lunes, 9 de febrero de 2015

Cuarta sinfonía en la menor opus 63 (1909-11): 9. Discografía (2)

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Orquesta Filarmónica de Helsinki

Paavo Berglund

EMI (1984)

Empezamos esta segunda serie de grabaciones de la Cuarta Sinfonía de nuevo con Berglund, en la menos impresionante de sus tres grabaciones de estudio de esta sinfonía, no por ello deja de ser una muy buena lectura, aunque con lastres por el enfoque que la distancian de la inmensidad sus compañeras.

El director finlandés nos ofrece una lectura meditativa, aletargada casi hasta lo onírico (una de las más lentas de la discografía), tenebrosa y muy pesimista, con solemnidad pero sin retóricas, grandiosa pero sin perder de vista la intimidad. Posee el sinfonismo más ampuloso de sus tres grabaciones, lo cual creemos que no la beneficia demasiado.

En el Tempo molto moderato expone todo esto de lo que hemos hablado con una especial languidez. El desarrollo tiene un toque siniestro incluso, de gran intensidad, y el final es sosegado, de aceptación de la tragedia. El Allegro molto vivace participa de la misma sensación, lo que le hace demasiado derrotista, y algo más flojo - quizá le hubiera convenido más de lo luctuoso del primer tiempo -. Sin duda el mejor movimiento es Il tempo largo, de delicado lirismo y de gran profundidad. La grabación entera parece destinada a glorificar este tiempo, con toques realmente mágicos, no sólo en la cuerda, sino también en los solos del viento, o el sonido majestuoso de metal y timbales en el último clímax, que se va acallando con los compases finales. El Allegro final, aunque lento, posee grandeza y de nuevo el terror que sentimos en el primer tiempo, y las buenas prestaciones instrumentales del tercero, un buen "colapso", para alcanzar el estupor y la total derrota en los últimos compases. Recomendable por sí sola, pero como decimos Berglund lo hizo mucho mejor.



Interpretación: 7,5  · Estilo: 7  · Sonido: 7,5




Orquesta Sinfónica Nacional Danesa

Leif Segerstam         

CHANDOS (1991) - BRILLIANT (2008)



Otro de los grandes directores finlandeses que ha realizado varias integrales, Segerstam da en esta primera grabación una gran demostración de estilo y buen hacer, para hacer un registro que está por encima de su futura grabación en Helsinki y lo que es más, por encima de todo su ciclo para Chandos. Lejos de su habitual tono romántico - aunque como habitualmente tiende hacia la lentitud y a no separar lo necesario los timbres -, Segerstam aborda esta sinfonía con modernidad y dramatismo, otorgándola a veces cierto toque mahleriano, pero sin perder nunca la oscuridad sibeliana de vista. La orquesta además posee una gran prestancia en este registro (¿qué pasó en el resto de la integral?). 

Un primer movimiento de gran aliento, que comprende drama, lirismo melancólico y el desasosiego de lo inaprensible. Las cuerdas llegan a ser realmente gélidas, pero al tiempo terriblemente intensas, con momentos muy brillantes como los agudos violinísticos en el desarrollo. El scherzo, aunque no del todo ágil resulta especialmente dramático, siniestro incluso, con amplias y góticas sonoridades. El tercer movimiento es el que a priori mejor puede adecuarse al enfoque de Segerstam, y en efecto no defrauda, con una interpretación de gran aliento, rozando lo místico, llena de infinita tristeza y miradas a un cielo sin estrellas. Además de la cuerda, los solos de las maderas resultan especialmente colorísticos, con la redención final del metal. En cambio el final resulta el más flojo de la sinfonía, algo laxo y masivo, sobre todo en la última parte de la partitura, aunque la orquesta sigue siendo brillante, en especial los violines, con ráfagas y auras vertiginosas. El colapso resulta demasiado tumultuoso y grandilocuente, demasiado mahleriano en verdad. La velocidad de los últimos compases pertenecen a la imaginación del director, no a la partitura, que parece caminar hacia el abismo absoluto. En cualquier caso, globalmente una gran interpretación, muy recomendable, aunque como decíamos el ciclo no lo sea tanto, quizá sólo el precio de la edición de Brilliant pueda hacernos cambiar de opinión.



Interpretación: 7,5  · Estilo: 7  · Sonido: 7


Orquesta Philharmonia

Vladimir Ashkenazy

DECCA (1981)



Ashkenazy nos ofrece una lectura pesimista y de huida ante lo inexorable, sin tremendismo pero obteniendo el clima más negativo posible de la pieza. La versión está bien dirigida, aunque a veces los trazos no son lo suficientemente refinados y las sonoridades más bien masivas, lo que perjudica a esta sinfonía de timbres tan singulares. Dos décadas más tarde nos ha dejado una versión mejor para Exton.

El movimiento inicial comienza con una sensación terriblemente pesimista y lánguida, cultivando las polifonías de la cuerda con sumo cuidado, mientras que las fanfarrias suenan ya derrotadas y en anhelo de redención. Durante el desarrollo se sigue muy atento a la polifonía y esa sensibilidad pesimista y negra, que se va matizando durante la reexposición. Grandes prestaciones de los violoncellos. El segundo tiempo comienza con vacilación y una sonoridad quizá un poco plana, sin el necesario contraste. El director de origen ruso trabaja sobre todo los aspectos más macabros y hasta salvajes de este "scherzo", acercándolo en ocasiones al mundo mahleriano. El movimiento  lento explota de nuevo la atmósfera de indeterminación, que con un brillante manejo de la orquesta conduce hacia el gran tema, ahogado por las negras nubes que lo rodean. El Finale parece querer todas las inseguridades de todo lo anterior, y avanza con paso firme pero teñido del mismo pesimismo, que cuando llega el pasaje de "El cuervo" de nuevo lo inunda todo. La lucha entre estos dos aspectos domina el devenir musical, por desgracia no aprovechado tímbricamente. Sólo quizá en el "colapso", que Ashkenazy maneja con gran maestría. Los últimos compases son más afirmativos de lo esperado, lo que no deja de asombrar. En fin, una versión a tener en cuenta, aunque lejos de ser redonda.



Interpretación: 7,5  · Estilo: 7  · Sonido: 7


Orquesta Sinfónica de Boston

Colin Davis

DECCA (1976) [existe alguna edición en PHILIPS]



El gran maestro aquí realiza una de sus mejores grabaciones de la música de Sibelius, llena de dignidad, bella oscuridad y gran espiritualidad. 

El Tempo molto moderato comienza su marcha con gran nobleza y tragedia llevada por dentro, con sonoridades cristalinas y un clima de gran soledad. El sonido punzante de los violines durante el desarrollo llega a ser verdaderamente electrizante. El director británico maneja a la perfección los distintos momentos dramáticos de la pieza. El Allegro molto vivace responde con la correcta agilidad y un clima de constante intranquilidad, sin brusquedades. Il tempo largo debuta con una sensación de absoluta desolación y ausencia, que se convierte en pesimista condescendencia al llegar el tema, que nos conduce de nuevo hacia una elevación espiritual de máxima intensidad, y termina con una sensación de supremo anhelo. El Allegro conclusivo se ve atravesado por algo de la paz que se había ganado en el tercer tiempo, y quizá resulte algo blando (a pesar de las equivocadas campanas tubulares), aunque no por ello carece de gran belleza y momentos dramáticos, en especial el magnífico "caos", un verdadero desplome de la psique, hasta llegar a los últimos compases, que parecen prolongar la agitación de toda la grabación. Muy buen registro, recomendable.



Interpretación: 7,5  · Estilo: 7  · Sonido: 7


Orquesta Filarmónica de Berlín

Herbert von Karajan

DEUTSCHE GRAMMOPHON (1965)



La segunda grabación de Karajan (para el sello amarillo) ha sido una de las grabaciones, junto a la de Maazel, más difundidas. Pero al contrario que la grabación con los vieneses, este registro sin duda hizo un gran servicio a la partitura. El maestro de Salzburgo nos deja una lectura monumental, muy emotiva, romántica - quizá algo masiva y tradicionalista - pero desde luego llena de intensidad, en especial en los tiempos impares. 

El primer movimiento acontece con gran tranquilidad, empleando un vibrato constante que le otorga más que su "bello son" marca de fábrica una turbación profunda a la expresión, que se vuelve terrorífico antes de la vuelta de las fanfarrias. Aunque el de Salzburgo deja reposar la emoción a las cuerdas, los metales tienen un toque especialmente noble. La expectación que deja la coda es máxima (¡lástima que en alguna de las ediciones el resto de la sinfonía esté en otro disco!). El segundo movimiento se muestra quizá algo más débil, falto de decisión (el toque final del timbal parece pedir disculpas), aunque los solos de la madera resultan vibrantes. El centro de gravedad del registro es el tercer movimiento, abordado con una seriedad y sentido de lo trascendental casi parsifaliano. El comienzo del tempo se impone con gran misterio y expectativa, y desemboca en el gran tema, que resuena como sacado de otro mundo. El final de este tiempo vuelve al misterio y a la expectación del principio, en un ejercicio propio del buen saber del director. El movimiento final vuelve a ser un poco falto de decisión, como afectado por el tiempo anterior. Tras el caos sin embargo todo se tiñe de tragedia, para finalizar la obra con una sensación de enorme tristeza. Recomendable, en especial para los que gusten más de la gran tradición centroeuropea de la dirección.



Interpretación: 7,5  · Estilo: 6,5  · Sonido: 6,5


Orquesta de la Suiza romance (L'Orchestre de la Suisse Romande)

Ernest Ansermet

DECCA (1963, 2008)



El maestro suizo, de amplísimo repertorio, hizo hueco a la grabación de tres obras sibelianas, la Segunda y la Cuarta sinfonías, junto con Tapiola (las tres reeditadas en un mismo estuche hace unos años). Si la primera representa una elección habitual (traducible en una lectura más bien convencional), la de las otras dos obras sintoniza muy bien con un maestro tan atento a los conceptos estéticos del choque entre tradición y vanguardia, y desde luego no es casualidad que se fijara en esta obra.

Y en efecto, Ansermet da a la Cuarta un impulso amplio y moderno, además sonoridad muy rica, multicolor dentro de los tonos lúgubres que contiene la partitura, muy vivencial y con cierto porte aristocrático. 

En el tempo inicial notamos una especial fuerza telúrica, una tensión constante subrayada por las combinaciones inusuales de timbres y acentuada gracias a ritmos y disonancias, logrando un efecto turbador, todo con grandes solos. El scherzo es muy gesticulante, casi mussorgkyano, pero de manera alguna teatral, lo que le da un aspecto extraño e inquietante, propio de un relato de terror, pero siempre muy aristocrático. Sólo cabría esperar a la sección de cuerda algo menos masificada. La segunda parte parece  verdaderamente espectral, debilitada pero sosteniendo la tensión en su trasfondo. De igual manera comienza el tiempo lento, singularmente expectante, con excelentes intervenciones solistas, de nuevo muy colorísticas, como el del sobrenatural fagot. La primera aparición del tema pasa algo desapercibida, pero el pasaje siguiente, con un anhelante acompañamiento sincopado de la cuerda y los ansiosos oboes preparan el terreno a la magia del gran tema, poderoso y lleno de alma. El final del movimiento se llena de nuevo de esa tensión subyaciente, como una llama en medio de la soledad que se apaga lentamente. El finale en cambio contiene varias decepciones. Por una parte la lentitud excesiva. Por la otra el uso de campanas tubulares, que dan una sonoridad gruesa al movimiento, en general bastante masivo. A su favor está el hecho de la capacidad de mantener toda la tensión de movimientos anteriores, con elementos como el acompañamiento siniestramente regular de "El cuervo" perforando cualquier asomo de solución. La mala elección del tempo hace que el colapso pierda fuerza, y parezca más simple desorden que verdadero apocalipsis. Para en los compases postreros de la obra Ansermet calca las sensaciones del segundo, aunque en mayor profundidad, dando entidad al fantasma y al lamento de lo que ya no existe, y un unísono para sentenciar que no sentencia nada... Muy buen registro, singular desde luego, pero una excelente interpretación, bajo un punto de vista singular.

Interpretación: 7,5  · Estilo: 6,5  · Sonido: 6,5


Orquesta Sinfónica de la Radio de Leipzig

Herbert Kegel

EDEL CLASSICS (1969,2001)



El maestro Kegel fue un gran defensor de grandes músicos del siglo XX (con aclamadas interpretaciones de Carl Orff, por ejemplo), y sorprende con esta única aproximación a la música de Sibelius, hecha con una visión muy vanguardista, anti-romántica incluso, que muestra la modernidad de la partitura por encima de lo estipulado por sus detractores. 

La lectura es magnífica, intensa, depresiva, negra, lenta, mística y grave, aunque la orquesta en ocasiones suene un poco desajustada (en especial las cuerdas, en un plano demasiado secundario para el ideal sibeliano).

El Tempo molto moderato es ascético, enormemente sobrio, casi escurialense en sus contornos rectos y cerebrales, a veces muy duros, en especial durante los sonidos ásperos e incluso violentos del desarrollo. La velocidad es pausada, con una regularidad buscada y casi hipnótica. El Allegro molto vivace tiene un recorrido muy sobrenatural, verdaderamente espectral, incidiendo en sus recovecos más impresionistas, aunque quizá los timbres masivos hagan perder el colorido sibeliano. Il tempo largo presenta una expresión muy contenida, sin que las apariciones del tema consigan atenuar la gran tristeza que lo rodea, en especial su tremendista aparición central, o los fatalistas últimos compases. El Allegro de cierre resulta un poco masivo, aunque efectivo en su capacidad dramática. Llamativas sonoridades de los metales le dan al conjunto una apariencia apocalíptica, aunque al final no nos espere ninguna redención...

Muy interesante. Recomendada, especialmente a los amantes de la modernidad de esta sinfonía en particular.



Interpretación: 7,5  · Estilo: 6,5  · Sonido: 7


Real Orquesta Filarmónica

Thomas Beecham

BBC MUSIC (1955)



Beecham además de su pionera grabación, nos ha dejado varios registros de esta sinfonía, bien amada por él, procedentes de diferentes directos. En esta ocasión se trata de un monumental concierto desde el Royal Albert Hall que celebraba los 90 años del compositor, retrasmitido por la BBC (todo el doble disco es especialmente recomendable, incluyendo una Séptima "de regalo" procedente de otro evento, y el propio Beecham hablando de Sibelius durante 15 minutos, registro de unos días antes, por la emisora). Durante el evento el director fue condecorado por el embajador finlandés con la medalla de Comandante de Primera Clase de la Rosa Blanca de Finlandia, como reconocimiento a su enorme labor por la difusión de la música de del genio nórdico.

La interpretación se abre con un comienzo solemne, misterioso, que avanza inexorablemente hacia un claro entre las nubes que sólo desvela la tragedia, ante la cual el director británico ofrece una sensación que mezcla pesimismo y desesperanza. Muy atento al trabajo de los diferentes solistas, aunque las trompas sufren algún tropiezo. La sensación de expectación antes que de serenidad acompaña el final del movimiento. El segundo transcurre inicialmente rápido, muy tenso, transformándose sin sorpresas en una amenazante segunda parte, completamente cedida al pesimismo. El tercer movimiento debuta con una atmósfera aún más turbadora, trazando sensacionalmente los distintos y angustiosos intentos del gran tema de surgir sobre  sus ahogados gritos. A todo ello ayuda la urgencia del tempo, aunque quizá hubiera resultado mejor con menor velocidad. Los últimos compases resultan especialmente inquietantes. El movimiento final comienza con animado brío, y un correcto glockenspiel (nada de las campanas de la grabación de 1932), muy rico en lo tímbrico (dentro de lo que nos permite vislumbrar una grabación nada buena). La atmósfera inquietante prosigue a lo largo de tiempo, que deviene en el progresivo colapso de toda cordura. La coda de la sinfonía resulta desbastadora (llama la atención cómo el público conoce la obra hasta el punto que rompe a aplaudir tras el doble compás conclusivo). El propio compositor pudo seguir la retransmisión por la radio, y envió un telegrama personal de felicitación a Beecham: mejor opinión no puede tener este concierto.



Interpretación: 7,5  · Estilo: 7  · Sonido: 4 (mono)


Orquesta Sinfónica de Islandia

Petri Sakari

NAXOS (1997)



La modestia de esta grabación es inversamente proporcional a su calidad, y merece desde luego ponerse al mismo nivel que nombres mucho más grandes que el Petri Sakari. Y además a un precio muy bajo. 

El tiempo inicial se esboza con consideraciones muy atmosféricas, con un gran sensibilidad hacia la polifonía de la cuerda. La fanfarria no llega a ser amenazante, enlazando con la serenidad con la que se afrenta todo el segundo periodo, que parece dar un sentido de aceptación ante el drama. El drama se ha guardado para el desarrollo, en el Sakari acierta plenamente el sentido del "colapso" sibeliano, mientras que la reexposición se vuelve a llenar de calma y mucha espiritualidad. El segundo tiempo ofrece un gran contraste al explotar su ligereza y su dimensión scherzante, que torna poco a poco en una atmósfera de pesadilla. El tercer tiempo vuelve a tener un sentido más espiritual, aunque quizá le falta garra en algunos momentos, mezclados con otros sensacionales como los últimos compases. De nuevo un gran trabajo con las cuerdas. El finale comienza con un gran brío y fuerza, que se trasforma en agitación interna y tensión nerviosa, bien balanceada por los contrastes en la paleta orquestal. El director finés maneja muy adecuadamente los ritmos, y los pizzicati cobran el sentido que quiso plasmar el autor. De nuevo el colapso se dirige con corrección, dando lugar a un clima fantasmal y helador para cerrar la sinfonía, que deja al oyente con una lograda sensación de suspenso. Recomendable, y no sólo por razones de economía.



Interpretación: 7  · Estilo: 8  · Sonido: 6


Orquesta Sinfónica de Londres

Colin Davis

BMG CLASSICS / RCA RED SEAL (1994)



Dentro de la serie de grabaciones en vivo con la mítica Sinfónica de Londres, el músico británico ofrece una versión digna, aunque no superior a sus propios antecedentes discográficos.

Un comienzo lúgubre, distante, crea tensión hasta que llegan las amenazantes fanfarrias, dando un carácter muy dramático a la obra, atenazado por el segundo grupo de temas, donde el maestro inglés da un toque lírico y sereno. El desarrollo cumple sonoramente, mostrando un multicolor juego de timbres, manteniendo las auras y figuras de los violines sabiamente en su plano correspondiente y sin faltar a su tensión. En la reexposición las fanfarrias son de nuevo muy amenazantes, y el segundo tema casi wagneriano. El movimiento avanza con un consolador sosiego, aunque los últimos compases contienen un elemento turbador. El Allegro molto vivace acierta plenamente en su carácter, con un pasaje de la cuerda tenso e inquieto. El solista del oboe realiza una lección magistral. El apéndice apuesta por una lectura tremendista, sin embargo parece que Davis no logra el efecto buscado, aunque de nuevo la orquesta suena espléndida. Il tempo largo se inicia algo mustio y frío, con un coral de trompas demasiado distante, aunque la cuerda logra efectos de gran belleza y melancolía. La primera aparición del gran tema suena también distante, pero noble. En cambio la segunda supone el culmen expresivo de la versión del músico británico, que mantiene esa grandeza y belleza hasta el final del movimiento. El comienzo del Allegro conclusivo suena en cambio un poco embotado y poco ágil, con alguna debilidad manifiesta en las trombas. La música consigue avanza algo mejor más adelante, apostando por un tempo nada rubato que logra el necesario efecto hipnótico, casi onírico y de pesadilla con el pasaje de "El cuervo". Después la orquesta suena algo masiva, con el añadido de unas campanas (que Davis alterna con el glockenspiel) desde luego más que ajenas... De nuevo el final resulta mucho mejor, con un colapso verdaderamente arrebatador y una progresiva y ejemplar cesión a lo inevitable, con unos acordes finales de la cuerda que se plasman no demasiado interrogativos, pero ciertamente expresivos. Buena versión, con sus cumbres y sus valles, que demuestran un gran amor del añorado director inglés por la partitura. Recientemente ha aparecido un estuche en serie muy económica, así que si van en busca de gangas sibelianas, esta es una.



Interpretación: 7  · Estilo: 7  · Sonido: 8 (directo)


Orquesta de Philadelphia

Leopold Stokowski   

Grabación del 23 de abril de 1932

Varias ediciones, incluyendo NAXOS (2013)



La primera grabación absoluta de la pieza es a su vez una versión muy personal, incluso demasiado, que se beneficia de una orquesta algo reducida (por la época de la Depresión, como explica el productor del registro de Naxos en las notas acompañantes) y del gran amor del director hacia la obra del finlandés. 

El primer movimiento mantiene un tempo algo acelerado, y busca sobre todo el dramatismo, explorando los contrastes, en ocasiones con cierta brusquedad, y el clima de terrible desasosiego, casi de pesadilla de Edgar Allan Poe. Aunque siempre con bellos oasis en medio de la desolación, el maestro americano pone por delante la inquietud y se toma ciertas libertades en el desarrollo de la partitura. El clima de alta extrañeza continúa en el segundo tiempo, con staccati que cortan la respiración y un clima muy enrarecido. Stokowski pone todo el fuego en el asador con el tiempo lento, bajo una expresividad condensada y feroz, sin estridencias pero sin treguas en la tragedia. Algo acelerado también, pero con momentos sublimes como el lirismo de la cuerda en el clímax y los excelentes contrastes tímbricos que lo siguen. El tiempo final lleva en cambio una velocidad más lenta de lo habitual, lo que se traduce en un carácter más aristocrático y más seguro de lo normativo. Tal como se nos indica en el folleto del disco de Naxos, las "Glocken" de la partitura de Sibelius son incorporadas salomónicamente por Stokowski, haciendo sonar primero el glockenspiel y después campanas tubulares (de sonido ciertamente exagerado) a la orquesta. El centro de la pieza de nuevo permite pasajes de negro lirismo, mientras que el colapso conduce inexorablemente a un apocalipsis auténticamente suicida y sin consuelo posible, con un final de movimiento entre los más pesimistas posibles. Una grabación extraña, turbadora, histórica en muchos sentidos. Y aunque ni interpretativamente ni estilísticamente pueda estar entre las mejores, desde luego posee un gran interés y un atractivo único.



Interpretación:  7 · Estilo:  6 · Sonido: 2,5 (mono, estado de conservación no óptimo de los discos originales) 


Real Orquesta Filarmónica de Estocolmo

Sixten Ehrling

METRONOME (1953) - FINLANDIA RECORDS / WARNER MUSIC (1999)



Grabación histórica, una de las primeras de la pieza en el norte de Europa, con un enfoque más bien sereno y triste de la pieza, lejos de las tormentas de otros directores. 

El primer movimiento comienza su andadura con un tono lúgubre y monótono, sin sensación de movimiento, trabajando en cambio el colorido orquestal hasta una mayor luminosidad de las texturas, más ligeras según avanza la obra. Las fanfarrias llegan con sosiego y sin mucha tragedia, y hasta cierto toque chaikovskyano. Los pasajes en modo mayor explorar el carácter elegiaco de la obra, melancólico antes que desolador. El desarrollo ahonda en el estatismo del comienzo, cuidando la tímbrica pero eludiendo todo efectismo. La reexposición aporta una serena paz, sensación que se mantiene hasta el final del movimiento. El segundo ofrece un mayor contraste con su agitación interna bien recogida, si bien de nuevo Ehrling crea una atmósfera a ratos beatífica, manteniendo esa constante incluso en los momentos más turbadores. El comienzo del tercer movimiento es aliento contenido y contemplación de páramos desolados, con climas semejantes a los del primer tiempo, con especial cuidado por los timbres. Al llegar el tema de los cellos la música alcanza su clímax emocional, bastante contenida hasta ahora por el director sueco, dando un especial calor a la partitura, aunque no llega a la suficiente elevación espiritual. El final del fragmento torna de nuevo al estatismo, dejando preparado el camino hacia el último movimiento, que se plantea con gran elegancia y seguridad en sus primeros compases. La explosión de colorido (¡lástima de grabación antigua!) queda apaciguada con la sección "Cuervo", que nos devuelve al clima esencial con el que Ehrling se enfrenta a la pieza, mientras que ya el desarrollo plantea momentos más afirmativos y poderosos, dando finalmente rienda suelta al colapso y a la desolación absoluta, quizá no lo suficientemente lógica tras el resto de la interpretación. Los últimos compases son entonados con nobleza y más bien ajenos a la duda. Una interpretación a tener en cuenta por sí sola, aunque quizá el enfoque no ofrece todas las posibilidades expresivas de la partitura.



Interpretación: 7  · Estilo: 7  · Sonido: 3,5 (mono)


Orquesta Sinfónica de la Radio Finesa

Paavo Berglund

DECCA (1968) - FINLANDIA RECORDS (1980)



Cerramos esta parte de la discografía con una cuarta grabación del maestro Berglund, un raro registro (ausente también en algunas listas)., y el más temprano, realizado antes de su carrera británica e internacional; y es lógico que exhale Finlandia por los cuatro costados, aunque el nivel de la orquesta no sea tan el de sus grabaciones posteriores.  

El Tempo molto moderato es lánguido y sentido, con un pesimismo atronador y una oscuridad inquietante, mientras que el desarrollo se muestra mucho más agitado y trágico, y un final más apagado, todo muy correcto. El Allegro molto vivace apuesta por la línea más inquietante y sobrenatural, aunque le falte cierta garra con los momentos más intensos. El Il tempo largo es sumamente expresivo, con un sentimiento de abatimiento y un hondo pesar, y un pesimismo netamente finlandés. El gran clímax de las cuerdas se entona con una gran nobleza y elegancia, y unos últimos compases especialmente sosegados. El Allegro final es quizá el movimiento más débil, sin la fuerza ni la oscuridad necesarias, en exceso ligero. Una curiosidad la de este disco llena de buenas cualidades, sobre todo respecto a la manera finlandesa de tocar la sinfonía, pero superada en muchos otros aspectos, principalmente técnicos.



Interpretación:  7 · Estilo: 8,5   · Sonido: 6

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martes, 27 de enero de 2015

Biografía (45): fraternidad y soledad (1927)

En el presente 2015 se cumplirán los 150 años del nacimiento, un 8 de diciembre de 1865, de Jean Sibelius, celebración que significará también la conclusión de nuestro recorrido biográfico de la vida del maestro, que ya se sitúa en los últimos capítulos. De este modo pondremos ya a disposición de nuestros lectores el semblante biográfico del músico finlandés, por ahora inédito en tal extensión en nuestra lengua. Esperemos que todo este trabajo sea del provecho de aquellos que nos siguen en esta modesta aportación al fascinante mundo de la música y la figura de Jean Sibelius.
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Ha sido bastante común señalar el año de 1927 como el principio del llamado "silencio de Ainola", el cese de la composición de obras originales por parte de nuestro compositor, siendo de este modo el poema sinfónico Tapiola opus 112, terminado al año anterior, su postrer canto del cisne. Pero si nos atenemos a los hechos, nuestro músico sigue escribiendo música nueva hasta 1931, e incluso dos años, este 1927 y 1929 serán más productivos que alguno de los años anteriores. En realidad todo parece indicar que estos años entre 1927 y el 31, y mucho más allá, estuvo trabajando con suma intensidad en lo que habría sido su Octava sinfonía, trabajo concluso al menos parcialmente y que presumiblemente habría sido destruido en un exceso de celo autocrítico por su propio autor.  

A comienzos pues de 1927 nada parece haber cambiado en el compositor tras su magistral Tapiola, más bien parece continuar en la línea de años anteriores, que combina solicitudes y encargos de amigos y autoridades con iniciativas mucho más personales. El 12 de enero se produce el estreno de su Música para el ritual masónico opus 113, también llamada Musique religieuse o simplemente Música masónica, estreno privado efectuado en la primera Logia de Finlandia, no en vano bajo el fin ceremonial para el que fue compuesta. A lo largo de los siguientes años nuestro músico haría varias revisiones a la obra, añadiendo además algún número - incluyendo dos nuevos coros en 1946 que son de hecho su última composición original conocida -. La partitura está escrita originalmente para tenor solista, coro masculino y armonio (en la ceremonia todos ellos miembros de la logia, incluyendo el propio Sibelius al teclado). Aunque nunca ni compositor ni miembros de la fraternidad hayan pronunciado ninguna prohibición, la obra ha tenido una difusión más o menos restringida al ámbito masónico, si bien los últimos años han conocido más de una grabación e interpretación en concierto de la obra, una partitura llena de profundidad y de misteriosa belleza, que sin duda puede situarse entre lo mejor escrito por el autor.

Este encargo había sido un compromiso personal y fraternal, y es que a grandes rasgos todo indica que en esos momentos nuestro músico se siente libre de todas sus deudas y por primera vez en su vida parece tener un horizonte económico estable y con ello una gran libertad. El matrimonio se permitió pues algún lujo, que incluyó una estancia en París durante varias semanas. 

Los Sibelius se alojaron en el Hôtel du quai Voltaire, en el que Wagner compuso su "Holandés errante", y que contaba con otros célebres huéspedes como Baudelaire o Wilde en su historia. La estancia se aprovechó al máximo, asistiendo a cuántos conciertos pudieron. El genio nórdico estuvo muy interesado en las novedades que los músicos de la vanguardia francesa estrenaban en aquellos días, así como conciertos de música del pasado, ámbitos musicales ambos poco frecuentes en Helsinki. "Incluso en mi lecho de muerte todavía seré un curioso de la dirección que la música esté tomando", declaraba a la vuelta a la prensa finesa. Un pensamiento por cierto que realmente mantuvo, puesto que nuestro autor siempre estará atento a la nueva música hasta el final de su vida, aun cuando no compartiera la mayor parte de esos derroteros.

Placa conmemorativa en el hotel de la calle Voltaire de París, donde Sibelius pernoctó en sus estancias parisinas de 1909 y 1927. En la placa su nombre recuerda a sus ilustres residentes: Baudelaire, Sibelius, Wagner y Oscar Wilde. Los versos debajo del número de edificio (el hotal sigue en activo), son del poeta Baudelaire.

A parte de los músicos ya consagrados, como Debussy o Ravel, nuestro autor estuvo muy atento a la generación más joven: Honegger, Milhaud, Roussel, Schmitt... Le sorprendió mucho que en los programas se mezclase estas novedades con clásicos como Las Hébridas de Mendelssohn.

A pesar de su interés, en general pareció mucho más complacido por la música del pasado, como un Triple concerto de Bach o la Sinfonía en Mib Mayor [imaginamos que la nº39] de Mozart - "nos sentíamos purifiés [purificados] del ruido de las bocinas de los coches" que por la de sus contemporáneos, cuyas sonoridades exóticas y sobrecargadas finalmente le saturaron, encontrando bastante superficialidad en las músicas de vanguardia. Mientras, se encontraba con que su propia música apenas era programada por las orquestas francesas, a pesar del interés de algunos directores como Rhené-Baton, que incluía un par de obras suyas en su repertorio habitual.

Aino y Jean vuelven a mediados de abril a su patria, pasando antes por Berlín para visitar a Adolf Paul, que asistió preocupado a cómo la tos de nuestro compositor derivaba en una gripe, con la que tuvo que llegar hasta Finlandia. 

El crítico norteamericano Olin Downes se había convertido en principal defensor de su trabajo en los Estados Unidos, un entusiasmo que además creció en estos años hasta el punto de ser definido por sus colegas como "el apóstol de Sibelius". En ese mes Downes le comunicó un plan para que dirigiera sus obras en la siguiente temporada por ciudades de EE.UU., donde a ciencia cierta iba a recibir un clamoroso éxito (y buenos dividendos). Pero nuestro músico dilató al máximo la respuesta. También tenía pensado visitar algunas capitales europeas ese verano, "espero visitar Finlandia y confío que pueda tener el privilegio de llamarlo".

El 25 de abril Robert Kajanus presentó en Helsinki la Séptima sinfonía, Tapiola y el Preludio de "La tempestad", obras que sus compatriotas escuchaban por primera vez. El hecho de que el autor no dirigiera sus obras, y ni siquiera estuviera presente en tan magno acontecimiento sorprendió mucho al público. Se nos hace evidente que su distancia planificada de los escenarios se estaba cumpliendo estrictamente.

Tampoco acudió a el nuevo festival de los Días de Música Nórdica, que tuvieron lugar en esta ocasión en Estocolmo. Una única obra le representó, el "Himno a la tierra" opus 95 de 1920, elección que no le fue consultada a Sibelius y que apenas tuvo repercusión en un festival muy volcado en los músicos más jóvenes y vanguardistas. Finlandia presentó la Tercera sinfonía de Madetoja, junto con obras modernistas de Aare Merikanto y Väinö Raitio entre otros, además de obras más conservadoras, como una Overtura sinfonica de Kajanus. Además de la reacción adversa de la crítica local (no faltando los insidiosos ataques de Peterson-Berger), la propia prensa finlandesa se sintió avergonzada de que su representación en el festival fuese en exceso atrevida. Sólo la obra triunfadora de las jornadas, la Cuarta sinfonía de Nielsen, pareció salvar a la organización de un fracaso.

El 8 de mayo nuestro compositor anota una reflexión muy existencialista en su diario: "el aislamiento y la soledad me están llevando a la desesperación. Ni siquiera mi mujer me habla. [...] Con el fin de sobrevivir, tengo que tomar alcohol. Vino o wisky [sic]. Y de eso es de donde comienzan mis problemas. Estoy maltratado, solitario, todos mis amigos de verdad están muertos. Justo ahora mi prestigio aquí es inexistente. Imposible trabajar. Si hubiera una salida. Una triste pero profunda verdad: cuando las cosas van bien, estoy repleto de amigos y soy feliz. Cuando las cosas van mal, todos me dejan solo". Una nueva depresión parece acompañarle los meses de calor, depresión que intenta aplacar de nuevo bebiendo y fumando en exceso. En su diario, que esas semanas completa fielmente, anota especialmente los días de "no alcohol". 

Sibelius a su piano en Ainola. Fotograma de la cinta cinematográfica rodada en 1927 (ver más abajo).

Nuestro autor seguía dedicado más bien a la composición, entregando a principios de junio su contribución al cantoral en lengua sueca de la iglesia finlandesa, un coral titulado "Den höga himlen" ("El elevado cielo") JS.58a, armonizado para coro mixto, que formaría parte de la nueva edición de la música religiosa en ese idioma. 

En ese mismo mes Olin Downes está en Europa, circunstancia que nuestro músico aprovecha para declinar el tour americano, a través de un  telegrama a París, alegando estar "estrechamente comprometido con nuevas obras".

Ciertamente entonces terminaba su revisión de la música para "La tempestad", en forma de un Preludio opus 109 nº1 (que en realidad se presenta inalterado), y dos Suites orquestales opus 109 nos. 2 y 3. Al contrario que sucedió con su composición dos años atrás, esta revisión no le entusiasmó demasiado, hecho que fue agravado por nuevas molestias por temblores en la mano. Para las suites nuestro músico concentró y reinstrumentó varios pasajes muy atados a la escena para dar una forma de concierto satisfactoria. Sin embargo en el proceso se dejaron atrás algunos números excelentes, y esta música pierde parte de su fuerza y originalidad al presentarse de esta forma, aunque lógicamente así ha conocido más difusión. También planeó arreglar las suites para piano, pero sólo tres números fueron completados (puede que precisamente por falta de entusiasmo por revisitar la obra: "es como tener que hacer mis deberes de nuevo", anota en su diario). Las partituras orquestales son enviadas a Hansen a comienzo de julio.

En agosto Downes le confirma que puede visitar Ainola, y que llegaría el 5 o 6 de septiembre, como realmente pudo hacer. Hubo problemas con el idioma, por lo que Sibelius invitó a un amigo que le hiciera de intérprete. 

Al preguntarle en persona sobre qué obras eran esas en las que estaba tan concentrado, el compositor confió al crítico sus avances en la escritura de la Octava sinfonía, de la que dos movimientos ya habrían sido redactados, estando el resto ya en su cabeza. Downes pasó varios días con el maestro, tanto en Ainola como en Helsinki. A pesar de cierta cautela inicial Sibelius acogió amablemente y con gran hospitalidad a su entusiasta amigo americano, a quien la experiencia le colmaría sobradamente en sus altas expectativas: "puedo retener como un recuerdo sin precio la fuerza, el espíritu y la realidad — la maravillosa realidad de tu música".

Olin Downes a su máquina de escribir. El cuadro detrás suyo denota el especial afecto que sentía por el mundo nórdico.

En noviembre el Teatro Nacional de Helsinki produjo una nueva versión de "La tempestad" de Shakespeare en versión finesa, que se acompañaría de la música original compuesta por Sibelius. Su propia hija Ruth encarnó a Ariel. Para el estreno añadió un nuevo número alternativo, un Epílogo (nº 34bis) para sustituir el cortejo original. En realidad recurrió a un pasaje de la Cassazione opus 6 de 1904, una música singular que permanecía aún sin publicar. 

Ese mes recibe una muy mala noticia desde Suecia: Stenhammar ha fallecido tras un larga enfermedad. Escribe a su viuda, compungido: "en mi larga vida nunca he conocido a un artista de la nobleza e idealismo de Wilhelm Stenhammar. Me siento feliz y privilegiado de haber sido su amigo. ¡Ha hecho tanto por mi arte! Qué vacío tan grande se siente ahora que se ha ido". En efecto, uno de sus mejores y más fieles amigos se une al grupo de aquellos que lo van dejando poco a poco más solo...


El compositor Wilhelm Stenhammar. Retrato de 1899 de la pintora sueca Hanna Pauli (1864-1940)

El día de su aniversario, el 8 de diciembre, dos de los hijos de su amigo y vecino, el novelista Juhani Aho, acudieron con su equipo de cine y tomaron profesionalmente imágenes del compositor y su familia en la tranquilidad de su hogar, siendo la primera de las dos únicas secuencias tomadas al compositor. Justamente el segundo grupo de imágenes corresponderá también a los mismos documentalistas, Heikki Aho y Björn Soldan, rodadas también en el cumpleaños del compositor, pero en 1945. Por suerte podemos poner a su disposición este documento único:


Las primeras imágenes corresponden a 1945, y a un Sibelius mucho más mayor y tranquilo, acompañado de su esposa pero aun trabajando. En las imágenes de 1927 podemos ver a nuestro autor paseando más animado en las cercanías del lago Tuusula, y también con su piano en Ainola, tocando entusiásticamente con un cigarro en la boca. También podemos contemplar imágenes de sus hijas Heidi y Margareta tocando en el piano de su padre a cuatro manos. Heidi además toca el violín en otro momento de la cinta. 

Las escenas están montadas en un documental de 6 minutos de duración, hecho público después de la muerte del autor, encargándose a su yerno Jussi Jalas (esposo de Margareta) la banda sonora (un popurrí singular con fragmentos de Finlandia y la Tercera sinfonía entre otras obras del maestro.)

Sibelius seguirá componiendo su Octava sinfonía, además de alguna otra obra. No ha llegado todavía el "silencio", pero ya están presentes mucho de los elementos que parecen haberlo provocado: esa misma sinfonía de imposible perfección, su estado de eterna proximidad a la muerte, su soledad y aislamiento existencial, su incomprensión del mundo musical que lo rodeaba, su posición económica desahogada... Pero aún no ha dicho su última palabra. Ni mucho menos. 
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Capítulo siguiente (46): última época productiva y visitas a Ainola (1928-1929)

martes, 13 de enero de 2015

Cuarta sinfonía en la menor opus 63 (1909-11): 8. Discografía (1)



Durante este post y los dos siguientes presentaremos hasta un total de 40 grabaciones de la Cuarta sinfonía de Jean Sibelius, disponibles comercialmente de manera más o menos habitual.
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Orquesta Sinfónica de Bournemouth
Paavo Berglund
EMI (1975)


Si hay una obra de Sibelius que se adapte mejor a la sensibilidad de su compatriota Paavo Berglund es ésta, con su oscuridad, sobriedad y desolación. Un control estricto de la orquesta, con un correcto juego de timbres pero sin permitir individualidades, y un manejo perfecto de las masas sonoras, donde nada queda fuera de sitio. Sólo a ratos esta contención y esta sobriedad puede llegar a ser excesiva. Y no obstante, si ese exceso se permite en alguna obra de Sibelius, que sea justo aquí.

El primer tiempo, lento, austero y solemne, comienza con una atmósfera de contenida espiritualidad, que deviene en súbito apocalipsis con la llegada del tema de las fanfarrias, un contraste brutal pero sin estridencia ninguna, creando una sensación general de profunda tristeza. La elevación retorna con el segundo periodo, donde los timbres dejan atravesar más de luz ante la austeridad general. El desarrollo sabe sacar toda la tensión subterránea a la superficie, convirtiéndolo en un siniestro juego de sombras. La reexposición deja al oyente con una mezcla de sensaciones y en la más turbadora duda. El segundo tiempo mantiene sus vínculos con el desarrollo del primero, trabajando formidablemente bien sus aristas y sus pasajes scherzando, evitando la sensación de falta de unidad que dejan otras grabaciones, y  avanzando progresivamente hacia un clima casi de pesadilla. El tercer tiempo comienza con interrogantes y una tensión subyacente insospechada, aunque la profunda tristeza tenga al tiempo algo de lacrimoso consuelo. Los silencios llegan hablar en manos de Berglund con gran sentido trascendente, bruckneriano incluso. El gran tema llega tranquilo y sin estridencias, caminando hacia el clímax de la pieza con un espíritu casi religioso y un final expectante. El último movimiento se ha dejado contagiar de todo el pesimismo anterior, y camina vacilante e inseguro, sin posibilidad de redención. De nuevo tiene un sentido, porque el colapso del movimiento se nutre de esta tragedia contenida, desatada hacia el más negro de los hundimientos, dejando los últimos acordes en la más oscura de las melancolías. Absolutamente imprescindible

Interpretación: 9,5  • Estilo: 8  • Sonido: 7

 

Orquesta de Minnesota
Osmo Vänskä
BIS (2013)


Segunda grabación de Vänskä, también para el sello Bis, pero para la orquesta norteamericana de la que era titular desde 2003 hasta justamente unos meses. Si la primera grabación ya es extraordinaria, en esta segunda va mucho más allá en emociones y compenetración con la obra (en lo que es el mejor registro de esta nueva integral en marcha - probablemente interrumpida -, hasta ahora no tan extraordinaria como el primero). En el aspecto técnico, el director finlandés elabora un dibujo finísimo y un manejo magistral de las sonoridades sibelianas (silencios que se "oyen", rumores de fondo que se perciben con la necesaria claridad) pero más que eso, logra un discurso lleno de sentimiento y de gran hondura espiritual.

El Tempo molto moderato tiene el enfoque perfecto, con modernidad pero sin vanguardismos, con profundidad pero sin abismos ni exageraciones, y con una separación nítida de los timbres, que devienen en una auténtica paleta de colores ocres y oscuros. Las cuerdas rayan lo sublime, contrastando con las sonoridades tremendistas de los metales (pacíficas en la reexposición), una auténtica magia en el pasaje de los trémolos.  El Allegro molto vivace pretende erizarnos el vello y lo consigue, partiendo de un comienzo feérico, que bajo bromas macabras y coloraciones góticas acaba cayendo en la más pura desesperación. Il tempo largo redunda en esa espiritualidad y hondura del primer tiempo, y la lleva aún más lejos, provocando lágrimas inmediatas en el oyente. Su comienzo explora el misterio, la quietud, generando una gran expectativa, hasta que la expresión se desborda en un sumamente emocional tema de los violoncellos. La última aparición del tema roza lo sublime, con un clima trascendente, de suprema espiritualidad y grandeza, que con gran honda pena se va sumergiendo poco a poco en el silencio.  Sin duda uno de los mejores movimientos lentos de la discografía, si no el mejor. El Allegro final también destaca por su fidelidad a la letra y al espíritu de la partitura, con su viaje de la extraña victoria (sin duda un ejemplo de qué pretendía Sibelius en este pasaje) al caos y la derrota final, aceptada con gran resignación. Entre los aspectos más destacables está el sentido del pulso constante que maneja Vänskä, y que dota de gran unidad al movimiento, sin momentos de abandono, hasta los últimos compases, donde la respiración permanece contenida al máximo. Imprescindible.

Interpretación: 9  Estilo: 9  Sonido: 9,5 (SACD)
 


Orquesta Filarmónica de londres
Thomas Beecham
HMV (1937)
varias reediciones, p. ej. NAXOS (2003)

La mítica e histórica grabación de Beecham, la primera "oficial" de la que ya hablamos en su momento sigue siendo un monumento insuperable, y a pesar del tiempo pasado y algunos "peros" se merece estar sin duda en el podio. La versión está llena de dramas interiores, sin gestos exagerados, incluyendo los tempi, que son más animados que en otras muchas versiones (deberían tomar nota quienes identifican lo trascendente con la máxima elongación de la velocidad). 

 
El primer tiempo es abordado con un clima de tristeza y de aceptación casi religiosa. Comienza con un melancólico canto de los cellos, y una atmósfera de incertidumbre que va creando a pesar de los acordes más luminosos. Beecham maneja maravillosamente los silencios (¡lástima de discos de pizarra!), al igual que los timbres, en especial la mágicas técnicas de la cuerda, como unos vibrantes pizzicati. El segundo movimiento ahonda en las contradicciones emotivas, causando una sensación de gran desasosiego y turbación, acentuada de nuevo por los caleidoscopios timbres. Esas mismas sensaciones se dejan notar en el comienzo del tiempo lento, en el que además de los delicados sonidos de la cuerda (que tienen ademanes tremendistas), explora muy adecuadamente modernas sonoridades en los vientos, como un helador pasaje con las trompetas asordinadas. La incertidumbre da paso a la más dolorida pena, regalándonos un primer clímax de gran belleza y melancolía infinita. El segundo clímax parece un triunfo del dolor, sin redención posible, transigiendo poco a poco hacia un desvanecimiento lento y maravilloso. El finale mantiene la agitación del segundo tiempo, con la opresión del peso de todo lo anterior, como de una búsqueda siempre insatisfecha. Bajo sugerencia de Legge, Beecham emplea aquí campánulas en lugar del habitual glockenspiel para asegurar su sonido en aquellos viejos discos, al parecer con aprobación de Sibelius. Lo cierto es que la tímbrica es excelente, y siempre al servicio de la expresión, gótica y modernista. El desasosiego llega al máximo en los pasajes finales, y la sinfonía culmina con una tragedia absoluta, la muerte sin salvación. Un clásico muy recomendable, y no sólo por su carácter histórico, y modelo, sino por ser una de las más emocionantes.

Interpretación: 9 • Estilo: 7 • Sonido: 3 (mono)
 

 Orquesta Sinfónica de Lahti
Osmo Vänskä
BIS (1997)

La primera grabación del director finlandés, efectuada dentro de su mítica conjunción con la Sinfónica de la pequeña ciudad de Lahti, una de las más brillantes de la discografía, es superior a la segunda en cuanto a brillantez técnica, si bien su intensidad dramática es algo menor, ahondando más en su lado más lírico y luminoso dentro de lo que la tenebrosa partitura permite. La lección de estilo es magistral, demostrando aquello de que la Cuarta Sinfonía es entendida de la manera más profunda sólo en el país que la vio nacer. Como nota negativa en este sentido el hecho de su lentitud: una de más prolongadas de la discografía de hecho, apostando por un carácter místico y trascendental sin artificios. También es una de las más cantábiles y brillantes de todos los registros que hemos podido analizar.

 
El comienzo de la obra es muy callado, tenue, profundo y misterioso, dando paso con gran expectación a unas fanfarrias que suenan derrotadas, más que amenazantes, y que desembocan en un clima de luz enrarecida pero intensa, y de nuevo muy misteriosa. Vänskä maneja magníficamente todas las sonoridades que en otros directores quedan muy en segundo plano, y está siempre muy atento a las pedales sibelianas y a distinguir todas las notas e instrumentación de cada pasaje, y en este segundo periodo de la exposición nos da una magnífica lección de esto. Los violines alcanzan la dimensión heladora, y todo el desarrollo se beneficia de sus sonoridades boreales en forma de auras, evitando que los solos de viento cobren demasiado protagonismo. No ha habido terror en esta sección, por lo que la reexposición se muestra más beatífica y esplendorosa que nunca, terminado el movimiento con gran serenidad. El scherzo comienza con ese mismo espíritu, pero ya en el pasaje de las cuerdas la música se arruga y se repliega sobre sí misma con una violencia contenida. El balanceo de los semitonos da muestras de ser una profecía de lo que va a venir, con grandes solos del viento de nuevo. Una transición muy lograda nos lleva al apéndice siniestro del movimiento, que suena más inquietante que trágico, casi hasta fascinantemente oscuro, y que termina como en un interrogante. El tercer tiempo vuelve a la seducción mística del primero, aunque aquí el peso de la tragedia y la tensión se traslucen en cada compás. El director finlandés de nuevo recalca muy bien las diferencias instrumentales, lo que aumenta la sensación de unidad cuando, por ejemplo, los celli anuncian el tema principal cantándolo de manera muy semejante a como lo harán en su plenitud. La magia que se crea con la primera entonación del tema es formidable, aunque quizá el sentimiento no sea tan grande como su colorido, impecable. Los solos de viento antes de la segunda aparición del tema, con toda su agarrota plegaria, dan origen a una gloriosa entonación de la gran melodía, que se ve atenuada con suavidad por los rumores de pasadas batallas. Tras la última aparición todo se disuelve en un clima de gélidas y lejanas luces estelares. Uno de los mejores momentos de toda esta discografía de nuevo nos lo proporciona Osmo Vänskä. El último movimiento quizá necesitaría algo más de energía inicial, pero su equilibrio emotivo e instrumental de nuevo es perfecto. La carrera de corcheas suena nítidamente sibeliana, verdaderas auras, y la vuelta del glockenspiel también demuestra lo necesario que es cuidar y respetar los equilibrios tímbricos y dinámicos de la partitura para que la música cobre su máxima intensidad. El director finlandés reserva todo el gélido terror para los sones córvidos, que poseen una atracción mórbida. Como era de esperar el pizzicato brillantísimo, contrastando con los excepcionales solos de las maderas, y el diálogo con los violines posterior, bajo un ritmo intenso. El colapso es domeñado totalmente por los músicos nórdicos, demostrando lo calculado que tenía su compositor este pasaje en apariencia caótico. La transición hasta la decepción y la desesperanza, a través de un progresivo abandono de las fuerzas orquestales es de nuevo ejemplar. Los últimos compases ofrecen más firmeza que lo que hemos oído habitualmente. Excelente versión, una de las más bellas de escuchar y también una de las más intensas.

Interpretación: 9  Estilo: 9,5  Sonido: 8
 
Orquesta Sinfónica de San Francisco
Herbert Blomstedt
DECCA (1991)


El director sueco-americano logra una grabación magistral, quizá no perfecta (no consigue la misma intensidad a lo largo de toda la obra y le falta algo más - aunque hay demasiado - refinamiento), pero sin duda se merece estar en el olimpo. Y es que parte de las premisas estéticas correctas, con lo que ya tienen gran parte del camino logrado.

 
El Tempo molto moderato debuta con una serenidad boreal, fría y mágica al mismo tiempo, afianzada que no rota por la llegada de las fanfarrias, casi redentoras. Blomstedt consigue una exquisita belleza en los timbres, amplios pero bien definidos. Con la llegada del desarrollo la música revela su carácter más tétrico y fúnebre, con una dirección muy atenta a lo atmosférico, dando todo su significado a las "auras", de manera casi impresionista. En la reexposición se consigue llevar la expresión a la misma mística inicial, preparando el camino para el segundo tiempo. El Allegro molto vivace explora de nuevo su lado más inquietante, con una ingravidez siniestramente apolínea. El tiempo lento hace hablar como nunca a los silencios, llegando de nuevo a momentos de elevada espiritualidad, donde la desesperación y la tenue esperanza se entremezclan bajo la batuta de Blomstedt sin concesión a la superficialidad. En el clímax de la pieza hay que enmarcar la cantabilidad de los violoncellos. El Allegro último final empieza quizá con algo de pesadez, aunque no del todo incorrecta porque da al tiempo mayor firmeza conclusiva. Fantástico el pasaje de los pizzicati, de nuevo con una buena exploración de las auras, al igual que el colapso final, sin estridencias pero dándolo todo. Los últimos compases son de derrota y aceptación. Hagan un hueco en su estantería para esta grabación, sin ser la mejor tarde o temprano debe estar.

Interpretación: 9  • Estilo: 8  • Sonido: 8

Orquesta de Cámara de Europa
Paavo Berglund
FINLANDIA RECORDS (1995)


La tercera grabación de Berglund de la pieza supone un acercamiento mucho más íntimo, sobrio y contenido aún de la pieza, con una pasión domeñada, más negra incluso que en anteriores registros, pero al tiempo con una delicadeza instrumental mucho mayor, debido por supuesto al carácter camerístico de la propia orquesta, demostrando además con ello lo bien que hace a la música de Sibelius, aún en sus grandes sinfonías, los conjuntos menos mastodónticos.

El movimiento inicial explota los sonidos más contenidos de la pieza, con un tono sosegado e íntimo, ni concesiones al efectismo, pero con un poderoso sentido del drama y la tensión interna, y una aplastante sensación de inquietud y pesimismo. A pesar de la habitual sobriedad del director finés, las cuerdas nos brindan grandes momentos de lirismo, aunque sea oscuro e invernal. El segundo tiempo explora de nuevo el carácter más macabro y misterioso de la pieza, con sonoridades casi góticas (estupendas trompetas asordinadas) y un buen equilibrio de fuerzas y timbres sin mezcla. El tercer tiempo nos lleva a los más hondos pensamientos sibelianos, con sonoridades casi mágicas y de intensa aunque siempre domeñada emocionalidad, de nuevo con gran belleza y lirismo en las cuerdas, y clímax verdaderamente sublimes. El cuarto tiempo de nuevo se pliega a la partitura, sin estridencias ni asomo de teatralidad, en una búsqueda intimista de sus más negros sentimientos. El final se expone en forma enigmática, muy en línea de todo lo acontecido hasta ese instante. Una lectura exquisita, magnífica, quizá de menor intensidad a la de otras grabaciones del propio director pero muy a tener en cuenta.

Interpretación: 8,5  • Estilo: 8,5  • Sonido: 8

Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa
Jukka-Pekka Saraste
FINLANDIA (1995) - directo


Que esta sinfonía es muy especial para los finlandeses puede ejemplificarse perfectamente con esta interpretación, muy brillante en cuanto a interpretación, y con un estilo practicado con verdadero entusiasmo.

 
El  Tempo molto moderato comienza con una agitación, y al no mezclar timbres Saraste destaca muchos los bajos, creando un fuerte presentimiento de fatalidad, llegando a las coloridas fanfarrias y al segundo tema, muy plástico. El desarrollo está repleto de una increíble sensación que mezcla movimiento y estatismo, verdaderamente turbadora. La reexposición afianza sus grandes valores, perdiéndose en el silencio. El scherzo acierta plenamente en el tempo, además de la disposición orquestal. El motivo de las cuerdas es ejemplar de nuevo por su conmovedora evolución. Igualmente resulta la segunda parte, opresora e intensa, con toques de gran modernidad. Il tempo largo apuesta por una mirada introspectiva y muy mística, extática en ocasiones, que hace vibrar el silencio y las líneas invisibles de la música como nunca. El tema se presenta siempre profundo, trágico y noble. El finale se muestra impetuoso, quizá un poco atropellado al comienzo, pero lleno de toda la resistencia ante la penalidad acumulada a lo largo de la obra. El glockenspiel suena en su punto, demostrando que su sonoridad es débil sólo si quiera que así sea (o si la toma de sonido es insuficiente). La pieza transcurre con dimensión propia de perpetuum mobile, una carrera hacia el abismo sin descanso ni tregua posible, con un ejemplar "colapso", caótico y trágico, que deriva hacía el borde mismo del universo. Muy buena.

Interpretación: 8,5  • Estilo: 8,5  • Sonido: 7,5


Orquesta Sinfónica de la BBC
Malcolm Sargent
BBC (1965, 2008)


Sargent fue uno de los muchos campeones ingleses de la música sibeliana, honrado con la Rosa Blanca por el gobierno finlandés, aunque por desgracia no nos legó muchas grabaciones, incluyendo un incompleto sinfónico para la EMI que el sello suspendió tras la muerte del compositor. La grabación de sir Malcolm se efectúa aquí para la radio nacional británica en directo (toses incluidas), en septiembre de 1965. La lectura de Sargent es moderna, muy expresiva, austera y hasta trascendental. 

 
El Tempo molto moderato se inicia con un hipnótico balanceo dórico, y un violoncello sobrio y contenido, que va cediendo a la tensión acumulada y resuelta en el tema secundario, en especial en las serenas fanfarrias parsifalianas, hasta llegar a los quejumbrosos solos del final de la exposición. Al llegar el desarrollo la música torna a un aspecto expresionista, casi demoniaco. La reexposición llega a ser verdaderamente redentora. El segundo movimiento está repleto de sensaciones y contrastes, con un sentido dramático y dinámico, casi grotesco en la segunda parte. El tercer tiempo, que debemos calificar de magistral, comienza muy contenido y desolado, como si de un mal presagio se tratase, siendo la primera llegada del tema su desesperanzada confirmación. La primera presentación del tema suena terriblemente oscura en gran parte gracias a las sombras acompañantes que lo rodean, y el tempo desangelado que le imprime el director británico. Si el Allegro molto vivace parece noblemente trágico, el tiempo lento llega a ser la aceptación de la derrota, sensación que se nos confirma con la coda tenebrosa y derrotista. El finale empieza con gran energía y cierta sensación de caos controlado. "El cuervo" llega de nuevo con el ritmo hipnótico del comienzo de la sinfonía, agarrotado y fascinador. El pizzicato central sorprende de nuevo por su modernidad, como la carrera tempestuosa de las cuerdas y sus coloraciones bitonales. El colapso como cabría esperar es sensacional en un director tan comprometido con la vanguardia, y es seguido por una coda como suma expresión del fin y la derrota absoluta. Formidable versión.

Interpretación: 8,5  • Estilo: 7  • Sonido: 6,5 (directo)


  Filarmónica de la BBC
John Storgårds
CHANDOS (2014)

 
Magnífica interpretación, sólo habría que reprocharle una mayor cercanía al drama interior, a cambio de una verdadera lección del estilo.

 
Storgårds crea para el primer movimiento una intensa sensación de misterio y desconcierto, con toques impresionistas como las ráfagas de poderosos sones apocalípticos. Hay cierto sabor mahleriano, pero en su sobriedad y espiritual claramente se nos dirige a los páramos helados del norte. El tempo es bastante ajustado, y el clima ascético se mantiene muy logrado todo el movimiento. El scherzo está brillantemente planteado como una intrigante y turbadora colección de retazos de distintas realidades, que conviven en una extraña simbiosis. Extrañeza, muy lograda, es lo que le define. La segunda parte es fantástica, con sonoridades de auténtico terror y de caminos sin rumbo definidos. El comienzo del tercer movimiento prolonga exitosamente el clima bizarre del anterior, haciendo que la aparición completa del tema sea un momento de auténtica revelación, una mezcla de consuelo y desesperanza total. Excelente sección de cuerda la de la orquesta británica. Todo el tempo respira gran seriedad y elevación, con unos últimos compases que quitan el aliento. El cuarto movimiento quizá suelta un poco el lastre, requiriendo algo más de agilidad y ligereza, ( en el sentido dinámico). El pasaje sacado del poema de Poe logra grandes resultados, como el nervioso pizzicato posterior, que centra el juego de timbres casi psicodélico. La coda es memorable de nuevo por su espíritu de desconcierto y profunda desolación. Magnífica.

Interpretación: 8,5  • Estilo: 8  • Sonido: 9


 
Orquesta Sinfónica de Londres
Anthony Collins
DECCA (1954)


Collins es un maestro inglés al que se le recuerda con gratitud justamente por su ciclo sinfónico sibeliano, para el cual contó con alguna consulta al propio compositor. 

 
El Tempo molto moderato es desde luego ejemplar, sobrio y contenido, muy plástico en cuanto a la conducción del tempo pero no de manera caprichosa, sino adaptándose a cada pasaje con pulcritud. El equilibrio orquestal está muy logrado, en especial la individuación de los vientos. La cuerda debía ser maravillosa si el velo de la vieja grabación no se dejara tales detalles. Las mismas cualidades se observan en el Allegro molto vivace, con elementos que deberían ser guía para otros directores, desde la exacta elección del tempo a los ritmos nerviosos, tan sibelianos, y aquí son quintaesencia de la pieza. El tempo del tercer movimiento en cambio se acelera más de lo necesario, pero aunque le quita por ello la etiqueta de excelente a la grabación, el director inglés consigue un magnífico fresco, severo y oscuro, sin asomo de sentimentalismo, destacando las poderosísimas entonaciones de la cuerda con el tema, y el final del movimiento, donde el tempo se ralentiza y una sabor de amargura infinita inunda el sentir de la sinfonía. El Allegro último también tropieza respecto al tempo, algo lento, pero se compensa de nuevo con una gran elasticidad y dinamismo, y una expresividad muy sentida. Collins aborda acertadamente los aspectos antifonales, hallando el justo medio virtuoso entre la oposición y la unidad. Quizá sólo el glockenspiel parece no estar muy atento a la certera batuta del director. Destaca el colapso, que tiene una gran fuerza, así como los dubitativos últimos compases. En fin, una gran versión, ejemplar en muchos sentidos.

Interpretación: 8 • Estilo: 8  • Sonido: 4 (mono)


 Real Orquesta Filarmónica de Estocolmo
Vladimir Ashkenazy
EXTON (2007)

Ashkenazy ha realizado un segundo ciclo, parcialmente en directo, con la gran orquesta sueca y para un sello japonés (aunque lógicamente tiene distribución europea). En este registro toma lo mejor del primero y salva sus defectos, con una interpretación especialmente sentida y profunda. 

 
El primer movimiento ofrece un clima de tensa espera, brillantes sonidos oscuros y una fuerte ascesis hacia la absoluta sobriedad. Resulta especialmente fascinante el clima sobrenatural del desarrollo, así como la sosegada coda. El segundo tiempo ofrece una perspectiva también muy pesimista desde su comienzo, de nuevo con gran oscura brillantez orquestal. La segunda parte es una carrera hacia el terror y la desesperación. El tercer movimiento comienza con una excelente exploración de sus planos sonoros, creando un efecto impresionista, pero a la turbador y enormemente descorazonado, que encuentra en los primeros amagos del tema su anhelo de redención. La gran ,melodía coral llega con un manto de dolor, y una explosión de sentimiento, que contrasta brutalmente con el pasaje posterior. La coda se convierte en un corazón palpitando, finalizando un movimiento sublime. El finale se adecúa al espíritu sibeliano, de tempo bastante correcto, y de nuevo con gran nivelación de los planos sonoros. La aparición del tema de "el cuervo" resulta brillante, seductora a la vez que terrorífica. El caos impacta, y la coda se convierte en una confesión de derrota, con un tempo muy ralentizado y gestos muy expresivos. Muy buena.

Interpretación: 8  • Estilo: 8  • Sonido: 9 (SACD)


  Orquesta Filarmónica de Nueva York
Leonard Bernstein
SONY (1966)


El enfoque de Bernstein es un enfoque grandioso, moderno, con un toque mahleriano, reforzado por la elección de algunos de los tempi más lentos de la discografía de la pieza. El directo impone su visión, sin contradecir la partitura, elige un camino paralelo para elevar a Sibelius a los altares de la historia de la sinfonía. Quizá una segunda grabación pudiera haber dado una mejor respuesta a la pieza, pero por desgracia no se realizó dentro su planeado ciclo de los 80, con la Filarmónica de Viena, por su fallecimiento. La interpretación es sublime, pero algunas elecciones no se muestran muy afortunadas.

 
El comienzo del Tempo molto moderato es profundo, oscuro, hipnótico, rozando con lo místico, haciendo vibrar cada de las voces interiores. El segundo grupo confirma el carácter místico, con una serenidad extática. El desarrollo se llena de sensaciones de angustia, casi de pesadilla. La reexposición crea una sensación infinita de aceptación y de disolución con el universo. La elección del tempo en el Allegro molto vivace no ayuda a elevar el nivel del registro, aunque despliega una gran sensación de extrañeza y terror gótico, lograda por la idea del director norteamericano de desintegrar elementos para hacer más impresionista la partitura. Con el Il tempo largo volvemos a la magia del comienzo, lanzándonos a través de las profundidades oscuras del universo, que se haya en el interior del alma humana. Bernstein mima cada compás para darle un color absoluto, destacando las sonoridades más abisales como las de fagotes o contrabajos, pugnando con unos violines que se lanzan hacia las alturas en medio de hogueras en cenizas... La primera proclamación del tema de las cuerdas suena nostálgica, anhelante, con violoncelli especialmente vibrantes, la segunda roza el cielo, y la tercera a la misma divinidad. En el Allegro final respira de nuevo el infinito e insaciable anhelo. Queda un poco atrás por el tempo, que resulta algo pesado, a lo que se añaden las campanas tubulares excesivas que aproximan la obra más a la escuela rusa, algo que también sucede con la sección del cuervo, algo gesticulante, mussorgskyana, con un indudable sabor a cuento de terror. El pizzicato central es fantástico, caleidoscópico y con ritmos agitados e hipnóticos. El colapso, más lento aún, nos lleva a un terreno vanguardista, con un verdadero collage de atmósferas y tonalidades. Y la coda es aún más lenta y trascendental si cabe, dando una conclusión a la sinfonía cuasi religiosa. Como hemos dicho una gran interpretación, pero con unos cuantos excesos reprochables, en especial los tempi que lastran el significado de la obra. En cualquier caso un registro que llega a poner los vellos de punta.

Interpretación: 8  • Estilo: 6,5 • Sonido: 6,5

 Orquesta Sinfónica de Gotemburgo
Neeme Järvi
BIS (1984)


Primera grabación de Neeme Järvi con la orquesta sueca, como es la tónica habitual muy superior a la efectuada con el sello amarillo. El director estonio se toma con gran seriedad la obra, que entiende bien, abordándola de frente y desbordando las limitaciones de la orquesta, como las suyas propias ofreciendo una muy buena interpretación, aunque tenga sus desniveles. Los tempi son extremadamente lentos, lo que ayuda a dar profundidad a la pieza pero la hace perder algo de fuerza. 

 
El violoncello entona líricamente el primer tema, que se mueve en una inquietante tranquilidad, pura contradicción. Järvi saca belleza de la frialdad, y no incide en el terror, sino todo lo contrario. La sonoridad acude con acierto a la finura, destacando el diálogo camerístico y concertístico de los solistas, contra bloques más amplios. En sentido contrario quizá una excesiva laxitud impide sacar más del drama que contiene la pieza, pero esto se justifica durante el desarrollo y la exposición, que desatan sus poderes. El movimiento termina con sumisa serenidad. El segundo tiempo prolonga las sensaciones del primero, evitando el expresionismo, y concediendo más a la sugerencia y a lo íntimo, aunque un mayor énfasis rítmico hubiera mejorado el resultado. El tercer movimiento está pleno de un sentimiento elegiaco y amplio, con excelentes diálogos instrumentales, y un fuerte sentimiento de contención y elevación espiritual, que culmina con una ascética aparición del gran tema de la cuerda. Después vibramos con el suspense del pasaje que lo lleva de nuevo a un gran clímax (aunque no muy logrado), que se va disolviendo con suavidad. Sin duda el mejor movimiento del registro, lo que eleva mucho el interés del disco. El tempo final guarda las mismas características que el resto, lo que sin embargo no le favorece: ni su lentitud ni la falta de los aspectos más negros, que parecen evitarse en busca del consuelo que nunca llega. Los últimos compases son relativamente afirmativos, confirmando que Järvi ha querido sacar algo de positividad a la sinfonía más oscura del maestro. A tener en cuenta.
 
Interpretación: 8  • Estilo: 7,5  • Sonido: 7
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miércoles, 24 de diciembre de 2014

¡Felices fiestas!

Feliz Navidad a todos los lectores del blog "Jean Sibelius en español". Que todos ustedes pasen unas estupendas fiestas, y si son con música mucho mejor.


Nosotros, como habitualmente en estas fechas, felicitamos a los que nos leen con nuestro particular "villancico" sibeliano, una de las Cinco canciones opus 1 del autor finlandés, la colección de piezas para voz y piano que compuso en diferentes momentos, aunque todas ellas rememoran de manera muy similar la canción navideña tradicional y piadosa.

Y lo haremos en esta ocasión con la quinta de ellas, "On hanget korkeat, nietokset" ("La nieve está cayendo"), la única que lleva en origen texto en finés. La interpretación de la bellísima melodía corre a cargo de  la voz de la soprano Soile Isokoski, acompañada por la Finlandia Sinfonietta dirigida por Ilkka Kuusisto, quien es también el encargado del arreglo orquestal a partir del original pianístico de Sibelius.

"¡La Navidad, la Navidad está aquí!". ¡Felices fiestas!