jueves, 29 de marzo de 2012

La música incidental de Jean Sibelius

La idea de combinar teatro y música es tan antigua como el teatro mismo. Al tiempo que la música occidental alcanzaba un desarrollo significativo en la época barroca, el teatro empezó a demandar una mayor presencia de la misma con el objeto de promover una mayor expresividad del texto dramático. Además de canciones de personajes secundarios y danzas, con un sentido más bien decorativo en general, en el siglo XVII se comienza a incorporar preludios y entreactos que tratan de reflejar el carácter (los affetti) de la obra teatral. 

Durante el clasicismo se da un paso más al incorporar música a la propia marcha del drama a través del melodrama, una partitura, normalmente orquestal, acompañaba a la declamación, subrayándola y elevando su expresividad. A partir del "Egmont" de Beethoven la música incidental, consistente en oberturas, entreactos, melodramas, canciones y hasta coros, se convierte en toda una necesidad del teatro romántico y postromántico. 

No obstante, la importancia de esta música incidental ha dependido mucho de circunstancias particulares. Por ejemplo, de usos nacionales: es bastante obvio, por ejemplo, que los compositores austriacos y alemanes - el citado Beethoven, Weber, Schubert, Schumann y el Mendelssohn de la inmortal "Sueño de una noche de San Juan" - fueron más proclives a escribir música incidental de altura que los franceses - con "La arlesiana" de Bizet como gran excepción -. También hay que tener en cuenta que los compositores no llevan la iniciativa de escribir estas partituras, sino que son encargos de directores de teatro para una determinada producción. En multitud de ocasiones la obra musical moría allí, en otras se prolongaba como una "partitura ideal" para la obra y llegaba a otras producciones. Las más de las veces el compositor extraía fragmentos o una suite entera de entre los números de su composición (a veces reelaborándolas) para que al menos parte de la partitura tuviera vida en las salas de concierto. 

La situación de los países nórdicos en cuanto a teatro y música incidental es sin duda privilegiada entre el siglo XIX y principios del siglo XX, heredera de la influencia germánica. Por una parte está la gran afición de aquellos públicos por el teatro, que llegaba a ser fervor en las clases cultas. como también las populares. Además hubo grandes figuras literarias, entre ellas genios de talla universal como August Strindberg y Henrik Ibsen. Por otra parte los grandes compositores se prestaban con facilidad su talento al servicio del teatro, lo que nos dejó partituras de gran calado firmadas por nombres como Grieg - asociado para siempre con la genial partitura para "Peer Gynt" de Ibsen -, Halvorsen, Alfvén, Stenhammar, Nielsen y por supuesto Jean Sibelius. 

Sibelius compuso una docena de trabajos para la escena, incluyendo algunas de sus mejores composiciones, así como algunas de las más populares (lo cual no siempre coincide). Como amante del teatro, compositor de poemas sinfónicos y de principios estéticos próximos al simbolismo, nuestro autor siempre se sintió muy dispuesto a acometer este tipo de música. Pero como venía siendo norma la iniciativa de tales trabajos correspondió a encargos desde el mundo del teatro. Encargos que nunca le faltaron (y de hecho excusó algunos otros), especialmente si tenemos en cuenta que en su propio círculo íntimo del músico nórdico hubo siempre autores teatrales, incluyendo amigos y familiares a los que no podía negar sus compases. 

La calidad de estas partituras es muy variada, y vinculada a su forma: en algunas ocasiones nuestro músico escribe piezas de género, pequeñas y ligeras, aunque sin duda de gran belleza. En otras ocasiones el compromiso expresivo es mayor, y podemos encontrarnos auténticas obras maestras. Incluso se da la posibilidad de que pequeñas formas constituyan alguna de esas obras maestras, como sucede con "La tempestad" opus 109, donde Sibelius desarrolla un lenguaje avanzado y único, de gran intensidad. 

También vamos a incluir en esta categoría (no todas nuestras referencias lo hacen) música destinada a tableaux vivants como canciones teatrales. Los tableaux vivants son una rara fórmula teatral: tal como su nombre indica se trata de la representación de determinas escenas a modo de ilustración, sin diálogos en general, a la manera de pantomima, pero sin movimiento. Se pusieron especialmente de moda en el siglo XIX para representar escenas históricas y mitológicas, sobre todo en ambientes nacionalistas. Las músicas, ya fuera de época o compuestas expresamente, eran habituales como parte de ese "decorado". Como es lógico la llegada de la grabación de imágenes en movimiento acabó con este singular subgénero. 

Así mismo, como ya hemos señalado, incluiremos en esta categoría así mismo canciones (voz y acompañamiento instrumental) cuando tuvieron en origen una intención dramática. ______________________ 


A continuación daremos cuenta de las obras que forman parte pues de este apartado de la producción de Jean Sibelius, con información relativa a su autor teatral, fecha de composición, breve descripción de la trama, números musicales y suites o arreglos derivados de ella. 

- "Näcken" ("La ninfa acuática") de Gunnar Wennerberg (1888). Magia rúnica dramática, en la que un sacerdote derrota a una ondina. Canción JS.138 para voz, piano, violín y violoncello, con recitador (el resto de la música escénica fue responsabilidad de Wegelius). 

- Escenas para un festival y lotería en ayuda de la educación de la provincia de Viipuri [Karelia], tableaux vivants de Gabriel Lagus, Axel Gallén-Kallela, Emil Wikström y Jac Ahrenberg (1893). Descripción de la historia de Karelia, desde la época pagana hasta el Imperio Ruso. Obertura y música para ocho cuadros JS.115 para orquesta, dos cantantes rúnicos en uno de ellos. Dos números arreglados para piano, obertura como Obertura Karelia opus 10, y tres números como Suite Karelia opus 11, ambas obras para orquesta. 

- "Kung Christian II" ("Rey Cristian II), de Adolf Paul (1898). Drama en torno al rey Cristian II de Dinamarca, Noruega y Suecia y su amor por su amante Dyveke (Palomita), de origen burgués. Cuatro números compuestos para la primera producción (24 de febrero), tres números añadidos, uno de ellos alternativo a uno de los iniciales, para producciones posteriores (opus 27), todos ellos para orquesta, con una canción. Los cuatro números iniciales arreglados para piano (uno de ellos alternativamente con voz), cinco números arreglados para orquesta como Suite Rey Cristian II opus 27. 

 - Celebraciones de la prensa, tableaux vivants de Kaarlo Berghom, versos de Eino Leino y Jalmari Finne (1899). Descripción de la historia de Finlandia, desde la época pagana hasta el Imperio Ruso. Preludio y música para seis cuadros JS.137 para orquesta. Tres números arreglados como Scènes historiques I opus 25, número final como Finlandia opus 26. 

- "Kuolema" ("La muerte"), drama de Arvid Järnefelt (1903). Obra simbolista en torno a Paavali, marcado por la muerte de su madre, que se enamora de Elsa y es recordado con cariño por su comunidad. Seis números JS. 113 para orquesta de cuerda y campanas, dos de ellos con canto, y dos nuevos números opus 62 añadidos para producción de 1911. Un número de JS.113 arreglado para orquesta como Valse triste opus 44 nº1, dos números arreglados para orquesta como Escena con grullas opus 44 nº2. 

- "Ein Fichtenbaum — träumt von einer Palme" ("Un abeto, soñado por una palma"), tableau vivant sobre un poema de Heine (1904). Musik zu einer Scène, arreglado como Danza-Intermezzo opus 45 nº2, primero para piano y después para orquesta. 

- [Procesión de actores en despedida a Kaarlo Berghom], tableau vivant (1905). Cortège JS.54, para orquesta (música reutilizada en opus 109). 

- "Pelléas og Mélisande" ("Pelléas y Mélisande), drama simbolista de Maurice Mæterlinck, traducido al sueco por Bertel Gripenberg (1905). Historia ambientada en la Edad Media, en torno a una misteriosa doncella llamada Mélisande, que es encontrada perdida en un bosque, pretendida por Golaud pero que se enamora del caballero Pélleas. Diez números musicales JS.147 para orquesta, uno de ellos una canción. Ocho números arreglados para piano, nueve arreglados para orquesta como Suite Pélleas et Mélisande opus 46. 

- "Pan og Echo" ("Pan y Eco"), tableau vivant (1906). "Pan y Eco son vistos en una colina, mirando a las ninfas danzando en el valle". La representación formó parte de un festival de lotería. La música fue publicada como "Pan y Eco. Intermedio-danza nº3" opus 53, y suele incluirse entre los poemas sinfónicos del autor.

- "Belsazars gästabud" ("El festín de Belsazar"), drama de Hjalmar Procopé (1906). Historia bíblica en la corte del rey Belsazar de Babilonia, su amor por la esclava judía Leschanah y el anuncio de su muerte por parte del profeta Daniel. Diez números JS.48 para orquesta, uno de ellos una canción. Dos números (Danza de la vida y Danza de la muerte) arreglados para piano, cinco de ellos (dos fusionados) arreglados para orquesta como Suite El festín de Belsazar opus 51. 

- "Svanevit" ("Cisne blanco"), cuento de August Strindberg (1908). La joven princesa Cisne Blanco está prometida a un príncipe de un reino cercano, pero ella ama a un joven príncipe que desempeña el papel de embajador. Su madrastra lo prohíbe, y le obliga a casarse con el otro príncipe, mientras trata de matar a su enamorado. Catorce números JS.189 para pequeña orquesta. Algún número suprimido y otros fusionados en arreglo como Suite Svanevit opus 54, para orquesta. 

  Producción de "Svanevit" de Ingmar Bergman (1940) 

 - "Ödlan" ("Lagarto"), drama simbolista de Mikael Lybeck (1909). El conde Ottokar hereda la fortuna familiar, y se casa con la inocente Elisiv, pero su prima Adla desea suplantarla. Música para dos escenas opus 8 para violín solista y cuerda (un instrumento por parte). 

- "Trettondagsafton" ("Noche de reyes") tragedia de William Shakespeare, en traducción al sueco de Carl Hagberg (1909). Viola naufraga y se disfraza de hombre, y comienza a trabajar en el palacio de Orsino, que está enamorada de Viola, quien a su vez se disfraza del disfraz de Viola. Dos canciones opus 60 para barítono y guitarra, "Kom nu hit, död!" ("'¡Aléjate, Muerte!") y "Hållilå, uti storm och i regn" ("Tralalá, la tormenta y la lluvia) arregladas posteriormente con acompañamiento de piano, la primera de ellas arreglada también con acompañamiento orquestal. 

- "Die Sprache der Vögel" ("El lenguaje de los pájaros") de Adolf Paul (1911). [Sibelius no conocía el argumento a la hora de escribir la música, y no podemos ofrecer más datos sobre el mismo]. Marcha nupcial JS.62 para orquesta. 

- "Scaramouche", drama de Poul Knudsen (1913). Después de un baile organizado por Leilon, el violista Scarmouche, enano jorobado, vuelve en busca de su mujer, Blondelaine, para raptarla. Pero la mujer lo mata, y baila hasta la muerte. Dos actos sin solución de continuidad opus 71 para orquesta (la música abarca la totalidad de la obra). Dos pasajes arreglados para piano como Danse élégiaque y Scène d'amour, el último también para violín y piano. 

- "Jokamies" ("Cada uno"), drama de Hugo von Hofmannsthal traducido al finés por Huugo Jalkanen (1916). Obra moral al estilo de un auto sacramental, con personajes como la Muerte, las Buenas Obras, la Fe, el Demonio, el Mammon... Dieciséis números opus 83 para solistas vocales, coro y orquesta. Cinco números arreglados en tres piezas para piano (Episodio, Scena y Canzone). 

- "Stormen" ("La tempestad"), tragedia de William Shakespeare, en traducción al danés de Edvard Lembcke (1925), nueva producción en finés en traducción de Paavo Cajander (1927). El duque de Milán, Próspero, duque de Milán, ha sido expulsado de su heredad por su hermano, y naufraga tras una violenta tormenta en una isla. Junto a su hija Miranda y el salvaje Caliban, se dedica al estudio de la magia y entra en contacto con el espíritu Ariel, que le ayudar a vengarse de su hermano, aunque al final la indulgencia se impone. Veinticinco números opus 109, para orquesta, algunos de ellos cantados, y un número alternativo añadido para la producción de 1927. Algún número suprimido y otros fusionados en arreglo como Preludio y dos Suites La Tempestad opus 109 nos. 1, 2 y 3 para orquesta. Tres números también en arreglo para piano. 

William Hogarth: "La tempestad" (c.1728) 

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Dedicaremos nuestro próximo post a comenzar una nueva serie sobre "Rey Cristian II", la primera música incidental para teatro propiamente dicho compuesta por nuestro autor. 

miércoles, 7 de marzo de 2012

Christian Sinding (1856 - 1941)

Como decíamos al comenzar la andadura del blog, reservaremos de vez en cuando un espacio a otros compositores que directa o indirectamente tuvieron algo que ver con Jean Sibelius, dando además un trato especial a aquellos que creemos que también han caído en un injusto olvido, normalmente provocado por la estandarización del repertorio o por razones más complejas. 

Ya recordamos de esta forma a Robert Kajanus y a Armas Järnefelt. Le ha llegado el turno a Christian Sinding, compositor noruego de primera fila que compartió la época de estudiante en Berlín de Sibelius, ejerció una temprana y a nuestro juicio decisiva influencia en el estilo del autor finlandés, y cuya vida muestra una serie de curiosos paralelos con la vida del músico central de nuestro blog. Sinding es en cualquier caso un músico sin duda a recuperar, y se convierte en todo un deber sacarlo de su relativo olvido y rescatar su figura, manchada por un suceso de sus últimos años del que hablaremos en el presente artículo.

Christian Sinding nació en la localidad noruega de Kongsberg el 11 de enero de 1856, en el seno de una prominente familia de artistas, que incluía prominentes pintores, escultores, escritores... Estudió violín y composición primero en el Conservatorio de Christiania (Oslo en la actualidad), hasta que en 1874 como otros músicos nórdicos (incluyendo sus compatriotas Grieg y Svendsen) se traslada a Alemania a completar sus estudios. En Leipzig prosigue con Schradieck las clases de violín, y con Jadassohn teoría musical y composición. En la ciudad alemana permanecería hasta cuatro años, abandonando el violín en favor de la composición al saber entender sus propias facultades. Volvería en 1879 para recibir instrucción de Reinecke, mientras comenzaba a componer (primeras obras posteriormente destruídas). Entre 1882 y 1884 estuvo en Munich, donde se unió al entusiasmo wagneriano y pudo escuchar las primeras obras orquestales de Richard Strauss. 

Fueron muchos los años en el país germánico, unos 40, más de la mitad de su vida. Tanto emocional como musicalmente Sinding se sintió muy cerca de la cultura alemana, pero nunca dejó de sentirse orgullosamente noruego, y fue colocado en la época junto con los grandes músicos del nacionalismo de su país, Edvard Grieg y Johan Svendsen. Enseñó durante un curso en Estados Unidos, entre 1920-21, en la Escuela de Música Eastman de Rochester. Desde 1924 residió de manera permanente en "Grotten" ("La gruta"), la casa del escritor romántico Henrik Wergeland (cuyo nombre quizá les resulte familiar por ser título de una célebre canción de Grieg), cedida por el gobierno noruego, que hacía años le otorgaba ya una importante suma por su actividad artística para vivir sin preocupaciones económicas. 
Portada de la edición original de la más célebre pieza de Sinding

Sinding fue un músico muy popular durante su vida, tanto en Noruega como en el extranjero (incluso más fuera del país escandinavo). Una de sus piezas para piano "Frühlingsrauschen" ("Murmullos de primavera") opus 32 nº3, ha sido al menos hasta después de la Segunda Guerra Mundial uno de los bises más populares e imprescindibles de aquel repertorio (y que aún sigue siendo una pieza para estudiantes y aprendices de virtuoso). Pero apenas ocho semanas antes de su muerte se unió a la "Nasjonal Samling" ("Asamblea Nacional"), el partido nazi noruego, cuando el país estaba invadido por las tropas del III Reich. 

Tal afrenta fue vista como una verdadera traición, máxime en una nación que resistió con firmeza la influencia nazi (apenas 2000 noruegos fueron miembros de la Asamblea Nacional durante la ocupación, y la resistencia organizada tuvo un papel muy destacado, no hay más que recordar el episodio de boicot a la bomba atómica nazi en Telemark). Sinding fue visto como un ególatra, cuya germanofilia le perdió para siempre. De hecho es un músico más desconocido hoy en día en Noruega que fuera del país nórdico. 

Pero esa postura está cambiando en los últimos años, en gran parte por las investigaciones de su biógrafo Per Vollestad, quien ha revisado los documentos originales: un Sinding muy mayor y que hacía tiempo que arrastraba demencia senil (no conseguía componer desde 1935) habría sido engañado por los nazis para formar parte de una operación propagandística que reclutaría a importantes figuras noruegas. Aunque Sinding era "cristiano viejo" y amante de la cultura alemana, lo cierto es que lejos de mostrar antes de ese episodio había luchado por los derechos de los músicos judíos, ayudado al héroe de guerra Nordahl Grieg y se había pronunciado firmemente en contra de la ocupación. Además consta documentalmente que ni siquiera había pagado la cuota del partido (más información en este enlace, está en noruego, pero es posible una traducción de su navegador- no muy exacta, pero es lo que hay -). 

Finalmente Christian Sinding dejó este mundo en Oslo el 3 de diciembre de 1941. 

Una vez aclarado este hecho, hemos de llamar la atención de que en cualquier caso hemos de reclamar la atención hacia su música, fuera del autor, que desde luego no puede ser calificada ni por asomo de nazi. Lejos de la controversia, se trata de una obra destacada, quizá no genial en su conjunto, pero llena de obras estimables y unas cuantas partituras que deben entrar con letras de oro en la historia de la música. 

Su estilo corresponde al postromanticismo, enormemente deudor de la tradición de Wagner, Liszt y Richard Strauss, aunque también en ocasiones quede claro su ascendente noruego (ya venga por la influencia de Grieg y Svendsen, bajo cuyas órdenes llegó a ser dirigido, o de la música folclórica). Se le ha reprochado una dependencia excesiva de sus modelos, en especial de Wagner, y un estilo que evolucionó muy poco con los años, lo que dió origen a que en su última época su música pareciera bastante conservadora. No obstante "como Grinde [N. Grinde: "Norsk musikkhistorie" (Oslo, 1971)] ha apuntado, su armonía de debe más a Liszt que a Wagner; es rica, con frecuentes y en ocasiones abruptas modulaciones, y un puñado de buenas progresiones cromáticas, pero no hay una tendencia real a destruír la tonalidad. Fue bastante radical en su uso de la forma temática cíclica, pero esto no fue nunca una novedad en su tiempo. La independencia y originalidad de su estilo están asociadas a una agresiva frescura y virilidad, que a veces pueden parecer pomposas, pero que en sus mejores obras están apoyadas por el ímpetu de una fértil habilidad musical; la mayoría de sus mejores obras están entre las primeras" (Kari Michelsen, en su artículo del "New Grove Dictionary of Music and Musicians", edición del año 2000). 

Es cierto que lo que apunta Michelsen: su estilo es de una nerviosa vitalidad, llena de recovecos de gran originalidad, si bien también es cierto que muchas de sus mejores títulos pertenecen a los primeros años del compositor, en torno al paso de siglo, cuando su música postwagneriana y de cierto color nórdico no estaba fuera de su contemporaneidad musical. 

Obra 

El catálogo de Sinding se centra en cuatro grandes apartados: música orquestal, fundamentalmente sus cuatro sinfonías y piezas para violín y orquesta, música de cámara, música para piano y una importante lista de canciones. 

Además nos dejó una única ópera, siendo uno de los títulos que más queremos destacar: "Der heilige Berg" ("La montaña sagrada"). Obra finalizada en 1912, fue su particular incursión directa en el wagnerismo, con un drama en un prólogo y dos actos, aunque de breve duración (no más de 80 minutos), con un argumento que gira en torno a un monasterio griego de ciertas resonancias parsifalianas. El libreto es de Dora Duncker y está escrito en alemán, y de hecho fue estrenada en Dessau en 1914, tardando un par de décadas en darse a conocer en Noruega. Como decimos responde perfectamente al modelo wagneriano, con el papel central de la orquesta, uso del leitmotiv, un recitativo continuo con pequeños pasajes líricos, sin números claros... Su estética y su técnica están a mitad de camino entre las óperas románticas o "Los maestros" y los dramas musicales del autor alemán. Por su dependencia de Wagner no se puede tildar como una gran obra, sin embargo es un trabajo de consideración, con algunos momentos brillantes. 

Sus sinfonías ocupan diferentes etapas de la carrera de Sinding: mientras que la Primera es una obra de juventud (aunque posiblemente la más original y destacable de todas), la última corresponde a sus últimos años. La Primera Sinfonía en re menor opus 21 puede ser su auténtica obra maestra, cuya composición le llevó al autor una década (1880-90), a las que añadir varias revisiones posteriores. Muestra perfectamente todo lo que hemos dicho: la influencia de Liszt y Wagner, su recurrencia cíclica, su originalidad y sorpresas armónicas... Además muestra una monumentalidad y algunos otros rasgos próximos a Bruckner, que Sinding sin duda conocía. Destaca por su especial colorido, con ciertos rasgos modales, intercambios mayor-menor, incesantes pedales, y algunos efectos singulares de orquestación, como el entramado polifónico de los solistas de violín en el segundo tiempo. Ya anotamos en su momento que a nuestro juicio este trabajo pudo influir en el "Kullervo" de Sibelius, así como en sus primeros trabajos: Sinding terminaba justo la versión original de la partitura cuando compartía aventuras con el compositor finlandés, y es más que probable que le mostrara la obra. 


El primer tiempo de la Primera Sinfonía de Sinding. Creemos que es la interpretación de Rasilainen. El sonido no es muy bueno... 

Las sinfonías segunda y tercera comparten algunas faltas, como es su menor originalidad, con una dependencia wagneriana que llega al nivel de la cita más o menos disimuladas. Esto se produce sobre todo en la Segunda Sinfonía en Re Mayor opus 83 (1903-04), de tintes heroicos y de gran vitalidad y en tres tiempos, también explorando la unidad entre sus diferentes movimientos, salpicados de recuerdos de "El Anillo" y "Los maestros cantores". En la Tercera Sinfonía en Fa Mayor opus 121 (1920), menos monumental y más lírica, encuentra sin embargo por otras citas de las mismas obras del maestro de Bayreuth. 

La Cuarta Sinfonía opus 129, que le llevó nada menos que 15 años (entre 1921 y 1936) parece en cambio una partitura mucho más propia y de indudable colorido nórdico, con una orquesta más llena de contrastes (con timbres variados, como la incorporación del piano), muestra de la sabiduría de un autor ya maduro. Se trata de una sinfonía en un solo movimiento, aunque compuesta en realidad por varias secciones. Como sucedió con la Séptima de Sibelius, Sinding vaciló entre atribuirle o no el nombre de "sinfonía", aunque no perdió su subtítulo de "Vinter og Vår" ("Invierno y primavera"), que muestra su contenido parcialmente descriptivo. 

Un apartado importante de la producción de Sinding es la dedicada al violín solista, ya fuera con orquesta o con acompañamiento de piano (algunas de las pequeñas piezas con orquesta son instrumentalizaciones de obras para violín y piano). Después de todo fue el instrumento del compositor. Descatan los tres conciertos, singularmente breves y de gran despliegue virtuosístico sin perder nunca el lirismo de otros antecedentes noruegos, como las obras de Ole Bull. El Primer Concierto, en La Mayor opus 45, presenta un primer tiempo de bravura, un Andante especialmente misterioso y oscuro, al estilo de una passacaglia, y un finale que vuelve al ambiente inicial. 

El Segundo Concierto en Re Mayor opus 60 apuesta por un sinfonismo más pleno, casi como una sinfonía con unidad temática entre movimientos, aunque el violín sigue siendo el protagonista con un discurso muy dramático y pleno de contrastes. En el finale Sinding utiliza sones más folclóricos, como dábamos cuenta muy raros en el compositor. En el Tercero (en la menor opus 119) el violín vuelve a imperar, con un discurso muy apasionado y lírico, quizá más refinado. 

La Suite para violín y orquesta opus 10 (1906, compuesta originalmente para violín y piano en 1887) ha sido una de las pocas piezas de Sinding que ha tenido cierta consideración aún en el repertorio. Se trata de un pasticho muy decimonónico emulando al violín barroco, básicamente a partir de las suites y partitas de Bach y algo de los conciertos de Vivaldi. Aunque una pieza bella, quizá a estas alturas de la historia resulta francamente demodé... No obstante, como decimos, es una pieza apreciable, con una escritura de violín muy delicada, que llamó más la atención a los virtuosos de la primera mitad de siglo, aunque sea Izhak Perlman, acompañado por el directo André Previn, quien haya dejado su más brillante ejecución. 


Perlman tocando el primer tiempo de la pieza de Sinding (seguramente es la grabación con André Previn) 

Otras piezas para violín y orquesta son apasionada Leyenda opus 46, la romántica Romanza opus 100 y la sentimental Abenstimmung opus 120. 

El Concierto para piano opus 6 es una obra poco agraciada, desproporcionada en el virtuosismo del piano y de orquestación pobre, aunque ha conocido varias grabaciones. La salva el lirismo del movimiento central. Otras pocas piezas para orquesta en cambio no conocen el disco, al menos a nivel internacional. 

La producción de cámara como señalábamos constituye uno de sus grandes logros. Fue gracias a su Quinteto para piano y cuerda en mi menor opus 5 (1883-85) por lo que fue conocido tanto en los países nórdicos (estrenado en 1888 en Copenhage) como en Alemania (1889, Leipzig) y abrió el mundo a Sinding. Se trata de una obra monumental, de ambiciones orquestales a pesar su medio camerístico, oscura y misteriosa. 


Una interpretación del primer tiempo del Quinteto desde la Universidad de Utah hace unos meses, sin más datos sobre los músicos, una ejecución muy modesta, aunque valoramos sobremanera su interés por la obra.

También hay que llamar la atención sobre el Cuarteto de cuerda opus 70, la Serenata para dos violines y piano opus 92 y las diversas sonatas y piezas breves para violín y piano, muestra del excelente conocimiento del compositor por el instrumento. 


Primer tiempo de la Serenata opus 92, con Michael Zuber e Isabelle Meyer a los violines y Aimé Bastian al piano. 

La obra para piano constituye un importante apartado dentro de su catálogo, con cientos de piezas breves de diferente categoría, desde simples piezas de salón hasta verdaderos poemas sinfónicos en miniatura. Por desgracia es poco la música que se ha grabado a pesar de que la mayor parte de las partituras están disponible, además de la conocida "Frülingsrauschen" hay que destacar su Sonata opus 91 o las Variaciones opus 94, partituras más ambiciosas. 


John Odgon interpreta "Murmullos de primavera" opus 32 nº3 

Como curiosidad, la partitura aparece en un clásico del cine, "Intermezzo", tanto en su versión original sueca (1936)con en su remake americano (1939), en ambas con una debutante Ingrid Bergman "tocando" la pieza (que se usará también como leitmotiv en la banda sonora de ambas versiones).

Las canciones constituyen un grupo muy variado y amplio en el catálogo de Sinding. Además de su idioma nativo, el compositor noruego utilizó en multitud de ocasiones el alemán. En muchas de ellas se nota el ascendente folclórico y el modelo de Grieg, otras nos llevan sin embargo de una expresividad algo más desarrollada, con tendencia a la declamación y al cromatismo, ciertamente muy wagnerianas, aunque concentradas y de una sensibilidad muy propia. No se puede dudar que éste es uno de los apartados más interesentantes de la producción del autor, con auténticas joyas. 

También existe un grupo de obras corales dentro de su catálogo, cantatas o coros a capella, sobre las que no podemos dar más información. 

Discografía 

La discografía de Christian Sinding ha sufrido los mismos vaivenes que su fama: sus piezas más célebres como "Frülingsrauschen" y la Suite para violín conocen destacadas versiones en la primera mitad del siglo XX (Godowsky o Helfgott en el primer caso; Heifetz en el segundo), pero por suerte no han desaparecido del repertorio (Cherkassky o Odgon para la pieza para piano, Perlman para la de violín por ejemplo). Puede encontrarse también orquestaciones de "Murmullos de primavera", como podemos comprobar en un disco dedicado a compositores nórdicos bajo la batuta de Leif Segerstam (Ondine, 1994). 

"Der heilige Berg" conoce una única grabación, vinculada con un rescate de la ópera a mediados de los 80 en Noruega. Heinz Fricke dirige la orquesta de la ópera nacional con bastante oficio, al igual que el grupo de cantantes (todos noruegos), un conjunto digno, pero ni a la obra ni a la interpretación se le puede pedir demasiado. Quizá alguna vez otra visión más brillante nos haga cambiar de opinión (en el sello Simax, 1988 y 1991) 

Las sinfonías han conocido ya dos integrales distintas, una debida a Ari Railainen dirigiendo la Orquesta de la Radio Noruega (Finlandia, 1999 - reeditado en Warner Music, 2002), y otra a David Porcelijn con la Filarmónica de la Radio de la NDR (CPO, 2002 y 2004). La versión nórdica es indudablemente más próxima al estilo y también está mejor dirigida, mientras que la alemana puede ser una mejor opción para los más escrupulosos del sonido. En todo caso una de las dos integrales debería caer en las manos del aficionado a la música nórdica. 

En esta magnífica integral protagoniza por el joven solista Andrej Bielow, la Filarmónica de la Radio de la NDR de nuevo, dirigida esta vez por Frank Beermann (CPO, 2011) tenemos todas las partituras que escribiera (o transcribiera) Sinding para violín y orquesta, por lo que es una referencia tan obligada como la integral sinfónica. El solista sorprende por su refinamiento, perfecto para las piezas, quizá el director debiera haberlo sido también. Pero no se la pueden perder. 

El Concierto para piano conoce varios registros, quizás el más recomendable se encuentra dentro de la serie del Concierto para piano romántico del sello británico Hyperion, con Piers Lane como solista, la Orquesta Filarmónica de Bergen y Andrew Litton a la batuta (2007, acompañando a un concierto del también noruego Eyvind Alnaes).

El presente disco presenta un programa de piezas muy diversas para piano, incluyendo la Sonata opus 91, "Murmullos de primavera" y otras piezas breves. La interpretación corre a cargo de un eficiente Jerome Lowenthal (Bridge, 2009). 

El Quinteto opus 5 puede de momento sólo encontrarse en una grabación del Quinteto Pihtipudas en el raro sello Eda (1994). Se trata de una formación más bien amateur, y según comunicación personal de Andrew Barnett han efectuado algunas simplificaciones a la partitura. En cualquier caso la obra es una verdadera genialidad, y puede merecer la pena buscar este disco, perfectamente hermanado con el Quinteto de Sibelius. No obstante, parece ser que en los últimos años la obra ha reentrado en las salas de concierto, y no es descartable que aparezcan próximamente otras grabaciones. 

Naxos ha publicado en los últimos años varias grabaciones magníficas de la música de Sinding. En primer lugar tenemos las piezas para violín y piano (2009) a cargo Henning Kraggerud al instrumento de cuerda, acompañado por Christian Ihle Hadland. No podemos dar nuestra valoración por no haber podido escuchar todavía los discos, pero las críticas leídas son muy postivas. Así mismo, pueden encontrarse en el mismo sello registros de los Tríos números 3 y 4. 
Otro de los discos está constituído por una selección variada de las canciones del autor noruego, a cargo de la soprano Bodil Arnensen acompañada por Erling Ragnar Eriksen (1999), no especialmente brillantes, pero más que suficiente para hacernos una idea. El sello noruego Imax está desarrollando también una integral de este apartado del catálogo del compositor. 

Sinding y Sibelius 

Jean Sibelius se encontró con el compositor noruego en su año de estudio en Berlín, formando parte de un grupo de alumnos de música extranjeros, fundamentalmente nórdicos. Sinding era el decano de facto, por ser algunos años mayor que la mayoría de ellos. Según cuenta Erik Tawaststjerna no fue simplemente un grupo "intelectual", sino que principalmente una camarilla de vida bohemia. Los domingos por la tarde, por ejemplo, se reunían en una pensión para tocar el piano (como años antes había hecho en el mismo lugar Grieg) y acompañar al baile a sus compañeros, que danzaban con unas chicas más interesadas en los músicos que en la música... 

Sibelius acudió casi en pereginaje a Leipzig al estreno del Quinteto opus 5 de Sinding, visto como verdadera vanguardia nórdica en Europa. El artista noruego tuvo el lujo de contar con Busoni y el Cuarteto Brodsky, y Sibelius se entusiasmó enormemente por la obra, que replicó con su propio Quinteto JS.159, partitura indudablemente influída por la de Sinding. El música finlandés hizo verdaderas piruetas económicas para hacer el viaje, pero tan entusiasmado con la partitura que estaba que a la vuelta de Sinding y Busoni a Berlín, regaló al compositor su sombrero y le ofreció un carruaje para escapar de la lluvia alemana. 

Tras aquella temporada en Berlín, Sibelius no volvió a contactar con Sinding hasta 1905, justo en otro viaje a la capital alemana. Ambos se reunieron también con Busoni, y sin duda recordarían los viejos días, en un momento en que los tres músicos había alcanzado ya la fama internacional. Sinding apoyó activamente los conciertos del finlandés, quien lo consideraba "un hombre maravilloso", según escribió a Aino. No hay datos de que ambos se volvieran encontrar, pero Sibelius seguía escuchando sus obras por todo el continente, y en sus diarios compara en alguna ocasión la fama de Sinding con la suya propia. Ciertamente, como hemos comentado, corrieron un destino paralelo, aunque a la vez distante: Sibelius siempre añoraba su patria, y el tiempo que pasó en el extranjero fue el justo, todo lo contrario que Sinding, con el corazón partido con Alemania. Posiblemente en sus primeros años en el repertorio europeo Sinding fue más popular, pero a partir de los años 20 Sibelius ocupó su lugar. El puesto docente en EE.UU. había sido ofrecido, curiosamente, antes a Sibelius, que lo rechazó. Y el músico finlandés hizo evolucionar su estilo, frente al inmobilismo de Sinding, adoptando un camino propio y solitario entre la tradición y la vanguardia. Como Sinding, Sibelius fue víctima de la propaganda nazi, pero en el caso del finlandés ha podido salir honradamente de la trampa. Quizá es el turno ahora de Sinding, el turno de que su música se rescate del pozo de los condenados y vuelva a brillar de nuevo como en su día brilló... 
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Enlaces útiles 

Catálogo de obras (en inglés)  
Catálogo de obras (en alemán, más completo) 
Partituras de Sinding en el International Music Score Library Project

jueves, 23 de febrero de 2012

Biografía (22): el estreno de la versión original del Concierto para violín y el traslado a Ainola (1904)

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Las primeras semanas de 1904 vieron el final de un arduo trabajo, el de la partitura de la versión original del Concierto para violín y orquesta en re menor. Willy Burmeister deseaba estrenar la obra en marzo, pero los problemas financieros de Sibelius - en especial por la construcción de Ainola, su futura y definitiva casa - hicieron que el compositor la ofreciera antes. Fue el 8 de febrero, y a manos de otro violinista, Viktor Nováček, un joven profesor de violín residente en Helsinki (sobre los complicados entresijos de la historia del Concierto pueden leer el post que escribimos en su momento). 

La interpretación de Nováček, dirigido por el propio Sibelius, no fue suficiente para las dificultades que presentaba la partitura, y las críticas no fueron precisamente buenas: "nos ofreció una masa de elementos sin alegría. De cuando en cuando había sonidos terribles" escribió Karl Flodin, cuyas opiniones siempre tuvo muy en cuenta el músico finlandés. Pero la propia obra tampoco salía bien parada, "aburrida" y "un error" para el citado crítico. Aunque Sibelius era consciente de lo mucho que había perjudicado la ejecución en sí de la obra (y ofreció a Burmeister tocarla más adelante para resarcirse), también lo era de las debilidades que contenían sus pentagramas: desistió de publicarlos aquel verano como tenía pensado, y al año siguiente revisaría el trabajo para dar el Concierto en la forma que ahora nos es familiar. 


Jean Sibelius en un boceto de Albert Engström (1869-1940), periodista y artista satírico sueco, de ese mismo año de 1904

Formaron parte del mismo concierto la cantata Tulen synty opus 32 (ya estrenada en 1902) , el coro patriótico "Har du mod?" ("¿Tienes valor?) opus 31 nº2 y la Cassazione opus 6 para orquesta. El coro es una aguerrida marcha, breve pero contundente, que preocupó mucho a Sibelius, ya que aparte de una versión para coro a capella escrita en los meses precedentes (JS.93, de material musical diferente, aunque quizá fuera un esbozo) nuestro autor escribiría hasta tres versiones bastante distintas del acompañamiento orquestal, además de arreglos para piano. 

La Cassazione opus 6 es una pieza extensa, de una docena de minutos y carácter episódico. A pesar de constituir una partitura imaginativa, de colorida orquestación, no se puede calificar como partitura brillante, para el compositor y crítico Oskar Merikanto "bastante insignificante". Compartiendo curiosamente el mismo destino que el resto de las piezas de ese concierto y fue revisada, en este caso al año siguiente. No obstante el propio autor la sumergió en cierto olvido: no la publicó, dándole además un número de opus muy bajo, haciéndola pasar así como una inmadura obra de juventud. Pero reaprovechó nada menos que dos décadas después uno de sus temas, en verdad hermoso, para la música incidental de "La tempestad". 

A pesar de que como vemos el evento no fue de los más exitosos, el programa se repitió también el 10 y el 14 de aquel febrero. Lo cierto es que 1904 fue bastante activo compositivamente hablando, sobre todo en el terreno de la obra de pequeño formato. Para un tableau viviente en Helsinki sobre un poema de Heine, "Ein Fichtenbaum - träumt von einer Palme", nuestro autor compuso una breve partitura orquestal, que vio la luz el 5 de marzo y tituló también en alemán: Musik zu einer Scène (Música para una escena). La pieza está formada por una introducción de carácter trágico, seguida por una sección con ambiente de danza de ballet. Esta segunda sección fue separada y revisada años más tarde para constituir la Danza-Intermezzo opus 45 nº2, que se encuentra entre las obras frecuentemente interpretadas de su catálogo. 

El 26 de marzo le llega el turno al estreno de la Romanza para cuerda en Do Mayor opus 42, que con su armonía ambigua y su acentuado lirismo contiene trazas de la música de Grieg o de Chaikovsky. Un mes más tarde, el 25 de abril, Sibelius presentaba otra pieza breve en la Universidad de Helsinki, el Valse triste opus 44 nº1, un arreglo de concierto del primer número de su música incidental para el drama "Kuolema" ("La muerte"), que había escrito el año anterior. No parece que causara un especial éxito entonces, ni el propio compositor dio gran importancia al vals, ya que como probablemente sea conocido por nuestros lectores, Sibelius vendió los derechos de la obra a la editorial Helsingsfors Nya Musikhandel por la suma ínfima de 300 marcos. Lejos estaba el autor nórdico de anticipar que su vals se convertiría en sin duda su partitura más interpretada, arreglada y posteriormente grabada, y que sonaría en todos los lugares imaginables, desde pequeños cafés hasta las grandes salas sinfónicas de todo el planeta. Y de tal popularidad apenas pudo Sibelius sacar beneficio, circunstancia irónica si pensamos en los apuros monetarios que tuvo durante el resto de su carrera musical. 


El rostro de Jean Sibelius fue protagonista del billete de 100 marcos finlandeses desde 1986 hasta la desaparición de la moneda local por el euro

En junio el tenso panorama político entre el independentismo finlandés y las autoridades rusas - en medio de la guerra ruso-japonesa - alcanza su temperatura más alta con el asesinato del gobernador, el general Nicolai Bobrikov, que desde su llegada al Gran Ducado en 1899 había reducido considerablemente la libertad finlandesa. El 16 de junio el joven estudiante Eugen Schauman le disparó tres veces cuando Bobrikov entraba en el senado, suicidándose a continuación con la misma arma. Aunque para el zar, según recoge en su diario, fue un hecho sin mucha trascendencia, para Finlandia suponía un desafío transcendental, y los patriotas celebraron sin disimulos el magnicidio. Consta incluso que Sibelius y varios de sus amigos fueron arrestados por mostrar "una alegría sin motivo". 


Viñeta de la época representando el asesinato de Bobrikov por parte de Schauman 

También sometidas al Imperio Ruso, Estonia y Letonia recibieron a nuestro compositor, que cruzó el Báltico para dirigir conciertos en junio y en julio. En dichas oportunidades su Segunda Sinfonía y otras de sus grandes obras fueron bien acogidas. Una buena noticia, teniendo en cuenta que la financiación de Ainola requería una cuantiosa sima. Finalmente el 24 de septiembre los Sibelius se trasladan a su nuevo hogar, una confortable casa en el idílico bosque a orilla del lago Tuusula. Era el remanso de paz que nuestro compositor anhelaba para componer, alejado de las tentaciones de la gran ciudad. No obstante siempre estuvo bien comunicado con Helsinki, ya que pronto llegaría un teléfono y había estación de ferrocarril en la cercana Järvenpää, con línea directa a la capital del Gran Ducado. 

Durante el traslado, la mente de Sibelius también se preocupó de una importante composición para piano, Kyllikki opus 41, suite en tres movimientos sobre un personaje del Kalevala. Aunque el músico negó que la obra tuviera un programa concreto, lo más probable es que tal inspiración extramusical sí esté presente en la partitura, realmente hermosa. Durante aquel otoño escribió también tres sången, aunque no se encuentran entre las más destacadas de sus canciones: "Harpolekaren och san son" ("El arpista y su hijo") opus 38 nº4, "Jag ville, jag vore i Indialand" ("Desearía estar en la India") opus 38 nº5 y la turbadora "En slända" ("Una libélula") opus 17 nº5. Un encargo de mucha mayor envergadura concentró los esfuerzos de nuestro autor, la música incidental que acompañaría una producción del Teatro Sueco, "Pelléas y Mélisande", la inmortal obra de Mæterlinck que inspiraría también a Debussy, Fauré y Schönberg.

El músico emprendió en esas fechas una pequeña gira dirigiendo sus obras en Pori y Oulu, en la costa oeste de Finlandia. Los viajes suponían a partir de entonces una vuelta a las costumbres nocturnas de Sibelius, lejos del control de Aino. En su hogar, se quejaría en cambio de falta de oído, fríos, reuma... lo que para Andrew Barnett no sería sino una muestra de su hipocondría, agravada por la ausencia del consumo frecuente de alcohol que vivía en Ainola.

Lo cierto es que los médicos se tomaron en serio esos síntomas, y sospecharon de algo serio, como diabetes. "Cuando escucho esto, me doy cuenta de que por fin, sólo ahora, me he hecho mayor realmente. ¡Treinta y nueve años! De todo lo posible, pienso que la enfermedad quiere, si pudiera decírmelo a mí mismo, beneficiar a mi música. Mi arte irá a una mayor profundidad, y al mismo tiempo, escribiré más". Sorprendentemente, esta relación entre sus enfermedades (reales o psicosomáticas) puede detectarse sin dudas en la obra de Sibelius. Mientras escribía a su amigo Carpelan estas líneas de desnuda intimidad, el artista nórdico componía su música para "Pélleas y Mélisande" y daba los primeros apuntes a la que sería su Tercera Sinfonía.

El 2 de diciembre el conjunto YL interpretó el coro a capella "Veljeni vierailla mailla" ("Mis hermanos del extranjero") JS.217, una expresiva pieza en finés que recordaba a los que habían emigrado del Gran Ducado ante la amenaza rusa. De fecha indeterminada, pero durante aquel año, data el arreglo para coro mixto de "Sydämeni laulu" de 1898, así como también dos arreglos de la canción "Höstkäll", uno con acompañamiento de cuerda y otro, el frecuentemente interpretado, para orquesta, que estrenaría la soprano americana Minnie Tracey dirigida por Alfred Cortot el 14 de enero del año siguiente.

Probablemente durante aquellas navidades, las primeras en la tranquilidad de Ainola, escribiera Sibelius otro arreglo más, en este caso de la canción navideña "On hanget korkeat, nietokset" ("La nieve está cayendo") opus 1 nº5, que adaptó para dos voces y piano.

El año acaba con importantes proyectos de composiciones y nuevos viajes, que narraremos en el siguiente capítulo.
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domingo, 5 de febrero de 2012

"Den första kyssen" ("El primer beso") opus 37 nº1 (1900)

Para celebrar el día Runeberg, día de las letras finesas les proponemos una vez más una de las magníficas canciones que Sibelius compuso con versos de su adorado poeta finlandés de lengua sueca. 

På silvermolnets kant satt aftonstjärnan, 
från lundens skymning frågte henne tärnan: 
Säg, aftonstjärna, vad i himlen tänkes, 
när första kyssen åt en älskling skänkes? 

Och himlens blyga dotter hördes svara: 
På jorden blickar ljusets änglaskara, 
och ser sin egen sällhet speglad åter; 
blott döden vänder ögat bort och gråter. 

"Dikter. Andra häftet" (1843): XXXIII . Idyl och epigram - 6] 

Al borde de la plateada nube se sentó la estrella de la tarde, 
desde crepúsculo de la arboleda preguntó la doncella: 
"díme, estrella de la tarde, ¿qué pensó el cielo 
cuando tu primer beso a tu amante diste?" 

Y a la tímida hija del cielo se la escuchó responder: 
"a la tierra vuelven su mirada los ángeles de luz, 
y su propia alegría ven reflejada; 
sólo la Muerte aparta sus ojos y llora. 
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La canción de nuestro músico fue compuesta en otoño de 1900 junto a otros célebres títulos de este apartado del catálogo sibeliano, canciones con una especial y apasionada coloración romántica, teñida de la tristeza que vivió Sibelius por la muerte de su pequeña hija Kirsti. Esos tintes románticos y el tema de la muerte se encuentran sin disimulo en el poema de Runeberg, que plantea de nuevo su idea favorita de la inocencia perdida de una doncella, que aquí combina con una naturaleza parlante (tema muy querido para el Sibelius más próximo al panteísmo) y una visión celestial muy propia de la lírica popular. 

Músicalmente tiene una estructura muy sencilla, correspondiéndose a la perfección con la del texto, siguiendo la fórmula favorita de la forma estrófica modificada (AA'). A su vez cada estrofa tiene dos temas musicales contrastantes, el segundo con un gran desarrollo lírico de la voz, mientras el piano prefiere en general un discreto segundo plano. Sin embargo las armonías del acompañamiento son esenciales para el devenir musical, apuntalando cada verso en perfecta sintonía con el sentido del texto. La pieza comienza en si bemol dórico, con un hermoso motivo muy sibeliano: 

Curiosamente tiene cierto parecido con el tema violinístico de Sheherezade de Rimsky-Korsakov, músico no estimado especialmente por el compositor nórdico, aunque no es imposible que conociera la célebre obra orquestal. Sin embargo, como decimos el motivo es marcadamente sibeliano, con su cadencia descedente y su modo dórico. La voz toma ese motivo, levemente subrayado por el piano. El segundo tema musical, es declamado en forte con un típico acompañamiento sincopado, en una arrebatada súplica de la doncella, que acaba en la tonalidad del relativo mayor, Re bemol Mayor. 

 
La segunda estrofa comienza con otra tonalidad, aunque relacionada con la del final de la primera estrofa, do# menor (en realidad de nuevo dórico). El esquema se repite tal como decíamos. Sólo el último verso rompe con todo lo anterior, correspondiéndose también al giro del poema y su referencia a la muerte. Y lo hace con un estilo próximo al recitativo en la voz, y unas extrañas armonías, con progresiones y apoyaturas casi wagnerianas (de hecho el primer acorde que podemos ver en el ejemplo es nada menos que el famoso "acorde de Tristán"), pero sin ningún asomo de teatralidad:

Una auténtica maravilla de expresividad musical en apenas dos minutos. 

Discografía 

Existen un número bastante mayor de las habituales en las sången de nuestro autor, que como ya hemos dicho ha gozado de cierta popularidad, pero como viene siendo norma nos centraremos en las habituales integrales y antologías de los intérpretes más marcadamente sibelianos. 

Soile Isokoski, soprano 
Orquesta Filarmónica de Helsinki 
ONDINE (2006) 

Isokoski canta con un tono lírico y afectado una versión orquestal no debida al compositor, sino al directo Nils-Eric Fougstedt, no muy sibeliana e innecesaria, aunque la grabación en sí es de gran belleza. A pesar de no ser por tanto muy fiel al autor, hemos de otorgarla una gran puntuación por la magnífica interpretación de la soprano finlandesa. 

Interpretación: 9 Estilo: 8,5 Sonido: 9,5 
  Anne Sofie von Otter, mezzo-soprano 
Bengt Forsberg, piano 
BIS (1989) (y Sibelius Edition 7) 

La versión de la mezzo sueca explora el contraste de los diferentes sentimientos de la canción, del contenido, casi susurrado y onírico comienzo hasta la explosión de su súplica, en una versión algo dramatizada y de gran calidad. 

Interpretación: 8 Estilo: 8,5 Sonido: 7,5


Karita Mattila, soprano 
Ilmo Ranta, piano 
ONDINE (1995) 

Mattila adopta un tono algo más operístico, dando cuenta de las posibilidades de la canción. Recomendable. 

Interpretación: 7,5 Estilo: 7,5 Sonido: 7 
  Tom Krause, barítono 
Irwin Cage, piano 
DECCA (1984) 

La integral de DECCA confía a la voz masculina esta canción, opción por supuesto válida, aunque se demuestra no ser la mejor solución: no sólo por el contenido del poema como también por la interpretación de Tom Krause, que aunque correcta no aporta nada especial a la bella pieza. 

Interpretación: 6,5 Estilo: 7 Sonido: 7 

Siv Wennberg, soprano 
Geoffrey Parsons, piano 
EMI (1974, 2004) 

Registro con cierto interés, pero que pierde sin duda con la comparación, un canto un tanto frío y un piano igualmente distante. Podemos encontrar esta grabación en un doble CD de EMI que en cambio contiene muy interesantes grabaciones de los poemas sinfónicos del autor en manos de Doráti, Gibson y Sargent, al que un pequeño grupo de canciones sirve de complemento. 

Interpretación: 6 Estilo: 7 Sonido: 7 

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Para ilustrar la pieza, hemos encontrado el siguiente video (por cierto, no pierdan el tiempo con las imágenes) con la grabación de Mattila y Ranta.





miércoles, 25 de enero de 2012

BIS Complete Sibelius XIII: miscelánea

Con este treceavo volumen, publicado hace un par de meses, llega a su fin la Sibelius Edition de BIS, aventura ya iniciada hace cuatro años y medio y que nos ha traído finalmente la obra completa del compositor finlandés. El balance es del todo positivo para el sibeliano: por una parte se ha grabado realmente todo el catálogo de obras de nuestro compositor, incluyendo versiones, arreglos, ejercicios, obras incompletas, esbozos y hasta simples apuntes, con una escrupulosidad que raramente se ha visto - por no decir nunca - en otros proyectos similares del catálogo de grandes compositores. 

Por otra parte las interpretaciones son buenas en general, en algunos casos excelentes, dejándonos en cualquier caso verdaderas lecciones de estilo a la hora de interpretar la música de Sibelius, donde es el compositor y su estética la que está por encima del intérprete y su manera de enfrentarse a la partitura. 

Para sacarle peros a la colección podríamos comentar que en algunos casos BIS ha optado por rescatar alguna grabación antigua de su catálogo cuando quizá hubiera sido mejor un nuevo registro (sustituyendo por ejemplo algunas de las obras grabadas por Neeme Järvi por otras del genial Osmo Vänskä); la programación de cada estuche no siempre ha obedecido a criterios claros, haciendo evidente la opción más comercial de adquirir cada estuche por separado y encontrar variedad frente a un criterio más nivelado de toda la colección; los folletos que acompañan a cada estuche quizá debieron ser más extensos, sobre todo en los primeros, etc. 

Aunque desde luego no perfecta, creo que este proyecto finalmente culminado de BIS constituye ya la obligada referencia para el "buen sibeliano", una auténtica joya para todo amante de la música del compositor nórdico que quiera traspasar la frontera habitual en torno a sus obras más populares y las interpretaciones más conocidas.
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El volumen final de la Sibelius Edition es una especie de cajón de sastre con obras que no habían entrado en volúmenes anteriores por diferentes criterios: por ser un poco "inclasificables" como la música masónica, la música para órgano, etc.; algunas versiones y finalmente varios esbozos de gran interés que no habían sido incluido anteriormente. Esta miscelánea está consituida por tres discos, siendo los otros dos CDs dos "regalos" que comentaremos más adelante. 

Sin duda el plato fuerte de este apéndice es la "Musique religieuse" opus 113, o "Música masónica", un conjunto de piezas vocales e instrumentales destinadas al servicio de la Logia de Finlandia, de la que Sibelius formó parte. Una obra tardía (varios números fueron compuestos y revisados durante sus años de retiro), sin duda de gran belleza y profundidad, sobre la cual había corrido una curiosa historia: Sibelius había circunscrito su interpretación al círculo masónico. Pero se trata de una leyenda urbana: la obra fue publicada en su momento, y aunque los masones finlandeses son los que más uso han hecho de ella, al igual que masones de logias americanas (Sibelius autorizó una edición en Nueva York, en 1950, en inglés), nunca existió una prohibición hacia la obra, y de hecho ha sido una obra cantada e incluso ya grabada a nivel local. Ha corrido pues la misma suerte que la mayor parte de la magnífica obra coral de nuestro autor, lo que es especialmente doliente con esta obra, magnífica sin lugar a dudas, de una gran profundidad y belleza. Además de la obra final publicada y "oficial", el estuche recoge las diversas versiones originales, y algunas variantes, que incluyen acompañamientos al armonio y al piano (en este último caso sobre las versiones en inglés). La interpretación, en manos de Jorma Hynninen y Hannu Jurmu en los cantos a solo, el coro YL y el organista Harri Viitanen son magistrales, al perfecto servicio de esta magnífica partitura, que debe reconocerse como una obra maestra de su autor. 

Además de cuatro coros de finalidad litúrgica (JS.110 y JS.95), otro plato fuerte de la miscelánea la encontramos en la música de órgano, constituida por las Dos piezas opus 111 (la primera de 1925, y la segunda de fecha tan tardía como 1931), además de las Dos piezas JS.153, obras todas ellas de gran belleza, elegancia y profundidad en manos también de Viitanen, que toca el órgano Marcussen de la Catedral de Helsinki. El catálogo se completa con varias versiones alternativas de las piezas anteriormente aludidas, y de unos cortos temas aislados para el instrumento rey. 

Entre las obras incompletas y los esbozos encontramos de máximo interés el fragmento de Luonnotar, un proyecto de obra orquestal que Sibelius reformaría por completo, transformando también su programa, que acabaría siendo La hija de Pohjola. El fragmento como decimos es interesantísimo, dirigido además por la batuta de Osmo Vänskä. También se rescata y se reconstruye una música para recitación sobre "Den lilla sjönjungfrun" ("La sirenita") JS.59, con acompañamiento de cuarteto de cuerda sobre la célebre narración de Andersen, y cuyo estado fragmentario no había permitido su ejecución.  encontramos una serie de temas para piano, que no llegaron más allá, de un proyecto titulado "Obras de piano para niños" JS.148, que es conocida en la literatura sibeliana porque algunos de esos bocetos se usaron en otras obras (como la Segunda Sinfonía). Se nos presentan otros bocetos de gran valor, como los efectuados para las Sinfonías Segunda y Quinta, para "Kullervo", para la suite de piano Kyllikki opus 41, etc. Como curiosidad podemos encontrar entre las pistas de este disco la bellísima melodía que nuestro compositor escribiera para el carillón de la Iglesia de Kallio, y que suena en las campanas de la propia iglesia, además de dos versiones de la coda de la Segunda Sinfonía, que Sibelius había concebido inicialmente como soniquete para la citada iglesia, y que aquí suenan al glockenspiel tocadas nada menos que por el experto sibeliano (corresponsable en gran parte de la Sibelius Edition) Andrew Barnett. 

En cuanto a las sorpresas que adjunta el estuche podemos escuchar la única grabación que existe de Jean Sibelius dirigiendo, una toma del Andante festivo para cuerda JS.34b de 1939, con la Orquesta de la Radio Finlandesa. El maestro interpreta su propia música con un singular rubato y a un tempo muy lento, un testimonio espléndido del arte del autor nórdico. 

El mismo disco añade un video de casi 6 minutos que recoge dos películas rodadas en Ainola, en 1927 y 1945, con imágenes del compositor y su familia, un documento sin duda extraordinario. Además se incluye un DVD con algunas de las más celebres obras del autor ilustradas por imágenes de las islas finlandesas tomadas por el artista Janne Gröning. 

Finalmente, un último regalo es un disco con músicas extraídas del catálogo de BIS, dedicado a obras de otros compositores cercanos a la vida y al trabajo de Sibelius, como son su paladín y amigo Robert Kajanus, su amigo Busoni, su cuñado Armas Järnefelt, Pacius, el llamado "padre de la música finlandesa", y sus alumnos Toivo Kuula y Leevi Madetoja. A destacar las piezas orquestales de Järnefelt, y las bellas canciones de Madetoja. En el estuche también se incluye un folleto que sirve de índice, con todas las obras de la colección, ordenadas por géneros y título, con la indicación de volumen, disco y pista correspondiente. Una herramienta muy útil, aunque pensamos que lo hubiera sido más si se hubiese incluido un catálogo cronológico total, o al menos trasladar esa cronología a esa ordenación por género, secuencias que hubieran sido más informativas que ésta. 
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Esta es pues la propuesta que les hacemos, un estuche lleno de obras sensacionales y curiosidades a tener en cuenta, y en suma una colección de 80 horas y media de música que recomendados vivamente a nuestros lectores, no con el afán de hacer publicidad (cosa que nunca haremos aquí), sino de encontrar aquello que sin duda buscan también entre las líneas de este modesto blog. En todo caso ya podemos contar con toda la música de Jean Sibelius, lo que además de indudable disfrute, sin duda contribuirá a tener una perspectiva más completa entre estas líneas, que esperemos que sean de su agrado.