martes, 14 de abril de 2009

Biografía (4): el primer año de estudio en Helsinki (1885-1886)


Capítulo 2: Niñez y primeros pasos musicales (1868-1881)
Capítulo 3: primeras obras y últimos años en Hämeenlinna (1881-1885)

Capítulo 5: los años 1886 y 1887
Capítulo 6: 1888, el primer gran año compositivo

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Fotografía (Natalia Linsén, de Porvoo/Borgå) de un muy joven Jean Sibelius. Posiblemente de principios de septiembre del año 1885, poco antes de su llegada a Helsinki.

Nuestro compositor llega en septiembre de 1885 a Helsinki, capital del Gran Ducado Autónomo de Finlandia, para quedarse. Helsinki era entonces una ciudad de unos 60.000, pequeña incluso para la Europa de la época pero no por ello no era una capital en pleno sentido de la palabra, cosmopolita en su pequeña escala, y con una vida cultural y musical considerable. Ya en los años 1870 Richard Faltin (compositor y profesor, entre muchos músicos de Wegelius y del propio Sibelius) y Fredrik Pacius habían elevado considerablemente el nivel de las actividades musicales.

Durante la década siguiente la música empezaría a ocupar un lugar considerable en la vida de la ciudad, con la fundación del Instituto de Música (actual Sibelius-Akatemia) en 1882, dirigido por Martin Wegelius (1846-1906) y, justo en el mismo año, se creó la Sociedad Sinfónica, dirigida por Robert Kajanus. Ambas instituciones compitieron constantemente por erigirse como las principales de Helsinki (y con ello de toda Finlandia), hecho que animó considerablemente el panorama.


Martin Wegelius
Sibelius llegaría acompañado de su madre Maria y su hermana Linda, esta última para acabar sus estudios en la urbe. Su hermano Christian aún permanecería unos años en Hämeenlinna hasta trasladarse también a Helsinki, donde se transformaría en un importante doctor médico.

Según el propósito familiar Johan se había inscrito en la carrera de Derecho en el mes de mayo. Tales estudios eran necesarios para algún trabajo oficial. "¿Qué más podría estudiar?", decía burlándose de sí mismo a sus amigos músicos. En cambio no había tenido ningún problema por parte de sus parientes en matricularse el 15 de septiembre en el Instituto de Música, su principal y verdadera interés, en las materias de violín y teoría musical.

El joven Janne no mostró ninguna querencia por su carrera universitaria, y es muy posible que en apenas unas semanas dejara de asistir a las clases, hecho que ocultó a la familia durante meses. Mientras su enorme talento musical se hacía evidente a sus profesores y compañeros del Instituto Musical. Su primer maestro de violín, Mitrofan Vasilyev, le consideró pronto un auténtico genio. Ya a finales de año estuvo en condiciones de aparecer en público con otros miembros de instituto.





La clase del maestro Vasilyev (en el centro), como vemos constituída por violonistas de varias edades y sexos. 
Un joven Sibelius (arriba a la izquierda) parece mostrar su timidez desviando la mirada del fotógrafo 
(imagen de entre otoño de 1885 a 1887).

Con Wegelius, quien le instruyó en teoría musical (incluyendo armonía y polifonía) pronto le uniría una mutua admiración que con el tiempo se transformó en amistad. La enseñanza fue enormemente estimulante para ambos: viendo Wegelius a un joven que ya había compuesto apreciables obras antes de los estudios académicos, el profesor anima a Johan a dirigirse cuanto antes hacia la composición antes que a otros estudios. Con el tiempo Wegelius llegó afirmar que aprendió más de su alumno de lo que Sibelius aprendió de él.

En efecto, Janne continuó escribiendo nuevas creaciones, en ese trimestre escribió sus primeras piezas para piano solo y al año siguiente numerosas piezas breves para violín y piano, tanto estudios de composición como piezas ocasionales. Y es que el violín siguió siendo el centro de atención, sobre todo a raíz de recibir un excelente instrumento de su tío Pehr, posible trabajo de Jacob Stainer, el gran lutero del barroco germánico (aunque tal extremo no ha podido ser probado). El violín en cuestión sigue siendo usado por una de las nietas del compositor, Satu Jalas Risito, intérprete en la Filarmónica de Helsinki.

Al comenzar su cuatrimestre de primavera de 1886, no pudo ocultar ya a su familia el abandono de sus estudios jurídicos. Durante una visita de un tío materno, Otto Borg, éste pudo percibir el tono amarillento de uno de sus libros, expuesto al sol después de que nuestro autor apenas hubiera leído unas páginas: "después de todo, Janne, sería lo mejor para ti dedicarte enteramente a la música, viendo que ese estudio no te interesa más que esto". El pensamiento del tío Otto, aunque resignado, hizo entrar en razón a su madre y al resto de sus parientes, y el joven compositor pudo dedicarse por fin plenamente a sus estudios musicales.

Sin duda influyó mucho en este hecho las buenas opiniones de Faltin y Wegelius, que escribieron sendos testimonios para su familia. Dichas cartas acompañaron una petición de dinero del propio músico, una costumbre ésta, la del préstamo de la familia, que mantendría durante largos años sin mucho cargo de conciencia.

Por aquel entonces nuestro autor ya había comenzado a utilizar la forma francesa de su nombre. Y es que se topó con una cierta cantidad tarjetas impresas pertenecientes a su tío marino, que firmaba a lo largo del mundo con "Jean", más internacionalmente comprensible. Janne decidió apropiarse y repartir esas tarjetas: no tenía muchos fondos para imprimir nuevas y esta era una buena oportunidad para darse a conocer a través de este medio. Surgió así su nombre artístico, con el que sería conocido en el mundo entero.

Tarjeta de visita con el nombre de Jean Sibelius

El 27 de mayo de 1886, durante el concierto de primavera del Instituto, tuvo su primera actuación destacada como violinista, interpretando el Concierto en mi menor de Ferdinand David (1810-1873) - una pieza muy querida por los virtuosos de la época- con acompañamiento pianístico. El crítico Karl Flodin, ya por entonces gozaba de gran reputación, pudo presenciar el evento, y alabó la "avanzada técnica" de Sibelius. Parece que pudo conocerle personalmente en un café en alguna fecha anterior al concierto, de lo que dejó un muy descriptivo testimonio, en la que nos hace un singular análisis de la personalidad de nuestro compositor: "había algo particularmente fascinante en su delgada figura. Era como si su sencilla naturaleza quisiera siempre encontrarle a uno con los brazos abiertos. Pero nunca estabas seguro si había o no algo de burla tras ello. Sus palabras se desbordaban en paradojas y metáforas, sin permitirte darte cuenta de lo serio que era y que sólo jugueteaban en la superficie como burbujas nacidas de extraños caprichos de su rápida mente. [...] Sus ojos miraban como a través de una niebla gris, pero cuando su imaginación comenzaba a jugar sin descanso, su mirada se convertía más profunda y relucía con un brillo azul. [...] Pocos sospechábamos entonces que esa fuerza creativa ya respiraba en su juventud, que el lienzo para un nuevo cuadro del mundo ya estaba despegando en esas visiones y fantasías, por muy confusas que ahora nos parecen, por poco fundamento firme y relación que nos parecen poseer".

Desde luego Flodin intuyó al genio que se escondía en el carácter ensoñador del joven Jean: la imaginación desbordante de su niñez permanecía y parecía ser el preludio de la desbordante creatividad de su vida musical adulta.

Por aquel entonces, muy a escondidas de su madre, comenzaba también a aparecer los primeros flirteos con una vida social en la que el tabaco y el alcohol desempeñaban un lugar importante. También fue la ocasión para los primeros flirteos con el género femenino.

Sibelius acabó el cuatrimestre de primavera con buenas calificaciones, como era de esperar. Sus progresos musicales fueron más que evidentes para sus profesores, especialmente para su mentor Wegelius, aunque confesaría más tarde que no pudo preveer hasta qué punto de maestría llegaría su alumno. Para celebrar el fin del curso, el severo director del Instituto de Música de Helsinki acompañó a sus alumnos a una excursión. En dicha excusión, Wegelius habló sobre su alumno predilecto, afirmando esperar que el discípulo llevase a cabo lo que el maestro sólo había soñado. Según recuerda otro de los alumnos, Karin Palander, "Wegelius estaba profundamente conmovido, y cuando terminó arrojó su vaso violentamente hacia las rocas. Sólo entonces nos dimos cuenta sus compañeros estudiantes qué gran talento debía de tener [Sibelius], como para que nuestro reverenciado director, parsimonioso en su alabanza, tuviera tal respeto por su futuro y su potencial".


Durante este curso Sibelius compuso poco, preocupado más por su carrera de violinista y los ejercicios más teóricos. Pero en verano de nuevo tuvo la oportunidad de disfrutar de inolvidables veladas musicales en familia, especialmente concurrida en esta ocasión. Los Sibelius-Borg se reunieron en Hafträsk, en una isla del archipiélago de Turku. Tío Pehr embarcaría un piano, que tocarían Linda, Maria y la tía Evelina. Christian arrancaba notas cada vez más perfectas a su cello, mientras Pehr y Jean se ocupaban de las partes violinísticas. Además de este ambiente íntimo, hubo momentos realmente idílicos: años más tarde nuestro compositor recordaría cómo disfrutaba tocando su violín ante la naturaleza mientras paseaba por la costa, incluso bajo la tormenta.

Bajo estas sensaciones el autor finés compondría numerosas obras, sobresaliendo un excepcional trío con piano, que en la literatura sibeliana se ha titulado precisamente "Hafträsk" (Trío en la menor JS. 207), anticipador de algunos futuros procedimientos de esos años.

En su siguiente curso, Sibelius se centraría más en la composición. Pero ya hablaremos de ello en otra ocasión.

viernes, 10 de abril de 2009

Falsos mitos (1): Sibelius no compuso el himno nacional de Finlandia

Son muchos los falsos mitos, malentendidos e informaciones inexactas que se han hecho y se siguen haciendo sobre Jean Sibelius. Estos apreciaciones erróneas han sido debidas a diversas causas: el simple desconocimiento (suplido por una imaginación creativa), errores de traducción, ignorancia de algunos términos culturales ajenos, y en ocasiones, incluso, podemos sospechar de cierta animadversión. Y como es un pecado harto frecuente el no revisar las fuentes originales y dar lo dicho como sinónimo de verdad absoluta, estos falsos mitos han ido perpetuándose en el tiempo con poca resistencia. Y eso ha sucedido sobre todo en lugares, como nuestro ámbito cultural, donde la onda de revisión sibeliana apenas se ha asomado.

El primero de estos mitos que vamos a tratar es la creencia, bastante difundida, de que Sibelius es el autor del himno nacional de Finlandia.

Tal creencia proviene de la confusión del auténtico Himno Nacional, obra del músico Pacius (considerado "padre de la música finesa" a pesar de su origen alemán), que puso música a un texto de Runeberg (el poeta romántico más destacado de Finlandia) con el popularísimo poema sinfónico de Sibelius Finlandia opus 26 (1899, rev. 1900), y en especial con una de sus secciones que el propio autor arregló para coro en dos ocasiones. Tales arreglos fueron en primer lugar con un texto de Wainö Sola para coro masculino, y en segundo para la misma formación en 1940 con texto de V. A. Koskenniemi (del que se harían dos versiones más para coro mixto).

Estos arreglos llevan siempre el nombre de "Finlandia-hymni", lo cual no puede traducirse como "Himno de Finlandia", sino más exactamente como "Finlandia: himno". Además existe otro "pequeño" detalle a tener en cuenta: "Finlandia" es el nombre de la obra de Sibelius, y no es el nombre del país en finés, que es "Suomi", sino su forma latinizada (que coincide además también con el español y el italiano).

A pesar de que el arreglo de Sibelius haya servido muchas veces al patriotismo finés y se emplea en ocasiones oficiales y celebraciones (como un segundo himno nacional, al estilo de "Rule Britannia!"), no se trata del himno oficial de la República Finlandesa, ni en época de nuestro compositor ni hoy en día. En el ánimo de Wainö Sola estaba al parecer esa intención, y hoy en día esta idea persiste. Pueden escuchar uno de los arreglos originales para coro mixto aquí:



El himno oficial de la República Finlandesa es "Maamme" o "Vårt land" (en sus textos finés y sueco), traducible en ambos casos como "Nuestra tierra". Recordemos que la música es del romántico alemán afincado en Finlandia Fredrik Pacius, (1809-1891), escrita en 1848, año en el que Johan-Ludvig Runeberg (1804-1877) publicó el poema originalmente en sueco (Runeberg era sueco-finés, y además la todavía lengua literaria de la poesía culta era todavía el sueco).

"Vårt land" en su redacción original. Detalle de un monumento dedicado a Runeberg en el centro de Helsinki. Foto propia

En forma de canción tuvo una gran difusión, pero no sólo en Finlandia, sino en todos los países nórdicos, como nos recuerda esta excelente entrada de la wikipedia (que recomendamos leer en su integridad). Pero al final de siglo XIX, con el nacionalismo a flor de piel, ya había adquirido el papel de himno oficioso del aún Ducado Autónomo de Finlandia. De hecho Sibelius lo cita en en el final su "Música para la Asociación de Estudiantes de Viipuri" JS.115 de 1893 (obra de la que saldrían la obertura y suite Karelia). El himno de Pacius y Runeberg ya tenía esa connotación, y era tan popular que el día del estreno de la obra de Sibelius, el 13 de noviembre, el público acompañó con su canto espontáneo a la orquesta en una auténtica reivindicación patriótica.

Modernamente hay quien solicita el cambio del himno oficial para sustituirlo por la obra de Sibelius, dado el nombre internacional del compositor, la difusión del poema sinfónico (indiscutiblemente la ieza más popular del autor fuera de Finlandia), y la confusión de "Maamme" con el himno de Estonia, que usa la misma música de Pacius. Cuando se hizo oficial en Finlandia independiente (en la Constitución de 1918) el himno de Pacius ya estaba más que asentado, y hubo pocas dudas. Quizá en un futuro la elección pueda cambiar, pero de momento parece que el gobierno finés no hará verdad el falso mito.

Pueden escuchar aquí un buen arreglo de "Maamme" para coro masculino, texto en finés y traducción al inglés incluídas. El coro es excelente, sospecharía que es el conocido YL:



En cualquier caso, a día de hoy, para defenestrar el falso mito, hay que decir con rotundidad que el Himno Nacional de Finlandia no es obra de Sibelius, o si se prefiere, ni Finlandia opus 26 de Sibelius, ni el "Finlandia-hymni" - arreglo de una de sus partes - son el himno nacional de la república nórdica.

martes, 7 de abril de 2009

El Concierto para Violín (y 7): discografía (versiones recomendadas)

Como ya hemos comentado con anterioridad, la discografía del Concierto para Violín de Jean Sibelius es enorme y cuenta con más de un centenar de registros. Es desde luego una de las obras más populares de nuestro autor, predilecta de intérpretes y de público. Realizar una lista completa sería una tarea excesiva y creemos que poco interesante. Lo que haremos será recomendar una lista de las que a nuestro juicio son las mejores grabaciones.

[Actualizado: añadimos una serie de nuevas grabaciones al artículo inicialmente escrito, con el objetivo de aumentar las referencias de la obra. Aún, sin embargo seguirá, siendo una pequeña muestra de toda la discografía, que iremos ampliando aún más con el tiempo]

Y lo haremos bajo el criterio que ha guiado nuestras recomendaciones discográficas: resaltar aquellos registros que más resaltan el estilo, tan propio y singular del autor, aquellos que saben adecuarse a la sonoridad, al ritmo y los giros melódicos del autor, sin estandarizarlos, sin llevarlos equivocadamente al común de su época. Queremos recomendar las grabaciones que más hacen por Sibelius y por sus obras, y no lo sumergen en un gris tecnicismo que hace confundir a nuestro compositor con otros, alejados de él en espíritu y forma.

Por eso puede sorprender que en los primeros puestos de esta nuestra lista nos encontremos con artistas poco frecuentes e interpretaciones que en abstracto a muchos les parecerán no tan sobresalientes, e incluso menores. Pero aquí lo tenemos muy claro: hacen sonar a la obra como se merece, devuelven a la obra a su contexto interpretativo, a su verdadera esencia. Interpretaciones que nos hacen olvidar a los músicos que la ejecutan para escuchar la música y sólo la música.



Pekka Kuusisto, violín
Orquesta Filarmónica de Helsinki
Leif Segerstam
ONDINE (1996)


Esta es sin duda para quien les escribe la referencia absoluta de la obra en cuanto que respira Sibelius por los cuatro costados. Como la de Vänskä que vemos más abajo, esta grabación está en manos completamente finesas, y se nota: el conocimiento de la partitura y sus posibilidades es absoluto. Y lo que es más, el amor, la auténtica devoción con la que se aproximan Kuusisto y Segerstam consiguen asumir el sentido de la música, haciéndonos olvidar - curiosa paradoja - a los intérpretes para dialogar directamente con el compositor.

Ciertamente que ni violinista ni director tienen la grandeza ni el nombre de los que más abajo comentaremos.

Pekka Kuusisto es un joven violinista cuya fama no ha traspasado mucho sus fronteras, y que en momento de grabar el concierto tiene... ¡19 años! Dos meses antes había ganado precisamente la séptima Competición Violinística Internacional Jean Sibelius con esta misma obra, culminación de una serie de premios. Kuusisto conoce como la palma de su mano la obra, no tiene ningún pero técnico, aunque desde luego le falta experiencia. Pero además hay una conexión espiritual con el concierto. Ya insistimos anteriormente en la implicación emocional de nuestro autor en la obra: la realización ideal de sus sueños de virtuoso. Y el joven Pekka Kuusisto también sueña en estos momentos en ser un gran virtuoso.

Su complemento ideal es Leif Segerstam, un buen director sibeliano, que especialmente en las obras más románticas de Sibelius nos ha dejado excelentes grabaciones. Da gran sentimiento a la orquesta, pero siempre buscando el equilibrio, la separación e integración de timbres y el refinamiento de la orquesta sibeliana, con una cuerda extraordinariamente mágica (desvelando los contrabajos como fuente de sonoridades especiales), y las maderas sonando como deben de sonar. La grabación hace perfecta estas sonoridades - aunque el sonido de las trompetas del segundo tiempo desvela un enorme fallo en la toma sonido -.

El disco se complementa con buenos registros de las Suite Karelia opus 11 y El festín de Belshazzar opus 51. También se integró en otros discos de Ondine, destacando la integral sinfónica de Segerstam, desigual pero con momentos extraordinarios.

En fin, absolutamente recomendado a pesar de lo inusual de la propuesta, quizá la que con más fuerza nos lleva a la Finlandia de 1905 y a los sueños de juventud de Sibelius.

Interpretación: 8,5 • Sonido: 8 • Estilo: 9
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Anne-Sophie Mutter, violín
Dresden Staatskapelle
André Previn
DEUTSCHE GRAMMOPHON (1996)


No deja ser curioso que un director tan poco dado a la música de Sibelius sea el protagonista de dos de nuestras recomendaciones. Fuera del concierto (y de tres piezas para violín y orquesta incluidas también en este disco, también portentosas), Previn no se ha interesado por la música de nuestro autor, lo que desde luego es desconcertante, máxime cuando sus tres grabaciones de la obra (la presente, la de Perlman abajo reseñada y una tercera con Kyung-Wha Chung también sobresaliente) son verdaderas joyas.

El presente registro, con la gran Anne Sophie Mutter es una versión moderna, de excelente sonido, y la vez romántica que no cae nunca en sensiblerías. Previn posee un excelente sentido del ritmo, que jamás desfallece, con buena disposición de lo dramático y los momentos más intensos, pero sin descuidar la belleza en sí del sonido, refinando delicadamente cada color orquestal, sin empastar. ¡Una maravilla!

La solista equilibra a la perfección la dicotomía de esta obra, virtuosismo y expresión, ofreciendo lecturas sensibles y apasionadas, algo más que la dirección. Y todo con una limpieza de sonido extraordinaria.

El único problema que tiene esta grabación es el ser algo aséptica, algo distante del corazón de Sibelius. Pero si ustedes no quieren arriesgarse con versiones finesas y confían más en la talla de Mutter y Previn, no lo duden ni por un momento que ésta es su versión.

Interpretación: 9,5 • Sonido: 9 • Estilo: 7,5  




Leonidas Kavakos, violín
Sinfonia Lahti
Osmo Vänskä
BIS (1992)

 
La versión de Vänskä de la obra debe tenerse como imprescindible. Es absolutamente idiomática, alejada de retóricas hiperrománticas que trasportan al concierto más allá de donde pretendía al autor. El solista, sin ser unos de los grandes, se integra plenamente en una orquesta que conoce a la perfección la obra, y que sabe que debe distinguir los timbres sin empastarlos, según la estética demandada por el compositor, con refinamiento y modernidad sin vanguardia, lo que devuelve la obra a su verdadero contexto. El único pero que podríamos poner es que el sonido en esos años de Bis no es precisamente el mejor, con una toma que parece distante. La presencia de la versión original de la obra, única grabación por ahora de tal partitura, es un aliciente más a la hora de contar con este premiado disco.

Interpretación: 7,5 • Sonido: 6,5 • Estilo: 9



Jascha Heifetz, violín
Orquesta Filarmónica de Londres
Thomas Beecham
EMI (1935), varias reediciones


La primera versión grabada absoluta del concierto sigue siendo, a pesar del tiempo, una de las mejores, al menos desde el punto de vista de la interpretación. Dentro del espíritu de la época tanto solista como director - Beecham fue un gran campeón sibeliano de las Islas Británicas - se permiten algunas licencias - como abundantes rubati - , no obstante es una ejecución de apasionado virtuosismo, llena de fuerza y vibrante. Desde luego está claro cómo esta grabación contribuyó a reforzar la imagen de Sibelius como un compositor netamente romántico. El sonido es el común de la época, suficiente para considerar este registro como algo más que un documento histórico, sino como lo que es: una de las grandes grabaciones de esta obra.

Interpretación: 9 • Sonido: 3 • Estilo: 7  




David Oistrakh, violín
Orquesta Sinfónica de la Radio de la URSS
Gevnadi Rozhdestvensky
MELODIYA (1961), varias reediciones


Brillante versión, con un violinista que afronta la partitura con absoluta comodidad, y una dirección de sonoridades casi mágicas, dando al concierto un aspecto realmente trascendente. Sorprendente el tratamiento rítmico, muy adecuado (ya hemos apuntado muchas veces que el "nerviosismo" de la música de Sibelius es una cualidad de su música que debe ser siempre destacada en la interpretación). Sólo lamentar algunas libertades del solista.

Interpretación: 8,5 • Sonido: 7 • Estilo: 6,5 



Itzhak Perlman, violín
Orquesta Sinfónica de Pittsburg
André Previn
EMI (1990), varias reediciones


Todo un clásico, la versión de uno de los mejores violinistas de todos los tiempos. Previn aborda la obra con modernidad (como haría años más tarde con Mutter, versión sin embargo bastante diferente a la presente), es capaz de captar con gran objetividad los ritmos nerviosos de Sibelius. Mientras, el maestro Perlman es impecable técnicamente, sacando el máximo partido de cada pasaje del solista. No obstante parece haber cierta distancia con la obra para ambos, que estandarizan aquí al común de los conciertos sin aprovechar sus singularidades. En cualquier caso la grandeza de ambos músicos es indiscutible.

Interpretación: 8 • Sonido: 7 • Estilo: 6,5




Georg Kulenkampff, violín,
Orquesta Filarmónica de Berlín
Wilhelm Furtwängler
grabación del 7/8 de febrero de 1943, Berlín
MUSIC & ARTS PROGRAMS OF AMERICA (1994)
En el Berlín de la Segunda Guerra Mundial, el magistral Furtwängler se enfrenta a la partitura del genio finlandés. La pieza ya hacía tiempo que formaba parte del repertorio, e incluso el propio Sibelius pudo asistir en 1928 a una velada en la que la pieza sería 
interpretada (con Ferenc von Vecsey como solista): "mi concierto por Furtwängler es más valioso que cualquiera de otros diez míos. Es un director de gran altura". Desde luego el maestro alemán será uno de los grandes responsables de su fama a partir de la 
década de los treinta.
No debería sorprender a quien conozca el estilo de Furtwängler que en su interpretación se base en conceptos dramáticos y muy románticos, y esta grabación no es una excepción. Sin exagerar incluso podemos encontrar incluso un poco de Wagner en estas 
piezas, siempre con un porte aristocrático y muy profundo. El solista fue uno de los grandes violinistas alemanes de su época, aunque hoy en día su interpretación no cumpliría con las exigencias técnicas de limpieza en el ataque, si aporta un romanticismo 
absoluto, en la mejor tradición alemana. Quizá algunos de sus excesos y fallos haga bajar la puntuación a esta grabación, de muy alto nivel en cualquier caso, ante la cual más de una vez tenemos que contener la respiración...
En el primer tiempo el primer tema se presenta muy rapsódico, libre, mientras que el segundo segmento extrema su romanticismo. Al llegar el tercer periodo Sibelius se vuelve casi belicoso, pero con un poder contenido y muy telúrico. Que el desarrollo es el 
momento del solista queda demostrado aquí, con Kulenkampff evocando la ejecución trascendental de los grandes violinistas del XIX. La reexposición se convierte en un evento dramático, si bien la pasión anterior queda un poco diluida al centrarse la ejecución 
en los aspectos más virtuosísticos del solista, mientras que la orquesta profundiza en todos los ánimos de la música.
El segundo movimiento recoge las más intensas emociones como si de una escena operística se tratara, aunque sin concesiones teatrales. El solista lucha contra una orquesta que se resiste a estar en un segundo plano, con sonidos poderosos y grandes paisajes. 
El tercer tiempo de nuevo ahonda en la belicosidad y en el rapsodismo del solista, que atraviesa algunas dificultades con la partitura (incluyendo varias pifias), pero la pasión desbordante las hace obviar, dejándonos al final la sensación de haber vivido una gran 
aventura.
En fin, una grabación en muchos momentos sublime, y desde luego un testimonio valiosísimo de los intérpretes que difundieron las obras de Sibelius en vida del maestro. Recomendable en especial para los amantes de las grabaciones históricas.


Interpretación: 8 • Estilo: 6 • Sonido: 3 (mono)




Midori, violín
Orquesta Filarmónica de Israel
Zubin Mehta
SONY (1993)

Mehta, magnífico director sin duda, es un gran repertorista, por eso no podía faltar el concierto de Sibelius al servicio de un gran virtuoso (virtuosa en este caso) en su discografía. No es sin embargo un director sibeliano, desde luego, y en principio no 
deberíamos esperar más que una lectura de oficio... pero nos equivocamos. El director de origen indio nos da una lección de dramatismo y de excelente arquitectura sonora, de timbres nítidos y distinguidos, donde aporta su experiencia como operista, mientras 
que la solista japonesa, perfectamente enlazada con la orquesta, nos muestra que además de dominar el aspecto técnico, con gran limpieza y elegancia, sabe sacarle un sentimiento intenso y arrebatador. Una muestra de que no siempre la lejanía del idioma nos 
aleja de una obra de Sibelius... siempre que la partitura esté por encima de personalismos y manierismos, como es el caso. El primer movimiento nos ofrece dramatismo y calor, aunque en algunos momentos cabría esperar más intensidad, dando oportunidad 
Mehta y la orquesta israelí a cultivar los aspectos más singulares de la instrumentación sibeliana, mientras que la candencia nos muestra a una Midori íntima y melancólica. De gran belleza son los pasajes del segundo periodo en la reexposición. El segundo 
movimiento pone su corazón en pleno romanticismo, con toques sorprendentes del metal y una perfecto manto tímbrico y rítmico por parte de la cuerda, de agitado nerviosismo. Para el tercer tiempo se pone el peso adecuado en el ritmo más dionisiaco posible, 
aunque no vemos osos polares danzar, si desde luego un ardiente baile otoñal y nostálgico. Sorprendente y muy recomendable.

Interpretación: 8  Estilo: 7  Sonido: 8





Ginette Neveu, violín
Orquesta Filarmonía
Walter Süsskind   
EMI (1945) - varias reediciones


Una versión histórica, siempre tenida entre las clásicas, y junto a la de Heifetz una de las más difundidas antes de la llegada del estéreo. Una sesión de grabación bajo la niebla de Londres parece ser en parte responsable de la magia especial que respira este registro de Abbey Road, de gran aliento romántico y una sensibilidad única.
El canto inicial del primer tiempo es vibrante, muy emocional y apasionado, pero siempre refinado, con una orquesta que respira con un aliento contenido tras su telón. El segundo tema es maravillosamente romántico, sin ser afectado sino profundo, casi desolado, mientras que el tercero prosigue con ese sensacional toque romántico añadiéndole un carácter casi daimónico. Ejemplar transición por parte de la orquesta hacia el desarrollo, que Neveu entiende a la perfección: no se trata de una concesión al virtuoso, sino una interiorización de todo la experiencia vivida antes. La reexposición hilvana solista y orquesta en un conjunto sensacional, que no deja ni un momento a desaliento. La coda resulta sin embargo algo curiosa, elegante y comedida. Advertir como el último acorde del solista da una nota falsa. El segundo tempo se inicia con una romanza extremadamente cálida y nostálgica, hasta un punto de auténtica lágrima. El director de origen bohemio no quiere interferir demasiado, y acompaña otorgando el soporte justo, de nuevo dando un meditativa versión, sin que las partes dramáticas lo sean en demasía. El tercer tiempo tiene también aspiraciones aristocráticas, resaltando el ritmo de auténtica polonesa que se superpone al canto rapsódico, pero siempre elegante de la sensacional violinista. Quizá en este movimiento en particular podría haber dado más de sí, aun así tenemos una muy buena grabación, sin duda digna del olimpo.

Interpretación: 8  Estilo: 7  Sonido: 4 (mono)
 


Shlomo Mintz, violín,
Orquesta Filarmónica de Berlín
James Levine
DEUTSCHE GRAMMOPHON (1987)
 


Una ejecución muy apasionada, llena de virtuosismo de la vieja escuela, con su toque trágico y trascendental incluido, con una buena dirección orquestal, dramatizada y llena de ricos contrastes y matices, con sentimiento romántico pero con sonoridades muy 
modernas. Aunque lejos del colorido nórdico, todo suena bastante bien, hay que reconocerlo, y hemos de lamentar que Levine se haya prodigado tan poco en un repertorio en el que sin duda tendría mucho que aportar. El primer movimiento es enfocado desde 
el lado de la rapsodia, con libertad y mucho espíritu e ímpetu, y la misma sensación permanece en un romántico segundo movimiento. En el final quizá haya más concesiones al virtuosismo, inclusive por parte orquestal, donde se dejan sentir las individualidades 
tímbricas a la manera de un scherzo. Con sus extravagancias y términos a veces poco sibelianos, una versión notable.


Interpretación: 7,5  Estilo: 7  Sonido: 7,5





Akiko Suwanai, violín
Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Birmingham
Sakari Oramo
PHILIPS (2002)


 Una buena virtuosa unida a un director finlandés logran una versión muy sibeliana en la letra, aunque quizá carezca de la grandeza necesaria. Elegante, pero algo fría.
La violinista japonesa entona su exposición con agilidad y fuerza, ejecución de virtuosa, pero con un toque intenso y expresivo. Oramo introduce también una presión subyacente en la orquesta, que dispone con gran elegancia y mucho y buen idioma, con una 
sonoridad densa, pero al tiempo refinada. El segundo tema se atenúa fríamente, lo que contrasta con un mejor frenesí en el tercero. El calor y el drama vuelven con la cadencia-desarrollo, enlazada a la perfección con la reexposición, en la que claramente domina 
la maestría de Suwanai. El tono en el resto del movimiento es muy correcto, sin nada que reprochar, aunque quizá persista cierta frialdad compensada por la solista. El segundo movimiento vuelve a esa tensión que se adivina en el comienzo del primero, con un 
drama mejor cultivado y un equilibrio muy logrado. El tercer tiempo, con su acentuación rítmica especialmente resaltada, es una magnífica danza macabra, repleta de una sensación de extrañeza al hacer sobresalir los pasajes más originales y las instrumentaciones 
más singulares. Suwanai cultiva además los gestos, sin exagerar tampoco demasiado. Buena versión.


Interpretación: 7,5  Estilo: 7  Sonido: 9 (SACD)
 


Christian Ferras, violín
Orquesta Filarmónica de Berlín
Herbert von Karajan
DEUTSCHE GRAMMOPHON (1996), varias reediciones

Sin duda la versión más romántica de las comentadas, dulce y contemplativa, aunque a la vez la menos dramática. El violín de Ferras es delicado y sensible, en ocasiones hasta demasiado, pero siempre sin ínfulas. Karajan trata de extraer los brebajes más exquisitos a la partitura, melodías con legati continuos y orquesta bien equilibrada con el solista. En algunos aspectos esta grabación ha envejecido mal, pero sigue siendo también un clásico, quizá porque tanto Ferras como Karajan amaban bien a la pieza, lo que desde luego se hace evidente.

Interpretación: 7 • Sonido: 6,5 • Estilo: 5,5

Sobre el violinista recomendamos este enlace de un colega de la blogosfera.




Miriam Fried, violín
Orquesta Filarmónica de Helsinki
Okko Kamu
FINLANDIA RECORDS (1987)


Una versión étnica que merecería hacerse hueco entre las grandes del concierto, porque en ella hay estilo, y mucho, un gran respeto por la partitura y mucho amor por ella. Quizá el que Fried no sea la mejor virtuosa del mundo, y hace restar puntos a la 
valoración, pero Kamu es uno de los grandes directores sibelianos, y lo deja notar en esta grabación, de toque romántico y llena de luces boreales.
La solista expone el tema del primer movimiento con lirismo y tranquilidad, pero con una evidente sensación de libertad, mientras que la orquesta se muestra delicada y hasta exquisita, con una melancolía muy finlandesa. Quizá el movimiento sea un poco lento, lo 
que quita agilidad al virtuosismo de la violinista rumana. Con el tercer tema la orquesta muestra que sin duda es lo mejor de la grabación. La cadencia-desarrollo presenta a una solista muy capaz, con gran pasión y buena en lo más técnico, con una coda bastante 
brillante. La melancolía vuelve a inundar el segundo movimiento cuando la orquesta habla en solitario, exponiendo toda su capacidad dramática, y juntos alcanzan momentos de gran belleza. El final es efectivo, aunque quizá la solista no consiga la necesaria fluidez 
en su ataque, pero los clímax orquestales parecen animarla considerablemente, y las sonoridades parecen realmente sibelianas. Una versión a primera vista modesta, pero que contiene grandes tesoros en su interior. Recomendable.

Interpretación: 7  Estilo: 8,5  Sonido: 7
 
   

Boris Belkin, violín
Orquesta Philharmonia
Vladimir Ashkenazy
DECCA (1980)


Tanto el solista como la orquesta se expresan a través de un sonido de timbres nítidos y bruñidos, perfectamente sibelianos, pero no obstante se observa cierta frialdad y distancia en ocasiones, cierta gesticulación, y en conjunto no acaba por atrapar al oyente. Quizá un solista más sobresaliente y una implicación mayor hubieran hecho más por esta grabación, que no obstante tiene sus grandes momentos.
El primer movimiento, algo lento pero de gran expresividad y apasionamiento, posee un perfecto balance entre solista y orquesta, aunque como dijimos la poca implicación emocional desbarata la grabación, especialmente en la cadencia, donde Belkin parece entretenido por la técnica antes que abandonarse a la pieza. Es en la reexposición donde más se nota la lentitud y la falta de pasión, dando cierta sensación de pesadez, compensada quizá por la belleza del sonido. El segundo tiempo también se deja arrastrar por la lentitud, y ciertos matices poco refinados (aunque obviamente intencionales) del violista, aunque el conjunto tiene un especial lirismo. En el final el tempo más lento acentúan el pesimismo y hasta el carácter macabro que algunos han visto en esta "polonesa", con una coda poderosa que deja buen sabor de boca al melómano. Una versión a tener en cuenta, pero con demasiados rivales.

Interpretación: 7 • Sonido: 8,5 • Estilo: 7 

 


Henning Kraggerud, violín
Orquesta Sinfónica de Bournemouth
Bjarte Engeset
NAXOS (2004)


Una sorpresa proveniente del mundo de la serie económica constituye esta grabación de nombres poco conocidos, pero que realizan una lectura del concierto más que interesante. La orquesta suena equilibrada, el solista cumple con creces y el estilo es 
correcto, por lo que tenemos ingredientes de sobra para destacar este registro por encima de otros con nombres más sonoros. El allegro inicial impone un colorido romántico y dramático, con excelentes contrastes entre una orquesta poderosa y un solista 
apasionado, con ribetes nostálgicos, aunque pierde algo de fuelle en el final del tiempo. El tempo lento explota de nuevo la expresión, sin querer desdibujar su lirismo, y un tinte muy otoñal. El tercer movimiento posee un buen sentido del ritmo, y el violinista 
noruego puede demostrar sus buenas dotes de virtuoso, mientras que el director puede dar cuenta de que conoce muy bien el estilo (aunque de origen noruego también, estudió en la Academia Sibelius con Jorma Panula). Una joya de los discos más modestos, y 
una buena elección en cualquier caso si pensamos también en su precio.

Interpretación: 7  Estilo: 7,5  Sonido: 6,5








David Oistrakh, violín
Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa
Nils-Eric Fougstedt
ONDINE (1954, ed. 1993)


En el marco de la histórica Semana Sibelius, (antecesora de la actual Festival de Helsinki, pero dedicado en el tiempo casi en exclusiva al compositor), y en la misma Sala de la Universidad donde se estrenaron tantas obras suyas, el violista ruso nos ofrece una 
lectura llena de emoción y de virtuosismo arrebatador, con un acompañamiento del maestro local Nils-Eric Fougstedt lleno de estilo y gran profesionalidad. El primer movimiento destaca por su febril ejecución, con momentos de gran altura. EL segundo 
movimiento se entiende como una romanza, sosegada y otoñal, con Oistrakh dando rienda suelta a su impetuoso lirismo. Al movimiento final, muy rápido, le falta algo de su natural gracia, aunque de nuevo el gran virtuosismo del solista lo hace brillar con 
intensidad. Buena versión histórica.

Interpretación: 7  Estilo: 7,5  Sonido: 4,5 (mono)




Gil Shaham, violín
Orquesta Filarmonía
Giuseppe Sinopoli
DEUTSCHE GRAMMOPHON (1993)


Un acercamiento al concierto de Sibelius como parte firme del repertorio que es, que cuenta con la brillantez y la ejecución inmaculada de Shaham, acompañado por el buen hacer del maestro Sinopoli. El compromiso con el compositor es sin embargo mayor 
que el esperado, aunque más por el solista que por el director. Es la única grabación del maestro italiano que conocemos, lo cual es evidente, pero en el caso de Shaham, del que podríamos decir lo mismo, sin embargo parece estar más entusiasmado por la 
partitura. En el primer movimiento brilla con elegancia y poder elegiaco el solista, con un toque muy romántico aunque siempre elegante, aristocrático incluso, mientras que el director acompaña casi de manera más operística y en un segundo plano, sin querer 
destacar incluso en los pasajes sin solista, quitándole profundidad al conjunto. En la coda el violinista presta sus grandes dotes de virtuoso. El movimiento central tiene perfil de serena romanza, y no deja de sentirse también cierto toque operístico. Una grabación 
que "suena bien", sin incorrecciones, pero lejos de lo que pediría un sibeliano. No deja huella, aunque a los fans de Shaham sin duda les puede llegar a entusiasmar: ciertamente posee momentos de maravillosa musicalidad.

Interpretación: 7  Estilo: 6,5  Sonido: 8,5




Ilya Gringolts, violín
Orquesta Sinfónica de Gotemburgo
Neeme Järvi
DEUTSCHE GRAMMOPHON (2003)


Segunda grabación del directo estonio del concierto con la orquesta sueca, esta vez para el conocido sello amarillo. Como sucede en general con esa unión entre músico y discográfica alemana, la sonoridad y el preciosismo de los instrumentos están en un 
primerísimo plano, pero al contrario que sucede con otros registros, esta segunda oportunidad supera a la primera, tanto por el solista como por la propia orquesta.
El primer movimiento se aborda con un gran cuidado lírico, con un violinista que aborda cada pasaje de la partitura con su propio carácter, lo que beneficia mucho al diálogo y el dramatismo de un orquesta muy eficiente y colorista. Gringolts ha estudiado en 
profundidad,  la partitura, sin duda, que parece fluir con muchísima naturalidad y sin arrebatos de divismo. Quizá no es lo bastante romántico, aunque sí muy cantabile y con un timbre refinado, casi exquisito. El movimiento lento es muy tranquilo, introspectivo 
incluso, con ciertos toques de serena contemplación de la naturaleza, con el drama bastante más atenuado. La misma serenidad inunda el último tiempo, por ello el más flojo, en el que los timbres individuales se dejan sentir perfectamente.
El resto del disco, con las Humoresques opus 89 y el Primer concierto de Prokofiev, también se puede recomendar, junto a por cierto el folleto adjunto, que incluye algunas interesantes reflexiones del propio solista (algo que debería ser más frecuente). Una 
grabación diferente, singular, por ello y por su calidad musical recomendable.

Interpretación: 7  Estilo: 7  Sonido: 8





Jennifer Pike, violín
Orquesta Filarmónica de Bergen
Andrew Davis   
CHANDOS (2014)


La joven y prometedora violinista inglesa, dejó de ser niña prodigio y se enfrenta aquí a uno de los grandes conciertos de violín con el acompañamiento de su compatriota Andrew Davis, que aunque escasa nos ha dejado una notable discografía sibeliana. La 
línea tanto de Pike como de Davis, que dialogan en perfecta sintonía, es muy elegante y noble, limpia y trasparente, no sin ello dar toques de pasión, aunque su versión se mantiene llena de colorido nórdico y distante. En el allegro comprobamos ya un gran 
respeto a la partitura, sin caer en gestos virtuosísticos, y dejando al discurso musical marchar con gran fluidez y equilibrio clásico. Por el contrario, es bastante ajeno al conflicto. La cadencia-desarrollo se aborda sin demasiada ambición, lo que la da un matiz 
contemplativo. El segundo movimiento sí llega a ser mucho más emocionante y romántico, con momentos realmente brillantes. El tercer movimiento, furioso y lleno de ritmo confirma que la calidad de la grabación va en un sentido ascendente. Con gran nobleza la 
violinista se enfrenta a su adversario orquestal lleno de ritmos nerviosos y pasajes emocionantes. La coda culmina con una gran arrebatamiento. Notable cuando menos.

Interpretación: 7  Estilo: 7,5  Sonido: 9 (SACD)



Oleg Kagan, violín

Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa
Tauno Hannikainen
LIVE CLASSICS (1965, 1994)


Una rara grabación en directo, efectuada bajo el Concurso de violín Jean Sibelius que organiza la radio finlandesa (el año justamente del centenario del maestro), evento en el Kagan que ganó un merecido primer premio. El gran violinista ruso, que contaba entonces con  19 años, ofrece su buena formación, tanto en lo técnico como en una refinada musicalidad, con un excelente cantabile y sin ninguna gesticulación. Hannikainen otorga una excelente lectura en la parte de la orquesta, aunque en general permanece en el segundo  plano (la toma de sonido, algo limitada, quizá tenga que ver mucho con esta sensación). El allegro inicial trascurre sin sobresaltos, lírico y romántico, y lleno de seducción y sentimiento nórdico. El tempo lento es sin duda el más destacado, colorido con gran  melancolía, atenuada y elegante, muy bello en cualquier caso. Al final le falta quizá algo más de vigor y ataque, con un solista algo más tímido, aunque realizando un magnífico trabajo. Una versión muy poco frecuente, algo modesta, pero que llama muchísimo la  atención, y la recomendamos más allá de la simple curiosidad.

Interpretación: 7  Estilo: 7  Sonido: 5,5




Sarah Chang, violín
Orquesta Filarmónica de Berlín
Mariss Jansons
EMI (1996) - grabación en directo


Una interpretación de cuidado trabajo en cuanto a la letra de la partitura, pero que no aparta nada respecto a su espíritu, siendo más el vehículo para la estrella violinística del momento que de interés para el sibeliano. Lástima por parte de Jansons, que nos ha 
dejado buenas lecturas de la música de nuestro compositor.
En la exposición del primer tema la orquesta se mantiene muy discreta, dejando a la violinista americana desplegar su virtuosismo cabal y sin desajustes; lo cual se prolonga con el gran tema lírico, entonado por la solista con brillo pero algo de frialdad. El tercer 
tema nos deja oír la orquesta más, conjunto que el maestro letón dirige con bravura. La cadencia-desarrollo de nuevo perfecta en lo técnico, pero falta de sentimiento y de la necesaria melancolía. La reexposición se anima más, enmendando el frenesí a medio 
gas escuchado hasta entonces. La coda se toma con elegancia, pero con gran distancia. Chang destaca más en los pasajes veloces que en las melodías cantabiles, y su entonación del tema principal del segundo tiempo lo demuestra, pálido y plano, aunque sin 
mácula de sus destrezas, en contra de las buenas intervenciones, con espíritu de tragedia, del maestro Jansons. El tercer movimiento, donde la solista da rienda suelta a su gran agilidad y el director a su garra, es sin duda el mejor, verdadero caballo de batalla 
para los virtuosos. Del montón de "grandes violinistas recorriendo el repertorio estándar", e incluso en eso no una de las mejores grabaciones.

Interpretación: 6,5  Estilo: 6  Sonido: 6,5



Salvatore Accardo

Orquesta Sinfónica de Londres
Colin Davis
DECCA (1979) (alguna edición en Philips)


En esta grabación encontramos la unión entre un virtuoso al uso y un buen intérprete sibeliano, lo que deja un resultado que podríamos prever: un excelente acompañamiento orquestal bajo un virtuosismo de vieja escuela, ajeno a la obra del maestro nórdico, y 
que además tampoco es lo suficientemente excepcional como para ser apreciable. Una lectura descompensada, una lástima en el fondo si sabemos leer entre líneas la buena dirección de Colin Davis por encima de las piruetas de Accardo.
El arranque del violín es muy cantabile, ciertamente muy italiano, aunque no llega al lirismo necesario. Al llegar la orquesta se produce una tormenta de sentimiento, al que corresponde el solista con un apasionado segundo tema. La ejecución de la cadencia-
desarrollo nos recuerda inevitablemente a piezas a violín solo del romanticismo, y su virtuosismo de escuela rompe un tanto el discurso. Cuando la orquesta se deja sola entre el primer y el segundo tema de la reexposición de nuevo se nos muestra la calidad de la 
dirección, mientras que el final del movimiento queda un tanto descompensando por el solista. El comienzo del segundo tiempo se salva de nuevo por la cantabilidad del solista, junto con las excelentes punzadas de Davis, dando como resultado una buena escena 
romántica. El tercer movimiento desata el virtuosismo, mucho más refinado en la orquesta de nuevo (las sordinas de las trompetas tienen un toque excepcional). En fin, sólo por el director británico merece la pena, y nos hace lamentarnos de que no hubiese una 
nueva lectura con otro solista tan comprometido con el compositor como Davis.

Interpretación: 6  Estilo: 5,5  Sonido: 7




Ruggiero Ricci, violín
Orquesta Sinfónica de Bochum
Matthias Kuntzsch
VOX (editado 2003)


Un producto de eficiencia musical, tanto por parte del magnífico solista, como por la muy ajustada orquesta, pero aparte de eso poco tiene que aportar a la gran discografía de este concierto. El primer movimiento transcurre bravo y virtuosísticamente, sin duda 
demasiado precipitado. La misma sensación prosigue en el segundo tiempo, donde todo acaba siendo demasiado gesticulante. Sólo el Ricci es capaz de ablandarlo y darle algo de ternura. El tercer movimiento resulta mucho más ambicioso y llega a algún 
momento que dejara buen sabor de boca a un oyente atento. Todo sin embargo bastante lejos de Sibelius.

Interpretación: 6,5 (solista) + 5 (orquesta)  Estilo: 5  Sonido: 6




Eugene Sarbu, violín
Orquesta Hallé
Ole Schmidt
EMI (1981)


Un registro a todas luces menor, muy descompensado entre el violinista, que no posee ni la pericia ni el entusiasmo, y la orquesta, que sabe mucho más de Sibelius y a poco destaca por encima del solista. El resultado es por tanto desigual, poco conjuntado 
(hasta evaluable por separado), y falto de dramatismo y por tanto interés.
El solista comienza su gran tema con cierta rigidez, mientras que la orquesta expande bastante más la hondura de la composición sibeliana. El desarrollo-cadencia sigue mostrando la falta de fantasía del solista, que parece plantearse su solo como un ejercicio 
académico. Durante la reexposición de nuevo lo mejor es la orquesta, que el director danés sabe abordar con estilo y hasta con hondura. El segundo tiempo mejora un tanto la situación, con un lirismo más relejado. Por desgracia el tercer tiempo reproduce los 
males del primero, la ejecución pesada del violinista rumano, con la melancolía y fascinación nórdica del director danés. En fin, bastante decepcionante. Pero no faltan grabaciones del concierto precisamente.

Interpretación: 5,5  Estilo: 4 (solista) / 7 (orquesta)  Sonido: 6,5

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El arreglo para violín y piano

Ya comentamos en su momento la única versión de la reducción que hizo el propia autor de la parte orquestal del concierto, en este caso sí conservada por completo. Dentro de ese volumen sexto de la Sibelius Edition también podrán encontrar algunos fragmentos y pasajes alternativos que han llegado hasta nosotros.

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Terminamos así nuestra serie dedicada a una de las mejores y a la vez más populares obras de Jean Sibelius, el Concierto para Violín y Orquesta opus 47. En estos días publicaremos un breve post sobre cierto malentendido, muy frecuente, sobre Sibelius, y ya la semana que viene nuestro habitual capítulo mensual de la biografía del compositor finlandés.

viernes, 3 de abril de 2009

El Concierto para Violín (6): historia posterior a su estreno de 1905

Cuesta imaginar que esta obra, imprescindible en la actualidad, recorriera sus primeros treinta años de vida en un muy discreto lugar entre los trabajos de Sibelius. Desde luego que no es nada raro que una gran obra haya pasado desapercibida para público, críticos o historiadores de la música, pero este es singular en una composición que tenía todos los ingredientes para haber triunfado en ese momento, máxime cuando el talento de nuestro autor empezaba a ser reconocido fuera de su ámbito más inmediato. La propia alma del compositor estaba inmensa en su música. Su estética finisecular, su exotismo nórdico (en un momento en que Grieg era inmensamente popular en todo el mundo occidental) y su virtuosismo aristocrático podían augurarle un gran futuro. ¿Qué sucedió? Es difícil decirlo. Muy posiblemente su violinismo tardó en encontrar acomodo entre los instrumentistas de la época. Quizá se estaban enfrentando a ella con un interés sólo técnico, olvidando la pasión que lo recorría. Quizá incluso la partitura era demasiado difícil de abordarla sin traicionarla. Encontremos más pistas siguiendo el discurrir de la historia. Sobre el estreno en Berlín, con Karel Haliř al violín y Richard Strauss dirigiendo a la Filarmónica de Berlín no hemos podido encontrar reacciones, por lo que podamos especular que pasó sin pena ni gloria a pesar del interés y el esfuerzo de Strauss, que admiraba la música del finés. Como ya habíamos visto, la partitura fue dedicada finalmente a Franz von Vecsey, un niño prodigio que entonces contaba con apenas 12 años. Hay referencias sobre que el joven virtuoso tocó la partitura al año siguiente, pero no son nada seguras.

Franz von Vecsey (1893-1935)

El estreno en Finlandia de la versión revisada tuvo que esperar hasta el 12 de marzo de 1906 y a la batuta de Robert Kajanus. El solista fue un músico letón apellidado Grevesmühl. Las críticas fueron dispares, lo que sin duda alejó la partitura del ánimo de nuestro compositor. A finales de 1907 Sibelius efectuó un rápido viaje a Moscú - donde políticamente se le apreciaba poco pero donde su música encontró un gran reconocimiento - en el que concibió una interpretación del Concierto, pero no encontró un solista adecuado. Lo cierto es que en esos primeros años la obra apenas conoció ejecuciones. En marzo de 1911 Gustav Mahler, a la sazón director de la Filarmónica de Nueva York, que había tenido un breve pero muy cordial e intelectualmente estimulante encuentro con Sibelius 4 años antes, planeó el estreno americano de la pieza. Pero ya estaba muy enfermo - moriría dos meses después - y tuvo que abandonar el proyecto. Desde luego el concierto parece estar maldito... Justamente antes de su exitoso periplo americano de 1914, nuestro autor visitó Berlín en un viaje muy estimulante artísticamente. Allí Alfred Wittenberg y la Filarmónica dirigida por Carl Panzner tocaron nuevamente la obra, pero Sibelius no pudo asistir. Sin embargo, hubo un testimonio indirecto, que relata en su diario: "según Palmgren [Selim Palmgren (1878-1951), importante pianista y compositor finlandés] fue extraordinariamente bien. Pero parecía tan poco sincero que temo que lo contrario sea lo verdadero". Durante la segunda década del siglo Sibelius escribió numerosas piezas para violín, tanto con acompañamiento orquestal como piezas (en general menores) con piano. Las obras orquestales son realmente extraordinarias, e incluyen las Dos serenatas opus 69 (1911 y 1912), y las Seis humoresques opus 87 y 89 (1917-18). El carácter de estas piezas es modesto en lo técnico, muy personales en lo musical, con una fuerte impronta modal. A finales de esa década planificó además un nuevo concierto para ciolín, un "Concerto lirico" que no llevó acabo (aunque parte de sus esbozos acabaron en la Sexta Sinfonía). Sin duda el amor por el violín seguía estando presente, y bastante alejado del virtuosismo: ¿estaba escarmentado por el carácter casi imposible entonces del Concierto? Sorprendentemente el propio autor no dirigió la partitura hasta 1924, en el concierto de Estocolmo donde estrenaría su propia Séptima Sinfonía (entonces bajo el título de "Fantasia sinfonica"). El nombre del solista fue Julius Ruthström, capaz pero no nada más. El concierto en general, que también incluía la Primera Sinfonía, no fue un éxito absoluto, aunque provocó la admiración de los dos grandes sibelianos de la ciudad sueca, Armas Järnefelt - cuñado de Sibelius, director y compositor - y Wilhelm Stenhammar, el gran autor musical de Suecia. En 1928, el 9 de marzo escucha al destinatario final de la obra, Ferenc von Vecsey, interpretar la obra, pero de nuevo la crítica no es unánime sobre la propia composición. Cuando en 1936 Karl Ekman publica su testimonio-biografía, el concierto no ocupa un lugar destacado, apenas un párrafo donde la conclusión es que "1905, cuando apareció en la forma en la que atrae a día de hoy a violinistas con pretensiones técnicas y al tiempo artísticas". Es decir: nada del otro mundo aparte de su virtuosismo. Ciertamente que había pasado desapercibido, nada parecía augurarle más que el puesto de una obra menor en el catálogo de su autor. Pero ya para entonces comenzaba a comercializarse la grabación que Jascha Heifetz, uno de los mejores violinistas del siglo XX (si no el mejor) y Thomas Beecham, para entonces ya un experto director sibeliano, dirigiendo la Filarmónica de Londres, había grabado para Emi el año anterior. Desde luego el mundo había cambiado mucho desde que la obra fue finalizada 30 años antes, y la tecnología habría un nuevo campo para la difusión musical. La interpretación era sin duda extraordinaria, apasionada y sentenciadora, y apareció en un momento en que las malas circunstancias del mundo civilizado parecían invitar a un nuevo romanticismo de evasión...

El disco de Heifetz y Beecham se convirtió en un éxito extraordinario de ventas, y la obra se escuchó por primera vez en todo el mundo y ganó una gran popularidad (aunque el respeto no pudo ganárselo hasta que se sofocaron los ecos de la retórica adorniana). Los virtuosos del violín descubrieron que la obra merecía la pena, y orquestas de todo el mundo programaron la pieza. Los avances en la enseñanza musical permitieron a los violinistas más oportunidades para abordar la partitura, y sin duda eran muchos más los músicos que a partir de la mitad del siglo XX podían afrontar sus difíciles pasajes. Es entonces cuando la obra se asienta en el repertorio, y de manera absoluta, ocupando un lugar de honor al lado de los conciertos de Mozart, Beethoven, Mendelssohn, Brahms, Bruch y Chaikovsky. No habrá virtuoso de rigor que no toque la pieza: Perlman, Mutter, Ferras, Oistrakh, Stern, Kremer, Shaham, Chang, Neveu, Accardo, Hahn, Mullova, Bell... por apuntar sólo los más destacados. En el próximo post, con el que cerraremos nuestra serie sobre el Concierto, hablaremos precisamente de la discografía. No haremos un repaso exhaustivo por una lista inmensa, sino que comentaremos las grabaciones a nuestro juicio más destacadas. Entre ellas estarán entre los primeros lugares dos que no son precisamente resultado de la labor de grandes virtuosos. Ya descubrirán por qué.

Capítulo 1:historia de la obra 

Capítulo 2: I. Allegro moderato 

Capítulo 3: II. Adagio di molto 

Capítulo 4: III. Allegro, ma non tanto 

Capítulo 5: La versión original 

Capítulo 7: discografía (versiones recomendadas)