Escena de la corte del duque Juan". En la Música para las celebraciones de la prensa es anterior a la pieza que da origen al segundo movimiento de la suite, pero esta inversión obedece a criterios musicales muy acertados (los tonos del este último movimiento son muy próximos a los del primero, además de que el carácter de danza de este tiempo es muy adecuado como final de una suite), y se remonta a las primeras interpretaciones bajo la dirección de Kajanus, como hemos descrito anteriormente.

Ya discutimos cuando hablamos de la primera versión lo singular de la elección de un bolero para esta pieza. Su forma es la habitual en una danza, tripartita (ABA'), con un trío central. Aunque hay que señalar una particularidad: frente a lo habitual, es la sección central la más cercana a la danza en la que se inspira. El tono principal es Sol Mayor, mientras que el trío está en Mib Mayor.

Aunque ciertamente a nuestros ojos este bolero tiene muy poco de español, no pareciera realmente que el autor pretendiera tal cosa, y con ello evita que sea una danza demasiado sui generis. Más bien estamos ante una agradable evocación de la danza española, con la que cumple muy bien estructuralmente (se basa en motivos continuamente diferentes de 4+4 compases) y rítmicamente, y eso es suficiente para lograr una pieza sencilla y seductora. Sin duda Sibelius no quiso reproducir una "escena española", sino utilizar un ritmo que se asociara con el momento histórico en concreto.

Este Festivo en ocasiones presenta sonoridades nobles y heroicas, como sucede ya con este primer motivo (clarinete en notas reales, junto con los violoncelli):

Los diferentes motivos se van sucediendo, jugando con la unidad a la vez que con el contraste. En la sección central, como decíamos, se acentúa el carácter de bolero, aquí tenemos su comienzo, un hermoso juego entre las maderas (notas reales):

La pieza, sin duda por su carácter liviano e inmediato, se ha popularizado algo más que es resto de la suite, y no es raro encontrarla como bis de conciertos sinfónicos, o como pieza aislada en alguna grabación.

Es el movimiento que menos cambia respecto al original, parece que Sibelius era consciente de que había logrado una pieza muy bella y compacta desde el primer momento. Excepto una coda ligeramente expandida, el resto de la composición no ha sido tocada excepto en algunos elementos de la orquestación. El más significativo de los cambios es la introducción de unas castañuelas en búsqueda de una sonoridad más "española".

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Tras acabar de completar la revisión (el 27 de septiembre de 1911), el compositor escribió a Breitkopf, el editor de la obra: "debe ser impresa con el número I, ya que mi intención es continuar, una segunda suite, Scènes historiques II". Sin duda estaba muy contento con la suite, y decidió componer otra obra similar, bajo el mismo espíritu aunque de nuevo cuño.

La suite al completo ha sido una obra medianamente conocida por intérpretes y público, y bien valorada. Sin ser una de las partituras originadas en el teatro mejores del autor, no obstante es una música brillante, caballeresca y heroica que muestra una faceta muy importante de Sibelius, la de su incondicional patriotismo. Desde aquí nos gustaría recomendar su escucha complementada con las piezas relacionadas, Finlandia opus 26 o bien las Scènes historiques II opus 66, piezas que completan su dimensión.

DISCOGRAFÍA




Orquesta de la Radio Noruega
Ari Rasilainen
FINLANDIA (2002)

Una bellísima interpretación, emotiva sin caer en el sentimentalismo, sostenida por su sonido límpido y una ascesis muy nórdica, y que acentúa los aspectos legendarios, sin perder nunca los aspectos más dramáticos. El primer tiempo de hecho tiene una dimensión de verdadero poema sinfónico, ágil de y de ritmos trepidantes. El segundo tiempo explota los contrastes entre secciones, que van del melancólico minueto hasta las belicosas fanfarrias, que suenan como sacadas de otro tiempo, y la aguerrida marcha final. El tempo y el ritmo del tercer tiempo mantienen de nuevo un extraordinario vigor en el final de la suite, explotando el contraste entre secciones, como la finura de los solos de vientos, mucho más relajados y líricos. La máxima referencia hasta el momento.

Interpretación: 8,5 • Estilo: 7 • Sonido: 7 



 Orquesta Sinfónica de la Radio Finesa
Jukka-Pekka Saraste
RCA (1988)


Una de las mejores versiones: interpretación brillante, moderna, apasionada, animada y muy heroica, con una excelente exploración sonora, sabiendo sacar de la suite lo mejor de sí misma. Increíble el pasaje cromático del movimiento central. En contra de este registro sólo se podría reprochar cierta frialdad, característica de Saraste, pero su formidable conocimiento técnico y del estilo del autor lo supera. Acompañan a la suite las Scènes Historiques II opus 66 (hecho bastante frecuente en su discografía, como veremos) y la Sexta Sinfonía, todas ellas excelentes interpretaciones.


Interpretación: 8 • Estilo: 9 • Sonido: 7,5


Orquesta Sinfónica de Bournemouth
Paavo Berglund
EMI (1976)


Una grabaciones brillante, a pesar de cierto tono oscuro y serio característico del más valorado director sibeliano de todos los tiempos. Berglund imprime a la suite una gran fuerza y contundencia, destacando su colorido heroico y patriótico. La grabación está presente en varias ediciones, la más reciente (EMI 5099921767425) contiene su primer "Kullervo" opus 7 y otras impresionantes grabaciones. Nuestra absoluta recomendación.

Interpretación: 7,5 • Estilo: 8 • Sonido: 6,5



Orquesta Sinfónica de Gotemburgo
Neeme Järvi
BIS (1985)


Järvi con cuenta con el excelente colorido habitual en el músico estonio, y un gran acierto en cuanto al estilo del autor. Sólo hay que reprocharle que no haya acentuado aún más los valores instrumentales, y darnos una versión algo más animada, aunque de todas formas nunca  insulsa. Aparece también el volumen I de la Sibelius Edition. En el disco original acompañan a la primera suite la segunda y el poema sinfónico En saga opus 9.

Interpretación: 7 • Estilo: 7,5 • Sonido: 6,5





Orquesta Sinfónica de Nueva Zelanda
Pietari Inkinen
NAXOS (2006)


Inkinen realizó con tan sólo 26 años esta su primera grabación para Naxos, confirmando que ya tenía tablas suficientes para abordar el repertorio de su compatriota aun en una orquesta tan lejana como la neozelandesa. Y para nuestra sorpresa con alta nota, mucho más allá que otros directores en teoría superiores. La primera escena reproduce muy bien el clima legendario y ancestral, con murmullos telúricos y ecos heroicos. La segunda se mueve próxima a un poema sinfónico, con secciones bien contrastadas, como la trágica batalla y la orgullosa marcha. El tercer movimiento respira un tanto relajado y seductor, más mediterráneo que nórdico (¡o neozelandés!). Buena versión, aún más recomendable por el precio.


Interpretación: 7 • Estilo: 7,5 • Sonido: 7,5


Orquesta Sinfónica del Estado Húngaro
Jussi Jalas
DECCA (1976)

La versión más singular de esta suite es la de Jussi Jalas, quien fuera yerno del compositor (casado con su hija Margareta en 1929), y una figura esencial del círculo sibeliano. Su cercanía, en especial en los últimos años, tuvo como resultado muchas confidencias de Sibelius sobre su propia obra, que todo intérprete debería tener en cuenta si quiere enfrentarse a una partitura de nuestro autor. Jalas estuvo muy preocupado por sacar a la luz partituras olvidadas (u ocultas) de su venerado maestro - recordemos que fue el responsable de resucitar el "Kullervo" al completo tras la muerte de Sibelius -, y de la divulgación del catálogo sibeliano en general, y de una manera adecuada de interpretarlo. Eso no quiere decir que como director fuera especialmente brillante, pero sí fue un músico más que capaz, y sus interpretaciones deben estar en la cedeteca del buen aficionado a la música de nuestro compositor. Su versión de las Scènes historiques, rescatadas en compact disc, va en este sentido: no es de las mejores, pero participa de un especial sentido de autenticidad, en especial con respecto a los ritmos, nerviosos, y la elección de los tempi.

Interpretación: 6 • Estilo: 9 • Sonido: 7



Orquesta Nacional Escocesa
Alexander Gibson
CHANDOS (1977)


Algo fría y convencional la lectura del escocés, aunque bastante más que correcta en lo puramente musical. A la primera pieza le falta energía y tiene poco sabor mitológico, en la segunda quizá haya algo más de drama gracias sobre todo a la batalla central y el oscuro y casi impresionista episodio posterior, aunque la lentitud de la marcha arruina el efecto final. La última pieza, más animada, peca sin embargo de ligereza, como si de escena de ballet se tratase, aunque no le falta elegancia. Como decimos correcta, pero nada imprescindible.

Interpretación: 6 • Estilo: 6,5 • Sonido: 6,5

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Queda por reseñar un registro, que encontramos en Chandos, de Leif Segerstam con Orquesta de la Radio Nacional de Dinamarca (1996, número de catálogo 9483), en un disco descatalogado, más difícil de encontrar, que contiene también la segunda suite y "Pelléas et Mélisande" opus 46. La duración de las pistas nos deja entrever una interpretación lenta, como suele corresponder con la mayoría de sus grabaciones para ese sello del director.
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Grabaciones parciales

nº1 (All'overtura) & nº2 (Scena)



Orquesta Hallé
John Barbirolli
EMI (1969)


El estilo del Sibelius de Barbirolli en cambio participa de un romanticismo ampuloso, siguiendo la estética habitual de los sibelianos ingleses. Quizá el fallo esté en la concepción: las Scènes historiques, sin ser un conjunto de piezas ligeras, no pueden tomarse tampoco con la solemnidad de la Cuarta Sinfonía. Su valor discográfico es grande sin embargo, Barbirolli ha sido considerado un hito en la discografía del compositor finlandés. El maestro inglés no grabó la suite completa, sino que reunió en una especie de suite propia los dos primeros tiempos, colocando el primero de la Suite opus 66 en medio de ambos. Lástima de experimento.

Interpretación: 6,5 • Estilo: 5,5 • Sonido: 6


nº3 (Festivo)



Orquesta Filarmónica de Londres
Thomas Beecham
COLUMBIA (1935) - varias reediciones, incl. NAXOS (2003)


El final de la Suite fue una "propina" favorita para muchos directores sibelianos de la primera década, y por supuesto el maestro Beecham estaba entre ellos. El ritmo de la grabación es algo lento, solemne incluso, dando a la pieza cierto carácter de polonesa, a cambio vemos dar al movimiento un excelente colorido - en el "blanco y negro" de la grabación antigua, por cierto, bastante buena para la época -, y un gran poder emotivo, que se torna en melancolía en el final. Destacada por su carácter de histórica - creemos que es la primera -, pero ha sido superada, desde luego.

Interpretación: 7 • Estilo: 6,5 • Sonido: 3,5 (mono)



 Orquesta Filarmónica de Berlín
Hans Rosbaud
DEUTSCHE GRAMMOPHON (1954, 1996)


Enérgica y colorida visión de la pieza de Sibelius, a pesar de la seriedad de los músicos germánicos. Rosbaud explota especialmente los paisajes más líricos, dándoles una gran intensidad y emoción. En conjunto un buen contenido dramático, lejos de tratar a este Festivo como una pieza ligera. Recomendable.

Interpretación: 7 • Estilo: 6 • Sonido: 4  (mono)
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Nuestro próximo destino en este recorrido que empezó con la Música para las celebraciones de la prensa JS.137 será la archiconocida Finlandia opus 26.

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Capítulo anterior: Música para las celebraciones de la prensa (4)
Capítulo siguiente: Finlandia opus 26 (próximamente)


[Ampliado: 2 de julio de 2015]
 

miércoles, 20 de mayo de 2009

Música para las Celebraciones de la Prensa JS.137 (4): cuadros IV al VI & Discografía

IV. Suomalaiset 30-vuotiaassa sodassa (Los finlandeses en la Guerra de los Treinta Años)
Tempo di menuetto - Allegro moderato - poco a poco più allegro - Allegro molto

"Desde un cerro jóvenes campesinos finlandeses se apresuran al combate. El árbitro de la batalla les da la clave: el estandarte de la libertad"

Como parte de Suecia, Finlandia combatió en la cruenta Guerra de los Treinta Años en el bando protestante (que contó con la alianza con Francia), contra el Imperio Español, y los católicos alemanes y austriacos. En 1630 la corona sueca marchó a Centroeuropa, al mando de Gustavo II Adolfo, con grandes victorias como la Lützen, aunque el rey perdiera la vida en ella. La participación de Suecia duró hasta el final de la guerra (1648), obteniendo numerosos territorios en la Paz de Westfalia, y conservando su hegemonía en el Báltico.

Dentro del legendario colectivo finlandés, la Guerra era recordada por un cuerpo de caballería ligera formado exclusivamente por soldados autóctonos, los Hakkapeliitta. Aunque hay poca documentación fuera de Suecia o Finlandia, los Hacapelitas (si se nos permite la castellanización) eran respetados y temidos por sus enemigos por su éxito en el combate, y su camaradería y valentía. En algunas iglesias católicas alemanas se realizaba esta petición: "a horribile Haccapaelitorum agmine libera nos, Domine", ("de la horrible armada de los hacapelitas líbranos, Señor").


"La vuelta a casa de los Hacapelitas", obra de Pentti Papinaho, en Lahti. Foto propia


El cuadro de Berholm en cambio parece describir un patriotismo espontáneo de los fineses, y una lucha junto a los suecos por defender sus valores nacionales y religiosos. No hace falta reiterar el ambiente del momento para ver en este cuadro una llamada a la defensa de la patria.

Musicalmente es el número más cercano a un poema sinfónico, por sus distintas secciones: un menuetto (simple evocación del pasado); una "música de batalla", según apunta con claridad Erik Tawaststjerna; y una marcha triunfal y alegre. Sin poder pensar en un programa concreto, ciertamente la secuencia dramática es evidente. Se transformó en el número central de las Scènes historiques I opus 25 como "Scena", de la que ya hablaremos en un próximo post.


V. Isovihan aikana (La Gran Hostilidad)
Grave

"Madre Finlandia está sentada bajo ventiscas de nieve rodeada de su helados hijos. Guerra, hambre, frío y muerte amenazan a todos con el desastre".

La supremacía del Báltico se puso de nuevo en juego cuando el Imperio Ruso, Polonia-Lituania y Dinamarca-Noruega decidieron atacar al Reino de Suecia en la llamada Gran Guerra del Norte (1700-1721) .

Esta guerra de múltiples frentes afectó enormemente a Finlandia, el campo de batalla natural en el choque con Rusia. En 1710 los rusos habían conseguido tomar Viipuri (Vyborg en sueco), la gran plaza del Báltico y capital de Karelia, considerada imposible de conquistar hasta entonces. En el año 1713 los rusos ocupan toda Finlandia, causando auténtico terror en la población en sus incursiones, a la vez que el ejército sueco también inflingía un considerable daño. Este gran desastre se llamó la "Gran hostilidad" o la "Gran rabia".

Viipuri en un grabado del texto " Suecia antiqua et hodierna" de Eric Dahlberg (1700)


Finlandia quedó considerablemente dañada, (en algunas localidades la mortalidad llegó al 90%), y Suecia se vio obligada a claudicar en el Tratado de Paz de Nystad, firmada en la localidad finlandesa de Uusikaupunki. Con este tratado Suecia conservó la mayor parte de Finlandia, pero perdió Viipuri - un símbolo entonces y aún más en tiempo de Sibelius - gran parte de Karelia (la "vieja Finlandia") y de Ingria, además de Estonia y Livonia (también territorios finoungrios).

La brutalidad de la ocupación así como la pérdida de Viipuri y Karelia supuso un auténtico trauma para el pueblo finlandés, que no sería nunca olvidado, a pesar de la reintegración de ciudad y región al Gran Ducado de Finlandia una vez que éste pasó a manos rusas. Con ello no es raro que se alimente una gran animadversión a todo lo ruso, convenientemente recordada en la Finlandia de 1899.

La música es enormemente trágica y lúgubre, basada en lamentos dóricos de gran patetismo, dolientes melodías en los vientos subrayados constantemente por los timbales. Después la cuerda gana presencia con motivos cromáticos. Esta sección retoma un motivo de un breve fragmento para violín y piano, llamado por Folke Gräsbeck "[Grave] en re menor", escrito en algún momento entre 1891 y 1894.

La melodía va creciendo en intensidad para llegar de nuevo a los acordes de viento con los timbales. Todo transmite de una gran sensación de inmovilidad. Vuelve entonces los motivos de la cuerda, cada vez más retorcidos. Cuerda y viento se alternan al retomar los motivos dóricos del comienzo y los acordes, cada vez más distanciados y enmudecidos.

Los acordes, entrecortados de tensos silencios, anticipan de manera clara el comienzo del número final de la obra, lo que nos ayuda a esclarecer su significado. Un número magnífico, pero al igual que el segundo muy ligado a la obra, con lo que se entiende la decisión de no "rescatarlo" para la suite.


(Música tocada durante el cuadro V)
Cuatro brevísimos acordes en pianissimo de la cuerda sirven para colorear el comienzo del cuadro en sí, como una ilustración atmosférica, trágica y lejana.


VI. Suomi herää (Finlandia despierta)
Allegro moderato - Allegro - Poco allegro - Un poco stretto

"Los poderes de la oscuridad amenazando a Finlandia no han tenido éxito en sus acciones. Finlandia despierta. Entre los grandes hombres de este tiempo, que adornan las páginas de la historia, uno narra la historia de Alejandro II, y otros los recuerdos del agitador renacimiento de Finlandia: Runeberg escucha a su musa, Snellman inspira a sus estudiantes, Lönnrot transcribe los runos; cuatro portavoces de la primera Dieta, el comienzo de la educación elemental y la primera locomotora de vapor son todos recordados".

Este cuadro es un reflejo de la situación del país durante el siglo XIX, bajo el dominio ruso. Obviamente es una exaltación de todos los avances del Gran Ducado en la medida en que era autónomo, una exaltación de los fundamentos del nacionalismo y de sus éxitos, pero sobre todo de sus héroes a lo largo de ese siglo, punto de inflexión de la historia finlandesa.

En primer lugar está la figura de Alejandro II, zar de Rusia durante los años 1855-1881. Como ya vimos en el post correspondiente, el zar, de orientación liberal, fue un gran promotor de nuevas libertades en Finlandia. Su aportación mayor fue el resurgimiento de la Dieta, el parlamento representativo de Finlandia, que pudo ejercer de poder legislativo y consultivo, pidiendo constantemente la mejora de la autonomía y de los derechos de los finlandeses. Así mismo elevó (a iniciativa de Snellman) el finés a categoría de lengua co-oficial, permitiéndose la enseñanza en este idioma, el mayoritario del pueblo (precisamente Sibelius estudió en la primera escuela de este tipo). Creó también una moneda autónoma, el marco finlandés, lo que supuso la apertura económica y una incipiente modernización e industrialización del país (sólo interrumpida por la hambruna de finales de la década de los 1860s). Entre los símbolos de esa modernización estaba el ferrocarril, que inició su historia en 1862, un icono que se recuerda también en este cuadro.

Sin duda las medidas propiciaron el progreso de Finlandia, y Alejandro II fue recordado muy favorablemente por finlandeses, aun por el nacionalismo cultural a pesar de ser un monarca ruso, como vemos. Como ya apuntamos, una estatua nada menos que en la Plaza del Senado de Helsinki recuerda estos especiales lazos con el zar con el agradecido pueblo finlandés.

Sobre Johan Ludvig Runeberg (1804-1877) ya hemos hablado en otras ocasiones: el mayor poeta finlandés de la época, indiscutible versificador del sentimiento romántico finés (aunque su lengua fuera sueco), y muy amado incluso fuera de los círculos cultos. Fue autor además, recordemos, del texto del himno nacional, que en incluso en 1899, dos décadas antes de la independencia, era tenido oficiosamente como tal. Sibelius, al igual que el resto de los músicos finlandeses de la época adoraba sus versos no sólo por la belleza de sus metáforas, sino por ser tremendamente musicables.

El filósofo Johan Vilhelm Snellman (1804-1881) empezó sus lecturas en la Universidad de Helsinki en 1835, atrayendo a gran número de alumnos, y estableciendo amistad y discusión intelectual con Runeberg y Lönnrot. Fue considerado por las autoridades como un radical por su apasionamiento político. Tras un exilio semivoluntario en Alemania, Snellman volvió a la Universidad, y encabezó el movimiento Fennoman. Tras la convocatoria de la Dieta se convierte en uno de sus más ardientes y prestigiosos miembros, llegando a ser nombrado Consejero de Hacienda. Tras su labor están dos de los mayores avances durante el reinado de Alejandro II, la igualación del finés y el marco. Tenido de nuevo como radical, es obligado a dimitir en 1868, aunque seguirá en la política hasta su muerte como miembro de la cámara de nobles (fue elevado a esta categoría en aquel momento).

Grabado de Johan Vilhelm Snellman (1804-1881)

Para el sentimiento nacionalista de 1899 Snellman fue el principal personaje del siglo, en especial para los Fennoman, que no olvidarían su aportación a la oficialidad del finés. Pero era recordado sobre todo por ser la primera figura destacada en pedir abiertamente la independencia de Finlandia. 

Tal como aparece en cuadro histórico, Elias Lönnrot , recorrió los campos de Finlandia para recoger los runos ancestrales, que recopiló, como ya sabrán los lectores habituales, en el Kalevala. No viene mal recordar que, para la mentalidad de Sibelius y sus contemporáneos, la obra de Lönnrot recoge en esencia el pasado ancestral de Finlandia: los versos del Kalevala eran parte indisociable del alma finlandesa. Bajo una mentalidad más científica esta pretensión ha disminuido considerablemente, aunque ciertamente hay ecos innegables de la antigua época pagana.

Este desfile de personajes estaba desde luego llamado a ser un final apoteósico para la velada, y para ello Jean Sibelius compuso una música directa y emocionante, dispuesta a lograr lo que su título dice: "Finlandia se levanta". Como ya hemos dicho antes, esta pieza revisada (unos cuantos toques a la dinámica y la recomposición de la coda por dos veces) se convirtió en Finlandia opus 26, la obra más popular de nuestro compositor.

Ya entraremos en un próximo post en un análisis más detallado de la pieza revisada, sólo introduciremos ahora algunas cuestiones. "Finlandia despierta" se estructura en dos partes bien diferenciadas: una introducción de trágicos y pesados acordes y una parte triunfal y exultante, que a su vez incluye una sección hímnica de gran belleza. La coda de esta versión original está basada en las fanfarrias de la segunda parte, no en su sección hímnica como sucede en la versión final.

Para entender qué idea extramusical hay en esta pieza, tenemos que tener en cuenta lo que se representa en el cuadro histórico al que preludia, y el esquema musical mismo, que no es del todo original en la historia de la música: un referente muy claro, como apunta Erik Tawaststjerna, está en la obertura "Egmont" de Beethoven, que nuestro autor había escuchado durante su estancia en Viena, o incluso en la Obertura 1812 de Chaikovsky. Esto es: opresión y liberación, tiranía y victoria, batalla y triunfo.

Los acordes iniciales ya estaban anunciados en "La gran hostilidad", y no deja mucho lugar a la duda que representa la situación de dominación rusa respecto a Finlandia (enlazando con el cuadro anterior), mientras que el carácter del final tampoco nos hace pensar en otra cosa que el camino hacia la independencia, o el sueño de una independencia ya lograda. La melodía hímnica, ciertamente bellísima, es sublime y ensoñadora, un aliento de esperanza de un futuro mejor, una aclamación popular y serena.

Según apuntan las últimas opiniones - por ejemplo el artículo de James Hepokoski en el New Grove Dictionary - nuestro compositor parece citar en esta parte un coro patriótico conocido en la época "Herää, Suomi!" ("¡Despierta, Finlandia!", precisamente el título de la música de Sibelius), obra del autor también finlandés Emil Genetz (quien además fue profesor de Sibelius en Hämeenlinna), publicado en 1882. Esta referencia es además muy semejante a la que en "Karelia" JS.115 hizo con el himno de Pacius-Runeberg (futuro himno nacional), y sin duda el público reconoció el guiño.

En cualquier caso es un final magnífico para esta obra, que tuvo un éxito inmediato en las interpretaciones de concierto de los meses siguientes. Aunque desprendida de su lugar original, Finlandia tuvo en aquellos años esa connotación de obra nacionalista y patriótica, lo que le ayudaría a alcanzar la fama en esos tiempos tan turbulentos. Pero esa es ya otra historia.


DISCOGRAFÍA

Sólo existen dos versiones de la obra registradas y accesibles internacionalmente. La primera en aparecer fue la grabación dirigida por Tuomas Ollila con la Orquesta Filarmónica de Tampere para Ondine (editado en 1998, ODE 913-2). El registro cumplió con su función de descubrir mundialmente la pieza con una buena lectura, pero fácilmente superable como lo demostró la siguiente grabación. El disco también incluía la primera grabación de la "Música para la Asociación de estudiantes de Viipuri" o "Karelia" JS.115, una doble propuesta realmente interesante, que permite comparar las numerosas conexiones entre ambas partituras.



No obstante, de nuevo BIS y Vänskä, en el centenario del estreno, lograron superar con su excelente conocimiento del autor y su indiscutible calidad en un disco que titularon "Finland awakes", evocando el final de la Música de la Prensa. El disco además incluía otras piezas patrióticas como la "improvisación" con recitador opus 30, los tres coros opus 31 (incluyendo el "Aternarnes sång" en su versión original") y una versión intermedia de Finlandia en la que la coda consistía en una versión de la sección hímnica tocada con toda la fuerza posible. Sin discusión, el refinamiento y el especial colorido conseguido por Vänskä hace vibrar estas composiciones, por lo que se convierte, con mucha diferencia, en la primer opción. Como curiosidad señalar que el director finlandés graba además los cuatro acordes del cuadro penúltimo, lo cual no hace Ollila. Esta grabación de la Música para las Celebraciones de la Prensa aparece también el volumen VIII de la Sibelius Edition, dedicado a obras orquestales varias, y del que hablaremos también próximamente.

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En nuestros próximos posts, como ya hemos reiterado, veremos qué suerte corrió esta magnífica partitura, y analizaremos en detalle las Scènes historiques I opus 25 (que reelaboran en forma de suite independiente la música para los cuadros I, IV y III), y Finlandia opus 26 (reelaboración de la música del cuadro final).


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viernes, 15 de mayo de 2009

Música para las Celebraciones de la Prensa JS.137 (3): preludio y cuadros del I al III

La Música para las Celebraciones de la Prensa ("Musiikkia Sanomalehdistön päivien juhlanäytäntöön" o"Sanomalehdistön päivien musikki" en finés) está estructurada, como ya anunciamos en un preludio para convocar al público y seis movimientos que antecedieron a cada uno de los cuadros históricos, más cuatro compases que se ejecutaron en el cuadro quinto. En el presente post hablaremos del preludio y los tres primeros cuadros. Además explicaremos los hechos de la historia de Finlandia que se reflejan en la obra, en una doble perspectiva: la simbología que se le quiso dar en esa Finlandia del Manifiesto de Febrero como la historia real tal y como los ve la historiografía actual.

Preludio
Andante (ma non troppo)

Escrito para viento y percusión en exclusiva, la pieza se mueve a través de solemnes figuras y pesados acordes, alternando con ritmos anapésticos más ágiles. La música vacila entre los modos mayor y menor, dando una sensación agridulce, pero sin perder nunca el carácter un tanto ritual de este preludio. Todo se rompe forma dramática por una fanfarria belicosa ¿un símbolo del propio Manifiesto de febrero? Tal vez, pero en cualquier caso en un sentido abstracto, ninguna de las piezas de la obra tienen un carácter directamente programático o descriptivo. Su intención es crear una atmósfera musical que anteceda a la representación.

El fin de este fragmento en concreto era acallar al público para que el espectáculo pudiese comenzar, al estilo de las primitivas sinfonías de ópera, pero al parecer falló en este propósito, hecho que disgustó al compositor. Formó parte de una primitiva "suite histórica" como extracto de concierto (junto a las piezas que formarían las Scènes historiques I opus 25 y Finlandia opus 26), pero finalmente no se incorporaría a ella, seguramente siguiendo el criterio de Kajanus o bajo el recuerdo amargo de la experiencia del día del estreno.

El experto sibeliano Kari Kilpeläinen ha relacionado el pequeño poema sinfónico Tiera JS.200 (Tiera es un personaje del Kalevala), escrito para metal y percusión, con la Música para las Celebraciones de la Prensa. Es posible en tal caso que tuviera relación con el preludio en particular (¿una concepción primitiva del mismo?).

I. Väinämöinen ilahduttaa laulullaan luontoa, Kalevan ja Pohjolan kansaa (Väinämöinen encanta a la naturaleza, y a las gentes de Kalevala y Pohjola, con su canción)
Allegro con moto - Largo - Tempo I - Più allegro - Più moto - Molto vivace

En este cuadro se evoca el pasado mítico y pagano de Finlandia. Para la mentalidad del nacionalismo cultural de la época esto significa el tiempo del Kalevala. "Väinämöinen aparece sentado en una roca tocando el kantele. No sólo los habitantes de Kalevala y Pohjola escuchan encantados, sino también los poderes de la naturaleza" (según una crítica aparecida en el diario Hufvudstadsbladet del 5 de noviembre, que reproduciremos en cada número).


Pinturas prehistóricas en Astuvansalmi. Fotografía de Ohto Kokko

Este mundo mítico poco tiene que ver con la historia real de Finlandia, ya que, aunque se cree que los relatos del Kalevala tienen una base efectivamente prehistórica, la forma en la que ha llegado es muy posterior, los dioses se ha humanizado (convertidos o fusionados con héroes), y el paganismo convertido en un lejano eco.

Muy poco se sabe de los fineses antes de la llegada de los suecos en el siglo XII, con los que llegaron también los primeros relatos realmente históricos. Hay asentamientos hacia el 8500 a.C, aunque las grandes migraciones no penetraron en la región hasta algún momento entre el 4000 y 1500 a.C. Se discuten aún si eran finougrios o indoeuropeos, porque su cultura parece ser de origen indoeuropeo (incluyendo la introducción de la agricultura), produciéndose en esta hipótesis el proceso de "finlandialización" durante la edad del Bronce (1500-500 a.C.).

Es desde luego un misterio la relación entre la lengua y el origen genético de los finougrios, dándose la peculiaridad de que lingüística y genéticamente los fineses están muy separados de los indoeuropeos, aunque hay trazas en ambos campos de algún contacto muy primitivo (los pueblos más cercanos, aun siendo tremendamente lejanos, serían los del centro de Europa y la población flamenca de Bélgica, hecho bastante sorprendente), a pesar de la similitud física evidente. Un verdadero enigma, del que ya hablaremos en alguna otra ocasión.

Durante la Edad del Hierro (500 a.C. - 1150 d.C) los pueblos finougrios permanecen aislados del resto de la historia Europea. Hubo sin embargo muchos contactos, desde sus vecinos bálticos y escandinavos hasta viajeros más lejanos, llegándose a mencionar por vez primera en la obra "Germania" de Tácito (año 98 d.C), en la que se habla del pueblo de los "fenni" ("fennos" en la versión castellana). La primera mención a un nombre similar a "Finlandia" se encuentra en una inscripción rúnica en piedra, en Suecia, de c.582, bajo la forma "Finlont". La forma definitiva, "Finland", significaría "Tierra de los Finn".

Muy poco sabemos de la realidad de estos pueblos, que en ningún momento parecían tener una organización estatal, y que eran agricultores (fundamentalmente en el sur y en el oeste) y pastores (en el resto), comerciando con sus vecinos en ocasiones, pero ajenos al devenir de la historia del resto de Europa.

Para Sibelius sin embargo ese pasado misterioso se dejaba sentir en el folclore recogido en el Kalevala, y esa memoria ancestral llegaba al finlandés de 1899 de esta forma tan hermosa.

La pieza musical es breve, y se basa en ágiles y enérgicas melodías de carácter claramente modal (el modo lidio en particular), en un estilo más propio del periodo kalevaliano que del romántico de esos años. A las figuras de notas rápidas, que constituyen obstinati y motivos de aura, se alternan fragmentos lentos y más dramáticos. Esta pieza pasó a las Scènes historiques I como "All'overtura", y ya la analizaremos más en profundidad cuando hablemos de dicha suite.



II. Suomalaisia kastetaan / Suomen kansa tulee kristityksi (Los finlandeses se cristianizan)
Andante (ma non troppo lento)

"El obispo Henrik bautiza a un joven jefe de clan finlandés y otros aguardan el bautismo" (durante el cuadro, tres ángeles donan simbólicamente una cruz, una palma y la Biblia).

Frente a la herencia pagana y mitológica, este cuadro recuerda la herencia cristiana, que es también la herencia sueca. Hacia el año 1150, el obispo Henrik (san Enrique de Uppsala) protagonizó la llamada "Primera cruzada a Finlandia" bajo órdenes de Erik, rey de Suecia.

Según la leyenda, Henrik fue asesinado por un campesino excomulgado llamado Lalli sobre la superficie helada del lago Köyliö. La Iglesia canonizaría al obispo, y el rey sería considerado también como santo popular en el reino de Suecia desde el final de la Edad Media (como Erik el Santo).

San Enrique es asesinado por Lalli. Acuarela de C.A. Ekman (1854)

Sin embargo gran parte de los sucesos de aquella cruzada son considerados leyenda: parecen tan sólo un eco de expediciones de Suecia contra la influencia de la República de Novgorod. La misma existencia del santo ha sido cuestionada, ya que no aparece en las primeras crónicas del siglo XIII. En cualquier caso ciertamente de esa época (o incluso anteriores) datan las primeras misiones colonizadoras y cristianizadoras, que no son estables hasta un siglo después, cuando el Reino de Suecia y su religión (términos que van siempre unidos en la mentalidad de 1899) se establecen en la costa oeste y sur de Finlandia.

La cristianización se impulsó a través de otras dos campañas, llamadas respectivamente Segunda y Tercera Cruzadas Suecas, y se extendió a otros pueblos finougrios (karelios, lapones, ingrios, livonios, etc.), estableciéndose casi definitivamente la frontera oriental de Finlandia, entonces parte del Reino de Suecia.

En cuanto a la cristianización en sí dependió mucho del lugar. Las áreas urbanas y/o las más influidas por Suecia se convirtieron plenamente, pero muchos de los campesinos y los pastores nómadas mantuvieron creencias paganas, a veces disfrazadas en relatos folclóricos, como se recogería en siglo XIX en el Kalevala. Hay informes de paganismo incluso en ese siglo XIX, a pesar de la continua presión evangelizadora de la iglesia luterana.

Al asumir la identidad sueca y cristiana, Finlandia asumía uno de sus componentes identitarios (junto al proveniente mundo ancestral del mitifica el Kalevala), recogido perfectamente en este cuadro histórico.

Musicalmente se basa de nuevo en coloridos modales, si bien de índole distinto al número anterior, al predominar el dórico. La notas son largas y sin definición rítmica, lo que lógicamente nos remite a un tema gregoriano, armonizado sin embargo como un coral luterano. Las sonoridades son pesadas y graves, densas (adelantando el comienzo de "Finlandia despierta"), siempre muy solemnes, que junto a un toque de campana dejan claro el carácter religioso de la pieza. El planteamiento es muy similar al de la pieza paralela de la "Música para la Asociación de Estudiantes de Viipuri" JS.115 (más conocido como "Karelia"), la primera de varias similitudes entre ambas obras sobre cuadros históricos.

Sensacional pieza atmósferica, la más extensa de la obra. No llegó, sin embargo, a la suite, sin duda por estar demasiado comprometida con la representación y carecer por tanto de mucho sentido fuera de ella.


III. Juhana herttuan hovista (Escena de la corte del duque Juan)
Quasi tempo di menuetto


El tercer cuadro presenta unas festividades en las que el duque de Finlandia Juan expresa su amor por Finlandia y su deseo por la felicidad de todo el territorio.

La escena está ambientada en el castillo de Turku (Åbo en sueco), capital de la Finlandia sueca, durante el mandato del duque Juan, hijo del gran rey Gustav Vasa, quien llevó el protestantismo a su país. El duque llegaría a ser el rey Juan III de Suecia.

El mandato de Juan sobre Finlandia (1556-1563) está marcado por el enfrentamiento con su medio-hermano Erik XIV, por entonces rey. Sin duda esta lucha, bajo el punto de vista del nacionalismo de la obra, fue interpretada como una visión de la singularidad propia de Finlandia frente a Suecia.

Lo cierto es la lucha entre los medio hermanos fue una pura lucha de poder. Juan III fue especialmente ambicioso, como muestra el hecho del matrimonio con la católica Catalina Jagellón, hija del rey de Polonia Segismundo I Viejo, cuando su padre había establecido ya la reforma. Como consecuencia de este matrimonio fue encarcelado durante tres años, hasta que las protestas contra Erik XIV, demente, lo convirtieron en el rey de Suecia. Los enfrentamientos internos y el acercamiento (nunca total) del monarca al catolicismo dejaron al reino muy debilitado a su muerte.


Juan III de Suecia, retratado por Johan Baptista van Uther (1582)

Sorprende pues encontrar a este duque en la obra dirigida por Bergbom, pero como decíamos su singular carácter parece que fue visto como un primer atisbo de la conceptualización de una Finlandia diferente a la que se veía desde el punto de vista estrictamente legal, una parte más del reino de Suecia. Al crecer el poder del duque ciertamente convirtió a Finlandia en algo diferente por momentos, aunque muy lejos de la idea de nación que se tenía en las postrimerías del siglo XIX.

Musicalmente Sibelius realiza también una decisión sorprendente: un bolero. Sobre el por qué se suele apuntar - como apunta de hecho por ejemplo Andrew Barnett - que es un apunte al catolicismo de su mujer, asociando catolicismo con España, y a España con el bolero. Si permiten una idea particular por parte de quien les escribe, se puede pensar en algo más general, como es la influencia del catolicismo sobre el duque Juan y el poder que en general gozaba España en aquella época, marcando incluso modas como el traje que viste en el retrato el rey Juan III. El uso de un bolero, junto con el del fandango, eran parte del tópico de lo español del siglo XIX, y al querer representar el carácter festivo del cuadro la elección del bolero pudo ser natural a Sibelius. Nuestro músico revisó la pieza, que se denominaría "Festivo, tempo di bolero " en las Scènes historiques, y entre otros cambios añadió castañuelas, lo que acentuó su cercanía al folclore español.

Curiosamente no es la única vez que nuestro compositor se acercaría a lo español, sea aún más interesante la bizarría si pensamos que ni siquiera se acercó al folclore propio, el finlandés. Una extravagante curiosidad, ciertamente.

Musicalmente es una pieza alegre y pasional, llena de ritmo y de mucho colorido, correspondiendo al momento compositivo que vivía Sibelius (muy semejante a alguno de los números de "Rey Cristian II"). Ya analizaremos la composición en sí más detenidamente cuando hablemos de la suite.

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En nuestro próximo post veremos las tres piezas restantes y la parte de la historia de Finlandia que representan, además de la discografía de esta "Música para las Celebraciones de la Prensa".





martes, 12 de mayo de 2009

Biografía (6): 1888, el primer gran año compositivo

Interrumpimos brevemente nuestra serie sobre la Música para las Celebraciones de la Prensa para continuar con la biografía del genio finlandés.

Capítulo 1: 1865-1868
Capítulo 2: Niñez y primeros pasos musicales (1868-1881)
Capítulo 3: primeras obras y últimos años en Hämeenlinna (1881-1885)

Capítulo 4: el primer año de estudio en Helsinki (1885-1886)
Capítulo 5: los años 1886 y 1887

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El año 1888 fue un gran salto hacia delante del Sibelius compositor. Es un año de exploración de las formas y de nuevos géneros (las primeras obras vocales). Recibe sus primeros encargos, estrena sus primeras obras ante público y crítica, e incluso publica su primera partitura. Jean Sibelius en definitiva se consagra como compositor, principiante, pero compositor al fin y al cabo.

Nuestro autor había comenzado en el año anterior sus ejercicios de composición para voz con un Credo para coro mixto, y a lo largo de 1888 prosigue con esta práctica, con textos convencionales de la tradición religiosa o con textos poéticos más cuidadosamente escogidos, incluyendo tres coros con texto de Runeberg. También sobre un texto del gran poeta compone la canción "Serenade" JS.167 en enero de aquel año. Esta obra, posiblemente creada a instancias de Wegelius, fue incluida en una antología editada por el maestro, "Det sjungande Finland" ("La Finlandia cantante"), publicada al mes siguiente. Ésta es de hecho la primera publicación de una obra de Jean Sibelius. Otras canciones vinieron ese año, algunas como ejercicios (e incompletas), otras al parecer con un propósito más artístico.

A lo largo de este post hablaremos de las obras más sobresalientes, ya que los títulos individuales son muchos y ya se detallarán en la primera parte del catálogo cronológico que estamos preparando.

El profesor Wegelius, muy orgulloso de su alumno, decidió ofrecerle la posibilidad de escribir una pieza para la obra "Näcken" ("La ondina") de Gunnar Wenneberg, de la que Wegelius escribiría el resto de la música incidental. La aportación de Sibelius consistió en una canción (JS.138) con recitación y con acompañamiento de trío con piano. La obra, sencilla pero hermosa, estrenada el 9 de abril en el Instituto de Música, fue acogida favorablemente, y Richard Flatin llamó la atención sobre ella en su crítica.

En el concierto de despedida del curso 1887-1888, nuestro músico estrena una nueva e importante partitura, su Tema y variaciones en do sostenido menor para cuarteto de cuerda JS.195. Con ocasión del evento, aquel 31 de mayo interpretaron la pieza Hermann Csillag (el profesor de Sibelius) y Anna Tigersted (una vieja amiga de Hämeenlinna) a los violines, el propio Jean a la viola y su hermano Christian al cello. La obra - en la que descubrimos algunas de las futuras texturas del Sibelius más maduro, como obstinati de la época kalevaliana o "auras" - fue muy aplaudida y alabada (Faltin escribió en Nya Pressen que la composición exhibió "una fina habilidad técnica y una notable riqueza de imaginación"). La pieza recibió por parte del autor un número de opus 1, aunque lo perdió años más tarde (las numeraciones del autor fueron cambiando en muchas ocasiones con los años, en especial con el comienzo de la lista). Parte de la misma obra parece perdida, al menos cinco compases (fácilmente reconstruibles) de la tercera variación, pero es posible que alguna variación entera esté también perdida por desgracia.
La Sibelius-Akatemia en la actualidad, en su día el Instituto de Música que fundó Martin Wegelius y donde el propio Sibelius cursó estudios entre 1885 y 1889
 
En verano el autor finlandés se desplazó a Loviisa ("Lovisa" en sueco), a la vieja casa de su abuela paterna, fallecida en 1879, pero que en ese momento volvía a ser para la familia. De nuevo fue un intenso verano compositivamente hablando, quizá el último donde los propósitos artísticos superaban los de las obras inscritas para el Instituto. En la localidad costera se escribieron los compases del último gran trío, conocido como es habitual como "Lovisa" (Trío en Do Mayor JS.208). Esta obra, optimista y vigorosa, con un melancólico movimiento central, ha sido una de las más conocidas de las músicas de juventud del autor, ya que incluso en sus últimos años el autor permitió su ejecución. En lo sentimental significaba mucho para Sibelius: aquellas despreocupadas y felices vacaciones de sus primeros años.

Casa de los Sibelius en Loviisa. Foto de la época

Otra importante obra parece provenir de estas semanas, la Suite para violín y piano en Mi Mayor JS.188. Partitura virtuosística, muestra las primeras preocupaciones de nuestro compositor por la unidad, con enlaces entre sus movimientos, comúnmente con forma de cadencia. También en esos días escribió el melodrama para recitador y piano "O, om du sett" (Oh, si hubieras visto") JS.141 - con texto de una admiradora, Ellen Hackzell - , y "En visa" ("Una canción") JS.171 para voz y piano sobre texto de Runeberg.

De vuelta a Helsinki, Sibelius escribió numerosos coros, normalmente con palabras en sueco (una excepción respecto a sus años maduros), además de otros ejercicios en ese otoño.


Durante ese año, nuestro músico profundizó mucho en la relación con los Järnefelt, en especial con Eero y Armas, de los que ya era un gran amigo. También por entonces conoció a su hermana, Aino. Según relatarían tanto ella como Jean Sibelius, desde el primer encuentro los sentimientos entre el compositor y la refinada joven fueron grandes y mutuos, si bien en aquellos primeros momentos no parecía que tal relación fuera posible. Ella era hija del General Järnefelt, patriarca de una de las más respetadas familias de Finlandia y él sólo un músico, muy prometedor, pero lejos de su status. Jean sin duda sintió un gran amor entonces por Aino, pero el matrimonio era una idea improbable, y no pudo sino interesarse por otras muchas mujeres. Sólo su triunfo posterior abrió las puertas a la relación.

El hecho más destacado en aquellos días fue sin embargo la llegada de Feruccio Busoni (1866-1924), que permaneció como profesor de piano hasta 189o en el Instituto de Música, y que en seguida se convirtió en un gran amigo de nuestro autor. "Mi encuentro con Busoni fue de lo más estimulante para mí" - narra Sibelius a Karl Ekman -. "Por un lado éramos tan distintos entre nosotros como es posible serlo. Busoni había crecido como niño prodigio y gastado su juventud en hoteles de prácticamente cada ciudad de Europa. Entró en contacto con la naturaleza por primera vez en Finlandia. En las primeras etapas de nuestro encuentro se sorprendía de los grandes beneficios que yo era capaz de extraer de mi comunión con la naturaleza. Más tarde él me entendió mejor, aunque con su muy intelectual, reflexiva actitud no pudo nunca rendirse sin reservas a las impresiones naturales" (mucho dice del propio Sibelius esta cita, más que de Busoni).

La amistad con el músico germano-italiano fue muy grande y se prolongó más allá de la estancia de Busoni en Helsinki, en cada oportunidad que tuvieron se encontraron, es especial en las numerosas vistas del pianista y compositor a Finlandia. El último encuentro se produjo en Londres, en 1921. Pero en aquellos años ambos compositores (aunque Sibelius apenas había comenzado a estrenar sus obras y Busoni tardaría aún más en deslumbrar por sus composiciones) ambos estaban muy lejos de sus futuras carreras. 


Feruccio Busoni, foto de c. 1895

Su contacto fue fructífero por sus discusiones estéticas. Busoni pudo ver en seguida al genio que se intuía en Sibelius, mientras que el finlandés se sintió cautivado por la personalidad del germano-italiano: "era de generosa naturaleza, cordial e impulsivo. Tocaba de buen grado para nosotros durante nuestros encuentros, ya fuera trabajos de sus compositores favoritos o sus propias improvisaciones". Según apunta Robert Layton muy posiblemente la experiencia de presenciar el virtuosismo extremo de Busoni influyó en su decisión progresiva de abandonar el violín a cambio de la composición.

"Cuando no había música Busoni capturaba nuestros espíritus relatando sus experiencias en varios países, describiendo con ánimo contagioso y mezclaba con excelente carácter chistes y bromas. No podía ser superado jugando con las palabras."

En torno a Busoni, se reunió un grupo de estudiantes del Instituto de Wegelius que se harían llamar los "leskovitas" ("Lesko" era el nombre del perro de Busoni), al que pertenecieron Armas y Eero Järnefelt, Adolf Paul y Jean Sibelius (como recuerdo de aquella amistad el primer movimiento de la Geharnischte Suite (1890) fue dedicada a Sibelius (los otros a los demás miembros del grupo de amigos). En el Helsinki de finales de aquella década no era difícil descubrir a los singulares "leskovitas" en los principales cafés y restaurantes de la ciudad, como el del Hotel Kämp.

Es en este ambiente distendido en el que Sibelius pasaba su último curso del Instituto de Música de Helsinki. Ya era un compositor, y muchos preveían en él un genio, el genio que necesitaba Finlandia. Pero aún tenía que encontrarse su personalidad, su estilo propio. Esa búsqueda se iniciará al año siguiente.
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jueves, 7 de mayo de 2009

Música para las Celebraciones de la Prensa JS.137 (2): historia de la obra

El llamado "Círculo Päivälehti" o también "Nuori Suomi" ("Joven Finlandia") fue un importantísimo grupo que llegó a aglutinar a los principales personajes de la vida cultural del paso del siglo XIX al XX en torno a un propósito común: una Finlandia libre. Sus reivindicaciones eran una política democrática, mayor justicia social, y una cultura identitaria y propia. Al grupo pertenecían los escritores Juhani Aho, Arvid Järnefelt, Eero Erkko (su nieto es el actual dueño del Helsingin Sanommat), Eino Leino y Minna Canth; los pintores Akseli Gallén-Kallela, Eero Järnefelt y Pekka Halonen; los músicos Robert Kajanus y Oskar Merikanto; junto con otras figuras como el jurista Kaarlo Ståhlberg, quien sería el primer presidente de la Finlandia independiente.

El grupo promovió entre otras actividades las dos publicaciones que precisamente dan nombre al círculo, llamadas "Päivälehti" (traducible sencillamente como "El diario", título más comprometido de lo que parece si pensamos que no existía ningún periódico anterior escrito en finés), y el anuario "Nuori Suomi", editado para cada Navidad.


Numero 0 del diario "Päivälehti", del 16 de diciembre de 1889

Aunque Sibelius no perteneció al grupo propiamente dicho, sí colaboró con él, y tuvo una especial amistad varios de sus miembros: los hermanos (y desde 1892 cuñados) Järnefelt, y los pintores y músicos citados. Participó además con algún escrito en sus publicaciones, además de alguna pequeña partitura publicada en "Nuori Suomi". Pero sin duda su más significativa contribución a la ideología y los actos del grupo fue la "Música para las Celebraciones de la Prensa".

"Päivälehti" se había convertido en el principal referente del pensamiento finlandés cuando el 15 de febrero fue promulgado el ya conocido
Manifiesto que restringía como nunca antes la autonomía del Gran Ducado de Finlandia. Entre las medidas se anunciaban duras normativas que afectaban al derecho de expresión y de reunión.

En las obras del Sibelius de aquellos días flotó un claro espíritu combativo, un sentimiento nacional herido pero orgulloso, que podemos encontrar tanto en su inspiración como en la recepción que tenían sus composiciones. En un concierto celebrado en la Universidad de Helsinki el 26 de abril, nuestro autor estrenó dos obras inmortales: el coro "Atenarnes sång" ("Canto de los atenienses") opus 31 nº3 y la versión original de su Primera Sinfonía. El coro claramente es una llamada a la lucha ante la situación (un poema de guerra de la Grecia antigua - lo que lo haría pasar desapercibido a los censores - traducido libremente por Rydberg) y entusiasmó por su llamada al valor popular ante el enfrentamiento. Pronto ganó enorme fama (procurada por los numerosos arreglos del propio autor) y se convirtió en algo semejante al Coro de esclavos del "Nabucco" de Verdi ante la dominación austro-húngara, un himno patriótico y de resistencia.

La Sinfonía, sin tener ningún programa y en cambio sí, curiosamente, influencias de la música rusa, fue contemplada en el furor del momento como máximo símbolo de Finlandia, de su personalidad y de su arte. Según Richard Faltin, "el compositor habla el lenguaje de la humanidad, pero una lengua que no es sino la suya".

Durante los meses siguientes cuatro grandes diarios fueron cerrados, entre ellos por supuesto el principal, el Päivälehti, clausurado en septiembre por tiempo indefinido. La reacción ante estos ataques a la libertad fueron numerosas muestras patrióticas y actos benéficos que desafiaban sutil pero abiertamente las medidas del Manifiesto.

Sibelius atendió a la petición de un estreno para el concierto organizado la Asociación de Estudiantes Savo-Karelios en Helsinki, el 21 de octubre con la obra "Isslossningen i Uleå älv" ("La ruptura del hielo en el río Oulu") opus 30. Aunque el poema de Topelius fue escrito originalmente para el zar Nicolás II (celebrado por el nacionalismo finlandés por su restauración de la Dieta), en aquellos momentos y precediendo a una nueva interpretación del "Canto de los atenienses", el mensaje patriótico estaba muy claro. La composición muestra claras premoniciones de Finlandia opus 26.

Un acto a una escala muchísimo mayor fue organizado para los días 3, 4 y 5 de aquel noviembre de 1899. La situación de los trabajadores de Päivälehti era incierta, y para ayudarles se creó un fondo de pensiones. Para lograr incrementar la recaudación, se organizaron aquellos tres días de 1899 las "Celebraciones de la Prensa". Desde luego el propósito benéfico era una petición oficial al que los censores no se negaron, pero en el trasfondo bullía la protesta contra el ataque a la libertad de expresión que suponía el cierre del periódico.

Para el día central, a
Kaarlo Bergbom (director teatral, el máximo promotor de las representaciones en finés de la época) se le encargó la organización de unos "cuadros históricos", tableaux vivants que representaran los principales momentos de la historia de Finlandia, que se estrenarían en el Teatro Sueco.

El Teatro Sueco (1866) en la actualidad

Los versos para acompañar a los cuadros fueron encargados a Eino Leino, que aunque no tenía una buena relación con Bergbom, aceptó dada la dimensión del evento. Pero no pudo acabar el texto, que fue finalizado por Jalmari Finne. Sibelius recibió el encargo de la música, un hecho natural. La composición, exclusivamente para orquesta comprendía un preludio y música para introducir cada uno de los siete cuadros en la que estaban estructurados los cuadros, más cuatro breves compases para el tableau sexto. Este tipo de veladas no era nada rara en aquellos tiempos, y ni siquiera la primera vez que Sibelius escribía música para ellas (en 1893 lo hizo en la "Música para la Asociación de Estudiantes de Viipuri" JS.115, más conocida como "Karelia").


Tras un breve discurso en finés y en sueco, estas fueron los cuadros que se representaron en aquella velada:

I. Väinämöinen encanta a la naturaleza, y a las gentes de Kalevala y Pohjola, con su canción
II. Los finlandeses son cristianizados
III. Escena de la corte del Duque Johan
IV. Los finlandeses en la Guerra de los Treinta Años
V. La Gran Hostilidad
VI. Finlandia despierta

El propio Sibelius dirigió a la
Orquesta de la Sociedad Filarmónica. La gala al completo fue un gran éxito de concurrencia (a pesar de que el precio elevado de la entrada), una cita indispensable para el Helsinki de la época. Y fue un enorme éxito para la audiencia, entusiasmada gradualmente hasta llegar al apoteósico número final, "Finlandia despierta". Para aquellos que no pudieron asistir, Sibelius volvió a dirigir la obra dos días más tarde.

La música al completo no se volvería a interpretar en vida del autor después de ese último concierto, ya que nuestro compositor pensó en revisar la partitura completa. Pero de nuevo el hipercrítico Sibelius se impuso (posiblemente por influencia de Kajanus), y tres números en forma revisada se convirtieron, las Scènes historiques I opus 25 (rev.1911), y el brillante final en la celebérrima Finlandia opus 26.

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En dos próximos post hablaremos de cada una de las piezas que nuestro compositor escribiera para este magno evento. Y recurriremos de nuevo a la historia de Finlandia, al menos brevemente, para explicar los hechos que se representan en cada uno de los cuadros, ya que la música de Sibelius está inmersa en aquellos episodios.

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martes, 5 de mayo de 2009

Música para las Celebraciones de la Prensa JS.137 (1): contexto histórico

Iniciamos con este una serie de posts en torno a una obra muy especial del catálogo sibeliano, la llamada "Música para las Celebraciones de la Prensa", escrita para acompañar un conjunto de "cuadros históricos" que se representaron en 1899. Dicha representación fue parte de un acto de protesta del mundo cultural por la censura impuesta en el año del "Manifiesto de febrero", una serie de órdenes de la autoridad rusa que en la práctica suponían la supresión de la autonomía finesa, un intento de rusificación enérgicamente contestado. 

Su número final, Finlandia despierta, se convertiría al año siguiente, tras una pequeña revisión, en la pieza más difundida de Sibelius, Finlandia opus 26. Esta obra en su conjunto es enormemente interesante no sólo musicalmente, sino también por las connotaciones históricas y políticas que tiene. Nos servirá para hablar del contexto del nacionalismo cultural al que nuestro compositor pertenece, en un momento absolutamente clave para el movimiento. 

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 Para entender qué sensación de opresión sintieron los fineses ante el Manifiesto de Febrero es necesario antes que nada entender cual era su situación de dependencia respecto al Imperio Ruso, al que pertenecía Finlandia. 

Gustavo IV Adolfo, rey bajo el cual Suecia había regresado al absolutismo tras un largo siglo de parlamentarismo e ideas ilustradas, había luchado en contra de Napoleón, por lo que entró en guerra con Rusia. Y perdió. Perteneciente hasta ese momento al Reino de Suecia, los rusos se apoderan del territorio finés, ambicionado durante siglos (aunque gran parte de Karelia ya era parte del Imperio en desde 1721 y 1743, en dos fases de conquista). 

En junio de 1809 se reúne la Dieta de Porvoo, con los representantes de los cuatro estamentos de la sociedad finesa (nobleza, clero, burguesía y campesinado), y aceptaron al zar Alejandro I como Gran Duque de Finlandia. La aceptación se hizo bajo la promesa de mantener las leyes suecas en su versión más liberal (Constitución de 1772), mantener el status del campesinado finés (en un tiempo en el que en Rusia se mantenía la servidumbre feudal), y cierta autonomía política. Como en otras partes de Europa, la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas habían expandido tanto las ideas liberales como las nacionalistas, y los fineses, tras el reaccionario reinado de Gustavo IV Adolfo, vieron una oportunidad para tener un régimen de mayores libertades, aunque fuera bajo el yugo extranjero. Incluso para el bando svecoman de décadas posteriores no existía ya la idea de una vuelta al mandato sueco. Los fineses habían acariciado el sueño de la libertad y no se separarían de él nunca. 

El zar aceptó las condiciones de la Dieta, lo que pudo avanzar el acuerdo de paz con Suecia, que no trataría de recuperar los territorios fineses a cambio de esas condiciones de autonomía para Finlandia (y así alejar la amenaza del Imperio en su misma frontera oriental). La cesión y el fin de la guerra con Suecia llegarían con el tratado de Fredrikshamn, firmado el 17 de septiembre de ese mismo año. 

Las condiciones se respetaron en su mayor parte, aunque los rusos estuvieron vigilantes de no dar oportunidades a un avance en el status de autonomía: la Dieta no se volvería a reunir hasta décadas después, ya que ello podría haber supuesto mayores reivindicaciones en materia de libertades individuales, de estamento o de autogobierno. Finlandia pudo tener su propia administración, heredera del gobierno sueco en la región, instituciones propias incluido un ejército (aunque el ejército ruso estaría presente constantemente en todo el territorio). Se mantuvieron gran parte de las leyes, extraídas de la Constitución Sueca de 1772. Pero el zar debía ser reconocido como Gran Duque y Emperador. Había nacido el Gran Ducado de Finlandia (1809-1917) .

Mapa del Gran Ducado de Finlandia bajo dominación rusa

Las siguientes décadas trascurrieron casi sin grandes novedades (excepto la anexión al Gran Ducado de Karelia, la "Vieja Finlandia" en 1811/12). Supusieron en cambio un progresivo avance para el nacionalismo político y cultural, como ya vimos en su momento, con la publicación del Kalevala, con el que el finés se convierte en un idioma de alta cultura. Los rusos precisamente potenciaron el idioma mayoritario para contrarrestar el peso de los suecoparlantes, entonces el sector más poderoso de la sociedad. 

En los años 60 de ese siglo XIX, bajo el reformista reinado de Alejandro II (1855-1881), se producen numerosos pasos hacia delante. En la propia Rusia se logró en 1861 la emancipación de los siervos (al menos en el papel), y Finlandia su sueño político más inmediato: el retorno de la Dieta en 1863, después de lo cual no se volvería a suprimir. 

La Dieta se convirtió de facto en el parlamento del Gran Ducado, aunque seguía bajo mandato de un Gobernador General ruso. Sin embargo muchas leyes y medidas ejecutivas debían hacerse a través de la Dieta, reunida aproximadamente cada tres años, aunque Rusia tuviera siempre la última palabra. Se lograron entonces unos cuantos avances, como fue el mismo tratamiento público para que el finés que gozaba el sueco, casi un bilingüismo administrativo al menos en los lugares más poblados. La cuestión de una Finlandia finoparlante o suecoparlante entró en el primer término político, y formaciones de parlamentarios fennoman y svecoman fueron definiéndose como partidos, alcanzando en las elecciones de 1872 un avance considerable. 

No obstante el reformismo fue en gran medida ilusorio. Y el Gobernador consiguió aprobar leyes contestadas unánimamente por la Dieta como la de la censura de 1867. Además la Dieta aún se elegía por sufragio censitario (dependiendo del grado de hacienda), donde los nobles eran un 60% y los representantes del campesinado era un 20% (el sector burgués creció según aumentaba la población de las ciudades), lo que unía al problema nacional el problema social (y el germen en cierta forma de la Guerra Civil). 

Lo cierto es que a medida que la sensación de autogobierno aumentaba, el Imperio Ruso procuraba oprimir aún más las libertades de los fineses. El asesinato de Alejandro II (del que aún subsiste una estatua destacadísima, en el centro de Helsinki, frente a la catedral), el reinado más benéfico a pesar de todo, aún vino a agravar más la situación, con la supresión de las aduanas, y servicio postal y del sistema monetario propio que se produjo con el zarAlejandro III (1881-94).

A la progresivamente mala situación política se unía también la mala situación económica (numerosos inviernos infernales), lo que llevó a numerosos fineses a emigrar a Norteamérica. Se calcula que unos 320.000 fineses emigraron a Estados Unidos y Canadá entre 1864 y 1914 (fuente), donde existe aún una importante colonia con sus descendientes. 

El reinado de Nicolás II (1894-1917), el último zar de todas la Rusias, supuso el momento más álgido de de la represión imperialista. Fue saludado en un principio como la esperanza para Finlandia (como curiosidad, señalaremos que la Universidad de Helsinki le encargó a Sibelius una pieza laudatoria, la Cantata JS.104, con un texto nacionalista muy poco sutil sin embargo). Pero en 1899 se propone afrontar la rusificación, publicando el conocido como "Manifiesto de febrero". Con esta orden la mayor parte de los poderes de la Dieta serían transferidos al nuevo Gobernador, Nikolai Bobrikov, y a sus ministros, todos rusos, reduciendo la cámara a un simple foro de discusión. Suponía en la práctica la anulación de la autonomía. 

Como reacción, el sentimiento nacionalista crece al máximo, y no pedirá ya sólo la restitución de la autonomía, sino directamente la independencia total del Imperio Ruso.


"El ataque" (1899) de Edvard Isto (1865-1906): el águila imperial arrebata el libro de la ley a la Doncella de Finlandia

Pero el Manifiesto no sería sino la primera de numerosas medidas. En septiembre se cierra provisionalmente, junto con otras tres publicaciones, el periódico Päivälehti (antecedente del Helsingin Sanommat, el principal diario aun hoy en día), auténtica voz del pensamiento y sentimiento fineses (y hecho tras el cual está el acto que dio origen a la Música para la Celebración de la Prensa). En 1900 el ruso se convierte en la lengua estatal de Finlandia, a pesar de que ni siquiera la mayoría de funcionarios lo entendían. En 1901 se produce la incorporación de la Armada Finesa dentro del ejército ruso. En 1903 el Gobernador General adquiere poderes de dictador, sometido sólo al zar. La tensión culminará en 1904 con el asesinato del Gobernador Bobrikov por el estudiante Eugen Schauman, hecho que conmocionó profundamente a una sociedad no acostumbrada a la violencia. 

Tras la situación creada en el Imperio por la Guerra Ruso-Japonesa, y el primer intento revolucionario de 1905, el zar decide suspender las medidas de rusificación y devolver el poder a la Dieta,. Durante un breve periodo de tiempo (1905-08) no sólo recupera su autoridad, sino que avanza decididamente hacia la democracia: en 1907 se celebran las primeras elecciones universales de la historia contemporánea, con un voto no censitario y de sufragio igualitario entre hombres y mujeres. Se formó entonces el primer parlamento de Finlandia (Eduskunta). Aunque en este florecer de la democracia hubo una excepción: a nivel municipal se mantuvo el sufragio censitario. 

Si en esta ocasión la libertad no era un espejismo, si fue en cambio muy rápidamente frustrado. Cuando las cosas se calmaron en Moscú, la agenda de rusificación fue retomada, y durante ese periodo (1908-1914), a pesar de la oposición de los fineses, muchas de sus medidas volvieron a implantarse. La Gran Guerra volvió a inclinar la balanza hacia la autonomía, aunque el zar albergaba la idea contraria. Finalmente, con el triunfo de la Revolución bolchevique y la pérdida de autoridad de la monarquía rusa, el Parlamento alcanza su sueño final y proclama la independencia de Finlandia

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Como pueden ver este fue un periodo muy convulso en lo político, pero sin duda también en lo cultural. Podemos comprender así el ambiente que se respiraba en noviembre de 1899 cuando un grupo de artistas decide celebrar un acto reivindicativo. Su objetivo era recoger fondos para los despedidos trabajadores de Päivälehti, una excusa en realidad que disfrazaba una protesta contra la censura y la represión rusa. Es bajo esa demanda de libertad bajo la que nace la música de Sibelius, de la que empezaremos a hablar más en concreto en nuestro próximo post.  

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