lunes, 24 de enero de 2011

Biografía (21): el Vals de la Muerte y el Concierto para violín (1903)

Capítulo anterior (20): estreno de la Segunda Sinfonía, "Tulen Synty" y éxito en Berlín (1902)
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Entre 1902 y 1903 Jean Sibelius establece relaciones con un nuevo círculo intelectual: los "euterpistas". En torno a la publicación de "Euterpe", lanzada por el crítico Karl Flodin. La revista tenía preocupaciones no sólo musicales, sino que también abarca un amplio conjunto de intereses culturales. El grupo reunió a parte de la élite svecoman (esto es, sueco-parlantes y defensores de la cultura sueco-finesa y su lengua) de Helsinki. Pero lejos del conservadurismo y nacionalismo que solía acompañar al movimiento svecoman, los euterpistas eran liberales, y anhelantes de una mirada más cosmopolita, sin denostar, no obstante, la herencia romántica finlandesa. Su búsqueda estética tendió hacia posturas más modernistas, primordialmente simbolistas. Todo ello se situaba en la línea de la personalidad de nuestro músico, que además se sentirá más influenciado por el simbolismo en estos años finales de su periodo romántico, sobre todo en la elección de los poetas de sus canciones.

El crítico musical Karl Flodin (1858-1925)
 
Por supuesto, la pertenencia a este grupo no significaba un posicionamiento excluyente del maestro, que siempre a lo largo de su vida frecuentó amistades tanto a liberales como conservadoras, fennoman (defensores de la lengua y la esencia finlandesa) como svecoman.

El año comienza para Jean Sibelius con la alegría de un nuevo nacimiento, el de Katarina, su cuarta hija la primera tras el fallecimiento de Kirsti. El compositor no parece sin embargo interesado especialmente en la vida marital y familiar. Con sus amigos euterpistas - como años atrás con el "symposium" - pasa muchas de sus noches de acaloradas discusiones en los restaurantes de los hoteles. Entre copa y copa, cigarro y cigarro, y gastando un dinero que nuestro genio no tiene, fluían profundas discusiones de arte, filosofía política y sociedad. Aino tiene que acudir frecuentemente a buscarle en un coche de caballos, sin que una palabra de reproche logre salir de sus labios.

Nuestro genio no descuida sin embargo sus deberes musicales, que incluirán esa primavera varios conciertos en Helsinki, Tampere, y dando el salto a través del Báltico, en Estonia. Pero lo cierto es que tampoco el alcohol es ajeno a su interpretación a la batuta: "cuando estoy frente a una gran orquesta y he bebido media botella de champán dirijo como un joven dios. De otra forma estaría nervioso y tembloroso, me sentiría inseguro de mí mismo, y todo estaría perdido. [...] Puedes ver con esto que mi beber tiene raíces profundas y es tan peligroso y va demasiado lejos. Te prometo intentarlo y hacerlo frente con todas mis fuerzas ", confiesa a su hermano Christian. Su timidez enfermiza y el sentido de la evasión que le persigue desde su niñez siempre han encontrado un refugio catalizador en el alcohol.

En esta estación primaveral comienza la composición de su Concierto para violín opus 47, cuyas primeros esbozos ya habían llegado al papel el año anterior. Nuestro músico había recogido la sugerencia de su amigo Carpelan, pero es obvio que una obra así anidaba en lo más profundo de sus anhelos, en sus sueños de juventud: convertirse en un gran virtuoso del instrumento de cuatro cuerdas.

Otros trabajos de estos días están dedicados al piano, como soñadora Barcarola opus 24 nº10 y las Seis canciones populares finlandesas JS.81. Este último cuaderno constituye un título singular dentro de la producción de Sibelius. Será una de las poquísimas ocasiones (prácticamente la única en su madurez) en que el genio nórdico emplee material folclórico auténtico para escribir su música.

Como ya hemos observado habitualmente Sibelius no quiso convertirse en un glosador de melodías populares al estilo de lo que hicieron otros compositores comúnmente llamados "nacionalistas". Nuestro autor es muy celoso de la singularidad y originalidad de su estilo: no quiere préstamos. Y tampoco está interesado en la música folclórica real, sino más bien en su espíritu, en su esencia más primitiva y antigua (o supuestamente más primitiva y antigua: los ideales estéticos del "karelianismo").

Con la citada obra de nuevo ha aceptado una indicación de Carpelan, pero no hará simples arreglos para orquesta de cuerda como propuso su buen amigo, sino más un extraordinario ensayo impresionista, casi minimalista incluso, que partiendo de la sencillez de los cantos ancestrales busca recrear atmósferas desconcertantes y oscuras. Su esencialismo vanguardista, su libertad modal y sus audacias armónicas, a pesar de la simplicidad del material de partida han hecho comparar estas Seis canciones populares finlandesas con partituras de Bela Bartók.

Carpelan y Aino se alían para convencer a Jean para alejarlo lo más posible de los vicios de la gran ciudad, por lo que la familia pasará un extenso verano en la localidad de Lohja. Durante es estancia se concentrará al máximo en el Concierto, que espera estrenar en otoño, tal como promete en sus continuas discusiones con Willy Burmester, el destinatario original de la obra.
 
Lohja en la actualidad
 
Durante el mes de julio Axel Borg, tío materno del compositor fallece. En su herencia deja a nuestro músico cierta cantidad de dinero. Antes que aquellos marcos se pierdan en los placeres nocturnos de su marido, Aino decide reservarlos para construir una nueva y definitiva vivienda para los Sibelius. Su hermano Eero Järnefelt, junto a otros destacados artistas y escritores, ya había elegido el lago Tuusula, contiguo a la población de Järvenpää, como hogar perfecto para un creador, donde poder dedicarse en tranquilidad, sin distracciones a su arte. Jean y Aino habían soñado con algo así desde hacía años, y tras explorar bien las posibilidades ambos están de acuerdo en sumarse a la pequeña colonia intelectual, y construir Ainola, la casa donde pasarían el resto de sus largas vidas.

Pero aun faltaría un tiempo para el comienzo de la edificación. De momento en Lohja puede dedicarse al Concierto, pero no lo hará en exclusiva. En agosto viene a la luz una de sus mejores canciones "Höstkväll" ("Tarde de otoño") opus 38 nº1, sobre texto de Rydberg, el "poderoso lamento otoñal" en palabras del autor. Y de vuelta a Helsinki, donde alquilan un nuevo piso, escribirá dos nuevas sången sobre versos del mismo poeta, "På verandan vid havet" ("En un balcón hacia el mar") opus 38 nº2, oscura y poderosa; y la serenata "I natten" ("En la noche") opus 38 nº3. Ida Ekman estrenará en octubre estos dos últimos títulos, y en noviembre su versión orquestal.

Mientras firma el contrato para adquirir las tierras donde se asentará Ainola, nuestro genio prosigue con la composición del Concierto, que obviamente no ha podido ser terminado en la fecha prometida, aunque ya se siente capaz de adelantar su dedicatoria a Burmester. Los dos primeros movimientos están casi finalizados en septiembre y a finales de año puede enviar al virtuoso una reducción para violín y piano (a la partitura orquestal aún le quedarían unos ajustes). Burmester está entusiasmado con la partitura.

Pero ha de reservar energías para otro encargo: escribir la música incidental para acompañar el estreno de "Kuolema" ("Muerte"), drama redactado por un hermano de su mujer, Arvid Järnefelt, que quería dotarlo de una partitura de gran peso. La obra es de estética simbolista, lo que sin duda cautivó la sensibilidad estética de Sibelius.

 
El escritor Arvid Järnefelt (1862-1932). Fotografía de antes de 1900
 
El compositor escribió un total de 6 números musicales no muy extensos en cuanto a duración, pero ciertamente de gran importancia dentro de la representación. La plantilla consistía básica una pequeña orquesta de cuerda, a la que se sumaba en el escenario el canto de los protagonistas, además del toque de campanas.

El trabajó le ocupó entre octubre y noviembre de ese año, listo para el estreno el 2 de diciembre. De todos los números de "Kuolema" JS.113 hay que destacar el primero, Tempo di valse triste, que tras un revisión dio origen al arreglo de concierto del año siguiente, Valse triste, que se convertiría en una de las piezas más populares del autor. La escena retrata el sueño de la convaleciente madre del protagonista, Paavali, bailando hasta el frenesí en una fiesta. Alguien llama a la puerta. Primero cree reconocer a su difunto marido, pero realmente es la propia Muerte. Cuando amanece la anciana ha fallecido.

Existen multitud de anécdotas sobre la composición de esta pieza, pero todas ellas parecen estar teñidas de la fantasía atribuible a su popularidad. El hijo de Arvid Järnefelt dijo haber presenciado la súbita inspiración de la melodía del vals en una soleada mañana de verano. Un amigo de sus noches en el hotel Kämp contó sin embargo que el vals surgió al piano de una de esas noches, tras la ingesta de quinina medicinal por parte del músico, y al recordar sus días en Viena.

Curiosamente la música de Sibelius no atrajo en principio mucho más la atención que la propia obra teatral, que tuvo buena acogida por parte de crítica y público. Entonces ni Arvid Järnefelt ni Jean Sibelius se podían imaginar el futuro de aquel vals anunciador de la muerte.

Mientras, al Concierto para violín aún le quedaría una larga historia. Pero eso ya es materia para otro capítulo de esta biografía.
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Capítulo siguiente (22): el estreno de la versión original del Concierto para violín y el traslado a Ainola (1904)

miércoles, 12 de enero de 2011

Segunda Sinfonía en Re Mayor opus 43 (1901-02): (6) Discografía (1)

Capítulo anterior (5) IV. Allegro moderato
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Es un hecho que la Segunda Sinfonía de Jean Sibelius es una de la obras más interpretadas de su autor, como ya hemos señalado en más de una ocasión. Y como también decíamos, forma parte indiscutible del repertorio habitual de directores y orquestas sinfónicas. Muy pocos de los grandes directores del siglo XX no han pasado por la partitura, lo que nos deja un número de grabaciones discográficas ciertamente abultado.

De todas ellas, que sobrepasarán en varias decenas el centenar, hemos podido acceder directamente, escuchar calmadamente y analizar casi cuarenta, que pasaremos a comentar en al menos tres de nuestras entradas. No son todas por supuesto, pero creemos que estarán la mayoría de las más importantes y aquellas a las que el lector pueda acceder sin extrema dificultas. Los más inquietos (y lectores de inglés), pueden ver un pequeño comentario en este link, que incluye algunas viejos registros que estaban a nuestra disposición.

Hablando de las grabaciones históricas, esta obra tiene una peculiaridad que no presentan en general las obras de Sibelius. Forma parte de nuestra compresión de la estética del autor finlandés: la correcta observancia del estilo tan personal del compositor, bien reflejada en la interpretación, es esencial para una buena ejecución de sus partituras. A buen estilo, buen concierto o buena grabación. Eso implica normalmente que suelen ser los directores del ámbito cultural de nuestro autor, o bien directores que son honrados y fieles con la partitura, los que mejores frutos pueden cosechar.

Esto se cumple parcialmente en la presente discografía, pero también otro hecho sobresaliente: las grabaciones más antiguas, de los años 60 hacia atrás al menos, son muchísimo más fieles al texto y al espíritu de la sinfonía que las de décadas posteriores - con la excepción señalada -. Reflexionando sobre este peculiar hecho, no podemos obtener más que dos conclusiones- dejando detrás la idea de "cualquier tiempo pasado..." -.

Por un lado la sumisión de la obra en el repertorio hizo que todo lo singular del estilo de Sibelius se olvidara en el lago de la estandarización. Esto es, tras la Segunda Guerra Mundial se toca todo el repertorio con el mismo prisma, ya fuera Bach, Beethoven o Wagner. No se distinguía entre una sinfonía de Sibelius y una de Brahms.

Por el otro lado, y muy relacionado con el punto anterior, es el hecho del cambio de percepción del compositor nórdico, como apuntamos frecuentemente, tildado de "conservador" y "romántico". Eso tuvo el efecto de atraer por una parte a directores cuya estética coincidía con ese tópico, y por el otro el olvido de la originalidad y modernidad del autor (aun en esta sinfonía, ciertamente la más "romántica" de todas las que escribiera).

Los directores anteriores a ese tiempo en la que Sibelius solo emitía en blanco y negro tienen más cercana su estética, el ambiente artístico en el que se ejecutaba la obra, y hasta al propio compositor o alguno de sus paladines (como Kajanus) dirigiéndola.

Esa sería la explicación a este hecho, según nuestro punto de vista. Si otras obras de Sibelius tuvieran tanta discografía antigua, posiblemente sucediera lo mismo. Pero como sabemos, hasta tiempos recientes nuestro genio permaneció oscurecido y hasta ignorado en muchos aspectos.

Después de estas observaciones preliminares, pasemos a la primera parte de la discografía de la obra.
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Orquesta del Real Concertgebouw de Amsterdam
George Szell
PHILIPS (1964)


La crítica ha sido bastante unánime concediendo a esta grabación el título de "mejor Segunda de Sibelius". Y aquí no podemos estar en desacuerdo con esa acertadísima apreciación. Sólo daremos dos advertencias al respecto: que en cuanto es estilo podría haber profundizado más (bajo la importancia que damos aquí a este tema), y que aunque sea la mejor no es por supuesto la única grabación, por lo que les animamos a que no sea ésta su único disco de la obra.
Dicho esto poco habría que añadir, salvo que hagan lo posible por hacerse con este inmortal registro si no lo tienen ya.

Estamos obligados sin embargo a dar al menos unas cuentas notas sobre la histórica interpretación... El maestro de origen húngaro George Szell no interpretó muy asiduamente a Sibelius, aunque con su Orquesta de Cleveland las sinfonías formaron parte de algunas temporadas (recordemos que el público americano ha sido siempre uno de los más sibelianos). Curiosamente éste fue su único registro en estudio del maestro finlandés (si bien existe alguna grabación, extremadamente rara, de ejecuciones en directo), y no lo efectuó con su formación habitual, sino con una orquesta europea. Estos condicionantes podrían hacer pensar a priori en un registro secundario, pero nada más lejos de la realidad. Szell es un músico absoluto, auténtico prodigio de la batuta, un perfeccionista como pocos y con gran fidelidad en general a lo escrito. Y eso le viene muy bien a Sibelius, como ya hemos dicho. Con ésta, la menos nórdica de las sinfonías del músico nórdico, puede tener mayor libertad a la hora de darle un enfoque más centroeuropeo, incorporando la obra a la gran tradición de Beethoven, Schubert, Bruckner..., que además la orquesta conoce absolutamente. El resultado es un verdadero estado de gracia, todo sonando como debe sonar, sin errores o tachas. Sí cae en ocasiones en cierta frialdad emotiva, pero al tiempo evitando sentimentalismos, que tanto daño hacen a Sibelius. En resumen: no tiene todo lo que se podría pedir y sin embargo, tras escucharla, no podemos pedir más...

El Allegretto es casi perfecto, con su excelente y luminosa tímbrica, su agitación interior, su lucha elegante entre la alegría y la tristeza, la luz y la oscuridad, lo apolíneo y lo dionisiaco... equilibrada y al tiempo llena de drama y vida. El segundo movimiento adopta una seriedad casi bruckeriana, pesimista, con un verdadero lamento existencial en el pasaje de la cuerda al unísono en la reexposición (¡excelente la orquesta!), y una grandiosidad fuera de duda. El scherzo también muestra esa orientación bruckeriana con su demoledor fatalismo rítmico, aunque en el trío sabe ser romántico e íntimo. La transición sabe serlo a la perfección, sin concesión al desánimo. El Finale irrumpe (tras una sensacional respiración) con domino y poder absoluto, lleno de voluntad y de ansia de triunfo. De este movimiento poco más podríamos decir aparte de que es prácticamente perfecto en su ejecución, aunque no podemos dejar de destacar un hermosísimo segundo tema en la reexposición y una coda monumental cuando no gloriosa. El resultado constituye un imprescindible de cualquier fonoteca sibeliana.

Interpretación: 9,5 · Estilo: 8 · Sonido: 7



Orquesta Sinfónica de Londres
Robert Kajanus
COLUMBIA (1930) - NAXOS (2013) - Grabación monoaural

La primera grabación de la historia de esta sinfonía fue financiada por el gobierno finlandés y encargada al director recomendado por el compositor, el gran Robert Kajanus, intérprete de excepción de sus obras orquestales desde sus primeros tiempos. Aunque desde luego Kajanus no pretendió ni mucho menos ser uno de los mejores directores de su tiempo, su conocimiento milimétrico de la música de Sibelius convierte a esta grabación en una de las mejores posibles. Además de su valor histórico - debería ser referencia absoluta, sobre todo en el tratamiento individualizado de los timbres, el ritmo y los tempi sibelianos -, en sí misma se trata de una interpretación excepcional, aun con sus pequeños fallos y el sonido deficiente de la época. Kajanus nos descubre una partitura tempestuosa, arrebatadora, apasionada, dramática, llena de claroscuros y emociones encontradas, y siempre bajo la fascinación y la melancolía nórdicas.

El primer tiempo es agitado y lleno de vida, pasional y bucólico, con sonoridades muy destacadas. Y con su tempo correcto, más rápido que lo habitual. Igualmente ocurre con el andante, donde el pizzicato es más turbador que nunca, y sus oscuridades intensas, dándonos la extraña e intensa sensación de derrota, lo que da una discursividad muy narrativa a la obra. Excelentes el uso de rubato, muy libre pero siempre adecuado, y la expresividad de las cuerdas inglesas en el último tercio del movimiento. La nitidez del tema del scherzo es de nuevo una lección de cómo deben sonar la música de Sibelius, si bien cabría aun más intensidad en su ejecución. De igual manera el trío, con su distinción instrumental plena, que le quita la pastosidad y sensiblería habitual. La transición es agitadísima, ansiosa hacia el final... Éste suena solemne y con gran sentimiento de plenitud, triunfal, pero romántico y sereno. Nos preguntamos si antes de la independencia de Finlandia las ejecuciones de Kajanus de este finale no resultarían más aguerridas, según su propia interpretación nacionalista del sentido de la obra... En cualquier caso un final sublime. Salvo que sufran ustedes de alergia hacia un registro de más de 80 años no pueden abstenerse de este monumento histórico, que ha sido reeditada en el sello Naxos, lo que la hace fácil de encontrar, además a un precio que no se puede rechazar.

Interpretación: 9 · Estilo: 10 · Sonido: 2,5
 

Orquesta Sinfónica de la NBC
Leopold Stokowski
RCA (1954) - CALA (2005)


Stokowski, que conoció personalmente al autor e incluso llegó a dirigir sus obras en su presencia presenta una disyuntiva al sibeliano: por una parte es innegable su enorme calidad interpretativa, pero por otra son numerosas sus libertades respecto a la partitura. No obstante, el juicio debe decantarse por el primer aspecto antes que por el segundo, y el audiófilo no debe perderse nunca estas grabaciones llenas de absoluto hechizo. Ésta en particular ofrece una lectura romántica y llena de pesimismo de la sinfonía, con grandes pasiones y momentos titánicos.
El primer tiempo se plantea con gran serenidad y belleza helénica, casi pastoral, pero a lo largo de la partitura deja transparentar una tensión subyaciente con gran acierto, como sucede en el extraordinario desarrollo. Las mismas sensaciones se mantienen en la reexposición, con algunos accesos febriles que la dan más fuerza si cabe. El pizzicato del segundo movimiento transmite una extraña sensación de intranquilidad, contrastando con unos fagotes decaídos y llenos de melancolía. Brillante. Poco a poco se va dando paso a la tragedia, teñida de un gran pesimismo, con momentos también del hipnótico colorido mágico inicial. El scherzo plantea su variante más diabólica e inquietante, mientras que el trío despliega todo el romanticismo y calidez posible. La transición hacia el Finale es quizá algo brusca, pero el tema del mismo se plantea con gran contundencia y fuerza, imperando con todo su poderío. El contraste con las secciones en menor es brutal, el director americano aprovecha el drama para teñir este triunfo de pesimismo (¡fíjense en los delicados solos de la madera!). La coda arranca de nuevo sones sobrenaturales a la orquesta, dejando una sensación catártica después de esta gran aventura. Fabulosa.
La remasterización se ha enfrentado a problemas con el material original, y se observan algunas deficiencias a lo largo de la grabación. No obstante, no es razón para sustraerse a su fuerza. No se la pierdan.

Interpretación: 8,5 · Estilo: 6 · Sonido: 5


Orquesta Sinfónica de la BBC
Thomas Beecham
BBC (1954) -

Grabación monoaural y en directo

Beecham fue un entusiasta sibeliano, amigo personal del compositor y afamado paladín de su obra, además de un director ciertamente histórico. No es nada raro pues que nos haya legado una de las mejores interpretaciones de la obra, una versión fiel al estilo del compositor, nerviosa, romántica y dramática al tiempo que nostálgica.

El primer tiempo es rápido y ágil, lleno de fuerza, fantasía y color (lástima por la antigüedad de la grabación). El tempo del movimiento lento es más acelerado de lo acostumbrado, pero justamente más próximo a las intenciones del autor, con un pizzicato inicial perfectamente rubato, y unos crescendi de los metales plenamente sibelianos, todo efectuado con solemnidad y drama. El scherzo conoce aquí una de sus mejores interpretaciones, tanto en el fraseo chispeante y vivo del tema principal como en la delicada y pastoral sonoridad del trío. La planificación sonora del finale también es magnífica, con los bajos de la orquesta sonando en su justa dimensión y un maravilloso timbre en los violines. Un tempo de un impecable calor heroico.

Interpretación: 8,5 · Estilo: 7 · Sonido: 4


Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa
Jukka-Pekka Saraste
FINLANDIA RECORDS - WARNER MUSIC (2002)


La integral de Saraste con la Orquesta de la Radio Finlandesa es una de las grandes "tapadas" de la discografía: una magnífica interpretación con un estilo sin tachas, sólo superado en este último aspecto por Osmo Vänskä. Para el particular, el maestro finlandés nos ofrece una visión de gran poder dramático y aliento existencial, refinado sentido instrumental (con perfecta separación de timbres incluso en esta obra en la que Sibelius los solapó más que de costumbre), ritmos nerviosos y agitados, tempi correctos y todo bajo un color como iluminado de las luces y oscuridades del norte, mágico a más no poder.

El Allegretto despide sinfonismo nórdico por los cuatro costados, con sus espacios amplios y frescos, además de un equilibrio perfecto entre cuerda y viento. El segundo tempo tiene un alto grado de fascinación, y misterio, con buenas dosis de drama y melancolía. Saraste ha entendido a la perfección el scherzo, cosa que no es tan frecuente como debiera: agitación nerviosa en el Vivacissimo y lirismo pastoral en el trío. El final de nuevo está iluminado por las luces del norte, por una frescura diáfana y electrizante, como en el comienzo de la obra, pero más apasionado y lleno de fuerza, que se vuelve auténtica triunfo al final. En suma una versión ideal, que les será tan satisfactoria como dificultosa de adquirir.

Interpretación: 8,5 · Estilo: 9,5 · Sonido: 8

Orquesta Sinfónica de Lahti
Osmo Vänskä
BIS (1996)


Esta grabación está sin duda entre las mejores, pero defrauda las expectativas. Decepciona porque a priori el gran director finés es un especialista absoluto en su compatriota, dejándonos ejemplos del mejor Sibelius orquestal a lo largo de sus registros, incluyendo su integral de sinfonías. Por ello la trataremos con la severidad de quien sabe que fue una oportunidad desaprovechada. Vänskä acomete esta obra sin la fuerza y la grandeza necesarias, sin el compromiso adecuado. ¿Cuál sería la razón? ¿Quizá cierta timidez ante los maestros que lo precedieron grabando esta sinfonía? ¿Quizá una expectativa - de los demás o propia - excesiva? Quien sabe. Sí podemos afirmar que a cambio de esa cierta laxitud - sólo en términos comparativos, no obstante -, el director y su Sinfónica de Lahti nos ofrece una de las mejores lecciones de estilo, con sus timbres claros y separados, sus ritmos nerviosos, su énfasis en los coloridos y sonoridades mágicas, y sus contrastes dinámicos. Por eso esta grabación eleva su puntuación por encima de términos puramente interpretativos.

En el primer tiempo Vänskä expone un movimiento lírico y refinado, lleno de sonidos de la naturaleza, pero adolece de su falta de entusiasmo, dejando en realidad una sensación melancólica. Hay cierta falta de ritmo, aunque la agitación interna está presente, quizá no tanto como fuera necesario (¿más lento de lo que demandaba el propio autor?). El andante en esta versión muestra lo importante que es cuidar de sus singulares elecciones tímbricas, siendo el comienzo verdaderamente lúgubre y no apagado como en otras versiones. La orquesta se agolpa sin embargo en los momentos más dramáticos, que suenan algo precipitados, sobre todo la cuerda, ya que maderas y metales suenan absolutos a lo largo de esta grabación. A destacar la reexposición del segundo tema, de formidables juegos de color orquestal. El scherzo de nuevo suena un poco relajado y melancólico, y el trío algo distante. La transición y el comienzo del Finale suenan un poco finales, y la cuerda en exceso masiva (hecho bastante sorprendente en Vänskä, normalmente muy cuidadoso en estos extremos). A lo largo del movimiento se adecua más a lo escrito y a las intenciones del autor, aunque sigue habiendo pequeños desajustes y cierta frialdad. Los momentos últimos en cambio son redondos, con sonoridades excelentes del metal y los timbales, que dan a la sinfonía su justa redención.

Interpretación: 8,5 · Estilo: 9,5 · Sonido: 8,5

Orquesta Filarmónica de Berlín
Okko Kamu
DEUTSCHE GRAMMOPHON (1970)


Karajan invitó a Okko Kamu a darse a conocer en el continente dirigiendo la orquesta berlinesa, comandada entonces por el maestro de Salzburgo. Fruto de ello es un conjunto de excelentes grabaciones, incluyendo la presente. El idioma del director finlandés es absoluto. Comprende a la perfección la entonación, así como la originalidad y modernidad de su compatriota, y tiene a su servicio una orquesta inmejorable. El resultado es una de las mejores versiones del mercado, un poco escondida por el nombre no muy conocido del director, pero presente en varias ediciones, además a un precio excelente (muy recomendable el que presenta la integral de las sinfonías con las tres primeras por Kamu y las cuatro últimas por Karajan, un buen tándem). Y desde luego una notable versión en unos años que no dieron demasiados buenos frutos respecto a esta obra, como apuntábamos al principio de esta entrada.

El primer movimiento es muy adecuadamente nervioso y lleno de contrastes muy sibelianos, donde cabe el lirismo y la ansiedad, lo pastoral y lo terrible... El segundo movimiento de nuevo acierta dándole la adecuada sonoridad fúnebre y de melancolía infinita, y la enorme tensión y drama en los clímax que pide la partitura y que muchos directores no reflejan adecuadamente. El scherzo de nuevo magnífico, sobre todo en su trío pastoral, aunque un poco más de velocidad habría ayudado a darle un grado mayor de excelencia. La transición al final formidable, y el final mismo también muy destacado, con un toque ceremonial y majestuoso no exento de un intenso lirismo y emocionalidad, y de unas sensacionales zonas de oscuridad, aunque igualmente hubiera convenido un metrónomo más ajustado. No se la pierdan.

Interpretación: 8,5 · Estilo: 8 · Sonido: 6,5

Royal Philharmonic Orchestra
John Barbirolli
CHESKY RECORDS (c.1986)


Un imprescindible de la discografía de esta sinfonía. Una visión ésta la de Barbirolli magnífica, amplia, majestuosa, de intenso lirismo y sentimiento. Y todo acompañado de una gran potencia, con una orquesta auténticamente arrebatada por la obra. Quizá sólo se le puede imputar cierta distancia emocional, en ocasiones, y algún que otro desajuste.

El Allegretto se impone con su gran monumentalidad, casi a la manera en que lo hará Bernstein, con gran cuidado por los matices de la partitura y un sentimiento casi celestial en ciertos momentos. El segundo movimiento también participa de una visión trascendente y sublime, llena del drama y el contraste necesario, realmente fascinante, aunque peca de transcurrir un poco lento. El scherzo se mueve con gran soltura y efectividad, el Finale es de nuevo mayestático y monumental, amplio de sentimientos y ocasiones de intensísimo lirismo. Altamente recomendable. Incomprensible que la versión, del maestro británico dirigiendo la Orquesta de Hallé, muchísimo más pobre y deslucida, sea más difundida que ésta, que en la edición señalada puede encontrarse en serie económica. Misterios de la discografía.

Interpretación: 8,5 · Estilo: 6 · Sonido: 6,5

Orquesta Filarmónica de Nueva York
Leonard Bernstein
SONY (1966)


Sin ser la mejor interpretación del primer ciclo de Leonard Bernstein, ésta con la orquesta de Nueva York puede considerarse realmente fantástica. Tiene algún fallo, como una trompeta que no tenía en ese momento un buen día o algo de frialdad en ocasiones, pero el conjunto nos parece realmente fabuloso. Posee una fuerza atronadora y un énfasis en lo rítmico que nos descubre la tensión acumulada que llega a liberar esta sinfonía si se toca con el ímpetu adecuado.

El Allegretto se lleva con gran sentimiento, increíbles ritmos nerviosos y un relieve puesto en los grandes contrastes, desde las frenéticas corcheas de la cuerda hasta los delicados sonidos de las maderas. El Andante es intenso y dramático, apasionado, de arrebatos de locura increíbles. El tiempo comienza con un rubato demasiado libre, pero en general es una interpretación sobresaliente. La cuerdas neoyorkinas suena sensacionales en el Vivacissimo, un torbellino eléctrico de espectacular fuerza, como queriendo escapar de algún fantasma... el trío es lírico pero no tan destacado como el scherzo propiamente dicho. Tras una sensacional transición llegará el momento del mayestático Allegro moderato, lo mejor de la interpretación del director judeo-americano, solemne, aguerrido, romántico, intenso... sin prácticamente nada que reprochar, excepto algo de sonido masivo, aunque a cambio sabe acallar un poco a la exagerada tuba... No se la pierdan.

Interpretación: 8,5 · Estilo: 7,5 · Sonido: 6,5


Orquesta Sinfónica de San Francisco
Herbert Blomstedt
DECCA (1992)

Herbert Blomstedt, director sueco nacido en EE.UU. (de donde sus padres emigraron de vuelta cuando tenía dos años) es un excelente conocedor del estilo sibeliano, muchas de sus lecturas son obligadas, y éste es uno de sus casos. Su sonido nace transparente y refinado, con una nítida separación de timbres, moderno y sin sentimentalismos gratuitos, contemplativo pero emocionado, plenamente nórdico. En esta lectura le devuelve a la sinfonía su estética precisa, lejana de herencias y tradiciones.

El primer tiempo es perfecto, muy equilibrado y de gran belleza de sonido al tiempo que emotivo sin excesos. El segundo, aunque algo lento, es formidable. Tiene una extraña e inquietante serenidad, aunque no evita los momentos más trágicos, y posee un sonido nítidamente nórdico, callado, sobrio y elegante. El scherzo es fresco y dinámico, con un trío de gran belleza y refinamiento, y de nuevo con gran elegancia. La transición al final fabulosa. El final es algo lento y laxo a veces, pero sin ninguna pesadez, etéreo y muy limpio, lleno de ilusión y esperanza, con una coda majestuosa y definitiva.

Interpretación: 8 · Estilo: 8,5 · Sonido: 7,5


Orquesta de Cámara de Europa
Paavo Berglund
FINLANDIA RECORDS - WARNER MUSIC (1998)

Una versión soberbia, sin duda la mejor de Berglund aunque curiosamente sea la menos conocida (sin duda por las dificultades de distribución). De gran sobriedad y refinamiento instrumental, dando por seguro que Sibelius suele perder mucho de la partitura (en cuanto a dinámicas y a orquestación) en conjuntos e interpretaciones masivas, incluso en una obra como ésta pensada en con mayor sentido de la monumentalidad. En este caso Berglund le añade una dimensión muy melancólica y de profunda tristeza.
El Allegretto es sobrio también pero ágil, tenso, y con un gran cuidado en lo melódico. En el movimiento lento el director finlandés sabe dar un acertado acervo dramático sin caer en exageraciones, y sacando mucho partido de algunas sonoridades típicamente sibelianas como el pizzicato, los dúos de flauta o el rumor de la tuba. En el scherzo todo sucede sin violencia, y en el Final se prima el sentimiento a la pompa por la que optan algunos directores, aunque a decir verdad se echa de menos un poco más de entusiasmo y fuerza. En suma una versión más que recomendable.

Interpretación: 8 · Estilo: 8 · Sonido: 7

Orquesta Sinfónica de Boston
Serge Koussevitzzy
Grabación monoaural (1935)
Art One (2006)


Sergey Koussevitzky, el entusiasta sibeliano de origen ruso con sede en EE.UU., fue pionero en ofrecer ciclos completos de sinfonías (con intención incluso de estrenar la Octava) en el país, decididamente sibeliano. Y también lo fue con estas antiguas grabaciones, las primeras después de las de Kajanus y las primeras de un director no finlandés. A pesar de algunos amaneramientos y exageraciones, Koussevitzky representa muy bien la interpretación sibeliana en su estilo más puro y próximo al compositor (aunque el genio finlandés tuviera a veces dudas sobre él). En esta grabación, de buen sonido para su antigüedad, el maestro ruso nos ofrece una lectura romántica y de una intensa agitación, monumental sin llegar al exceso y de gran pasión. Histórica a todas luces.

El primer tiempo trascurre con una gran agitación interior, como un verdadero torrente primaveral, lírico y apasionado, muy romántico. El segundo tiene un excelente sentido dramático, con una fascinante oscuridad y pesimismo, explorando la individualidad tímbrica con gran acierto. Formidable. El tercer tiempo es cambio se deja agolpar por un scherzo de notas demasiado poco separadas, en forma de suaves olas, y un trío demasiado discreto. La transición es un prodigio, si bien el Finale irrumpe lento y cansado, como envejecido... pero después se anima, con mayor contundencia, mucha solemnidad y una gran fuerza y magnificencia.

Interpretación: 8 · Estilo: 8 · Sonido: 3,5

Orquesta Philharmonia
Vladimir Ashkenazy
DECCA (1980)


El Sibelius de Ashkenazy es tan extraordinario como insuficientemente conocido. El director y pianista ruso sin embargo ejerce algo más que su buen oficio en ésta y otras muchas de sus partituras, con un verdadero cuidado por la expresión de sus notas, un sentido muy dramático y comunicativo, junto a un romanticismo fuera de toda duda. Algo perfecto para esta sinfonía en particular, en el que mezcla poder y oscuridad, una lucha que parece reflejar a la perfección en clima bajo el cual Sibelius escribió esta pieza. Una excelente grabación, que nos deja sensaciones semejantes a las que reflejó Kajanus en su "programa" para la sinfonía: un drama que camina al triunfo, una revolución desde el dolor y el inconformismo. El director nacido ruso impone un gran respeto por la partitura, en especial por los timbres, perfectamente bruñidos para llevar a cabo sus ideas acerca de la obra de Sibelius. Como es habitual es Ashkenazy se impone una visión romántica por su sentimentalismo pero al mismo tiempo moderna por su técnica y aspectos rítmicos, con un color oscuro y melancólico, y de un intenso apasionamiento lírico. Una interpretación, como todo el ciclo para Decca, altamente recomendable.

En el Allegretto apuesta por una visión netamente sinfónica, con mucho cuidado por los contrastes dinámicos y tímbricos, dejando oír a la perfección las singularidades sibelianas, en especial los elementos de fondo y aura que pone de relieve, mientras otros directores olvidan en un segundo plano, pese a ser esenciales. En el movimiento lento se apuesta por una honda tristeza, una sumida tragedia con furioso arrebatos; algo lento pero bien equilibrado. El Vivacissimo es ligero, con insinuaciones diabólicas, y con un trío intenso y recogido. El Finale es majestuoso y arrebatador, lleno de furor revolucionario, volcánico y dramático. Excelente la sonoridad de las cuerdas, una lección del estilo sibeliano. La coda es mayestática, llena de ardor guerrero. Una versión espléndida en suma.

Interpretación: 8 · Estilo: 7,5 · Sonido: 7

Real Orquesta Filarmónica de Estocolmo
Vladimir Ashkenazy
EXTON (2007)


Esta segunda grabación de Ashkenazy es algo mejor técnicamente, sin duda su hacer musical y su conocimiento del autor ha avanzado, pero quizá perdió algo de pasión con los años.

El primer tiempo ahonda en el apasionamiento, y destaca mucho las sonoridades de fondo, dando una dimensión muy estilística y telúrica del movimiento. El Andante es oscuro, dramático, poderoso (excelentes timbales), romántico pero de humores negros... El scherzo es poderoso, a veces incluso eléctrico, mientras que el final desborda por su fuerte carácter, su gran poder de expectativa y de majestuosa resolución, heroica en muchos brillantes momentos.

Interpretación: 8 · Estilo: 7,5 · Sonido: 7,5

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En nuestro próximo post continuaremos con esta numerosa lista de grabaciones de la Segunda Sinfonía de Sibelius.

Capítulo siguiente (7): discografía (2)

lunes, 3 de enero de 2011

Segunda Sinfonía en Re Mayor opus 43 (1901-02): (5) IV. Allegro moderato

Capítulo anterior (4) III. Vivacissimo - Lento e suave
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Empezamos este nuevo año de 2011, que esperemos sea armonioso y lleno de bienes para todos, con el movimiento final de la Segunda Sinfonía de Jean Sibelius. Este Finale culmina de manera solemne y heroica, si evitar accesos de tragedia, esta obra maestra. Un indudable canto revolucionario que dio pie a las consabidas interpretaciones nacionalistas sobre la sinfonía.

Pero más allá de eso, Sibelius piensa en términos puramente musicales, y elige un final majestuoso muy de acuerdo con la tradición centroeuropea. Sin duda en mente tenía el movimiento paralelo de la Quinta de Beethoven - unido al scherzo como en
esta obra, y quizá los finales bruckerianos también. Pero muy posiblemente hay que mentar la influencia el de otra Quinta Sinfonía, la de Chaikovsky, con la que comparte más de un elemento, sobre todo en el terreno de la orquestación.

Formalmente su estructura es sencilla, sin grandes dificultades al análisis, al contrario que el
movimiento inicial. Como aquel, presenta una forma de sonata, sin embargo aquí se distinguen perfectamente sus secciones (exposición, desarrollo y reexposición), así como el bitematismo normativo. No obstante, dentro de ese esquema y como no podía ser de otra manera, el músico nórdico imprime su noción de composición orgánica, construyendo grupos de motivos que surgen unos de otros. Esta organicidad, sin ser tan importante como en el Allegretto, constituye el sello inequívoco del autor en esta partitura.

Como ya hemos visto, el tiempo comienza tras una transición del movimiento anterior, fluyendo inexorablemente a su motivo natural, que aparece en los violines, violas y violoncellos en octavas, de manera contundente y definitiva:

Como no podía ser de otra manera está basado en la célula germinal de la obra (Ej. Ia), presentando por tanto una indudable analogía con el tema principal del primer tiempo (Ej. Ib, aunque en inversión).

Se presenta acompañado por un obstinato muy telúrico de los bajos profundos (tuba y contrabajos), que suministran una pedal de tónica, acompañados de marciales acordes de trombones. El conjunto posee cierta sonoridad de marcha militar, sin duda buscada.

El motivo inicial se presenta una sola vez, aunque pareciera que ya ha sentenciado, dando paso a una serie de pequeños motivos de gran riqueza e imaginación que se unen al paso guerrero del obstinato (en notas reales):

Este obstinato, tan característico del autor, se prolonga por debajo de esa secuencia de motivos, creando un cuadro ciertamente heroico, de sonoridades sin embargo algo pesadas (por el uso de la tuba principalmente).

El camino hacia la victoria se interrumpe con un breve dibujo de violines y violas al unísono en fa# menor:

Además de su indudable valor emotivo, con su toque melancólico y contrastante, presenta la función de anunciar un motivo más importante que se presentará más tarde. Por el momento, tras un breve unísono de toda la cuerda, retorna el motivo inicial, aunque bajo sonoridades más amplias de la orquesta, verdaderamente majestuosas. La marcha se dirige hasta grandes aclamaciones del viento del motivo principal, de gran solemnidad, en el primer clímax del movimiento.

Súbitamente las flautas, a las que se les va sumando el resto de las maderas, cantan un tema delicado y a la vez apasionado, de intenso color romántico:

Deriva del breve motivo de las cuerdas que ya habíamos escuchado, pero ahora presenta su forma definitiva, y con ella se expande dando lugar a un pasaje verdaderamente hermoso. Pudiera parecer que su función es la de segundo tema de la exposición, pero pronto comprobaremos que se trata de un puente hacia ella, tanto en lo musical como en lo emocional. De esta forma se da cabida a gran variedad de atmósferas, perfectamente integradas con sus giros dramáticos en la estructura total, desde luego muy amplia.

Tras su enunciado en los vientos, el motivo "romántico" pasa a las cuerdas con una sonoridad un tanto chaikovskyana y debilitándose, pero sin perder nunca su intensidad. Pronto enlaza con un obstinato de violoncelli y violas en el tono de fa# menor, distinguiéndose nítidamente de lo anterior, pero sin ninguna ruptura.

El obstinato, un
aura sombría e inquieta en contraste con la brillantez del que acompaña al motivo inicial, va a dar soporte a un nuevo tema, el segundo de la exposición, que sin duda puede reivindicar dicha posición. El tema posee un indubitable colorido luctuoso, bajo las características de una marcha fúnebre (en notas reales):

Se presenta en las maderas, en principio de manera fragmentada, para ganar en unidad en la misma medida en que gana en intensidad (una manera muy similar al que se presentará el tema del movimiento central de la Tercera Sinfonía). Además de este carácter de música fúnebre, tiene ecos de melodía tradicional finesa, con sus finales de frases en notas repetidas o en cadencia III-II-I (cadencia que a su vez no deja de ser un eco más de la célula germinal, invertida).

Según Aino, la mujer del compositor, el tema fue escrito en memoria de Elli Järnefelt, su cuñada, que se había suicidado recientemente. Aunque no podemos confirmar totalmente este particular, evidentemente su resultado musical se corresponde con tal desgraciada circunstancia sin dificultad.

El tema, con un aura invariable, procede a la repetición acumulativa y ritual (típica del compositor), y parece no querer terminar (con un timbal redoblando en la dominante), hasta que irrumpe un nuevo y contundente motivo en los metales (trompas, en notas reales):

El corto motivo, una nerviosa fanfarria con la típica cadencia finlandesa (aunque la podríamos relacionar también con la célula germinal) cumple la función de ser el martillo musical que acaba con la tragedia para dar por finalizada la exposición. Es el momento de una breve coda antes de llegar al desarrollo, disolviéndose silenciosamente con las transformaciones en forma de pizzicato de este motivo.

Con esa quietud comienza el desarrollo, y lo hace con celestial diálogo entre nuevas y etéreas formas del motivo principal, y cantos de redención del segundo tema, en un coro de cuerdas con divisi. El motivo principal va mutando cromáticamente hasta transformarse en una perturbadora aura.

Esa aura luchará con el motivo de la coda, y se hará simultáneo a enunciados del motivo principal nada triunfantes. En realidad ese motivo martilleante se convierte en parte estructural y necesaria del desarrollo, de manera análoga a
primer movimiento (allí todo un tercer tema).

A dichas transformaciones le planta cara el motivo principal del movimiento, que va ganando poco a poco en confianza. Estamos ante toda una batalla, salpicada de sonoridades oscuras y trémolos nerviosos de la cuerda. Pero llega el triunfo del motivo principal, el desarrollo adquiere de nuevo tintes masivos y aguerridos, derivando a una tensa transición de vuelta al tono principal de Re Mayor, haciendo esperar con gran intensidad la reexposición

Ésta llega sin grandes diferencias respecto a la exposición, aunque con la orquestación más sobrecargada por la presencia de las maderas. Esas sonoridades más voluminosas acompañan todo el retorno de las melodías de la primera sección, que son presentados completas y en el mismo orden. El resultado es una intensidad mayor, especialmente con la llegada del motivo "romántico", cantado por unas cuerdas bellísimamente entonadas en octavas, y una expresividad fuera de toda duda.

El segundo tema se repite con las mismas características: pocas diferencias motívicas pero con una orquestación (algo) más poderosa. La melodía, para dejar sentada la tónica, se reexpone en re menor. Su reiteración hay una expansión mayor que en la exposición, mutando también de orquestación, tocado por la cuerda mientras las maderas acogen el aura, poderosa y más telúrica en esta ocasión.

Dentro de esta atmósfera agitada, triste y majestuosa al mismo tiempo, irrumpe finalmente el motivo de la coda de la exposición. Esta será la coda de todo el movimiento, uno de los momentos más sublimes de las sinfonías sibelianas: amplias sonoridades orquestales en bloques solemnes, que parecen querer abarcarlo todo.

La coda temáticamente consiste en la redención absoluta del motivo principal del movimiento (que como sabemos es una forma del motivo germinal de toda la sinfonía), bajo la repetición de la cadencia plagal (subdominante - tónica), típicamente sibeliana (pero que al ser subrayada de manera poderosa por tuba y timbal recuerda al apoteósico final del célebre Ruhevoll de la Cuarta Sinfonía de Mahler).

Un motivo glorioso, derivado del principal, pone el broche de oro a esta mayestática coda (en notas reales):

Toda la orquesta, tutti en fortissimo, y los dos acordes de la cadencia plagal dan por concluida de forma ciertamente espectacular el movimiento, y a toda esta sinfonía magistral, auténtica obra maestra de la literatura musical.
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La ilustración sonora del movimiento la haremos en la versión acostumbrada, que creemos que es la siguiente:

Orquesta Sinfónica de Detroit
Paul Paray
Mercury Living Presence (1959)


Está dividido en dos partes debido a la longitud de la partitura, por lo que recomendamos dejarlo descargar antes de proceder a su escucha / visionado.





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Nuestro próximo post abordará el comienzo de una amplísima discografía, que debido a esa gran extensión hemos tenido que fraccionar en tres artículos.