sábado, 6 de diciembre de 2008

Hoy también es día de fiesta en Finlandia (Día de la Independencia)

Y además la fiesta más importante: la fiesta nacional, que conmemora la independencia del país en 1917.

Puede sorprender a muchos que Finlandia no haya gozado de soberanía propia hasta hace menos de un siglo, pero así es. Hasta el siglo XII Finlandia permaneció aislada de Europa y hasta de la historia, poblada entonces por pastores en su mayor parte, y unos cuantos cultivadores de cereales en el sur. En 1154 Erik IX, rey de Suecia, inicia la cristianización (habrá reductos paganos curiosamente hasta el siglo XX). Desde entonces Finlandia formará parte del reino de Suecia, que dará gran parte de su cultura y parte de su población. En el siglo XIX alrededor de un 16% hablaba el sueco, de los cuales la mitad eran de origen familiar sueco y la otra mitad burguesía de origen finés. Tras la independencia, el 8% de sueco-fineses se mantuvo, y en la actual la cifra es de alrededor de un 5,5%, debido a la menor crecimiento esta parte de la población y la cultura mayoritaria expresada en la lengua ugrofinesa. No obstante las leyes han asegurado el bilingüismo en aquellas poblaciones donde existe sueco-fineses, que se sienten plenamente identificados con Finlandia, pero al tiempo hacen presentes con orgullo al resto de fineses sus particularismos y sus tradiciones.

Sibelius de hecho era sueco-finés, su lengua materna fue el sueco, al igual que sucedió con otros grandes figuras del nacionalismo cultural y político de su época.

Durante el siglo XVIII el Imperio Ruso inició varios conflictos contra Suecia, pretendiendo su expansión y la ganancia de territorios de la actual Finlandia. Cuando llegaron las Guerras Napoleónicas, Rusia invadió Finlandia, a la que Suecia tuvo que ceder el territorio definitivamente en 1815. Entonces nace el Gran Ducado de Finlandia, con cierta autonomía (incluso un parlamento propio), pero sometida cada vez más a una opresiva Rusia.

Ése el siglo de una verdadera explosión cultural, reivindicativo del carácter propio de los finlandeses desde la literatura, las artes plásticas, la música... Es el siglo del "Kalevala", reunión de las tradiciones mitológicas y folclóricas de los finlandeses, recogidas y reelaboradas por Elias Lönnrot y publicado en 1842. El texto estaba publicado en el finlandés más tradicional y arcaico, bajo la rima rúnica de los trovadores populares, y evoca una realidad antiquísima, en el sustrato más ancestral del pueblo finés.

Curiosamente los rusos quisieron en aquel momento promocionar el uso del finés en detrimento del sueco, que era la lengua de la población más influyente y económicamente libre. Eso tuvo un doble efecto: el nacimiento de una cultura de primer nivel en finés, y el nacionalismo profundamente finés de los suecoparlantes. Es ese marco en el que se moverá Sibelius, que excepto los primeros años, estudió en una escuela de lengua finesa, donde conoció a los héroes del Kalevala y el ritmo de sus versos.

En 1899 el zar Nicolás II emite un manifiesto ("Manifiesto de febrero") que impone una progresiva rusificación de Finlandia, lo que provoca una reacción aún más apasionado del movimiento nacionalista. Es el año del poema sinfónico "Finlandia" opus 26 del propio Sibelius (que sonará hoy en radios y salas de concierto de todo el país).



Versión de "Finlandia" cn la Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa dirigida por Sakari Oramo. Una interpretación agradable, aunque con el mal sonido habitual del servidor.

La revolución rusa de 1905 permite a los finlandeses lograr una mayor independencia, mayor incluso que la que gozaban antes del manifiesto. El descontento crece sin embargo con la Primera Guerra Mundial, donde la metrópoli combatirá masivamente. Y será una nueva revolución, esta definitiva, la que permita proclamar la independencia absoluta de Finlandia: la revolución bolchevique de 1917.

Sin embargo, la propia revolución que permitió el paso hacia la soberanía también influyó en el intento de una revolución leninista en la propia Finlandia, que provocó una corta pero cruel Guerra Civil entre enero y mayo de 1918, entre el bando "rojo", comunistas apoyados por la recién creada Unión Soviética, y los "blancos", apoyados por Alemania. Venció el bando "blanco" y los fineses se sacudieron definitivamente de la influencia rusa, si bien la propia guerra tuvo efectos negativos en la vida política, económica y social del país recientemente independizado, y crearía los funestos cimientos para las alianzas de la Segunda Guerra Mundial.

[Para ampliar más sobre los dos últimos siglos de la historia: Jean-Jacques Fol "Los países nórdicos en los siglos XIX y XX" (Barcelona : Labor, 1984), y en http://virtual.finland.fi/netcomm/news/showarticle.asp?intNWSAID=25909&intSubArtID=16169 (en español)]

Pero de momento no hablaremos de más historia, con estos apuntes creo que podrán entender nuestros lectores el significado de la efeméride que se conmemora hoy.

"El día 6.12. es el Día de la Independencia de Finlandia. El día 6.12.1917 el Parlamento de Finlandia aprobó la Declaración de Independencia del senado y dos años más tarde el Consejo de Estado decidió que este sería el día de la independencia de Finlandia. Durante el día de la Independencia las banderas de Finlandia ondean durante todo el día, y entre las 18.00 y las 21.00 horas dos velas blancas son encendidas en las ventanas de las casas. Se organizan festejos y conciertos en todo el país, y la fiesta más importante es la recepción oficial del Presidente de la República en el Palacio Presidencial. El día de la Independencia el presidente también otorga las condecoraciones de la Orden de la Rosa Blanca y del León de Finlandia a los ciudadanos meritorios, y las medallas Pro Finlandia a los artistas. También es día oficial de izar la bandera."


En el momento de la independencia, Sibelius lleva trece años viviendo en Ainola, a unos cuantos kilómetros de Helsinki, la vivienda que construyó junto al lago Tuusula, para evitar las tentaciones de la gran ciudad que costaron tantos disgustos al autor y a su familia. Allí encuentra un reconfortante estímulo para su trabajo creativo, en plena naturaleza, con la compañía habitual de otros artistas que vivían también junto al lago, un círculo cultural que benefició considerablemente al compositor.

Según nos relata Andrew Barnett en su "Sibelius", nuestro compositor no hace ninguna mención del hecho en su diario, es más, en esta época anota apenas unas pocas líneas sobre la situación de su país, que entra en el trance de una vacilante independencia. Parece más preocupado por su situación personal: la guerra mundial le había arruinado económicamente (la mayoría de sus editores eran alemanes, enemigos del Imperio Ruso) y había vuelto a los malos hábitos (el alcohol y el tabaco), lo que le costaba continuos conflictos con su esposa Aino. No deja sin embargo de ocuparse de la composición: "tengo las sinfonías VI y VII en mi cabeza"). Pronto Sibelius se vería sin embargo más que implicado en los sucesos colectivos de su país: el aislamiento de Ainola no le libraría de la Guerra Civil. Pero esa ya es otra historia.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Sonata para violín y piano en Fa Mayor, JS. 178 (1889)

Estrenada el 16 de julio de 1889 en Loviisa por Jean Sibelius y pianista desconocido (Linda Sibelius?).

I. [Allegro]
II. Andante
III. Vivace

Editada por Fazer

Duración aproximada (Kuusisto & Gräsbeck): 25'22''

En 1889 Sibelius concluye sus estudios en el Conservatorio de Música de Helsinki, fundado por Martin Wegelius unos pocos años antes (1882), y que es conocido en la actualidad como Sibelius Akatemia. Ese año es inducido por su director y mentor para encontrar su propia voz. Y lo hace: estudia el folclore finés, del que extrae algunas características de su propio estilo (pero que muy pocas veces cita literalmente), y busca su propia originalidad y modernidad. De esta época nacen precisamente las obras más conocidas e interpretadas en la actualidad de su época previa al Kullervo, la suite programática para piano "Florestán" JS.82, y el Cuarteto de cuerda en la menor JS.183, obra de consagración en el Conservatorio y que permitió ver al director y compositor Kajanus a un genio en ciernes.

Como todos los últimos veranos se traslada Loviisa, localidad costera al este de Helsinki donde residía la abuela de "Janne" (el nombre familiar de nuestro compositor), y donde se reunía parte de la familia. En esos años al descanso y al disfrute de la naturaleza se le unían siempre sesiones de música: Janne en una barca tocando el violín para la misma naturaleza, y auténticas soirées preparadas entre los tres hermanos: Janne al violín, Christian al cello y Linda al piano. Para estos felices momentos Sibelius compuso mucha de su mejor música de juventud.

El trío familiar. Fotografía tomada c.1885/1886

Sin duda la mejor obra de ese verano es la sonata que nos ocupa. Aunque comenzada en el Conservatorio, Janne la terminó en Loviisa, donde también la estreno con él mismo tocando el violín. Esta sonata tiene una gran importancia dentro de Sibelius porque precisamente abre una transición entre lo que habían sido sus composiciones de juventud, académicas, de aprendizaje y lúdicas, y la del compositor profesional que se descubrirá a la historia con el Kullervo. Este hecho ya era comprendido por el propio compositor, mencionando la composición en multitud de ocasiones a Erik Furukjelm, su primer biógrafo.

En cuanto a la Sonata en sí se ha dicho muchas veces que está muy influenciada por la Sonata para violín y piano nº1 en Fa Mayor del noruego Edvard Grieg (1865). Sin duda hay parte de razón: Grieg estimuló tanto su romanticismo como su nacionalismo, y la arquitectura y el carácter de la pieza son paralelas a las de Grieg. Pero las semejanzas son más superficiales de lo que parece. En el caso de Grieg abunda el melodismo, y no hay trazas de influencia folclórica, mientras que Sibelius buscó la experimentación y el virtuosismo, y nos permite ver, en su segundo movimiento, un clarísimo ejemplo de nacionalismo, utilizando una melodía en modo dórico como tema principal. Además la obra tiene cierto carácter prográmatico, sobre todo en el movimiento señalado, mientras que la de Grieg pertenece plenamente a una música pura, sentimental, pero pura.

Sibelius escribe en una carta a su tío Pehr (6 de julio de 1889) una descripción de su sonata, en la que introduce elementos programáticos: "He compuesto una sonata para violín en tres movimientos: el primer movimiento, 2/4 en Fa Mayor, es fresco y atrevido como también pesimista con algunos pasajes brillantes". La descripción del autor es perfecta. Este movimiento adelanta muchas de las características del futuro Sibelius, desde los "motivos atmosféricos" o "aura" de los que hablábamos en el post anterior (con numerosos "colapsos") hasta los ritmos característicos de marcha de muchas de las piezas de los años 90, como el primer número de la Suite Karelia


La música es de gran riqueza en cuanto a temas, y aunque sigue la forma sonata, en este primer movimiento ya descubrimos la riqueza motívica, el contraste dramático, y el gusto por generar motivos de la célula o tema principal, derivando progresivamente a motivos atmosféricos. La armonía comienza a ser plenamente sibeliana con sus sextas añadidas, una sonoridad que por otra parte muestra su hilazón griegiana, y aun rusa. El tema principal tiene toques pentafónicos, de indudable raigambre popular.

"El segundo movimiento es, la menor, es finlandés y melancólico; es una auténtica chica finlandesa que canta en la cuerda de la, entonces algunos muchachos campesinos interpretan una danza finlandesa e intentan hacerla sonreír, pero no funciona; ella sólo canta con mayor tristeza y melancolía que antes". La descripción de Sibelius de nuevo se ajusta bien a la forma de la maravillosa pieza, dos temas y dos ambientes contrastantes: por un lado tenemos un maravilloso tema modal, uno de los primeros en Sibelius, en modo dórico. 

Por otro lado un tema de danza, similar a una "escocesa" (una popular danza del siglo XIX). La melodía de la muchacha está acompañada en su aparición inicial por arpegios que parecen evocar – como tantas veces en Sibelius – al kántele, la cítara popular de Finlandia (aunque se encuentra en todo el Báltico). Ese acompañamiento inicial discurre inmóvil, con sus quintas abiertas en el bajo: ambos elementos recogidos del folclore y que se emplearan constantemente en la obra del maestro finés. 



Los dos temas van atravesando varias transformaciones, que no variaciones, siendo especialmente interesantes las del tema dórico, ya que el violín se deja rodear por nuevos diseños atmosféricos que anuncian muy claramente los que encontraremos en su música orquestal. El pasaje siguiente según Tawaststjerna o Folke Gräsbeck en el comentario de su grabación (ver más abajo) nos remite al mundo de Una saga opus 9, el poema sinfónico de 1892 (revisado en 1902), aunque Barnett lo acerca con más sintonía a temas de la canción orquestal "Koskenlaskijan morsiamet" ("Las novias del barquero") opus 33.



"El tercer movimiento, Fa Mayor, es fresco y movido como también romántico. Hay gente en un prado cantando y tocando en la Noche de Midvinter [el solsticio de verano, San Juan]. Mientras tanto, un meteoro cae entre ellos. Están asombrados, pero continúan tocando, pero no de tan buena gana como antes porque todos están más serios. Al final su humor se hace espléndido pero melancólico (¡el meteoro!) y tocan también juguetona y felizmente!".

Este fragmento recurre, tal y como era de esperar, a la danza, en este caso ritmos de mazurka, muy popular en Finlandia y adaptada casi como propia. Parece que la extraña referencia del meteoro puede estar basada en un hecho real, aunque desde luego muy fantaseado: la aparición de un cometa en los cielos nórdicos en 1886, el cometa "Fabry". A pesar de la referencia programática – que vendría a justificar los cambios del discurso musical – el movimiento es en general bastante próximo a la música de salón que solía componer en los años anteriores. 



Encontramos de nuevo al Sibelius que parte de una célula germinal (en el ejemplo), aunque aquí su técnica se aproxime más a su filiación haydiana o beethoveniana que al futuro compositor de la Quinta sinfonía. El ascendente popular, nacionalista, de nuevo está presente con sus quintas abiertas en el bajo, además de nuevo la sexta añadida. La forma es fundamentalmente la de un rondó, muy variado, en los retornos del tema principal, nunca literales. Todo el movimiento tiene el aliento del futuro autor de poemas sinfónico, incluyento "accesos de melancolía" tan característicos en el Sibelius más maduro.

(El texto de Sibelius está tomado del libro de Andrew Barnett “Sibelius” - Yale University Press, 2007 -, que será una de las principales fuentes bibliográficas del blog).

La obra fue estrenada el 16 de julio de 1889 con ocasión de una soirée de beneficencia en la propia población de Loviisa, en la que Jean Sibelius tocó el violín. El pianista no es desconocido, pero muy posiblemente fuera su hermana Linda. Después, y a pesar de ser una obra conocida de biógrafos y demás estudiosos, tardó más de un siglo en volver a tocarse, en el Festival de Música de Cámara de Kuhmo en julio de 1994, mismo año de la primera grabación.


Esa grabación está protagonizada por Ernst Kovacic al violín y Juhani Lagespetz al piano ("Early chamber music vol. 1", ONDINE ODE 826-2, 1994)


Muchísimo más interesante es la de Jaakko Kuusisto al violín y Folke Gräsbeck al piano (BIS, grabado en 1999-2000, que podemos encontrar en diferentes discos: "Complete youth production for violin and piano, volumen 2", BIS-CD-1023, "The Essential Sibelius", BIS-CD-1697, "The Sibelius edition vol. 6: violin and piano", BIS-CD-1915/17). Una ejecución brillante por parte de ambos músicos, virtuosa al tiempo que refinada, que se acercan a ella con sentimiento y auténtica devoción.


[Post ampliado en septiembre de 2017]

El estilo de Sibelius: el "aura"

Para quien la conoce con cierta profundidad sabe que la música de Sibelius es inconfundible. Tras de él otros músicos querrán seguir algunas de sus intuiciones (Vaughan-Williams, Walton...) pero en su dimensión original el estilo de nuestro compositor es original. Ya discutiremos los elementos que le hacen no comulgar ni con la tradición ni con la vanguardia (en realidad ha escogido cierta vía intermedia: el uso libre de acordes conocidos y la independencia modal), como primer avance del análisis del estilo de Sibelius vamos a describir uno de sus procedimientos más característicos.

Esta va a ser una conceptualización que he desarrollado personalmente (no se basa en su mayor parte en otras referencias de estudiosos) y todavía tengo que madurarla mucho, por lo que disculpen las eventuales imprecisiones si las hubiere.

En muchas ocasiones, primordialmente en la música orquestal, Sibelius distingue entre dos planos musicales superpuestos pero a la vez unidos: la del discurso principal, con su melodía o tema característicos, y la del "aura" que rodea el tema. Este "aura" está formado por elementos regulares y repetitivos, como trémolos, arpegios, escalas, obstinatos melódicos, obstinatos rítmicos... que crean una atmósfera sin forma precisa. Estos "motivos atmosféricos" son capaces de evolucionar, de mutar, de transformarse a sí mismos como si fueran en realidad independientes... de desprenderse de la melodía que está en primer plano para ocupar su lugar sin perder sus características definitorias. A veces incluso surgen del propio tema en su desarrollo, como una proyección desprendida de ellos (el desarrollo a partir de pocos motivos es otra de las marcas "de casa", que en este caso proviene de Haydn y Beethoven).

Llegado a un punto de no retorno el "aura" parece aproximarse al caos (Sibelius suele introducir con elementos armónicos disonantes o modulantes que no resuelven), con melodía o sin ella, el "aura" llega a "colapsar", a llegar a un momento de máxima tensión, en el que aparece el tema principal o un tema nuevo con un efecto enormemente catártico.

Este procedimiento, explicado así de una forma abstracta, es una de las razones por las cuales a la música de Sibelius se le suele aplicar metáforas a la hora de definirla que hacen mención a la naturaleza o al panteísmo. En efecto, el efecto de un tema sobre un "atmósfera" independiente y omniabarcadora puede llevar a paralelismo entre la figura del hombre frente a una naturaleza en la que vive, pero que no domina, que sigue su propio curso y sus propias reglas, y que es a la vez mutable en los pequeños gestos e inmutable en el transcurrir del tiempo... De igual manera es el hombre frente a un Dios que es naturaleza, cuyo alma constituye algo, muy distinto a la manera de pensar del hombre, el fondo inaccesible del que forma parte, la inteligencia detrás del mundo... Después de todo, como puede verse, ambas metáforas son una sola si pensamos en la expresión del filósofo del siglo XVII Spinoza "sive Deus, sive Natura" ("lo mismo Dios que la naturaleza").

Ciertamente esta visión puede ser sorprendente si se desconoce su aplicación en las composiciones de Sibelius, pero una vez que se conocen bien sus principales obras y estamos atentos al discurso musical, descubriremos cientos de veces esta textura tan singular del maestro, convertida precisamente en una de sus características que distinguen nítidamente la música del autor finés, una de las marcas de su estilo, y además una marca bastante original.

Ya tendremos más ocasiones de hablar de este procedimiento, poniendo ejemplos concreto. De momento, les dejo pensando en uno: el comienzo de En Saga (Una Saga) opus 9 y su primer tema.

Discografía histórica: Bernstein dirige la Quinta y la Séptima Sinfonías

Portada de la edición antigua
Para iniciar la serie de comentarios discográficos he escogido esta mítica grabación de Bernstein al frente de la Filarmónica de Viena. Por varias razones: primero, por la calidad de la interpretación; segundo, porque puede ser una buena propuesta para empezar a escuchar Sibelius, tanto por las obras como el disco en sí; tercero, porque nos sirve para introducir alguna de las discusiones sobre la interpretación de la música del maestro finés; y cuarto, porque fue una de mis primeros discos del compositor (creo recordar que el segundo), y posiblemente el que más veces haya escuchado.

La muerte interrumpió a Bernstein dejando una integral de las sinfonías de Sibelius con esta orquesta, dejando sin grabar la Tercera, la Cuarta y la Sexta. Como la mayoría de los directores americanos tenía a Sibelius entre sus sinfonistas más estimados e interpretados, y ya había dejado testimonio discográfico a mediados de los 60 con un ciclo completo dirigiendo la Filarmónica de Nueva York (aún no he podido disfrutar de estas grabaciones, así que no me pronuncio). Grabó además los habituales poemas sinfónicos de repertorio (Finlandia, La Hija de Pohjola, El Cisne de Tuonela...) y un disco con canciones orquestales.

La aproximación de "Lenny" es por una parte tradicional-europea. En un algún post de más adelante señalaremos las diferencias conceptuales e interpretativas entre los directores finlandeses o del entorno y los que aproximan a Sibelius a la tradición sinfónica clásico-romántica. De alguna manera, hay un concepto de interpretación "auténtico", como sucede con las interpretaciones historicistas de la música antigua, y que hace brillar más a las partituras del maestro. Pero no obstante esto no debe implicar una mejor calidad de las interpretaciones, ni todas las interpretaciones "auténticas" son buenas, ni todas las tradicionales son malas. Y aquí vemos un ejemplo de todo lo contrario.

Por otra parte, Bernstein imprime su sello personal en estas sinfonías: Sibelius suena enormemente moderno en su manos, aproximándole a músicos como Mahler más que a Grieg o a Chaikovsky - como suele comentar con sarcasmo los críticos más tradicionales -. Bernstein se fija en los colores, en los contrastes y en los espacios de la orquestación, y además le imprime también una rítimica viva y agitada. Con esto último se acerca además a las interpretaciones finlandesas, que siempre saben llevar el "nerviosismo" a las partituras que el propio Sibelius alabó en directores como Kajanus. Claro está que Bernstein aquí no tiene como referencia a músicos nórdicos, sino su increíble sentido del ritmo que supo plasmar no sólo en sus interpretaciones, sino también en sus propias composiciones (recordemos los musicales West Side Story, On the Town...)

Bernstein tiene un lectura trascendental, profunda y sublime de estas partituras, semejante al de sus últimas interpretaciones de Mahler. Sabe extraer un gran colorido de la orquesta, en unas sinfonías que son precisamente las más ricas en orquestación (lo cual no quiere decir las mejores orquestaciones, si las de timbres más variados), hacer sonar los metales con una fuerza y a la vez con una dulzura inusitada. Quizá el mayor pecado - si no consideramos su concepto - de Lenny es aquí la excesiva ralentización de los tempi, especialmente los ya de por sí lentos. La Séptima sinfonía le dura de dos a cinco minutos más de lo habitual (¡y estamos hablando de una obra de unos 22 minutos!). Al tomar esta opción por los tempi lentos sin duda Bernstein busca hacer más solemne e impresionante la música, y bien se puede decir que lo consigue... siempre y cuando no estemos acostumbrados a velocidades más ajustadas a la realidad. ¿Perjudica o beneficia a las sinfonías? Pues ni uno ni lo otro la verdad, y si no, sintamos la ansiedad del adagio inicial de la Séptima, cómo la solemnidad del bellísimo pasaje polifónico de las cuerdas hace esperar el más grande de los momentos, que llega sin explosiones extáticas en el tema de los trombones... Ciertamente Bernstein ha tomado una opción arriesgada, pero su sabiduría a la hora de afrontar este pasaje, del que pocos directores le sacan todo el jugo, confirma que hizo una buena elección. Por supuesto tenemos otras interpretaciones que no caen en estos "pecados", pero a Lenny se le perdona.

Otro sublime momento de esta grabación es la transición entre el desarrollo y el "scherzo" del primer movimiento. Transición ya de por sí sublime a pesar de su sencillez, Bernstein sabe darla una especial emoción, y convertirla en lo que es, no en un pasaje de enlace sino en uno de los clímax de la sinfonía. Bellamente ataca el tema lírico del tercer tiempo de esta misma sinfonía, aunque quizá nos falla un tanto cuando no hace lo bastante secos los sentenciadores acordes finales de la obra.

Disponéis de una reedición reciente de estas sinfonías, junto con las otras que grabó en este ciclo inconcluso (que también comentaremos más adelante, aunque ya avanzo que no son tan buenas versiones como estas), y supongo que no es difícil de encontrar.

Yo dispongo de la edición antigua, que incluía unos excelentes comentarios, aunque como suele suceder en el sello alemán, uno diferente en cada idioma. Especialmente interesante es el de Harry Halbreich, en francés, que hace una interpretación metafórica de la Séptima Sinfonía como el discurrir de la naturaleza a lo largo de un día, del amanecer al anochecer, con el tema de los trombones como símbolo del sol. En esta interpretación el pasaje de las cuerdas del adagio inicial serían las primeras luces del día antes de la salida del sol, y como el cielo se llena de luz... Interesante, desde luego, aunque hay que recordar que no hay referencias programáticas en esta sinfonía, precisamente tiene una intención de música absoluta.

Portada de la última edición (contiene esta y otras grabaciones)

Una interpretación más que recomendable, aunque en el futuro daremos otras alternativas posiblemente mejores. Pero como señalaba, a los que conocéis poco al maestro Sibelius éste puede ser un buen comienzo del mejor y más característico Sibelius (quizá la Segunda Sinfonía, Finlandia, el Vals Triste, etc., sean más "populares", pero estas dos sinfonías son obras maestras de Sibelius en estado puro).


Obras: Quinta Sinfonía en Mib Mayor opus 82 (1915, rev. 1916 & 1919) y Séptima Sinfonía en Do Mayor opus 105 (1924)
Orquesta: Wiener Philarmoniker (Orquesta Filarmónica de Viena)
Director: Leonard Bernstein
Lugar y fecha de grabación: Viena, Grosser Saal de la Konzerthaus (Quinta) (septiembre de 1987) y Grosser Saal de la Musikverein (octubre de 1988). Grabaciones en directo
Sello y fecha de edición: Deutsche Grammophon (1989) en la edición antigua, Deutsche Grammophon (2004) en la última edición (junto con sinfonías 1 & 2 y obras de Elgar y Britten)
Código: 427 647-2 GH (edición antigua), 474 9362 GB 3 (última edición)


CALIFICACIÓN DEL DISCO:
Interpretación: 8,5
Sonido: 7,5
Estilo: 4,5
Interés: 7
Comentarios: 8

Programa de mano: el Valse Triste

Con este título invitaremos al lector del post a un concierto imaginario, unas pequeñas notas de programa que procuran ser útiles para un mejor disfrute de la música. No diseccionaremos aquí las piezas (habrá otros posts diferentes para estas mismas obras), simplemente daremos unas mínimas informaciones sobre los mejores momentos de la música de Sibelius.

El Valse Triste (opus 44 nº1) es sin duda una de las obras más populares del autor finés prácticamente desde el momento de su publicación, con multitud de grabaciones y arreglos de todo tipo. En 1904 Sibelius escribió una serie de números para una música de teatro, "Kuolema" ("La muerte"), un drama simbolista de su cuñado Arvid Järnefelt. Tanto drama como música tuvieron cierto éxito, y el músico decidió arreglar al año siguiente uno de sus números para orquesta de cámara, que venderá al editor por 300 marcos, una cifra ridícula. El compositor no dio mucha importancia a la pieza en principio, jamás se imaginó el éxito que tendría. Éxito del que, como es de imaginar por el contrato, apenas se benefició económicamente.

En la obra, la moribunda madre de Paavali duerme. Y sueña. Una brumosa y lenta melodía de los violoncellos intenta definirse. La madre está en una sala llena de invitados que bailan felizmente. Un nuevo tema más optimista se impone en la cuerda, a la que se suman instrumentos de viento en lo que es ya una melodía grácil y llena de vida. Ella baila hasta que cae exhausta. La danza se para, y los invitados abandonan la sala. Retorna el tema doliente del comienzo. Pero recobra nuevas fuerzas, y las parejas vuelve a un baile cada vez más frenético. Surge el tema optimista, pero pronto todo parece afectado de un creciente e inexorable dolor. Alguien llama en la puerta, y la madre ve a quien cree que es su difunto marido. Pero no es él realmente, sino la propia Muerte, que la reclama para llevársela a su reino. Cuatro violines, en pianísimo concluyen de manera desesperanzada la pieza.

Si buscan ustedes una buena versión quédense con dos directores: primero, el finés Osmo Vänskä, sin duda el mejor especialista en la obra de Sibelius, que le da la melancolía nórdica y el refinamiento que requiere la pieza. Segundo, Herbert von Karajan, que aparte de sus discutibles amaneramientos fue un gran director para Sibelius, y hace de este vals en sus numerosas grabaciones un pieza de extraordinario lirismo y oscuro apasionamiento, como evocando el romanticismo de un mundo que ya no existe.

He encontrado en youtube una versión dirigida precisamente por Karajan, muy lenta (típico de los últimos años del maestro de Salzburgo) y con el sonido no muy bueno de el servidor de video, pero ciertamente interesante:


martes, 2 de diciembre de 2008

Algunas apostillas introductorias


El compositor hacia 1913

En un principio el objetivo que me había marcado (llevo años dando vueltas al asunto) es una página web con información completa que incluyera una biografía extensa y comentarios de todas las obras del catálogo sibeliano, amén de toda la información complementaria necesaria. Este proyecto es por tanto, como se puede suponer, muy ambicioso, por eso he optado finalmente por el post, y escribir en aquellos momentos en que me sea posible sobre el tema que tenga en ese momento más “fresco”. Una forma más irregular de afrontar mis objetivos, desde luego, pero al mismo tiempo más espontánea, y dando pie a la acumulación de un material que luego pueda ser fácilmente revisado y ordenado. Para entonces tendremos una página web adecuada para el proyecto, y después, quizá, dar el salto a la tinta impresa (que sería ciertamente mi ambición definitiva).

También pretende ser un punto de encuentro para los sibelianos que conozcan nuestro idioma, así como provocar la curiosidad a quienes desconozcan a Sibelius y despertar más actitudes favorables a la belleza y profundidad de su música. Por lo tanto agradecería tanto los comentarios de todo tipo sobre el contenido y la forma del blog, como aquellos que presten ayuda a la difusión de la música de nuestro amado maestro, intercambiando información conmigo y dando a conocer esta iniciativa a todos aquellos a los que pueda interesar. Bajo este prisma agradecería también a aquellos finlandeses que se encontraran con este blog por casualidad la posibilidad de aportar sus visiones y su conocimiento sobre los temas que tratamos, principalmente, por supuesto, sobre los aspectos que tocan directamente al bello país nórdico.

No en vano, dentro de los sueños bajo los que ha crecido esta idea, está la de fundar, en un futuro no demasiado lejano, una Sociedad Sibelius en España, o quizá en todo el ámbito hispanohablante. Un sueño, sí, pero... siempre los primeros pasos son los más modestos.

El blog está dirigido principalmente dirigido a gentes del mundo de la música, ya sean simples melómanos como profesionales. En ocasiones utilizaré tecnicismos y haré análisis propiamente musicológicos, pero no será lo más frecuente y no traspasará (salvo tal vez algún caso muy determinado) al nivel de conocimiento que os podáis encontrar en el folleto que suele acompañar a los discos. Si alguien tiene dudas, intentaría aclarárselas.

Si existe algún problema de copyright sobre las imágenes, textos o ejemplos musicales utilizados, ruego que me sea comunicado cuanto antes.

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Bienvenidos y bienvenidas al blog en español sobre Jean Sibelius (1)

Bienvenidos y bienvenidas al blog en español sobre Jean Sibelius (2)
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Bienvenidos y bienvenidas al blog en español sobre Jean Sibelius (2)


Precisamente una de las barreras, como ya mencionaba, es la cultural. Sibelius y su música son un sinónimo de Finlandia, estando tanto el personaje histórico como su arte tan arraigados en la cultura del país nórdico que no se puede separar de él, y no sólo para los propios fineses, sino para cualquiera de los que lo escuchan. Finlandia está impresa en su música, y su música a hecho grande la cultura finlandesa. Siempre que investiguemos, nos encontraremos con la frase siguiente, tópica pero completamente cierta: “nació en el país adecuado y en el momento adecuado”.

Dentro de esa barrera cultural, por supuesto, la mayor es el propio idioma. El finlandés no es una lengua de las que uno aprende en principio por currículum o por simple interés literario. Lógicamente hay libros - y en la actualidad páginas web - en finés suficiente scomo para suscitar la curiosidad por Sibelius, pero la rareza del idioma lo impide. Sí existe muchísima información en inglés (como señalaba, el ámbito anglosajón es un ámbito de culto sibeliano), pero eso sigue siendo también para hispanohablante una frontera que superar.

Sé que en el cono sur americano la situación es algo mejor, me consta que al menos en Chile y Argentina es un autor más programado en conciertos y en radios especializadas que aquí, aunque no obstante también hay mucho que hacer al respecto. Por ello me gustaría que este blog sirviera para trazar puentes con nuestros amigos del otro lado de Atlántico y hacer un frente común en esta aventura.

Avanzo para terminar esta introducción los argumentos de los que voy a hablar en torno a la figura del maestro finés. Relativos específicamente a Sibelius serán: biografía, consideraciones generales sobre su música (por ejemplo: “sinfonías”, “música para piano”, “melodía”, “influencias”, “estética”, etc...), catálogos de las obras, comentarios de obras, discografía (histórica y novedades). Sobre el entorno del compositor habrá posts sobre la historia, la cultura y el idioma de Finlandia (estos posts serán más frecuente en los primeros tiempos del blog), además de biblografía y links. Cuando tenga conocimiento de ello (e interactuando con los lectores en la medida de lo posible) anuncios de actualidad de las diversas actividades en torno a Sibelius (conciertos, artículos, retransmisiones...)

Así mismo habrá también espacio para la música y los músicos de su tiempo (último tercio del siglo XIX y primera mitad del siglo XX), haciendo especial incapié en aquellos que comparten elementos estéticos con Jean Sibelius (músicos finlandeses, nórdicos en general, nacionalistas, postrománticos - en los cientos de lugares a medio camino que hay entre la tradición tonal y las vanguardias -, etc...) Esto nos ayudará a poner en su sitio la trayectoria de nuestro compositor, lejos de las dicotomías poco consecuentes que se suelen hacer entre los “innovadores” y los “tradicionalistas”. Como decía, Jean Sibelius no pertenece ni a unos ni a otros, y éste es el lugar para que, entre todos, podamos verlo con mayor claridad.

Con este afán divulgativo, os doy la bienvenida este blog en español (en la dirección veréis "en castellano", cosa de las eñes y la informática, je, je) sobre Sibelius.

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Bienvenidos y bienvenidas al blog en español sobre Jean Sibelius (1)

Algunas apostillas introductorias
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Bienvenidos y bienvenidas al blog en español sobre Jean Sibelius (1)



La música del compositor finlandés Jean Sibelius (1865-1957) es una de las más sugerentes y geniales de su época, el paso entre el siglo XIX, el siglo romántico, y el XX, el de las vanguardias. Al hablar de ella aparecen siempre decenas de adjetivos: primigenia, legendaria, noble, refinada, esencial, silenciosa, misteriosa, rodeada de naturaleza, panteística, patriótica, impresionista, pictórica, yerma, oscura, sutil, callada... Ciertamente es, como decíamos, enormemente sugerente, capaz de evocar sensaciones con su enorme poder expresivo.

Jean Sibelius, detalle del cuadro "Banquete" (1894) de Akseli Gallén-Kallela


Jean Sibelius es una figura muy poco conocida en España. Esto se debe en parte en que el carácter de sus composiciones parece tener que ver muy poco con el carácter mediterráneo. Eso es obvio, y quizá sea la principal causa. Pero no es la única: sin duda la ignorancia, la barrera cultural y sobre todo el prejuicio de ciertos estetas y críticos de música influenciados por el conocido filósofo Theodor W. Adorno. Esta línea de pensamiento tuvo gran influencia en Europa, y contribuyó después de la Segunda Mundial a minusvalorar la dimensión de Sibelius. Entonces se cargó de retórica artificial la dimensión de nuestro compositor, redefiniéndolo como un músico académico y reaccionario - cosa que, como veremos, está basytante lejos de la verdad -. Mientras que estas críticas no llegaron a calar mucho tiempo en los países nórdicos y en el ámbito anglosajón (que aún sigue siendo algo así como un “hábitat natural” para su música), y en el resto de Europa los prejuicios se fueron dejando atrás en la década de los 80, en nuestro país los prejuicios calaron muy hondo, y de hecho aún sigue siendo un músico despreciado por muchos. Como en otras muchas cosas aún no hemos cogido el carro de nuestros vecinos, pero sin duda esto llegará.

Para estos negativistas que como digo, han sido superados hace tiempo en casi todos los lugares, Sibelius es un músico frío, yermo, superficial, efectista, imitador, influenciado sólo por los "compositores de ballets y piezas breves" (supuestamente Chaikovsky y Grieg) y sin nada que ver con los grandes músicos, atrasado, ultraconservador, académico, reaccionario... Lo cierto es que nada de eso. Y en algunas obras más bien lo contrario.

Ese es uno de mis objetivos a la hora de comenzar esta aventura electrónica: difundir en su auténtica dimensión la obra y la figura de Sibelius entre los hablantes de nuestro idioma, rompiendo las barreras creadas, e intentando mostrar su música en su justa importancia. De alguna manera "actualizar" nuesto software obsoleto que nos impide disfrutar de los últimos avances.

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